Aspectos de la práctica de campo (II): las relaciones sociales en el campo.

Contenido fundamental
  • La reflexividad sobre las relaciones de campo y su fertilidad teórica.
  • Líneas argumentales
El etnógrafo como objeto de reconocimiento social por los sujetos

La investigación etnográfica puede tener lugar en una amplia variedad de lugares: pueblos, ciudades, vecindarios, fabricas, minas, escuelas, oficinas, hospitales, prisiones, bares, iglesias, agencias tributarias, tribunales, tanatorios, capillas, etc… Estos lugares varían en todos los sentidos que son relevantes para la naturaleza de las relaciones posibles y deseables con la gente que vive y/o trabaja en ellos. Además, existen muchas diferencias dentro de cada lugar. No es posible ofrecer cuya observación produzca automáticamente buenas relaciones de campo. Todo lo que se puede ofrecer es un estudio de ciertos tipos principales de consideraciones metodológicas y prácticas en torno a las relaciones de los etnógrafos en el campo.

Los actores – igual que los porteros o los padrinos—intentarán situar al etnógrafo en su zona de experiencia, para saber como tratar con el etnógrafo. Algunos individuos tienen escaso o nulo conocimiento sobre la investigación social, y por eso los investigadores de campo se encuentran a menudo bajo sospecha, al menos al principio, de ser espías, inspectores, misioneros, etc. Generalmente estas sospechas se disipan con rapidez al incrementarse el contacto, pero no siempre sucede así. A veces, dada la naturaleza de la investigación puede resultar difícil distanciarse de dichas etiquetas;
  • por ej., Hunt explica que los oficiales de policía que estudiaba sospechaban que ella era una agente encubierta del Departamento de Asuntos Internos o del FBI; logró ganarse la confianza de los oficiales gracias a que se mostró predispuesta a ayudar en las emergencias, y también a criticar abiertamente a los altos cargos del departamento de policía.
  • Como contraste, Den Hollander nos proporciona un ejemplo de una de estas identificaciones iniciales, que aparentemente es más favorable pero que, será un obstáculo insuperable en su investigación, lo tomaron por un agente de una empresa de fibras sintéticas enviado para estudiar la viabilidad de la instalación de una industria en la ciudad.
Incluso cuando en un lugar determinado las personas se muestran familiarizadas con la investigación, puede haber una seria divergencia entre las expectativas que tienen depositadas en la investigación y las intenciones del investigador. Como los porteros, la gente tiende a ver al investigador como un experto o como un crítico.

El cuidado de la presencia y la imagen social del investigador

Como en otras situaciones en las cuales es necesario crear o establecer una imagen, se debe prestar muchas atención a la “impresión” que se causa. Ante todo se deben evitar los aspectos de la imagen del investigador que puedan obstaculizar el acceso, al tiempo que se deben resaltar aquellos que lo faciliten; siempre, claro esta, dentro de los límites marcados por consideraciones éticas.

VESTIMENTA

a) En el caso de investigaciones encubiertas deberá vestirse como la gente que estudia. El mismo tipo de cuidado que le presta al vestuario es necesario prestárselo al hecho de mostrarse abierto, algo que durante el período inicial es necesario para ganar la confianza.

Ej., Wolf en su investigación sobre los “motoristas fuera de la ley” tuvo que comprarse una moto, se dejo el pelo largo hasta los hombros, chaqueta y botas de cuero, etc…

Ej., Henslin en su investigación sobre los indigentes. Tuvo que vestirse de modo que permitiera mezclarse con los habitantes que visitó.

b) En las investigaciones abiertas no es necesario copiar vestimenta y el comportamiento de la gente, pero sí tal vez necesite alterar un poco su apariencia y sus hábitos con la intención de reducir las diferencias.

En algunas situaciones, sin embargo, puede ser necesario utilizar el vestuario para desmarcarse de las categorías concretas a las que uno podría ser asignado. Ej., Niara Sudarkasa en su investigación en Nigeria se dio cuenta de que, con el fin de obtener respuestas para sus preguntas en lugares en los que la gente no la conocía, tenía que evitar vestirse como una mujer yoruba: “la mayoría no les parecía la estudiante norteamericana que afirmaba ser” Sospechaban que se trataba de una mujer yoruba recogiendo información para el gobierno.

Así pues en la observación participante, donde hay que construir un rol de investigación explícita, la indumentaria elegida puede transmitir el mensaje de que el etnógrafo busca mantener la posición de un miembro margina aceptable, relacionado con distintos públicos. La indumentaria puede manifestar afinidad entre el investigador y los anfitriones o bien marcar distancia por parte del etnógrafo.

Tal vez no haya prescripciones explícitas sobre el vestuario, pero sí es recomendable ser muy consciente de la imagen y la apariencia que cada uno ofrece. Ej., Atkinson una vez conseguido el acceso a una universidad de medicina de Edimburgo, fue a ver a uno de los porteros influyentes y entablo con él una conversación “informal” sobre el trabajo de campo. Vestía con desarreglo, pelo largo, y no tenía intención de entrar en el hospital en ese momento. Pero el portero se quedó sorprendido por su apariencia informal y empezó a desentenderse completamente de la investigación. Fue necesario un encuentro posterior, después de un corte de pelo y vestido con traje, para hacerle cambiar de actitud.

CONSIDERACIONES SOBRE FORMA DE HABLAR Y DE COMPORTARSE

Hechas estas consideraciones sobre nuestra presencia a través del vestuario, también se debe trabajar la forma de hablar y de comportarse. El investigador debe decidir cuál es la impresión que quiere dar y comportarse de modo acorde con ella.

De todas formas, la apariencia que es conveniente ofrecer difícilmente será una sola. Suele haber diferentes categorías de participantes y contextos sociales diversos que exigen que el investigador ofrezca imágenes diferentes; lo que requiere sensibilidad y capacidad de adaptarse a situaciones cambiantes.

La construcción de una identidad acorde con las necesidades del trabajo puede verse favorecida por conocimientos y habilidades que el investigador ya posee. Ej., Parker ilustra el uso de habilidades sociales en su trabajo con bandas de Liverpool, poseer ciertas habilidades facilitó que pudiera mezclarse entre ellos, ser “rápido”, aunque normalmente se le considera tranquilo, saber jugar al fútbol medianamente bien, …

El etnógrafo como intruso y como persona recíproca

Otro tipo de ventaja que suelen tener los antropólogos es la de poseer un conocimiento variado y recursos disponibles que la población estudiada no tiene. Por ej, tener nociones sobre medicina y salud y saber realizar tratamientos simples constituyen una ventaja de este tipo. El tratamiento de pequeñas enfermedades; por medio de métodos fáciles y rápidamente disponibles, ha sido una manera a través de la cual los antropólogos han conseguido la confianza de las personas en el campo. Cosas como la orientación jurídica, escribir cartas y otro tipo de servicios pueden desempeñar el mismo papel.

Los participantes esperan que se les proporcione un servicio, y no hacerlo quizá les decepcione. Corsino trabaja sobre la organización de una campaña política, transportando materiales, recortes de prensa; en una ocasión se negó a fregar los suelos, a partir de ahí las relaciones se enfriaron.

Esto no quiere decir que todas las expectativas de los que se encuentran en el campo deban ser satisfechas o sean legítimas. En ocasiones el etnógrafo deberá rechazar peticiones y aceptar las consecuencias.

El valor de la pura sociabilidad no debe ser desestimado a la hora de ganar la confianza. El investigador debe intentar encontrar formas en que el intercambio social “normal”pueda establecerse. Encontrar un terreno neutral donde participar como persona recíproca. Para las personas que hospedan al investigador en su medio resulta muy desagradable que éste les bombardee constantemente con preguntas referentes al tema de la investigación.

Las conversaciones aparentemente “irrelevantes” a la postre suelen ser de utilidad para iluminar aspectos de la investigación que en principio no parecían importarles, pero que en el transcurso del trabajo de campo, muestran su relevancia.

La gente se suele sentir menos amenazada por el “extraño” o más preocupada por la posibles implicaciones de la investigación si el etnógrafo es del mismo lugar, (ej, Beynon , vivía cerca de Victoria Road, esto aminoró considerablemente el sentido de amenaza que yo representaba para ellos.)

Los dilemas de la sinceridad en la presentación social del etnógrafo

A este respecto hay que destacar el resentimiento que algunos profesionales, especialmente los profesores, suelen tener por los fríos y frecuentemente invisibles “expertos” ; aunque el deseo natural que el trabajador de campo tiene de quedarse y aprender deber ser suficiente para superar estas hostilidades entre los miembros de un determinado grupo y el analista.

Uno de los problemas con los que se enfrenta el etnógrafo es decidir cuán abierto y sincero a los demás es conveniente mostrarse. No se debe esperar “honestidad” y “franqueza” por parte de los participantes y los informantes si uno nunca se ha preocupado en ser honesto con ellos. A menudo, el investigador tiene que ocultar sus creencias personales, sus compromisos y sus tendencias políticas. Esto no quiere decir que sea necesario engañar por completo. Pero sí que, el investigador debe gestionar conscientemente su imagen y considerarla una cuestión omnipresente de la interacción en la campo.

No se debe, por ejemplo, realizar un trabajo de campo en que únicamente se hable con las personas con las que se tiene cierta afinidad política: no se pueden elegir los informantes de la misma manera que se eligen los amigos (como norma general)

A veces, el trabajador de campo puede sentirse “probado” y presionado para que se sincere, especialmente cuando se trata de grupos o culturas que están organizadas en función de determinadas creencias y objetivos (tales como convicciones religiosas, filiaciones políticas, etc.) Aquí, el proceso de negociación del acceso al grupo y la confianza de éste puede darse como una especie de iniciación progresiva.

La incidencia de las características adscritas sobre la persona social del investigador

Existen aspectos de la impresión personal que es imposible gestionar y que pueden limitar la negociación de las identidades en el campo. Se trata de las características adcristas, como el género, la edad y la identificación étnica influyen de manera importante en las relaciones con porteros, padrinos y gente que se esta estudiando en general.

La mayoría de los efectos de género se centran en el papel de las trabajadoras de campo; en particular, la manera en que su género les obstaculiza el paso a ciertas situaciones y actividades, mientras que abre otras puertas que no son accesibles para los hombres. Ej., estudio de Golde sobre los nahua

Sin embargo, en cierta medida el estatus de extranjero del antropólogo puede permitir distanciarse de esas restricciones. Ej. Papanek en su experiencia con los pudrah, señala que, en tanto que mujer, tenía acceso al mundo de las mujeres, en el que no podía penetrar ningún hombre, mientras que helecho de ser extranjera ayudo a apartarse de las obligaciones más estrictas propias de la modestia femenina.

Problemas similares y libertades sujetas al género pueden también aparecer en investigaciones dentro de las sociedades occidentales.

La “raza”, la etnia , y la tendencia religiosa, así como el género, pueden marcar límites y plantear problemas. La etnia no es meramente una cuestión de características físicas, sino que también implica cuestiones de cultura, poder y estilos personales. Ej., Keiser refiere en su trabajo sobre los “señores del vicio” de una banda callejera de Chicago, las dificultades que para él hombre blanco representaba establecer relaciones con informantes negros. Sin embargo, incluso allí donde el investigador y los investigado son negros, Whitehead era considerado por los jamaicanos que estudiaba como “grande”, “marrón”, “un hombre que habla bien” .”Grande” remitía no a su estatura sino a su estatus como extranjero con estudios, que habla bien indicaba el uso del inglés estándar más que el dialecto. “Marrón” era el término utilizado por los jamaicanos para referirse a una combinación de la claridad de la piel y unas características económicas y sociales deseables.

La experiencia de Peshkin en su investigación en una escuela fundamentalista mostró que la etnia y las afiliaciones religiosas del etnógrafo podían ser un factor importante en el establecimiento de las relaciones de campo.

La edad es otro aspecto importante para el investigador de campo. Aunque ésta no sea una verdad universal, al parecer existe una tendencia a que la etnografía sea desempeñada por los investigadores más jóvenes. En parte puede ser debido a que los jóvenes tienen más tiempo para comprometerse con el trabajo de campo; en parte puede sugerir que para los jóvenes es más sencillo adoptar la posición del “incompetente”, del “no comprometido” o del “marginado”. Esto no significa que etnografía deba quedar referida únicamente a los jóvenes.

El efecto de la edad sobre el modus operandi del investigador, como ilustra Henslin comparando su investigación sobre los taxistas, a los veintinueve años de edad, con la de los indigentes, a los cuarenta y siete, donde si tuvo sensación de miedo y peligro.

La edad y sus mecanismos asociados pueden afectar también a la manera en que la gente reacciona frente al investigador, ej, Corsaro sobre los niños que acuden a las guarderías.(investigador adulto)

En definitiva, en el transcurso del trabajo de campo, las personas que conocen u oyen hablar acerca del investigador lo encasillan dentro de determinadas identidades teniendo en cuenta “características adscritas”, así como aspectos de su apariencia y maneras. Este “trabajo de identificación” se debe tener en cuenta al analizar sus efectos sobre el tipo de información recogida. Al mismo tiempo, generalmente el etnógrafo intentará adaptarse a la naturaleza de su rol, mediante la adopción del vestuario y el comportamiento, con la intención de facilitar el acceso a los datos necesarios.

El proceso de investigación como aprendizaje social: los roles de campo

En los primeros días del trabajo de campo, la conducta del etnógrafo no suele diferir mucho del tipo de actividades realizados por una persona normal cuando se encuentra ante la necesidad práctica de encajar en un determinado grupo social. Es comparable con la situación de un novicio o un recluta que se encuentra en un ambiente relativamente extraño.

Los novatos miran lo que hacen otras personas, piden a la gente que les explique lo que está ocurriendo, experimentan cosas – ocasionalmente cometen errores—y así sucesivamente. Por tanto, los novatos actúan como los científicos sociales: haciendo observaciones e inferencias, preguntando a los informantes, construyendo hipótesis y trabajando sobre ellas.

Cuando es posible se sitúa en la posición del “incompetente aceptable” (Lofland). Únicamente al mirar, escuchar, preguntar, formular hipótesis y cometer errores el etnógrafo puede adquirir un conocimiento sobre la estructura social del lugar y comenzar a entender la cultura de los miembros del grupo.

Pero, como señala Díaz de Rada: “Sin embargo, para mi gusto adolece de un problema. Atkinson no destaca como se merece la idea de que el rol primordial de cualquier investigador en el campo es (y debe ser, en la medida de lo posible) el rol de investigador. Si nuestra investigación no es encubierta, y le he expuesto mi opinión sobre esto en los comentarios adicionales al Tema 1, nuestro rol fundamental en el campo es, sencillamente, el rol de investigador. Éste es, además, el rol más adecuado para garantizar la viabilidad de la investigación. Ello no impide que debamos encarnar una variedad de roles secundarios.”

La diferencia entre el novicio profano y el etnógrafo

La diferencia crucial entre el novicio “profano” y el etnógrafo” en el campo es que este último intentará ser consciente de lo que ha aprendido, de cómo ha sido aprendido y de las transformaciones sociales que informan sobre la producción del conocimiento etnográfico.

Como vimos en el cap 1, uno de los principales requerimientos de la etnografía es que suspendamos momentáneamente nuestro sentido común y conocimiento teórico para minimizar el peligro de confiar demasiado en presuposiciones engañosas sobre el lugar y la gente que lo habita.

Esta experiencia de extrañamiento es lo que se suele denominar “choque cultural”. Esa confrontación entre el etnógrafo y la cultura “extraña” es la fundamentación metodológica y epistemológica de la empresa antropológica, ya sea desde el punto de vista de la perspectiva románticamente inspirada en la cultura exótica, o de un encuentro, menos idílico como el descrito por Chagnono sobre su trabajo entre los yanomano. Frente a la imagen de nobles y acogedores salvajes que albergaba en su imaginación, se encontró: “levanté la mirada y contuve la respiración al ver una docena de hombres grandullones, desnudos y horribles que nos miraban apuntándonos amenazadoramente con sus flechas…”

Chagnon muestra no solo el choque cultural del occidental ante una cultura exótica, sino también el problema del científico social que, a través de la observación directa, tiene que encontrar “hechos sociales”, “reglas”, “instituciones”, “organizaciones” y cosas por el estilo. No se puede “ver” la vida cotidiana como si ésta estuviera esperando ser leída, como si fuera un libro de antropología o sociología, y no se pueden extraer directamente conceptos analíticos de los fenómenos observados.

En los campos de invetigación con los cuales se tiene mayor familiaridad resulta mucho más difícil distanciarnos de nuestras presuposiciones, ya procedan de la teoría social o del conocimiento profano. Una de las razones de ello es que lo que descubrimos en estos medios es demasiado obvio.

Otro problema implicado en la investigación en un medio de nuestra propia sociedad es que no es fácil refugiarse en el papel de novato. Como vimos los investigadores suelen ser catalogados en el papel de expertos o críticos. Además de las características adscritas, especialmente la edad, y las identidades latentes pueden reforzar esto. Estudiando en estos lugares el etnógrafo se enfrenta con la difícil tarea de adquirir rápidamente la habilidad necesaria para actuar de forma competente.

El continúo de la observación participante

El “incompetente aceptable” no es, pues, el único papel que el etnógrafo debe representar en el campo. Ha habido varios intentos de clasificar los diferentes papeles que los etnógrafos pueden adoptar en el campo: “totalmente participante”, el “participante como observador”, el “observador como participante” y el “totalmente observador”.

En el papel de “totalmente participante” las actividades del etnógrafo permanecen ocultas por completo. Aquí el investigador puede unirse a un grupo u organización los cuales piensan que el etnógrafo es un miembro efectivo, aunque éste alberque el propósito de llevar a cabo una investigación.

La “participación total” también puede ocurrir cuando el supuesto investigador ya es miembro efectivo del grupo u organización y decide realizar un estudio. Este fue el caso de la investigación de Holdaway sobre la policía. Y el caso extremo de Bettelheim sobre la vida en los campos de concentración alemanes.

Los problemas implicados en la participación total y la observación total

La “participación total” es por lo tanto, aconsejable en ciertas circunstancias. Algunos autores han mantenido que este sería el ideal al cual deben aspirar los investigadores, han defendido la necesidad de una inmersión total en la cultura nativa. Esto no quiere decir simplemente “hacerse pasar” por un miembro, sino “convertirse” realmente en un miembro, sin olvidar en este procedimiento todo lo que se ha dicho sobre la etnografía reflexiva.

àLa participación total puede parecer muy atractiva. Dicha identificación e inmersión en el lugar puede dar la impresión de ofrecer seguridad: se puede viajar de incógnito, obtener un conocimiento “desde dentro”y evitar el problema de las negociaciones de acceso. Algo de cierto hay en ello, sin embargo, “pasar” como miembro durante un período establecido, tiene un efecto importante en las capacidades dramaturgicas del trabajador de campo. El encubrimiento del etnógrafo podrá “saltar por los aires” y las consecuencias serían desastrosas par la finalización del proyecto de trabajo de campo e incluso para el propio investigador a nivel personal.

Los límites de la participación total es que apenas deja tiempo material para la reflexión y la investigación sistemática.

En contraste con el “totalmente participante”, el “totalmente observador” no tiene ningún contacto con lo que esta observando. Por ej. la observación encubierta del que observa el comportamiento de la gente de la calle desde una ventana.

Paradójicamente, la observación total comparte muchas de las ventajas e inconvenientes de la participación total. A su favor está que las dos minimizan el problema del rechazo: ninguno de los casos el etnógrafo interactúa como investigador con la gente que está estudiando. Por otro lado, podría haber serios límites para lo que puede o no ser observado, y las entrevistas a los participantes normalmente resultan imposibles.

La mayoría de las investigaciones de campo se hacen empleando unos roles que se encuentran en un punto intermedio entre estos dos polos. La cuestión de si la distinción entre los participantes como observadores y observadores como participantes tiene algún valor o no es difícil de responder.

Sobresale un problema serio: se mezclan diferentes dimensiones que no tienen necesariamente que estar relacionadas. Una de ellas, es la cuestión del engaño y el secreto. Otra es si el etnógrafo asume un rol prescistente en el campo o negocia uno nuevo; aunque no pueden hacerse distinciones apresuradas y rígidas y, ciertamente, deberíamos tener cuidado en no tratar los roles que ya están establecidos en el campo como si tuviesen unas características rígidas y estáticas.

En las investigaciones secretas el etnógrafo tiene pocas posibilidades al margen de seguir su rol ya existente.

En la investigación abierta el etnógrafo tiene más opciones, puede decidir si va a asumir o no uno de los roles ya existentes en el campo. Las decisiones sobre el rol que hay que adoptar en el campo dependerán de los propósitos de la investigación y del tipo de lugar en el que ésta se lleve a cabo. Frecuentemente a lo largo del trabajo de campo se producen cambios de rol. Es bueno cambiar de rol para poder evaluar sus efectos sobre la información.

Los problemas implicados en la relación interno/externo y la administración de la marginalidad

Existe una tercer variedad d roles de investigación, incluida en la tipología de Junker y Gold: desde el punto de vista “externo” del observador hacia la perspectiva “interna”de los actores. Sin embargo, esta dimensión está rodeada por lo que Styles define como mitos externos e internos: los mitos externos afirman que sólo lo externo, se sostiene, posee la objetividad y la distancia emocional necesarias. Los mitos internos afirman que sólo lo interno está en disposición de llevar a cabo una investigación válida en un grupo concreto y que todo lo externo es incapaz de apreciar el verdadero carácter de la vida en grupo.

Si bien es cierto que los que están fuera y los que están dentro se encuentran en disposición de acceder de manera inmediata diferentes grupos de información. Y ambos están expuestos también a distintos tipos de peligros metodológicos. El peligro incumbe al papel del observador total es el de no llegar a entender las perspectivas de los participantes.

Un peligro más común en la investigación etnográfica, y que afecta a los tres roles de la tipología de Junker, es “convertirse en nativo”. A veces se abandona la tarea de análisis para participar plenamente, incluso cuando se continúa con la investigación con un “exceso de amistad” puede surgir una actitud de parcialidad. Millar subraya este extremo, después de haber establecido relaciones amistosas encontró límites para la recopilación de información.

Las relaciones de amistad pueden implicar dos problemas relacionados con el exceso de “identificación”: a) el etnógrafo puede ser identificado con determinados grupos o individuos, de forma que ello complique su movilidad social en el campo y las relaciones con otros. b) más sutil sea el peligro de “identificarse con” las perspectivas de algunos actores. Y ello puede dar lugar a una “perspectiva parcial” Ej., estudio de Paul Willis sobre los adolescentes de las clases trabajadoras.

Concluyendo: aunque el etnógrafo puede adoptar diversos roles, el objetivo de cada uno de ellos es mantenerse en una posición más o menos marginal. Como señala Lofland el investigador elabora “interpretaciones creativas” desde la posición marginal de estar, simultáneamente dentro y fuera. El etnógrafo debe estar intelectualmente suspendido entre la “familiaridad” y el “extrañamiento” mientras que socialmente, su papel oscila entre el “amigo” y el “extraño”

El trabajo de campo como situación de estrés personal

La presión que vive el etnógrafo es un aspecto muy común e importante de la realidad etnográfica.

No resulta fácil mantener una posición de marginalidad, puesto que esta conlleva inseguridad constante, vivir en dos mundos simultáneamente, el de la participación y el de la investigación.

En la investigación encubierta existe un constante esfuerzo por mantenerse encubierto y, al mismo tiempo, aprovechar cualquier oportunidad que surja.

En la observación abierta y participante, existe la tensión de vivir con la ambigüedad y la incertidumbre de la posición social situada en el margen, y hacerlo de una manera que sea útil para la investigación pero también de un modo éticamente aceptable.

Wintrob identifica diferentes fuentes de estrés, incluyendo lo que él define como “síndrome de desadaptación” que supone un amplio abanico de sensaciones: incompetencia, miedo, ira, frustración.

Los diarios de Malinowski revelan muchas de estas situaciones de ansiedad y desasosiego: son realmente un importante documento que revelan sus sentimientos ambivalentes hacia los isleños trobianeses y la preocupación por su propio bienestar.

La presión que el antropólogo vive es un aspecto muy común e importante de la realidad etnográfica, ahora bien, la impresión de “sentirse como en casa” también puede ser una señal de peligro, de que se ha perdido la perspectiva analítica y crítica.

Los primeros días de trabajo de campo son problemáticos y están llenos de dificultades: se tienen que tomar decisiones difíciles concernientes a la estrategia del trabajo.

La cuestión fundamental es que uno nunca se debe entregar completamente al momento o al lugar. En principio, uno debería estar constantemente alerta y permanecer atento a las posibilidades de investigación que se abren en todas y cada una de las situaciones sociales.

Si uno comienza a despreocuparse y el campo de investigación empieza a tomar la apariencia de una rutina familiar, entonces es necesario plantearse algunas cuestiones: ¿esta sensación de comodidad quiere decir que el trabajo de campo realmente ha acabado? ¿ya ha sido recogida toda la información necesaria?....

El abandono del campo

A toda investigación le llega un momento ñeque el trabajo de campo necesita ser finalizado. Con la excepción de aquellos que realizan la investigación en un lugar en el que viven o trabajan normalmente, finalizar el trabajo de campo significa dejar el campo.

La mayoría de los etnógrafos, sin embargo, deben organizar el abandono del campo, y eso no es tarea fácil. Habitualmente debe ser negociada. Generalmente se trata de despedirse de aquellos con los que uno ha convivido, trazar contactos para el futuro – con la intención de mostrarle, tal vez, los datos y conclusiones—.

CONCLUSIÓN:
  • La influencia del investigador en la recogida de información es muy importante.
  • Existe gran variedad de roles que el etnógrafo puede adoptar en el campo, que conllevan una serie de ventajas y de desventajas, oportunidades y peligros.
  • Además al modificar los roles de campo, será posible recoger diferentes tipos de datos, cuya comparación puede ampliar la interpretación de los procesos sociales que se están estudiando.
  • Establecer y mantener relaciones de campo puede resultar estresante, y ala vez, una experiencia excitante, y los etnógrafos deben aprender a convivir con sus sentimientos, mantener su posición como nativo marginal y completar el trabajo de campo.
Los diferentes roles que establece el etnógrafo en cada lugar son la base sobre la que se recogen los datos. Una manera de recoger datos es la descripción del comportamiento de la gente. También es importante la información que la gente suministra o da en el lugar de investigación acerca de sus sentimientos, creencias, de su comportamiento y de los otros en la actualidad y en el pasado.

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