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De la lengua originaria al lenguaje primitivo

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Herodoto, Los nueve libros de la historia

Libro 2º, Euterpe:
Egipcios (Psamético) / Frigios. Observar la primera palabra. Aislar a dos niños recién nacidos. Transcurridos dos años pronunciaron la palabra becos. Con este vocablo se designaba el pan entre los frigios. Los egipcios tienen que aceptar que la lengua frigia es la más antigua.
La búsqueda del origen del lenguaje está presentada aquí bajo el intento de determinar la nación más antigua del mundo.
El supuesto era que la manifestación primera de la capacidad individual para el lenguaje mostraría cual había sido la primera lengua humana y por tanto qué nación era la más antigua.
El criterio lingüístico aplicado es el de significación referencial.
Etnocentrismo de los pueblos y sobre cómo el poder pretende utilizar el conocimiento. La convicción de que el hebreo había sido la primera lengua de la humanidad era generalizada entre los autores judíos y cristianos.
En los tiempos de la emergencia de los estados-nación europeos, alguno de los idiomas nacionales mereció para sus entusiastas cultivadores, para aduladores de los poderes políticos particulares o para investigadores exclusivistas, el rango de lengua originaria.
La lengua sagrada. El hebreo como lengua originaria tenía como aval la Biblia: era considerada la lengua con la que Dios se dirigió a Adán. En segundo lugar, la lengua sagrada es la lengua del ritual, que da sentido y trascendencia a las ceremonias (la lengua litúrgica cristiana fue mas bien identificada como arameo, tras la obra de Bernardo de Rossi). En tercer lugar, es lengua mágica, dotada del poder de transformar a personas y cosas (Cábala). El hebreo fue empleado como lengua de invocaciones y conjuros de magos y curanderos. La sacralidad tiene otras connotaciones: inmutabilidad, que implica entre otras cosas, la ilicitud de los cambios que se pudieran proponer, lo que conlleva además su inoperancia. Intraducibilidad.
La lengua perfecta. La lengua originaria como lengua perfecta es una cualidad en parte derivada del origen sagrado, pero aparentemente racionalizada en términos lingüísticos.
  1. Identificación entre las unidades distinguibles de escritura (letras) y las de sonido (fonemas) y cuya reproducción, separabilidad y combinación la configuran como un conjunto de técnicas de modo que contribuyen decisivamente a concebir la lengua como un sistema de conocimiento, primero especializado y luego generalizado.
  2. Lengua normativa, de modo que en tanto que instrumento de la comunicación está sometido a reglas estrictas y cuyo aprendizaje debe ser intencionado y programado.
  3. Distintos grados de excelencia, de modo que por cultivo o por don se alcanzan con ella obras susceptibles de ser evaluadas por criterios estéticos que en las tradiciones occidentales reciben el nombre de literatura. Determinante ideológico: ayuda a comprender el trasfondo de ciertos conflictos.
A lo largo del siglo XVIII, la reflexión sobre el lenguaje se centra en dos cuestiones:
  1. Relación Lenguaje-Pensamiento.
  2. Origen del Lenguaje.
A juicio de la mayoría de los pensadores de la época, existe una vinculación interna entre ambas. De esta forma, si resolvemos el problema del origen del lenguaje podremos establecer qué tipo de relación guarda con el pensamiento.
Ejemplos de ese tipo de trabajos son las obras de Maupertius, Reflexions Philosophiques sur l’origine des langues et la signification des mots, y la obra de Rousseau, Essai sur l’origine des langues.
Se recoge la influencia del pensador empirista John Locke, en cuanto al planteamiento del origen del signo lingüístico (todos los contenidos de la mente provienen de la experiencia sensible; el origen último de los signos los vincula a los contenidos mentales asociados a las sensaciones y percepciones del hablante), si bien se dan dos orientaciones básicas: el sensualismo y el racionalismo. La primera, representada por autores como Condillac y Diderot, lleva hasta sus últimas consecuencias las doctrinas de Locke, mientras que la segunda, cuyos representantes más destacados son Du Marsais y Beauzée, siguiendo a Descartes y a los gramáticos de Port-Royal, establece una prioridad del pensamiento sobre el lenguaje. No obstante, Du Marsais sigue también a Locke en su rechazo de las ideas innatas.
En su Essai sur l’origine des connaissances humaines (1746), Condillac establece una interdependencia entre el lenguaje y el pensamiento, llegando a la conclusión de la existencia de una evolución conjunta de ambos. Sus planteamientos son un claro precedente de las ideas evolucionistas de los seguidores del darwinismo. Para él, en el lenguaje reside la capacidad relacional, que es básica para el pensamiento. Por otro lado, entiende que “el uso de los signos es el principio que desarrolla el germen de todas nuestras ideas”.
En otra de sus obras, La langue des calculs (1798), concluye que todo lenguaje es un método analítico y todo método analítico constituye un lenguaje específico. Así, mientras que en las lenguas naturales la conexión entre los términos del lenguaje y las experiencias vitales originarias ha quedado oscurecida por la evolución histórica, en un lenguaje artificial (langue bien-faite) es posible expresar con claridad esas conexiones (Lavoissier, uno de los fundadores de la Química moderna, construyó su teoría siguiendo este modelo).

Rousseau, J.J., Essai sur l’origine des langues où il est parlé de la mélodie et de l’imitation musicale.

Cap. I. “La palabra distingue al hombre de los animales y las lenguas distinguen a unas naciones de las otras (...) La palabra, que es la primera institución social, no debe su forma más que a causas naturales.
(...) la necesidad de la comunicación se basa en el reconocimiento de un hombre por otro como su semejante y el deseo de comunicar encuentra los medios que no son otros que los sentidos. De ahí la institución de signos sensibles para comunicar los pensamientos. Pero los inventores del lenguaje no hicieron este razonamiento sino que el instinto les sugirió la consecuencia (…) ¿De dónde puede venir el origen? De las necesidades morales, de las pasiones. Todas las pasiones acercan a los hombres cuando la necesidad de buscarse la vida les hace alejarse. No es ni el hambre ni la sed sino el amor, el odio, la piedad y la cólera lo que desencadena las primeras voces,... se puede alimentar sin hablar, pero para mover a un corazón joven, para aplacar a un agresor injusto la naturaleza dicta acentos, gritos, halagos; éstas son las palabras más antiguas inventadas y ésta es la razón de que las primeras lenguas fueran cantadas y apasionadas antes de ser simples y metódicas (....) Dudo que independientemente del vocabulario y de la sintaxis la primera lengua si existió no tuvo caracteres originarios que la distinguieran de las demás. No sólo todos los giros de esta lengua deberían ser en imágenes, en sentimientos, en figuras, sino que en su parte mecánica debería responder a su primer objeto, presentar al sentido así como al entendimiento las impresiones casi inevitables de la pasión que busca comunicar. Como las voces naturales son inarticuladas , las palabras tenían poco de articulaciones, algunas consonantes interpuestas borrando el hiato de las vocales sufrirían para hacerlas fluidas y fáciles de pronunciar. En revancha los sonidos serían muy variados y la diversidad de acentos multiplicaría las mismas voces. La cantidad del ritmo sería nueva fuente de combinaciones, de forma que las voces, los sonidos, el acento, el número que son de la naturaleza, dejando poca cosa que hacer a las articulaciones que son cosa de convención, se cantarían en vez de hablar. La mayor parte de las palabras radicales serían sonidos imitativos o del acento de las pasiones, o del efecto de los objetos sensibles. La onomatopeya se haría sentir continuamente (...) Las asociaciones de hombres son en gran parte obra de los accidentes de la naturaleza, los diluvios particulares, los mares salidos de madre, las erupciones de los volcanes, los grandes temblores de tierra, los incendios que destruyen los bosques, todo lo que debió dispersar a los salvajes habitantes de un país debió enseguida reunirlos para reparar en común las pérdidas comunes. Las tradiciones de desgracias de la tierra tan frecuentes en los antiguos tiempos muestran de qué instrumentos se sirve la providencia para forzar a los humanos a volverse a acercar (…) Tal debió ser el origen de las sociedades y las lenguas en los países cálidos. Allí se formaron los primeros lazos de las familias y se hicieron los primeros encuentros entre los dos sexos. Las jóvenes venían a buscar agua para el menaje y los jóvenes venían a abrevar los ganados,.... Allí se hicieron las primeras fiestas, los pies saltaban de alegría, el gesto contenido no bastaba, la voz acompañaba a los acentos apasionados, el placer y el deseo confundidos juntos se hacían sentir a la vez (...). Faltaba la vivacidad de las pasiones agradables para comenzar a hacer hablar a los habitantes. Las primeras lenguas, hijas del placer y no de la necesidad (...) En los países fríos donde la naturaleza es avara, las pasiones nacen de las necesidades y las lenguas, tristes hijas de la necesidad, se resienten de su duro origen...La necesidad mutua uniendo a los hombres mejor que lo haría el sentimiento, la sociedad no se formó sino por la industria, el continuo peligro de perecer no permitía separar a la lengua del gesto y la primera palabra no fue como entre nosotros ‘aimez-moi’, sino ‘aidez-moi’”.
La condición social: los ilustrados imaginaban a los seres humanos como individuos dispersos (familia).
La hipótesis ritual: espacio en que surge el lenguaje. Ocasión para el encuentro.
El carácter múltiple del lenguaje humano: la secuencia evolutiva es transversal a todo tipo de institución y, por tanto, también al lenguaje.
Las imaginadas características del lenguaje primitivo: el grito como expresión oral primordial, aparición de gestos y signos, surge a partir de ellos la palabra.
Durante el siglo XIX, se establecen otros planteamientos para el estudio del lenguaje. Figura clave en el cambio del paradigma explicativo es Wilhen Von Humboldt, quien desarrolla la idea del “Volkgeist” (espíritu del pueblo) apoyándose en una teoría del lenguaje que establece el predominio de éste sobre el pensamiento. Su teoría semántica se basa en dos presupuestos:
  1. Carácter relacional del enunciado lingüístico (importancia clave del contexto en el establecimiento del significado).
  2. Simbolismo fónico (el sistema articulado de fonemas es propio de cada lengua, pero existen vínculos entre todos los sistemas fonéticos y rastreándolos podremos intentar la reconstrucción de la “lengua universal”).
Las formas gramaticales designan o expresan las relaciones que el pensamiento establece entre el lenguaje y la realidad.
Como corolarios de su teoría aparecen las ideas de la relatividad lingüística y la relación de la lengua con el carácter nacional.
La frecuencia en el uso de ciertas estructuras lingüísticas y la diversidad de los campos léxicos, reflejan la variabilidad en la percepción del mundo de los individuos en las diferentes culturas. Para Humboldt la relación del ser humano con el medio físico y cultural en que se mueve, constituye el elemento fundamental para la explicación de esos cambios. Por eso ensaya una clasificación de las culturas, dividiéndolas en dos grandes grupos, sensuales y espirituales, al tiempo que subraya la problematicidad de la traducción de una lengua a otra. El lenguaje es el condicionante básico del pensamiento, pues es el recurso principal de que disponemos para organizar el caos de experiencias que constituye el pensamiento pre-articulado.
Sus estudios dieron lugar al nacimiento de la Lingüística Comparada y constituyen el precedente básico de las investigaciones de Sapir y Whorf.
La obra de Charles Darwin constituye otra fuente de planteamientos sugerentes en torno al origen y evolución del lenguaje.
Darwin y el debate entre la continuidad y la singularidad

Darwin, Ch., El origen del hombre

Capítulo XXI. Resumen general y conclusión.
“Mas aquél que admita el principio de la evolución debe reconocer que en las facultades mentales de los animales superiores, que en naturaleza son lo mismo que las humanas, aunque en grado diferente, son susceptibles de perfeccionamiento. Así, el espacio que media entre las facultades mentales de un mono superior y las de un pez, o entre las de una hormiga y un parásito, es inmenso; y sin embargo, su desarrollo no presenta una dificultad especial, porque en nuestros animales domésticos las facultades mentales son muy variables, y las variaciones se heredan. Nadie duda que son estas facultades de la más grande importancia para los animales en estado natural. Por esa razón son muy favorables las circunstancias para su desarrollo por medio de la selección natural. La misma conclusión puede hacerse respecto del hombre: el entendimiento debió ser para él muy importante, aun en época muy remota, capacitándole para inventar y usar el lenguaje, fabricar armas, instrumentos, tender celadas, etc., lo que, unido a sus hábitos sociales, le hizo ser, desde ha mucho tiempo, señor de todas las criaturas vivientes.
Debió realizarse un extraordinario progreso en el desarrollo del entendimiento, así que entró en uso, mitad por arte y mitad por instinto, el lenguaje, pues el hábito repetido de la palabra al obrar activamente sobre el cerebro y producir efectos hereditarios, impulsaba a la vez el perfeccionamiento del lenguaje. (…) esa máquina admirable, que fija nombres a toda clase de objetos y cualidades y provoca series de pensamientos que nunca habrían surgido de la sola impresión de los sentidos, y que, por otra, no podrían seguirse, aunque éstos los hubieran provocado, sin el lenguaje. Las facultades intelectuales del hombre más elevadas, como las de raciocinio, abstracción, propia conciencia, etc. son probablemente consecuencias del constante mejoramiento y ejercicio de las otras facultades intelectuales.
El desarrollo de las cualidades morales es problema de mayor interés. Su fundamento descansa en los instintos sociales, comprendiendo en este término los lazos de familia.(…)
Ser moral es aquel capaz de reflexionar sobre sus actos pasados y sus motivos, y de aprobar unos y desaprobar otros”.

Bibliografía

Lindholm, C., Culture and identity: The History, Theory and Practice of Psychological Anthropology, McGraw-Hill, Boston, 2001.
Romaine, S., Language in Society: An Introduction to Sociolinguistics, Oxford University Press, New York, 1994.
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