El Paleolítico Superior Final

El Magdaleniense en la Península Ibérica. Periodización

Los últimos 6 milenios (c. 15000 a 9000 u 8500 a. C.) del paleo. sup. ofrecen un aspecto de máximo desarrollo cultural, de creación artística y de densidad de ocupación durante el desarrollo del magdaleniense (epigravetiense en el área levantina) que concluye prolongándose en el aziliense (dentro ya del epipaleo. en sentido estricto).

El magda. fue la 1ª de las culturas del paleo. que individualizaron los pioneros de la prehistoria francesa. En 1913 propuso H. Breuil su subdivisión fundamental en 6 estadios, a partir de la evolución que se advertiría en algunos yacimientos de Dordogne, considerando algunas formas de azagayas como fósiles directores para decidir la periodización de la 1ª mitad del magda. (estadios I a III) y las de arpones para la 2ª (IV a VI). Según Breuil, en el magda. renacerían con fuerza las técnicas antiguas del auriñaciense y del perigordiense, tras el “paréntesis” del solutrense foráneo.

La adaptación de ese esquema de ref. a otras áreas de Europa, y obviamente a la Pen. Ib. no es fácil. Aquel cuadro prolijo se puede reducir en nuestro territorio a una 1ª etapa del magdaleniense arcaico (estadios I y II de Breuil) y otra del magdaleniense propio (III, IV, V y VI), que “forma un conjunto relativamente homogéneo de industrias con laminitas de dorso generalmente espesas” (G. Laplace), en 2 etapas, sin (magda. inf.: III) y con arpones de asta (magda. medio, sup. y final: IV, V y VI).

Está cundiendo el escepticismo sobre el excesivo valor atribuido a algunos fósiles característicos para definir variantes regionales o los procesos de evolución interna de la cultura magdaleniense. Acaso deba, pues, tenerse en cuenta sólo lo más genérico de ese período: “la riqueza de su utillaje en hueso y en asta de cérvidos y la abundancia de sus obras de arte” (Breuil) y un uso no discriminado en el tiempo, aunque sí en las funciones diversificadas, de un equipamiento lítico prácticamente común a todo el desarrollo de la etapa.

A este período pertenecen los “santuarios” del arte rupestre + atractivos de cuantos se conocen en el paleo. sup. del SO de Europa y la mayoría de las manifestaciones del arte portátil. En la 2ª mitad del magda. se consolidan unas concretas convenciones figurativas de los temas animales que, por vía de simplificación y de relativa abstracción, asegurarán un alto grado de fidelidad y realismo a esas representaciones de la fauna contemporánea.

En el frente mediterráneo español el proceso de microlitización del utillaje de dorso de inspiración gravetiense se expresa con fuerza en el solutrense avanzado. De modo que en este extenso territorio se produce una situación cultural peculiar, el “solútreo-gravetiense” o “epigravetiense”, que se desarrolla en el tiempo paralelamente al transcurso del solutrense final y del magda. inf. del frente cantábrico, durante unos 3 mil años. De ese modo, el magdaleniense levantino (o “ibérico”) respondería con relativa mayor precisicón al modelo aquitano-cantábrico de ref. sólo en su 2ª gran parte, la del magda. con arpones.

Caracterización regional

El litoral cantábrico y el Pirineo occidental :

En el depósito de la cueva del Rascaño se da la ref. por ahora + completa de su evolución cultural en etapas: Un magdaleniense arcaico en el nivel V; un magda. inf. en el IV; un magda. inf. avanzado (mejor que magda. medio) en el nivel III; un magda. final en los niveles II3 y II1; un aziliense en el nivel I.

Dos grandes bloques se deben reconocer en el magdaleniense cantábrico: sin arpones (arcaico e inf.) y con ellos (medio, superior y final). Se han advertido facies en el interior de aquellas etapas arcaica y antigua.

Según P. Utrilla, en el magda. arcaico hay una variante o facies tipo Rascaño nivel V y otra tipo Castillo nivel B inf.

Nosos. sitios de la región cantábrica han proporcionado evidencias atribuidas a la cultura del magda. inf. Unos se aproximan a la facies Juyo, otros a la facies del País Vasco. A fines del magda. inf. y en su transición al medio se han señalado en varios sitios de la región hundimientos parciales de los techos y zonas de embocadura de las cuevas.

Las condiciones de relativa bondad climática del magda. inf. debieron de empeorar en el medio, tal como se aprecia en el nivel C del Cueto de la Mina. Ha advertido G. Laplace que el estudio comparado de las series líticas del magdaleniense “con arpones” (medio, sup. y final) evidencia una llamativa homogeneidad de sus estructuras tecnomorfológicas a lo largo de 3 milenios. Las relativas variaciones en los índices de instrumentos se deben o a la fuerza de las modas (“facies”) regionales o a las perturbaciones que preceden a la próxima “mutación” aziliense, cuyo proceso ahora se incoa. La distinta composición de los restos de caza y la diversidad de emplazamientos y condiciones de los sitios que se ocupan sugieren que en la 2ª parte del magda. se dio una mayor movilidad de los grupos de población: los yacimientos se articulan en un común territorio de aprovisionamiento donde se practican tareas especializadas a lo largo de las estaciones del año.

Al magda. medio se atribuyen la imp. evidencia del depósito del abrigo de La Viña y niveles de La Paloma (nivel VI), Cueto de la Mina (C) y Ermittia, y acaso Lumentxa, El Cierro, niveles sups. (I y II) del Juyo, La Loja y el horizonte de transición entre los B y A del Castillo.

Al magda. sup. y final se ha referido una densa ocupación en el territorio cantábrico: destacan los niveles del Tito Bustillo, Cueto de la Mina, Pendo, Morín, Castillo o Aitzbitarte IV como de aquél, y los del Valle, Otero, Las Azules, Ekain, Urtiaga, Zatoya o Berroberría de éste. Las dataciones absolutas de ese proceso de terminación del magda. se agrupan a lo largo de unos 2 mil años, desde aproximadamente fines del undécimo milenio a fines del noveno a. C.

El Pirineo oriental, el Levante y el Sur :

Inmediatamente después del solu. sup. tradicional se desarrollan en el territorio oriental penin. 2 líneas industriales que se suceden: un epigravetiense (o “solútreo-gravetiense”) y un magda. algo avanzado y terminal. En contados lugares se observan los estadios iniciales del magda. del modelo francés de ref., tal como se aprecia en Parpalló.

El solutrense avanzado II (o solútreo-gravetiense I), con + puntas de muesca y menos de pedúnculo y aletas, está bien repres. En el nivel III de Mallaetes y en Ratlla del Bubo, nivel sup. de la cueva Ambrosio, Los Morceguillos, Cejo del Pantano y las cuevas del Serrón y Mortolitos.

El solutrense avanzado III (o solútreo-gravetiense II), con disminución de las puntas de muesca y aumento de las laminitas de dorso, en una etapa de clima frío y seco, tiene su mejor expresión en los horizontes de 4,75 a 4,25 y de 4,25 a 4 m. del Parpalló.

El magda. inicial mediterráneo se data en Parpalló en 11859+380 y probablemente en Matutano en 12010 a. C. En El Parco hay una sucesión de niveles desde el magda. medio y el magda. sup. a los del epipaleo. microlaminar y geométrico.

El magda. sup. meditarráneo, muy expandido y con arpones de asta de tipo clásico, ha sido fechado en la cueva Matutano entre 10440 y 10140 y en Bora Gran (con arpones de 2 hileras de dientes) en 9520+500 a. C. Se atribuye su presencia con alguna duda en Parpalló y en Verdelpino (Cuenca) y con seguridad en Les Cendres, Coma d’Infern, Sant Benet, Mallada, la cueva Tapada, Cartagena, Higuerón, Barranco de los Grajos, la cueva Victoria, Nerja, Hoyo de la Mina, etc.

La asociación en Les Cendres de arpones de asta con piezas líticas escalenas se constituye en rasgo de este tiempo común a todo el ámbito mediterráneo, de Girona a Málaga.

La secuencia estratigráfica de Tossal de la Roca se desarrolla desde un magda. “sup.” (nivel IV), datado en 13440, hasta un epipaleo. aziloide (nivel I) con fechas de 10530 y 10440 a. C.

Frente Atlántico y territorios interiores de la península:

En la región al norte de Lisboa, en un yacimiento al aire libre, en Casa da Moura, se recogió un escaso ajuar lítico, en el que los raspadores dominan sobre los buriles y entre éstos aparecen los diedros y los de truncadura, con algún perforador, hojitas con retoques, denticulados y un trapecio de lados curvos, a los que acompaña una industria ósea con una aguja, varios punzones sobre esquirla, alisadores y una posible varilla de sección semicircular. Ello señala un clima oceánico y dulce, bajo el que se desarrolló una fauna de ciervos, caballos, cabras y jabalíes.

En la Meseta Norte, la presencia de un yacimiento al aire libre, propio del magda. sup. en sus etapas finales, La Dehesa, cercano al Cerro del Barrueco (Salamanca), con imps. series líticas de hojitas de borde rebajado, buriles, raspadores, etc., aunque sin industria ósea, que evidencian una penetración del magda. final en la cuenca media del Duero, procedente sin duda del área cantábrica.

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