La Era De Los Descubrimientos Geográficos

Análogamente a lo sucedido con las técnicas de la vida económica, las de los descubrimientos marítimos maduraron a través de una ininterrumpida experiencia durante los siglos XIV y XV, fuera de la ciencia universitaria que era la que poseía los conocimientos teóricos para las navegación astronómica, pero su disociación con respecto a la práctica hizo que los descubrimientos fueron realizados antes de que esos conocimientos fueran dominados por los navegantes.
Los grandes descubrimientos precedieron a la navegación astronómica, los grandes viajes que se realizaron entre el siglo XIV y XV fueron la base de la intensificación de los intercambios y de las comunicaciones mundiales. La fase que va desde 1340 a11420 fue muy importante —fueron alcanzados los archipiélagos de las Canarias y de las Azores— por las perspectivas económicas que se abrieron. El reconocimiento a gran escala de las costas africanas se verificó a partir de 1420.
Hasta el siglo XVI, la navegación oceánica de los europeos permaneció sustancialmente vinculada al régimen de los vientos y de las corrientes, así que la experiencia de los navegantes ibéricos adquirida entre Canarias y Azores se reveló como insustituible y determinante, desde la isla más oriental del primer archipiélago a la más occidental del segundo hay más de 2200 km y soplan vientos estacionales que los marineros euromediterráneos ignoraban. Hasta la realización de los máximos descubrimientos, estos archipiélagos continuaron siendo los puntos de referencia, de partida y de llegada de sus empresas oceánicas.
La aparición de la carabela en las rutas africanas no está documentada antes de 1440, pero debe suponerse su presencia en la etapa del cabo Bojador, alcanzado por Gil Eanes en 1434 por la necesidad de un velero rápido y maniobrable. De casco alargado y veloz, la carabela poseía poca capacidad de almacenaje (entre 50 y 100 tn. de media) y es la causa de su abandono inmediatamente después de los descubrimientos cuando se requería traer a Europa cargas cad vez más consistentes. Se recurrió entonces a un nuevo tipo de nave (de 250 a 300 tn. de media) con dos o tres mástiles, mayor velamen y una discreta velocidad. La carabela fue por excelencia el navío de la exploración oceánica, capaz de llevar las provisiones necesarias para mantener durante muchos meses a una tripulación de unos 30 hombres, además de su facilidad de maniobra y su excepcional velocidad.
El Portugal del siglo XV se aseguró así una notable ventaja respecto a las demás marinas de la época. Tras la muerte de Enrique el Navegante, resultó fundamental el apoyo de los soberanos, como Juan II (1481-1495) y Manuel (1495-1521) que tomaron las riendas economicomarítimas de su país, transfiriendo la base de operaciones a Lisboa.
A lo largo de sesenta años, los descubrimientos se sucedieron con fases alternas, aunque también con éxito ininterrumpido. Se alcanzó Cabo Verde y el estuario del Senegal en 1444, se exploró la costa de Oro en torna a 1470 y se alcanzaron las islas de Santo Tomé y Fernando Poo, Diego Cao llegó al estuario del Congo en 1482 y Bartolomé Dias dobló el punto más meridional del continente, el cabo de Buena Esperanza. La circunnavegación de Vasco de Gama, diez años después de Dias, zarpó hacia la India con cuatro pequeñas naves, se dejó transportar desde Sierra Leona hasta el Atlántico meridional, con un rodeo de 10000 km para volver a encontrarse tras cuatro meses de navegación en el cabo de Buena Esperanza (nov de 1497). Al año siguiente, en enero, llegó a la altura de río Zambeze, en marzo a Mozambique, en abril a Mombasa y, en mayo a Calicut, puerto de la India meridional en el océano Índico, regresando en agosto a Lisboa, dos de las cuatro naves y la mitad de sus hombres se habían quedado en el viaje.
La empresa de Cristóbal Colón (1451-1506), que se insertó entre la de Dias y la de Vasco de Gama, fue casi tan lusitana como española. Colón perfeccionó su buena formación marítima mediterránea con una experiencia cartográfica y náutica entre Lisboa, las Azores y el Golfo de Guinea. Su intención fue la de ponerse a servicio del soberano portugués, pero en 1485 éste rechazó su propuesta de llegar a China Y Japón navegando hacia occidente, sus carabelas ya habían llegado cerca del Índico. Además de su obstinada fe, Colón obtuvo los medios para intentar su viaje gracias a la confianza que pusieron en él los franciscanos españoles e Isabel de Castilla. Nombrado almirante, virrey y gobernador general, dejado el puerto de Palos el 3 de agosto de 1492, llegó a Canarias el 9 de septiembre y un mes después el 12 de octubre llegaba a las Antillas, el 28 de octubre estaba en Cuba, el 6 de diciembre llegaba a Haití, el 15 de marzo de 1493 estaba de nuevo en Palos con sus carabelas Niña y Pinta (la Santa María había naufragado en santo Domingo). Los viajes de Colón, en particular el segundo —23 de septiembre de 1493-11 de junio de 1496— concretaron genialmente la mejor ruta que debía seguir tanto para la ida como para el retorno, en la travesía del Atlántico.
A parte de las incalculables consecuencias del involuntario descubrimiento del continente americano, el primer viaje de Colón tuvo ya un resultado inmediato: la repartición del ámbito extraeuropeo en dos zonas: una española y otra portuguesa; la línea de separación de ambas fue un paralelo situado a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde —Tratado de Tordesillas, 7 de junio de 1494—.
Además de los objetivos económicos, los descubrimientos fueron motivados por el objetivo de propagar la fe cristiana.
El dinamismo europeo se basaba en una experiencia colonizadora ya plurisecular, como también en un mecanismo económico capitalista suficientemente estructurado y maduro. En sus asentamientos de ultramar, los portugueses se comportaron de modo análogo a los genoveses y venecianos en Levante, buscando las bases y los puntos de apoyo costeros más aptos para atraer las riquezas continentales y negociarlas en beneficio propio. Los sucesivos desarrollos de la penetración europea —en primer lugar la española en América— iniciaron una fase totalmente nueva de colonización.
Los descubrimientos y en particular las relaciones comerciales que los siguieron, pusieron en contacto con otros continentes a un número relativamente reducido de europeos. A fines del siglo XVI, quienes se encontraban en ultramar no superaba los doscientos mil, sobre un número de habitantes en Europa que ascendía, aproximadamente, a cien millones. No obstante, llegaron a controlar a poblaciones indígenas de cincuenta a cien veces más numerosas. El promedio de las naves empleadas sería una nave por cada millón de km2 recorridos y se estima que los recorridos llevados a cabo a través de los océanos, entre el siglo XVI y mitad del XVII, fueron cerca de veinticinco mil. Si consideramos sólo América, en todo el siglo poco más de un millón de europeos zarparon hacia sus costas.
El aprovechamiento de los nuevos mundos se efectuó de un modo bastante rápido a beneficio de regiones cada vez más vastas de Europa. La llegada de metales preciosos de América contribuyó a reducir la separación que existía entre diversos países al mismo tiempo que se constituía un sistema comercial que incluía, por primera vez, a todo el globo. Después de 1590,las riquezas que provenían de América eran ya aprovechadas más claramente por el norte de Europa que por la península ibérica. Los dos puntales siguieron siendo Lisboa y Sevilla, teniendo ésta última una ventaja del 50 %; el mando de las operaciones fue tomado por ambos estados, el español y el portugués, aunque el primero controlara, hacia 1500, poco más de la mitad del territorio. Después de1550, los marinos de las provincias septentrionales debieron confluir en Sevilla, cuyo centro urbano pasó de los 40000 habitantes, a finales del siglo XV a los 120000 se principios del XVII.

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