Lowie

Robert Lowie fue, con mucho, el más sofisticado abogado y más tarde el defensor más efectivo del particularismo histórico. Con Lowie fue con quien el programa boasiano estuvo más cerca de cumplir la más esencial de todas las normas científicas, alcanzando la capacidad de sostener una expansión continua y autocorrectiva de los conocimientos. A diferencia de la de Kroeber, la teoría cultural de Lowie fue madurando siguiendo líneas empíricamente viables y teóricamente productivas. Fue Lowie quien tendió el más seguro puente para salvar el abismo particularista y enlazar con los grandes maestros del siglo XIX. Sin embargo, y a pesar de la claridad y honestidad de la visión personal que se evidencia en su obra, no pudo salvar las barreras que le impedían una comprensión más perfecta de los procesos culturales y que le mantuvieron confinado toda su vida dentro del molde boasiano.
La dedicación de Lowie a Boas se diferencia de la mayoría de sus contemporáneos por el esfuerzo que sólo él hizo por evaluar las implicaciones epistemológicas concretas del programa boasiano sobre el fondo de las principales corrientes filosóficas de la época.
Diferente de Kroeber también en esto, no se obstinó en sostener largamente la futilidad de la ciencia aplicada a la historia. Mientras que los errores de Kroeber son claramente consecuencias de un método imperfecto, de una actitud inflexible y prematura de rechazo de la perspectiva nomotética, los errores más serios de Lowie son de una naturaleza totalmente distinta.
A largo término se tiene la impresión de que fracasó no porque aplicara un modelo de ciencia social defectuoso, sino porque no consiguió aplicar el modelo que defendía. Tampoco se puede negar que Lowie fue a la vez víctima de las corrientes antimaterialistas que proliferaban en torno a él y cuya fuerza subestimó drásticamente. (fue exigente con todos menos con él mismo) Riguroso hasta la exasperación en todo lo demás, siempre que se veía obligado a enfrentarse con las exigencias del materialismo cultural, se dejaba gustosamente guiar por un montón de auténticos cuentos de viejas.
Lowie estaba demasiado absorbido en la denuncia y en el combate contra las generalizaciones prematuras como para permitirse dogmatizar en la línea de las declaraciones ideográficas que Kroeber había formulado en The eighteen professions.

LA INFLUENCIA DE ERNST MACH

La antropología boasiana se apoyaba, según Lowie, en el más inflexible de los pragmatistas inflexible, a saber, en Ernst Mach.
En líneas generales puede decirse que mach se dedicó fundamentalmente a eliminar cualquier vestigio de metafísica en las distintas ramas de la ciencia. La ciencia no tenía que explicar los fenómenos, sino sólo que describir las relaciones funcionales entre ellos.
Según Lowie, lo admirable de Mach era su estricta consecuencia Aborrece los sistemas, ha eliminado lo sobre natural, mira con recelo las hipótesis y prefiere la descripción a la explicación. Lowie insistía en la necesidad de eliminar del producto descriptivo final todos los residuos no empíricos, metafísicos e hipotéticos.
Indudablemente, Lowie no se abstuvo de formular hipótesis, a lo que se oponía era a rebajar los criterios empiristas introduciendo en la descripción de un determinado dominio entidades imaginarias o escasamente estudiadas. No hay duda de que Lowie veía en Boas al hombre que había tomado sobre sí la misión de imponer el programa de mach en la antropología.

CRÍTICA DE MORGAN

En 1920, Lowie publicó el libro más importante y más exasperante de toda la tradición del particularismo histórico. Todo en el libro tiene la función de presentar a una vasta audiencia los principales errores de la obra de Lewis Henry Morgan, Ancient Society. Ahora, con el paso del tiempo, encontramos en sus argumentos tanto que criticar como él encontró en los de su predecesor.

EL EVOLUCIONISMO DE LOWIE

Si Primitive society es algo, es justamente una contribución de importancia a la teoría de la evolución cultural. Y lo es porque en sus páginas Lowie examina y crítica una y otra vez las secuencias que Morgan propone de la emergencia de las distintas instituciones, tanto a nivel mundial como sobre una base más localizada.
Lo que le preocupa fundamentalmente es demostrar que el argumento de Morgan de que las sipes se desarrollaron antes que la familia monógama, era erróneo, y que era necesario invertir la secuencia.
Pero el tratamiento que Lowie hace del origen de la sipe representa mucho más que una mera inversión del esquema evolucionista de Morgan: es una de las defensas más sólidas que se han hecho del paralelismo y la convergencia en los procesos evolutivos.
Rechazando la explicación que Morgan había dado de la difusión de la sipe en términos de las ventajans psicofísicas asociadas a la exogamia, Lowie sugiere otros mecanismos causales que para las teorías neoevolucionistas están más cerca de la verdad que las ideas de Morgan sobre los efectos nocivos del matrinomio entre consanguíneos.

LA DEUDA DE LOWIE CON MORGAN

No hay apenas ni un solo artículo entre lo que Lowie escribió sobre organización social que no arranque, implícita o explícitamente, del punto en que se había quedado Morgan. Lowie acepta las premisas básicas del método comparativo de Morgan y hace uso de ellas.
Lowie llegó más lejos que todos los otros boasianos en la defensa de la legitimidad de la búsqueda de regularidades, de las que las correlaciones entre el parentesco y la organización social constituyen las más conspicuas.
En consonancia con esta opinión, y de nuevo en extrema oposición a Kroeber, Lowie tenía a Tylor en la mayor estima, no porque éste hubiera tenido en cuenta la difusión junto a las secuencias evolucionistas, sino sobre todo por las sugerencias de Tylor relativas al método.

EL ATAQUE CONTRA EL MATERIALISMO CULTURAL

Acusar a Lowie de antievolucionista o de anticientifista es absurdo. Pero, por otro lado, sí que demuestra ser un implacable antagonista del materialismo cultural. Una y otra vez a lo largo de su obra insiste Lowie en que los esquemas no pueden sustituir a la historia.
Sin embargo, en vastos dominios de la vida social, alló donde los rasgos sociales estructurales y los rasgos ideológicos se articulan con la organización de trabajo, con la producción y la distribución de bienes y con las otras condiciones materiales de la existencia humana, Lowie abandona el inflexible empirismo etnográfico por el que en todo lo demás tanto se le admira. El tema dominante de Primitive society, desde luego, no es el antievolucionismo, pero si el antimaterialismo cultural.
Lo que Lowie ataca no es en realidad el determinismo económico, sino un espantajo de él, un simulacro que ningún determinista económico podría reconocer. En todos hay una pauta similar, empieza por presentar alguna afirmación hecha por Morgan o por otro evolucionista en la que se establezca una relación entre los factores económicos y la organización social. En segundo lugar expone un manojo de excepciones a la presunta regla. Por último, proclama la puerilidad del determinismo económico.

EL CASO DE LA ESCLAVITUD

En este ejemplo Lowie ataca enérgicamente la idea de que la esclavitud ha debido tener su origen a un nivel avanzado de productividad, asociado con excedentes de alimentos bastante importantes. En el desarrollo de este ejemplo, el disgusto que a Lowie le inspiran las entidades metafísicas se evapora.

EL CASO DE LOS TERRITORIOS DE CAZA COMUNALES

A los evolucionistas como Morgan, como Maine, como Marx e incluso podríamos remontarnos hasta Turgot, siempre les ha parecido un principio bien establecido el de que en los grupos que dependen para la obtención de alimentos de la caza de animales, los derechos de propiedad sobre los territorios de caza no pueden ser individuales: el grupo propietario del territorio tiende a coincidir con el grupo máximo efectivo.
Lowie acepta el predominio de la propiedad conjunta por la familia o por el clan que tan fuertemente impresionó a sir Henry Maine, pero se niega a aceptar que la tenencia conjunta sea la característica más notable de los grupos de cazadores y recolectores más primitivos.
E inmediatamente Lowie vuelve a proceder de acuerdo con las pautas que, como dijimos antes, sigue para desacreditar las interpretaciones económicas deterministas: expone tres casos que no se ajustan a la regla (los vedda, los algonquinos y los aborígenes de Queenstand, y en los tres concluye que la tenencia comunal no es característica de las normas aborígenes. Entre los algonquinos y los vedda hay incluso evidencia de propiedad privada de la tierra asociada con el nivel más rudimentario de desarrollo cultural.
Lowie acaba su argumento con un desafío, se le podía devolver es desafío preguntándole por qué la carga de la prueba tiene que recaer sobre aquellos que ya han presentado docenas de casos de sociedades de bandas en las que se da una correlación inequívoca entre el modo de vida cazador y la tenencia comunal.
Ahora parece que toda la fuerza de la posición de Lowie residía exclusivamente en la improbabilidad de que alguno de sus colegas odiscípulos se decidiera a aceptar su desafío. Porque los tres casos son falsos, ninguno resiste un escrutinio cuidadoso.
Aquí me salto los desafíos sobre los que trabaja Lowie.

PREJUICIOS IDEOLÓGICOS DE LOWIE

Al defender los paralelismos limitados y al argüir a favor de la posibilidad de identificar secuencias causales repetitivas, Lowie rechaza la perspectiva boasiana más conservadora como un ejemplo en ella misma de inercia cultural. Si bien a los boasianos no se les puede acusar de antievolucionistas con el argumento de que eran víctimas de corrientes reaccionarias de este tipo, hay otra acusación que sí se les puede hacer, la de un antimaterialismo tenazmente dogmático.
Pero a Lowie se le escapa el verdadero problema: una cosa es darse de bruces con un hecho etnográfico y otra distinta buscarlo deliberadamente. Si Lowie quería fundamentar su método con entera independencia de los prejuicios ideológicos de su medio, tenía que haber mostrado, en lugar de un escepticismo disperso, un escepticismo concentrado precisamente en aquellas pruebas empíricas críticas con cuya ayuda universos enteros de teoría estaban siendo reducidos a añicos. Y esto Lowie dejó de hacerlo, tal vez no en lo relativo al evolucionismo, ni en lo relativo a las teorías de Morgan y Tylor, que le inspiraban los dos el mayor de los respetos, pero sí en lo relativo al materialismo cultural y a las perspectivas teóricas que a principio de siglo,, le gustara o no, se habían abierto gracias a Marx y a Engels.
Su tema más importante en todo ese período es el de que la relación entre las poblaciones humanas y su hábitat natural se establece a través de ideologías y de tradiciones culturales que dan origen a formas de comportamiento tan despilfarrador, tan extraño, tan irracional y tan inútil, que permanentemente condenan al fracaso cualquier intento de crear una teoría económica generalizada de la historia de la cultura.
La presencia de esos numerosos rasgos culturales inescrutables y caprichosos no parece molestar a Lowie en su postura empirista.

BASE ETNOGRÁFICA DE LA CRÍTICA DE LOWIE AL DETERMINISMO ECONÓMICO

De tres grandes dominios de fenómenos, en su opinión inescrutables y caprichosos, extrae Lowie el grueso de sus argumentos.
En primer término, el ansia de prestigio.
En segundo lugar, la guerra primitiva, el deseo de prestigo.
El tercer dominio es el de los factores religiosos e ideológicos
Muchas de sus erróneas nociones sobre la falta de relación entre condiciones tecnoecológicas y estructuras jerárquicas proceden de la etnografía boasiana de la costa del noroeste.

UNA VISIÓN EMIC DE LA GUERRA

Lowie es la primera autoridad del mundo en materias de guerra, religión y organización social crow. Mas no parece haber intentado nunca un estudio serio de la economía crow. Para él que todo lo relativo a estos temas lo tuvo que aprender exclusivamente a través de los recuerdos de sus informantes más ancianos, resulta por supuesto muy conveniente adoptar el principio de que la visión que de las cosas tienen sus propios actores es el producto etnográfico más importante.
Así, como todos los boasianos, Lowie se muestra incapaz de separar los datos emic de los etic.
Esta es una opción defendible siempre que no se permita que se convierta en una justificación de la omisión del contexto etic.
En los últimos años, un grupo de etnógrafos que han adoptado una perspectiva etic consecuente han llegado en el estudio de las motivaciones de la guerra primitiva a conclusiones que contradicen espectacularmente a las conclusiones que alcanzó Lowie.

DESAPROVECHAMIENTO DE RECURSOS

Esto nos lleva a la tercera de las áreas escogidas por Lowie para probar el caos que gobierna en la vida económica: el presunto desaprovechamiento de recursos, resultado de caprichos históricos y de idiosincrasia ideológicas. Un aspecto de sus argumentos ha tenido especial influencia, a saber: la idea de que los tabúes de alimento y otros caprichos ideológicos semejantes impiden con frecuencia la utilización o la explotación efectiva de fuentes de alimentos potencialmente importantes especialmente de ciertos alimentos de origen animal. Más adelante, en 1938, Lowie sigue elaborando este tema en el contexto de un ataque directo contra el determinismo económico.

CONCLUSIÓN

No quisiera dar la impresión de que la opinión de Lowie sobre el determinismo económico no sufriera cambios a lo largo de su carrera. Antes al contrario, en su obra más tardía hay claros indicios de una tendencia a dar cada vez más peso a los factores económicos.
Pase lo que pase, él no admitirá nunca ninguna afinidad con las diabólicas propuestas hechas por Marx y Engels.
Sin embargo, hemos de concluir reconociendo que Lowie no llegó nunca a superar las limitaciones de su herencia boasiana que le impedían comprender claramente la opción materialista cultural. Nunca llegó a liberarse del prejuicio, históricamente comprensible, pero lógica y empíricamente indefendible, de que la carga de la prueba recaía sobre quienes ofrecían explicaciones económicas.
No hay duda de que la cultura es realmente inescrutable, en último extremo, la inteligencia humana siempre tiene que declararse vencida ante las infinitas cosas desconocidas que hay en la naturaleza. Mas para mantenerse fiel a Mach y a la perspectiva empirista, tal admisión debe quedar pospuesta hasta un futuro indefinido. Lo que Mach no previó, o lo que Lowie no captó, es que los residuos metafísicos pueden mantenerse de un modo tanto positivo como negativo. A UN HOMBRE SE LE CONOCE NO SÓLO QUE LO QUE ÉL DECLARA SER VERDADERO, NI SÓLO POR LO QUE DECLARA FALSO, SINO TAMBIÉN POR LO QUE DEJA DE DECLARAR VERDADERO O FALSO. Lowie cometió pocos errores positivos, y los que él denunció son legión. Pero hubo también muchas falsedades que toleró por la única razón de que estaban de moda.

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