ESTRATIFICACIÓN SOCIAL EN JAPÓN

En el transcurso de la historia son las condiciones materiales y el nivel tecnológico de una sociedad lo que conforma su tipo de estratificación social. Existe una única sociedad industrial totalmente avanzada que se ha desarrollado sin una tradición cultural occidental: Japón.

EL RANGO EN JAPÓN: ALGUNAS OBSERVACIONES INTRODUCTORIAS

Japón a primera vista se asemeja a cualquier otra nación industrial. A los estadounidenses todo les parece más pequeño: los camiones, las habitaciones, las porciones de comida de los restaurantes e incluso la gente.

Advertimos que a los japoneses parece fascinarles el rango y la jerarquía. Hay jerarquía en las corporaciones, en las universidades, en todos los programas educativos y, prácticamente todo lo que puede jerarquizarse, está jerarquizado. Este énfasis en el rango y la jerarquía no se limita sólo a cosas e instituciones, atañe también a la gente. Existe una preocupación por la ordenación relativa de status de las personas que dificulta el trato de igual a igual entre ellas. Los japoneses son incapaces de sentarse, hablar o beber con otras personas hasta que no están razonablemente seguros del lugar que ocupan en la jerarquía. Es en ese contexto social donde se desarrolla la práctica de intercambiar tarjetas de visita: es un ritual que sirve para que nadie se sienta ofendido por otro que no toma en consideración las indicaciones de status que hay en la tarjeta. Una vez que se han establecido los indicadores relevantes de status como la edad, el sexo, la educación, la ocupación y el lugar de trabajo, comer, hablar, beber o cualquier otra acción puede realizarse de una manera ordenada y sin ofender a alguien que espera una mayor deferencia de status.

El lenguaje está bien equipado para expresar deferencia, respeto: pocas lenguas son tan ricas como la japonesa a la hora de permitir a las personas expresar su nivel de status, respeto y formalidad.

Ante esta preocupación por el rango y la formalidad podríamos esperar que Japón fuera una sociedad con un alto grado de desigualdad, pero no es así. Japón tiene uno de los niveles más bajos de desigualdad de la renta (si no el más bajo) de las principales sociedades industriales. La diferencia media de ingresos entre el 20% más rico y el 20% más pobre de la población de los EE.UU. era de 12 a 1, y en Japón es de 4 a 1. En las principales corporaciones de Japón la diferencia de sueldo entre los altos directivos y los trabajadores con menor rango se calcula que es de 17 a 1, y en EE.UU. es de 85 a 1. Los productos y servicios más básicos, desde la vivienda al acceso a la educación y la asistencia sanitaria, están distribuidos de un modo más igualitario en Japón que en la mayoría de las sociedades industriales.

Hace menos de 100 años los datos de la desigualdad de la renta en Japón eran muy diferentes: en los años 20 vemos que la brecha en las principales corporaciones de Japón no era de 17 a 1, sino de 100 a 1.

UNA HISTORIA DE LA ESTRATIFICACIÓN SOCIAL EN JAPÓN


Colectivismo asiático

En la mayoría de los países asiáticos la larga historia del cultivo del arroz (a diferencia del trigo en las civilizaciones occidentales) contribuyó a establecer la orientación valorativa del colectivismo, algo que significa que se da más importancia y protección a las necesidades y deseos del grupo que a los del individuo. Es necesaria una mayor cooperación del grupo para el cultivo del arroz. Así, los valores que fomentaban la unidad del grupo y el control sobre el individuo se desarrollaron en el transcurso de los siglos.

Japón sí desarrolló esta orientación, pero no en el mismo grado ni de la misma manera que China. Debido a la abundancia de agua que desciende de las montañas en Japón, el cultivo del arroz no requiere grandes proyectos colectivos ni la cooperación laboral de grandes grupos como en China. En Japón no se desarrolló la estructura estatal para organizar los proyectos de irrigación como la que necesitó China.

El aislamiento de Japón

Japón empezó a industrializarse hace poco más de 100 años. A diferencia de otras sociedades recientemente industrializadas, como los EE.UU., la cultura de la industrialización en Japón no se importó de una nación ya industrializada; pasó de tener una horticultura simple a la industrialización de un modo más independiente y en un período de tiempo relativamente corto. Parte de la cultura de Japón procede de China y Corea, y desde el siglo XVII ha mantenido escasos contactos con los países europeos. En los casi 1500 años que Japón ha existido como país y hasta el siglo XIX, los extranjeros penetraron en el país sólo 2 veces y durante breves períodos de tiempo: los chinos lo hicieron 2 veces y los europeos 1 en el siglo XVII.

El efecto más importante de su aislamiento ha sido que Japón sigue teniendo una cultura y una raza más homogénea que cualquier otra nación desarrollada: el 97 o 98% de los japoneses son racial y culturalmente similares. El 2 o 3 % que no son étnicamente japoneses son coreanos, chinos y nativos ainu del norte de Japón. Esta cultura sumamente homogénea crea un sentimiento de pertenencia al grupo frente a los de fuera y una unidad interna tan fuerte que raramente se encuentra en cualquier otra gran nación actual.

El sistema feudal de Japón

Sin tener un imperio hidráulico como el de China y con el cultivo del arroz basado en la cooperación de grupos pequeños, el sistema feudal de Japón en el 700 d.C. se asemejaba mucho al de Europa en la Edad Media. Había más autonomía local y más tierra que no pertenecía al Estado o a una élite nacional. Durante la mayor parte de la historia preindustrial de Japón existió un sistema feudal de estratificación social menos rígido, con ciertas oportunidades de movilidad social, más autonomía individual y competencia entre la aristocracia terrateniente y faltaba un Estado central poderoso.

El Shogunado Tokugawa

El término shogun hace referencia al líder de un clan militar que consiguió dominar casi todo el Japón respaldado por la aristocracia terrateniente, siendo el emperador sólo una figura representativa. El período Tokugawa fue el último de los shogunados y duró desde 1600 a 1850.

Durante este período los gobernantes shogunes instituyeron un rígido sistema de estratificación, que en muchos aspectos se asemejaba al sistema de castas hindú. Existían rangos rígidos que apenas permitían la movilidad social, una preocupación por la pureza ritual, la exigencia de que las personas debían exhibir sus posiciones de casta en su manera de vestir y en sus hogares y un grupo de personas muy parecido a los intocables de la India en la parte más baja del sistema. Pero el sistema de castas Tokugawa nunca estuvo institucionalizado ni fue tan aceptado por las castas bajas como el sistema hindú. Se producían revueltas contra la casta alta protagonizadas fundamentalmente por los campesinos.

En la parte más alta de este sistema japonés de cuasi castas estaban los guerreros-burócratas del shogunado, la élite militar samurai y la alta aristocracia. Juntos constituían cerca del 6% de la población y poseían casi el 25% de la tierra. El poder de estas élites era inmenso, p.e. los samurais eran los únicos con permiso para llevar espada y tenían el derecho de matar a cualquiera de rango inferior que les faltara mínimamente al respeto.

El siguiente rango eran los campesinos, que ocupaban una teórica posición de honor debido a que tenían la responsabilidad social de alimentar al resto de la población. En realidad, era el grupo más pobre y explotado.

En la tercera categoría de status estaban los artesanos y en el último lugar los comerciantes „cuya contribución a la sociedad era la menos valorada„. Pero algunos miembros de la casta comerciante se hacían ricos, y su acumulación de riqueza en el siglo XVI fue una de las razones por las que el shogunado Tokugawa instituyó el rígido sistema de castas. El comercio y la relación con los mercaderes europeos de aquellos tiempos representaban una amenaza para el shogunado. Su reacción fue expulsar a todos los europeos, cerrar las islas japonesas al mundo y controlar a los comerciantes japoneses.

En la posición más baja estaban las personas „fuera de las castas„, que constituían el 2 % de la población. Los burakumin parece que se originaron en los tiempos pre-Tokugawa entre personas derrotadas en la guerra, criminales y grupos cuya profesión, como carnicero o curtidor, era considerada despreciable, porque violaba la doctrina budista que desaprobaba quitar la vida a un animal. Incluso actualmente se discrimina a este grupo de burakumin, aunque son muy difíciles de identificar.

Es necesario advertir que la subcultura samurai de la clase alta estaba muy influida por una forma conservadora de neoconfucianismo importado de China. El respeto por el orden, el autosacrificio, la familia, la dominación masculina y el rango constituían aspectos centrales de esta filosofía religiosa. Cuando cayó el shogunado Tokugawa en la década de 1860 y los bajos samurais tomaron el poder establecieron un nuevo orden social. Este sistema de creencias confuciano se plasmó en muchas de las nuevas leyes del Japón Meiji.

La Restauración Meiji

A mediados del siglo XIX los EE.UU. estaban dispuestos a emular a las potencias europeas para conseguir colonias con propósitos económicos. En 1858 los EE.UU. enviaron a Japón casi ¼ parte de su flota, que contaba con un armamento superior, para sugerir al gobierno japonés que se abriese al mercado con EE.UU. Japón se abrió al mundo, pero al hacerlo, el ya debilitado shogunado Tokugawa se desprestigió.

En 1898 tuvo lugar la Restauración Meiji, una revuelta de la élite militar e intelectual de los samurais inferiores que derrotó al shogunado Tokugawa. Esta revolución desde arriba afirmaba que el poder del emperador había sido arrebatado por el shogunado Tokugawa y que ellos restaurarían el gobierno imperial, pero poco tiempo después los samurias inferiores ocupaban cerca de 2/3 del total de altos cargos del gobierno.

Japón logró durante la Restauración Meiji tanto el desarrollo económico como un capitalismo apoyado por el Estado, que empezó a crear industrias cuya propiedad o control dependía del gobierno. Cuando necesitaba dinero las vendía a precios notablemente bajos se creó una poderosa clase alta denominada zaibatsu, o grupos interrelacionados de las corporaciones más importantes constituidos por la clase capitalista que normalmente controla los principales bancos. La mayoría de las poderosas corporaciones japonesas que conocemos hoy en día (como la Mitsubishi o Fuji) se formaron de esta manera durante el período Meiji.

Otra importante característica de la rápida industrialización liderada por el gobierno Meiji fue la inmensa explotación de los campesinos y de la nueva clase trabajadora. Casi la mitad de los impuestos utilizados para financiar el capitalismo de Estado que enriqueció a los zaibatsu procedía de los campesinos pobres (35% de la cosecha y una renta por la tierra del 50%). Entre los campesinos y agricultores de las zonas rurales se extendió la práctica de vender a sus hijas para la prostitución en las ciudades. A principios de la década de 1920 se produjo cierta actividad sindical, que fue violentamente reprimida.

Las Reformas de la Ocupación y el auge del Japón moderno

Las bombas atómicas que cayeron en Hiroshima y Nagasaki no sólo acabaron con la guerra, también implicaron la ocupación de los EE.UU. y la realización de importantes reformas económicas, políticas y sociales conocidas como Reformas de la Ocupación, liberales y en muchos casos incluso socialistas, que generaron los cambios para que Japón consiguiera dominar económicamente durante los 90.

Hay dos cambios económicos que nos interesan sobremanera:
  1. Se rompieron los viejos grupos corporativos zaibatsu. En los años 20 la familia Mitsui poseía cerca del 15% de todas las acciones corporativas de Japón. En 1945 dos camiones escoltados por el ejército de los EE.UU. entraron en la sede central de Mitsui e incautaron 281 mio. $ en acciones. En las siguientes semanas otros camiones como aquéllos visitaron las sedes de otros zaibatsu con el mismo propósito. En 1948 el nuevo Parlamento aplicó la "Ley para terminar con los zaibatsu".
  2. La ocupación impulsó una importante reforma de la tierra. Los campesinos y agricultores recibieron tierra y apoyo del gobierno, eliminando así la antigua y persistente desigualdad entre las zonas rurales y urbanas. Desde entonces los agricultores son relativamente ricos en Japón. Son una fuerza políticamente conservadora que intenta no perder las ventajas económicas que obtuvieron, p.e. la creación de nuevos distritos electorales en 1994 supuso una mayor representación proporcional de los agricultores en la Dieta.
La reforma política más importante fue la reforma de la Constitución japonesa, que se escribió en inglés y aún plantea problemas de interpretación judicial a los japoneses. A todos los ciudadanos, incluidas las mujeres, se les otorgó el derecho al voto. Se eliminó la cámara alta, controlada por una aristocracia inventada bajo la constitución Meiji, y se reemplazó por una cámara alta poco poderosa, democráticamente elegida.

LAS BASES ESTRUCTURALES DE LA ESTRATIFICACIÓN SOCIAL

La estructura ocupacional

Distribución ocupacional

La distribución ocupacional de Japón y la de los EE.UU. son bastante similares, pero en Japón hay más gente empleada en ocupaciones agrícolas. También hay más trabajadores empleados en la venta al por menor y propietarios de pequeñas tiendas.

Economía dual

La economía de Japón se divide en mayor grado que la de EE.UU. entre grandes empresas con grandes ganancias, más control del mercado, salarios más altos y más sindicación, y empresas más pequeñas con menor nivel de todas esas características.

Rango de edad

Al igual que en todas las sociedades industriales avanzadas, en Japón también hay una correlación positiva entre el nivel ocupacional y el nivel educativo; e.d. un empleo de alto nivel (doctor, abogado, etc.) normalmente requiere un nivel alto de educación. En el nivel de menor edad (25 años) los trabajadores con menos educación ganan más dinero que los licenciados universitarios. A medida que ascendemos en los niveles de edad descubrimos que la educación superior es rentable. Japón es una sociedad muy segmentada por la edad: hay una correlación más alta entre la edad y los ingresos que entre la educación y los ingresos. Estudios muestran un aumento gradual de los ingresos con la edad hasta la categoría de 50-60 años, que cae de modo notable. Cuando los empleados del sector central llegan a los 55 y 60 años, súbitamente hay menos empleos en la parte alta del sistema. Así, los empleados que reciben una mejor evaluación son promocionados, y los demás se ven obligados a jubilarse. Esta práctica de la jubilación forzosa es beneficiosa para la empresa, porque para sustituirlos contratan a jóvenes trabajadores con sueldos más bajos. Pero es muy perjudicial para los viejos trabajadores, porque en la mayoría de los casos la jubilación no implica la recepción de una buena pensión.

El sistema nenko de Japón consiste en que cuando una persona consigue un buen empleo en una gran corporación ascenderá de posición anualmente con la gente de su mismo grupo de edad. El mérito cuenta a la hora de conseguir ese trabajo, pero es menos importante para ascender de posición; esto está cambiando en algunas corporaciones japonesas, pero no en las burocracias del sector público.

¿Cómo pueden hacer que los empleados trabajen duro y cuál es el incentivo que les hace trabajar así? Dada la importancia del rango de edad sería contraproducente requerir a un trabajador que obedezca las órdenes de un jefe más jóven que él. Este problema se soluciona promocionando a todos los que tienen la misma edad. Los lazos grupales son fuertes y la presión del sacrificio por el grupo importante en la sociedad de orientación colectivista de Japón. El grupo de trabajadores presiona a todos para que realicen su función en bien del grupo, así la mayoría de los trabajadores japoneses no se toman la totalidad de sus vacaciones. A finales de los 80 el gobierno japonés creó una campaña publicitaria para que los trabajadores se tomaran todas sus vacaciones (necesitaba que aumentara el consumo y disminuyera el ahorro para impulsar la economía). La promoción mediante el mérito perjudicaría más que beneficiaría a la productividad, porque crearía malestar entre los miembros del grupo si algunos se promocionaran y otros no.

Desigualdad de la renta

A principios de los años 80 Japón presentaba el nivel más bajo de desigualdad de la renta de todas las naciones industriales, que se produce más en la economía que como consecuencia de la acción del gobierno mediante, p.e. políticas tributarias y de bienestar.

La diferencia entre los salarios de los altos directivos y los salarios de los recién contratados en Japón es mucho más pequeña que en EE.UU. Mientras los directivos estadounidenses reciben muchos extras, como la opción de compra de acciones de la corporación, que aumentan sus ingresos totales, Japón prohíbe por ley la opción de compra de acciones a los directivos japoneses.

Estructuras de la autoridad burocrática

Cualquier ciudadano de los EE.UU. le dirá que nunca había experimentado tanta burocracia en una oficina de correos hasta que llegó a Japón. No es una excepción, porque esa burocracia es característica de todas las agencias gubernamentales y corporativas japonesas.

Las pensiones insuficientes o la ausencia de una seguridad social global del gobierno japonés explican en parte el hecho de que en Japón haya mucha gente mayor de 65 años empleada.

Burocracias corporativas

Además de tener muchas de las corporaciones más grandes del mundo, Japón alberga los bancos más importantes. En 1990 la lista de los bancos más importantes del mundo incluía 7 japoneses que eran los 7 más importantes.

Las burocracias corporativas de Japón se destacan por tener más rangos y niveles de las demás. Esta característica está en sintonía con la importancia de la jerarquía y la ordenación por edades en las corporaciones en Japón (e.d., tiene que haber muchos rangos para la promoción de los empleados). En muchos sentidos, los altos directivos no reciben un trato tan diferente; los directivos comen en el mismo lugar que los trabajadores, carecen de grandes despachos individuales o lavabos especiales para ellos (pero la diferencia de status que otorgan los empleados de bajo rango hacia los altos directivos en Japón es mayor que en EE.UU.).

Los sindicatos en Japón son más débiles que en Europa, aunque más fuertes que en EE.UU. Muchos sindicatos son sindicatos de empresa; hay muchos sindicatos de industrias, que son más eficaces porque no fragmentan los trabajadores de cuello azul o blanco. Existen coaliciones sindicales a escala nacional, que son las responsables de lo que se ha denominado la «ofensiva de la subida salarial» que ha tenido mucho éxito a la hora de conseguir contratos con salarios más altos cada año. Las coaliciones sindicales coordinan sus demandas para lograr más fuerza en su proceso de negociación anual.

El «sindicato de empresa» suele estar controlado por la compañía, pero el concepto de conflicto entre la dirección y los trabajadores en Japón es diferente: la relación es más bien un trabajo de equipo que una relación entre intereses opuestos.

Otro aspecto de la burocracia corporativa es el grado en que los trabajadores influyen u opinan sobre lo que ocurre en el trabajo. Hay gran margen para la toma colectiva de decisiones y los trabajadores tienen mucho que decir sobre el modo en que deben realizar su trabajo. En realidad la toma de decisiones en Japón está más centralizada de lo que se cree, pues implica que las ideas son transmitidas a los directivos inferiores para su deliberación y consenso. Este sistema está manipulado por los altos directivos porque probablemente la decisión ya está tomada, sin embargo, los trabajadores creen que la toma de decisiones es colectiva, lo que les hace sentirse importantes.

Estructuras de la autoridad política

Las preguntas de quién consigue qué y por qué dependen de un proceso de conflicto: en Japón, como en EE.UU., unos grupos disponen de más recursos que otros para intentar influir en el Estado con el fin de proteger sus intereses.

A diferencia de lo que ocurre en EE.UU., las personas más poderosas del gobierno en Japón son los burócratas ministeriales no elegidos. En cada Ministerio los viceministros y sus empleados son mucho más poderosos que los políticos elegidos para la Dieta. El ministro es un político nombrado temporalmente. Los viceministros son los que redactan la mayor parte de las leyes y deciden luego cómo administrarlas. Son, junto a sus subordinados, burócratas de carrera con mucha más experiencia que los políticos para realizar las funciones del gobierno.

Aunque en Japón votan más personas que en EE.UU. (70% frente al 50%), hay menos democracia. Debido a los numerosos escándalos políticos de finales de los 80 y principios de los 90, se van a realizar próximamente importantes reformas políticas en Japón. Pero tendrán que pasar muchos años, hasta que se reduzca eficazmente el poder de los burócratas ministeriales en el sistema político japonés. En todas las sociedades industriales avanzadas, de una u otra manera, el Estado es una de las principales instituciones que influye en el sistema de estratificación y en la distribución de las recompensas.

La estructura de la propiedad

Una de las principales fuentes de la desigualdad en EE.UU. es la propiedad de los medios de producción por parte de unos pocos frente a la mayoría de la gente que carece de tal propiedad. La posesión privada de acciones corporativas se concentra en menos del 1% de la población estadounidense. La poblacion se puede dividir entre los que poseen cantidades considerables de acciones corporativas (lo que les genera riqueza, ingresos y poder) y los que carecen de ellas.

En Japón apenas existe propiedad y/o control gubernamental de los medios de producción. Mientras en EE.UU. el 50% de las acciones corporativas está controlada por familias e individuos, en Japón es del 25 al 30%. La siguiente porción más grande es el 26% en propiedad de corporaciones industriales y comerciales, luego el 18% en manos de los bancos y el 17% en las de las compañías de seguros. En Japón el 66% de todas las acciones corporativas está en manos de las corporaciones. Sólo descubrimos 8 familias o individuos entre las 100 corporaciones industriales más grandes y ninguna entre los 25 bancos más importantes que tuviera el 10 % o más de las acciones de una empresa. En comparación con los EE.UU., hay que subrayar algo: estas acciones eran realmente propiedad de esas otras corporaciones, a diferencia de las enormes cantidades de acciones controladas por empresas financieras estadounidenses que, en realidad, son propiedad de los fondos de pensiones de los trabajadores.

Las empresas antes controladas por familias (zaibatsu) siguen existiendo y han reformado parcialmente sus grupos de poderosas corporaciones, pero la propiedad familiar en ellas ya no tiene tanto peso:
  1. La ruptura forzosa de los viejos zaibatsu tras la 2ª G.M. les obligó a vender sus acciones, y quienes únicamente estaban en condiciones de comprarlas eran otras corporaciones.
  2. Los altos directivos japoneses no pueden por ley ser remunerados con opciones de compra de acciones de sus empresas.
  3. Cuando en Japón una corporación tiene relaciones comerciales importantes con otra corporación (p.e. proveedor, vendedor al por menor) es normal que se dé la práctica de vender cantidades importantes de acciones a la corporación con la que se mantienen esas relaciones (y viceversa) para mantener buenas relaciones =>> keiretsu.
LA ÉLITE DE PODER EN JAPÓN

En Japón existe un «triunvirato de élites» al que los japoneses suelen llamar «triángulo de hierro», que es más poderoso, está más unido y tiene más control del país que las élites de cualquier otra sociedad industrial moderna. Los que no pertenecen a la élite forman en Japón una «sociedad de masas» de gente carente de poder y políticamente inactiva. La primera matización es que el triunvirato no incluye la élite militar: el «triángulo de hierro» está formado por la élite corporativa, la élite burocrática ministerial y la élite política.

La clase corporativa

La encontramos en los keiretsu del Japón de la posguerra. Tras la caída de los zaibatsu despúes de la 2ª G.M., empezaron a surgir lentamente lo que hoy llamamos los grupos corporativos keiretsu. Éstos están formados por directivos corporativos que dirigen colectivamente la economía con más autoridad e independencia que en otras naciones capitalistas. Se interrelacionan mediante la propiedad mutua, los lazos empresariales y los directivos corporativos.

Los «seis grandes» keiretsu tienen cerca del 15% del total de acciones corporativas de Japón, con el 40% del total de acciones bancarias, el 53% del total de acciones de empresas aseguradoras y el 53% del total de acciones de agencias inmobiliarias. Cada una de las 193 corporaciones de los «seis grandes» tiene vinculaciones accionariales con el 54% de las demás corporaciones del grupo.

Cada una de las grandes corporaciones dentro del keiretsu horizontal domina muchas corporaciones pequeñas, en algunas ocasiones cientos de ellas, que proveen a las corporaciones dominantes de servicios vitales para sus operaciones (keiretsu vertical).

Los miembros de los clubes de presidentes de cada keiretsu se reúnen una vez al mes para sopesar los problemas comunes, planificar lazos comerciales, considerar los problemas de alguna empresa del keiretsu y organizar la acción política conjunta para influir en la política gubernamental.

La Keidanren (o Federación Japonesa de Organizaciones Económicas) es la organización más importante de todas, un tipo de institución para los grandes negocios o el «parlamento de los grandes negocios», siendo el presidente de la Keidanren el «primer ministro» del mundo de la empresa y probablemente el hombre más poderoso de Japón. Este grupo interno de la clase corporativa que constituyen los 900 miembros de la Keidanren procede de un conjunto de corporaciones que da cuenta del 40 % del total de ventas y del 50 % de todos los activos corporativos de Japón. El grupo interno de la clase corporativa en Japón coordina la economía a través de la Keidanren y presiona políticamente al gobierno de un modo que en EE.UU. sería ilegal.

La élite burocrática

En Japón son los altos funcionarios de los principales ministerios los que tienen más poder e influencia. Los ministerios del gobierno más importantes son el de Economía y el de Comercio Exterior e Industria, y en ellos los que más poder acumulan son sus viceministros, no sus ministros. El viceministro y todo el personal inferior a este cargo son burócratas de carrera que comenzaron a trabajar en el ministerio recién salidos de la universidad y se esforzaron por ascender de posición. El cargo de ministro es un nombramiento político, que conoce menos la institución que el resto del personal y lo desempeña sólo durante 3 - 4 años como mucho. En EE.UU. el presidente entrante hace cerca de 1.000 nombramientos para las agencias del gobierno federal más importantes, mientras un primer ministro japonés entrante hace 20, que incluyen principalmente a los ministros.

Los parlamentarios japoneses tienen poco personal, y el 80 % de las leyes aprobadas por el Parlamento las redacta e impulsa la élite burocrática. Además, los funcionarios ministeriales emiten sus propias ordenanzas, que sobrepasan a las leyes de la Dieta en una proporción de 9 a 1 y se dirigen a todos los sectores de la sociedad.

La élite política

Las élites políticas del Japón de hoy están en decadencia, y seguirán estándolo por muchos años. De 1955 a 1993 las élites políticas de un sólo partido político - el Partido Democrático Liberal (PDL) - han dominado la política japonesa. Pero estas personas se corrompieron y avergonzaron tanto a sus partidarios en la élite corporativa que al final perdió el control de la Dieta en 1993. Antes de 1993 la élite corporativa había venido sufragando cerca del 90% de los gastos de las campañas electorales del PDL, algo que solía hacer a través de la importante organización empresarial Keidanren. La organización dejó de financiar las campañas despúes de 1993.

Las leyes de reforma de las campañas electorales aprobadas en 1993 y los nuevos distritos uninominales en vigor desde 1994 han desbaratado la escena política japonesa. Habrá que esperar unos cuantos años para que uno o varios de los partidos que surgieron de la destrucción del viejo PDL recuperen el poder.

Desde que terminó la 2ª G.M. hasta finales de los 80, durante 37 de los 44 años, el primer ministro era un burócrata ministerial de carrera que se jubilaba para incorporarse a las élites políticas.

No es que la Dieta carezca de poder: las leyes tienen que ser aprobadas (aunque en su mayor parte estén redactadas por burócratas del ministerio) y los impuestos distribuidos. La élite política japonesa representa un papel de apoyo a la élite corporativa y a la burocrática.

La unidad de la élite nipona

Los zaibatsu encontraban dificultades para cooperar en asuntos generales, pues existían facciones políticas asociadas a determinados zaibatsu. Sin embargo, desde la 2ª G.M. predomina la cooperación, la coordinación y la unidad entre el «triángulo de hierro» de las élites japonesas.

Existen varios y poderosos medios que logran una unidad de la élite en Japón más fuerte que en EE.UU.:
  1. Varios primeros ministros de posguerra, cerca de 12 miembros de las élites corporativas, varios de las élites ministeriales e incluso el hermano y la hermana del último Emperador Hirohito estaban directamente relacionados por medio del matrimonio (keibatsu). Cerca de 40 keibatsu dominan el país. Hay agencias privadas e individuos especializados en emparejar a miembros de las familias de las élites.
  2. Amakudari se puede traducir como «descender del cielo» y significa la jubilación temprana de funcionarios poderosos del ministerio para ocupar altos cargos corporativos. En 1991, 215 miembros de la élite burocrática dejaron sus cargos en la administración para ocupar puestos corporativos en empresas reguladas por el mismo ministerio donde antes trabajaban y del que «se habían jubilado».
  3. El sistema educativo japonés. Hay un pequeño número de universidades japonesas consideradas las más prestigiosas, e ingresar en ellas es muy importante para conseguir luego el status de élite, siendo la Universidad de Tokio (Todai), la más importante con mucho. Es muy difícil aprobar el examen para ingresar en ella, lo que implica que los miembros elegidos se cuentan entre los más inteligentes de Japón, y reciben una mayor legitimidad una vez que ocupan puestos de élite. Los lazos de amistad que establecen mientras están estudiando perdurarán toda su vida y contribuirán a la unidad de la élite. En el Ministerio de Economía, a finales de los 70 el 89% de todos los altos funcionarios de niveles superiores eran licenciados de Todai. Entre la élite corporativa encontramos que en la «alta élite industrial» el 45% eran licenciados de Todai; en Keidanren 6 de los 8 presidentes desde 1946 eran licenciados en Todai. Lo más importante no son sólo los lazos de amistad forjados en Todai. Debido al sistema ordenado por grupos de edades, por el que personas de la misma edad alcanzan al mismo tiempo todo tipo de puestos de élite en Japón, las personas con altos cargos en las corporaciones, en los ministerios y en la política fueron en algún momento de su vida compañeros de clase o incluso de habitación cuando estudiaban en la universidad.
  4. Hay clubes sociales y empresariales que también sirven para unir a la élite (Club de Tenis sobre Hierba de Tokio, Club de Equitación de Tokio, etc.). Pero estos clubes tienen relativamente menos importancia en Japón que en EE.UU., por no mencionar que son menos necesarios, dados los demás medios que allí existen para conseguir la unidad de la élite.
La sociedad de masas

Mucha gente en Japón está de acuerdo en que el concepto de sociedad de masas se ajusta mejor a su país que a EE.UU. El grupo es más importante para la gente de Japón que para una sociedad individualista como los EE.UU., por lo que parecería lógico que los japoneses formasen grupos centrados en algún interés o actividad. Sin embargo, en realidad ocurre lo contrario: hay menos organizaciones voluntarias en Japón que en cualquier otra nación industrial. Los japoneses tienen dificultades para formar nuevos grupos de interés precisamente debido a la enorme importancia que dan al grupo. Su apego a la familia y al grupo de trabajo es tan fuerte que les queda poco tiempo para preocuparse por las condiciones o por los problemas que existen fuera de esos grupos. Puede decirse que el grupo es tan fuerte, y la lealtad con el grupo y su líder tan importante, que es posible usar esa orientación grupal para manipular a la gente de modo que tengan una actitud menos crítica hacia la autoridad. Esto no significa que los japoneses no formen nunca grupos de interés o de protesta: cuando un grupo ya existente ve amenazados sus intereses, su protesta puede ser muy fuerte y persistente. Pero la cuestión es que las autoridades japonesas han logrado evitar que la actividad de los movimientos sociales se extienda más allá de un pequeño núcleo.

Entre las razones que explican por qué en Japón son débiles los movimientos sociales y la actividad popular de los grupos de interés hay que mencionar a los profesionales de las leyes, los sindicatos y los medios de comunicación de masas:
  1. En las sociedades democráticas el sistema legal es un medio legítimo para conseguir cambios y proteger intereses. Los ricos suelen tener más recursos para usar el sistema legal en su provecho, pero quienes no pertenecen a la élite normalmente disponen de algunos medios de representación y protección que les ofrece el sistema legal. En Japón ese medio es limitado porque el Ministerio de Justicia permite que haya un número escaso de abogados y todos los abogados son elegidos y formados por las élites ministeriales. Se inician muy pocos pleitos contra el gobierno o las grandes corporaciones y son menos aún los que ganan los ciudadanos japoneses.
  2. En Japón hay pequeños sindicatos de empresa y coaliciones de sindicatos eficaces en su lucha por aumentar los salarios. Después de la 2ª G.M. pareció desarrollarse un movimiento laboral bastante fuerte, pero este desarrollo lo detuvieron violentamente las grandes corporaciones y el gobierno, con una pequeña ayuda de la CIA.
  3. Los periodistas japoneses pueden ser muy críticos con el gobierno o la corrupción, pero la mayoría de los observadores afirman que no suele ser así. Fue la prensa japonesa la que cubrió varios escándalos hasta la caída del Primer Ministro en 1989. Pero en estos y otros casos la noticia apareció primero en periódicos poco conocidos o extranjeros. Los periodistas no se destacan por indagar lo que sucede detrás de la escena del poder para mantener al pueblo japonés informado. Entre las razones que lo explican están los «clubes de prensa» (kisha) formados por los ministros del gobierno. Únicamente los periodistas aceptados por estas agencias gubernamentales podrán asistir a los clubes de prensa para recibir información. Pero hay otro mecanismo de control de la información: la importante agencia de publicidad Dentsu, que controla cerca de 1/4 de la facturación total de la publicidad, el 30% de la de TV y casi el 20% de los principales periódicos, frente a menos del 4% que controla la agencia de publicidad más grande de los EE.UU. La influencia de Dentsu en el contenido de la cultura televisiva japonesa difiere mucho de cualquier otro tipo de control social a través de los medios de masas en otro país del mundo. Dentsu está bien relacionada con las élites corporativas de Japón, las protege mediante la censura a los medios hasta el punto de darse el caso de conseguir que un programa no se emita por considerar que atacaba los intereses corporativos.
LOGRO Y ADSCRIPCIÓN EN EL JAPÓN MODERNO

Una sociedad industrial moderna no puede ser competitiva si la mayoría de los miembros reciben una formación alta u ocupan posiciones altas de autoridad debido al status que le confiere su nacimiento, raza, religión u otros criterios adscritos. Todas las sociedades industriales presentan una combinación de reglas de adscripción y logro que determinan la ubicación de clase.

En ciertos aspectos Japón tiene un grado más alto de igualdad de oportunidades, algo que significa que en Japón operan más factores de logro que en otras sociedades industriales. Sin embargo, hay algunas excepciones muy importantes a la constatación de que Japón presenta una mayor igualdad de oportunidades.

Discriminación racial, étnica y sexual en Japón

Dado el grado bastante alto de meritocracia o igualdad de oportunidades que hay en Japón, sorprende la discriminación que existe contra las mujeres y las minorías étnicas. Japón es para los estadounidenses la sociedad más sexista de todas las naciones industriales.

Discriminación sexual

Las encuestas de opinión indican que para la mayoría de los hombres, e incluso para muchas japonesas, lo que existe en Japón son divisiones sexuales de rol, no necesariamente discriminación sexual. Muchas mujeres aceptan su posición como «natural» porque el proceso de socialización ha logrado hacer que piensen así. Estas ideas están cambiando, a pesar de que las mujeres que intentan abrirse camino fuera del hogar se topan con mucha resistencia por parte de la sociedad japonesa.

La discriminación en Japón comienza en el hogar a edades muy tempranas: a las niñas no se les anima tanto como a los niños a progresar en sus estudios. La madre dedica más atención a su hijo para que no pierda curso que a su hija. Se piensa que un exceso de formación puede perjudicar sus perpectivas de matrimonio.

Cerca de un 94% de las chicas asisten al instituto y acaban los estudios secundarios, pero es más probable que asistan a un instituto que no prepara para la universidad. Sólo el 12% de las chicas que terminan la secundaria ingresan en la universidad, frente al 39% de los chicos. En las universidades más prestigiosas, la proporción de mujeres es a veces inferior al 10%.

En Japón, la mayoría de la gente se casa más tarde que en EE.UU. (a los 25 o 30 años), y esto significa que la mayoría de la gente conoce a su futuro marido despúes de sus estudios y, con frecuencia, en el trabajo. Así, para las mujeres el empleo suele llegar después de los estudios y antes del matrimonio. Cuando se casa y especialmente tras el nacimiento de los hijos, se supone que la mujer debe dejar de trabajar. En el pasado se despedía a las mujeres cuando se casaban. Aunque obligar a la mujer a dejar su trabajo cuando se casa va contra la ley, sigue ocurriendo informalmente. A resultas de ello la participación de la mujer en la fuerza de trabajo es alta en los primeros 20, luego desciende hasta que llega a los 40 y sus hijos ya se han ido de casa. Los empleos abiertos a las mujeres no suelen ser empleos susceptibles de promoción: hay una alta concentración de mujeres en puestos de servicios y en empleos bajos de cuello blanco que son temporales. En consecuencia existe un alto grado de desigualdad de renta entre los hombres y las mujeres. Otra causa de esta pauta de menores ingresos es que las mujeres se encuentran mucho más concentradas en el sector periférico que en el sector central de la economía, mucho más que en EE.UU.

Y otra causa más de la desigualdad de la renta entre los hombres y las mujeres de Japón guarda relación con las estructuras de autoridad. Un estudio sobre las 1.000 corporaciones japonesas más importantes descubrió que sólo el 0,3% de los puestos de toma real de decisiones en esas corporaciones los ocupaban mujeres, - que en EE.UU.

En las zonas rurales las mujeres normalmente sufren menos discriminación. Uno de los factores más importantes del aumento de la discriminación sexual y de las rígidas divisiones sexuales de rol, fue la institucionalización de los valores de los samurais plasmada en la Constitución Meiji a finales del siglo XIX. Estas leyes cambiaron hace muy poco, desde la 2ª G.M., con el establecimiento de una nueva Constitución. En la actualidad las japonesas pueden votar, tener propiedad, iniciar sus propios negocios e incluso quedarse con sus hijos cuando se divorcian. Con esta nueva Constitución se ha producido una lenta mejora de las oportunidades de las mujeres japonesas, pero las tradiciones son difíciles de romper, sobre todo cuando las propias actitudes de la mujer concuerdan con los valores instituidos de la era Meiji.

Japón tiene la tasa de divorcio más baja de todas las naciones industriales, pero descubrimos que una de las razones es que la mujer apenas tiene opciones fuera del matrimonio. El salario del empleo que puede encontrar no basta para mantenerse a sí misma y a sus hijos. Antes de los cambios recientes en Japón, cuando la pareja se divorciaba los hijos se quedaban casi siempre con el padre; la madre carecía incluso del derecho a quedarse con sus hijos. En la actualidad sólo la mitad de las madres divorciadas consiguen la custodia de sus hijos.

Discriminación racial y étnica

Los burakumin son racialmente indistinguibles del resto de japoneses y no se les puede considerar un grupo étnico, a pesar de su separación del resto de la población. Aún a finales de los 60 una encuesta nacional descubrió que cerca del 70% de los japoneses pensaba que los burakumin no eran de su misma raza.

Los burakumin son antiguos miembros ajenos al sistema de cuasi castas que existió en el Japón Tokugawa. Antes del shogunado Tokugawa eran gente con bajo status debido a que su trabajo era matar animales y manipular sus restos, un modo de vida que violaba los principios budistas. Durante el período Tokugawa su bajo status se hizo permanente y hereditario bajo las leyes de las nuevas castas. Con la caída del shogunado Tokugawa los esfuerzos de modernización del nuevo gobierno Meiji provocaron la eliminación de su status legal en 1871, lo que provocó numerosas protestas y revueltas contra estas personas (100.000 manifestantes quemaron cerca de 2.200 hogares).

Actualmente se estima que hay cerca de 2 mio. de japoneses con orígenes burakumin. Siguen siendo muy discriminados, aunque es necesario indagar mucho para descubrir que una persona tiene orígenes burakumin. Pero los japoneses indagan mucho. Cuando en cualquier sociedad existe un sentimiento fuerte de pertenencia al grupo, parece que es necesario también que exista un grupo de desviados que hay que vigilar. En la sociedad japonesa son los burakumin los que cumplen esta función, p.e. antes de contraer matrimonio o contratar a un nuevo empleado todavía es corriente acudir a una agencia de detectives para que investigue si esa persona tiene antepasados burakumin. Esta es la razón principal de que el % actual de matrimonios entre burakumin siga siendo casi del 90%.

Con respecto a las minorías étnicas lo primero que hay que saber es que sólo el 2 o 3% de la población la forman principalmente minorías chinas o coreanas. Ambos grupos han llegado a Japon durante el siglo XX. Durante la 2ª G.M. muchos de ellos llegaron a Japón para trabajar de forma forzada en las minas (Japón ocupó Corea en 1910). Los prejuicios y la discriminación contra los coreanos se manifestaron en las revueltas en 1923, debido al rumor de que estaban envenenando el agua potable y se llegaron a matar a cerca de 5.000 coreanos en Japón.

Antes de la 2ª G.M. a los coreanos que vivían en Japón se les obligaba a hablar japonés e incluso a cambiar sus nombres por otros japoneses. En la actualidad el 75% de los coreanos que viven en Japón ha nacido en este país, el % de matrimonios entre coreanos y japoneses ha estado aumentando desde los años 70, algo que indica que están disminuyendo los prejuicios entre los japoneses y los coreanos jóvenes.

La discriminación produce pobreza y problemas psicológicos de identidad y autoevaluación en las minorías, lo que a su vez genera un nivel educativo más bajo, delincuencia y pobreza.

Movilidad social y logro de status en Japón

Hay un poco más de movilidad social desde las posiciones de clase baja y cierto aumento de la tasa de movilidad circulatoria desde los años 50, algo que indica que hoy en día existe un nivel un poco más alto de igualdad de oportunidades en Japón que en EE.UU. o Europa.

La movilidad circulatoria (movilidad ascendente y descendente debido a la igualdad de oportunidades y no sólo a un aumento de empleos en la parte de arriba del sistema) aumentó en Japón durante los años 50 y 60 para estabilizarse en los años 70 hasta 1985. Hay una tasa de movilidad más alta desde posiciones de clase trabajadora hacia posiciones de clase media, y menos movimiento descendente hacia posiciones de clase baja. La tasa de herencia de la clase trabajadora en Japón es especialmente baja en comparación con la de Europa, donde del 39 al 78% de los nacidos en la clase trabajadora permanecen en su clase frente a sólo el 21% en Japón. Gran parte de la movilidad ascendente desde la clase trabajadora hacia posiciones de clase media guarda relación con el rápido y reciente crecimiento económico. En Japón la industrialización comenzó después de la de Europa y los EE.UU., algo que permitió al país copiar parte de la tecnología avanzada durante su despegue industrial, y además se evitó algunas de las primeras fases de la industrialización en las que se crearon numerosos puestos de clase trabajadora.

El origen de clase es un poco menos importante para el logro de status (tanto para el logro educativo como para el logro ocupacional) en Japón que en EE.UU. Existe una mayor igualdad de oportunidades debido
  • al bajo grado de desigualdad y
  • a la homogeneidad de su sociedad y cultura.
Cuando hay menos separación entre las clases, la clase influye menos en el lugar que al final de su vida ocupa la gente. Parte de la razón de que haya más igualdad de oportunidades en Japón guarda relación con el sistema educativo del país.

La educación en Japón

La fuerza del sistema educativo de Japón se debe a:
  1. su gran capacidad para llenar la mente de los estudiantes japoneses con un número asombroso de hechos e información, que hace que los japoneses obtengan puntuaciones superiores a las de los de las demás naciones industriales en tests comparativos de ciencias y matemáticas; y
  2. los vínculos entre los centros de enseñanza y las empresas o agencias que emplean después a esos estudiantes.
Sin embargo, el sistema educativo japonés es pobre cuando se trata de producir estudiantes creativos y de dar una segunda oportunidad a los estudiantes que en los primeros cursos no sacaron buenas calificaciones. El rendimiento escolar de un estudiante guarda menos relación con sus orígenes de clase en Japón que en EE.UU., pero la evaluación de la capacidad de un estudiante incluso en sus primeros años escolares, tiene un efecto muy importante para el resto de su vida.

El sistema educativo japonés se asemeja mucho al de los EE.UU. por lo que concierne a los cursos y niveles que deben aprobar los estudiantes. La enseñanza primaria y el bachillerato elemental son obligatorios. Estos centros están muy regulados por el gobierno central a través del Ministerio de Educación, algo que implica que el contenido de las asignaturas y el modo en que se enseña son los mismos en todo Japón. Debido a que casi todos estos centros son públicos y apenas hay segregación de clases en las zonas residenciales, en los centros de enseñanza se mezclan estudiantes de todas las clases sociales.

Pero esta situación cambia radicalmente en los centros de enseñanza secundaria: cerca del 95% de los estudiantes japoneses terminan sus estudios secundarios, pero los institutos de enseñanza secundaria están clasificados por el nivel de capacidad. Los exámenes de ingreso a los centros de secundaria determinan en qué centro estudiará el alumno. Hay centros que ni siquiera intentan preparar para la universidad a sus alumnos, a quienes forman para que ocupen en el futuro empleos de clase trabajadora. Una vez que el estudiante aprueba el examen y se le asigna un centro específico es difícil cambiar de centro. La mayor parte de los años que le quedan por vivir estarán determinados por el centro de enseñanza secundaria y, si se da el caso, por el tipo de universidad en que ingresó.

Pocos padres japoneses dejan que sus hijos aprendan sólo lo que les enseña el instituto y se gastan una elevada cantidad de dinero en academias (juku) después de su jornada escolar. Debido a la diferente capacidad de las clases sociales para pagar las juku y a la diferente motivación y comprensión de la importancia de hacerlo, descubrimos que desde los años de la secundaria existe un sistema de encauzamiento de clase que tiende a reproducir el sistema de clases, como ocurre en EE.UU.

A resultas de ello, el encauzamiento basado en las notas del bachillerato elemental genera diferencias de clase entre los asistentes a la universidad. Hay más estudiantes de clase trabajadora en las universidades prestigiosas de Japón (14%), que en las universidades de élite de los EE.UU. Pero al igual que en EE.UU. los estudiantes de clase trabajadora y media baja están infrarrepresentados. Aunque las universidades nacionales (Todai), financiadas por el gobierno son baratas, el 34% de los estudiantes proceden del 20% más rico, y sólo el 14% proceden del 20% más pobre

La evidencia sugiere que hay más igualdad de oportunidades en Japón que en la mayoría de naciones industriales, pero aunque los estudiantes de bachillerato elemental reciben todos el mismo trato (no existe ni encauzamiento, ni programas especiales para estudiantes inteligentes o estudiantes con problemas de bajo rendimiento, ni existe segregación por clase), hay otros factores familiares que dan ventaja a los estudiantes procedentes de familias de clase alta.

DESIGUALDAD Y RANGO DE STATUS EN JAPÓN

Frente a la preocupación por los rituales de deferencia y a la existencia de un grado alto de desigualdad de status, descubrimos que en Japón hay mucha menos desigualdad de la renta. En EE.UU. esta situación es la contraria: hay más desigualdad material, pero menos preocupación por los rituales de status en la interacción social.

También tenemos evidencia de que en Japón una élite de poder domina en mayor medida que en EE.UU.

Clase, status y poder en Japón

En las primeras fases de las sociedades capitalistas vemos que la dimensión de clase (propiedad y control del capital industrial) es la más importante. Luego, en las sociedades industriales avanzadas descubrimos que tanto la clase como la autoridad (el poder) son más importantes que el status. Debido al tamaño y a la diversidad de la población de las sociedades industriales avanzadas, la dimensión de status ha perdido importancia en los sistemas modernos de estratificación social.

La dimensión de status de la estratificación social sólo puede dominar en sociedades que alcanzan un grado alto de consenso valorativo, e.d. tiene que existir un amplio acuerdo sobre los valores predominantes para que la gente coincida en quién merece los status más altos o las mayores recompensas de honor; y a este acuerdo sobre los valores sólo llega una sociedad pequeña y homogénea.

La estratificación social del Japón de hoy debe comprenderse en relación con las dimensiones de clase y autoridad de la estratificación social, igual que en el caso de EE.UU. Sin embargo, la dimensión de status de la estratificación social es más importante en Japón. Los altos directivos de las principales corporaciones de Japón no reciben un sueldo tan alto como sus homólogos estadounidenses, pero cuando entran en una sala los trabajadores de rango inferior se inclinan ante ellos y se dirigen a ellos con respeto. Los profesores universitarios de Japón reciben un sueldo inferior al de los estadounidenses, pero cuando entran en clase los estudiantes les muestran mucho respeto (aunque ya no se inclinan ante ellos).

Japón, con una población que ronda la 1/2 de la de los EE.UU. no es un país pequeño, pero la población de Japón está formada en un 97 o 98% por personas que son étnica y racialmente japonesas. Han sido socializadas por las escuelas y familias en un sistema de valores común, y ni la religión ni las diferencias de clase crean conflictos valorativos importantes en Japón. La nación en general manifiesta un consenso valorativo más amplio y una uniformidad mayor que cualquier otra nación de su tamaño, y ello puede verse en el poco desacuerdo que se refleja en numerosas encuestas de opinión. Cabe esperar que en estas condiciones se conceda una mayor importancia a la dimensión de status de la estratificación social.

La dimensión de status de la estratificación social es la que prima en un sistema de castas, era casi tan rígido como el de la India. Hace sólo poco más de 130 años que se derrumbó el sistema de castas Tokugawa de Japón, y las tradiciones y la cultura cambian a un ritmo más lento que la organización social o la tecnología. Sólo por esta razón es lógico que el status sea una dimensión de la estratificación más importante en Japón que en EE.UU.

A los directivos de las corporaciones, a los profesores universitarios, a los altos funcionarios de los ministerios y a otras personas con status alto se les trata en Japón con gran deferencia y respeto porque la gente coincide en que son personas que han alcanzado las posiciones más altas en la jerarquía de status. Muy pocas personas con posiciones de alto status son ricas (ni siquiera los directivos de las corporaciones). La mayoría de los japoneses consideran que el status es en sí una recompensa importante.

Casi nadie duda que Japón está cambiando en este aspecto: los jóvenes japoneses de hoy usan menos el discurso formal que denota respeto. Existen encuestas de opinión que indican que el dinero motiva más a los jóvenes que la lealtad a la empresa.

Esto concuerda con nuestra idea de que a largo plazo es la infraestructura material o económica la que moldea la sociedad tanto o más que los valores culturales. Cuanto más en contacto entre Japón con la industrialización avanzada, más se reducirá la importancia de los viejos rituales de deferencia y status.

La escasa desigualdad de Japón: algunas causas

La desigualdad en Japón existe, pero es necesario saber por qué su nivel es el más bajo entre todas las naciones industriales. Dos cuestiones son evidentes:
  1. el bajo nivel de desigualdad de Japón no se debe a sus políticas gubernamentales, sus programas de bienestar o a otras acciones del gobierno (p.e. Suecia);
  2. no se debe a sus valores culturales, pues antes de la 2ª G.M. presentaba probablemente el nivel más alto de desigualdad de renta y riqueza de todas las naciones industriales.
Lo que sigue es un tanto especulativo debido a la poca investigación que se ha realizado sobre esta cuestión:
  1. En los estratos más bajos de la sociedad japonesa hay muy poca pobreza. Aunque el gobierno japonés no mide la pobreza de su país con tanta frecuencia y del mismo modo que el de EE.UU., la estimación de la pobreza alcanza como mucho el 1,5% frente al 15% en EE.UU. Esto no se debe a que los programas del bienestar en Japón sean adecuados. Antes bien, con una cultura homogénea, un sistema educativo excelente que trata igual a todo el mundo hasta el término del bachillerato elemental, una estructura familiar sólida y una escasa discriminación de los varones, en Japón apenas existe algo parecido a una infraclase. Casi todas las personas son bastante competentes, han sido socializadas y formadas de modo adecuado y prácticamente no han padecido los efectos psicológicos de la pobreza y/o la discriminación. Con una economía fuerte que proporciona empleos a todos (la tasa de desempleo sólo llegó al 3% durante la recesión de principios de los 90), la inmensa mayoría de la población es capaz de desempeñar esos trabajos. A diferencia de lo que ocurre en EE.UU., la clase media no está menguando ni existe allí una clase baja que cae cada vez más bajo.
  2. Hay escasez de mano de obra en la economía de rápido crecimiento de Japón. La economía del país funciona con un sinnúmero de tiendas pequeñas y de pequeñas granjas, y tiene un enorme sistema de distribución de venta al por mayor, lo que crea muchos más empleos para la realización de estas funciones económicas. Es cierto que los japoneses pagan precios de venta al público mucho más altos debido a todos los intermediarios, pero la ventaja es que hay menos desempleo y menos desigualdad.
  3. En la parte más alta del sistema de estratificación no se demandan sueldos altos, debido a la sensación de formar parte de un grupo homogéneo y la existencia de normas que restringen el hecho de diferenciarse demasiado de los demás. Esas normas son más fáciles de cumplir cuando tanto los trabajadores como los directivos esperan trabajar de por vida en la misma empresa. Se ha afirmado que la devastación que produjo la 2ª G.M. creó el sentimiento de que era necesaria la unidad para reconstruir una economía, en la que la mayoría de la población casi se moría de hambre. El pago de sueldos excesivos a los que ocupaban puestos altos habría ido en contra de esa necesidad de unidad. Fue en este contexto en el que se desarrolló el sistema nenko, por el que se fijan los salarios de acuerdo con la edad y la necesidad, sistema que no existía antes de la guerra. Todo esto se combina con el profundo sentimiento de compromiso grupal que existe en Japón. Los altos directivos también perciben esta presión grupal, que frena sus demandas salariales. La arrogancia de los viejos zaibatsu y de la élite militar de antes de la guerra ha hecho que en el Japón actual cualquiera que intente emularlos creyéndose superior reciba duras críticas.
  4. Tras la 2ª G.M. en Japón hay menos propiedad familiar o individual de los principales medios de producción, debido a las reformas cuasi socialistas de las Fuerzas de Ocupación de los EE.UU., que redujeron la propiedad de los viejos zaibatsu y redistribuyeron la tierra. Menos riqueza privada en acciones corporativas implica menos ingresos para una élite rica. En la actualidad el pueblo japonés critica la aparición de un grupo cada vez más numeroso de personas acaudaladas, cuya riqueza se basa en la propiedad inmobiliaria. Los ingresos de la inmensa mayoría del pueblo japonés, incluidos los directivos de las corporaciones, proceden casi en su totalidad de un empleo asalariado.
  5. El amplio consenso sobre quién merece un status alto (debido al logro) significa que los trabajadores de una empresa, los dependientes de las tiendas, la gente de la calle, en resumen, casi todos los miembros de la sociedad, deben tratar con mucha deferencia a los que ocupan los puestos altos. Los trabajadores estadounidenses piensan: «Ese bastardo ha conseguido el trabajo sólo porque su familia es rica». La teoría funcionalista de la estratificación de Davis y Moore nos enseña que la gente se siente motivada para alcanzar puestos altos debido a la promesa de recibir grandes recompensas. En Japón esto significa que la abundancia de recompensas de status ha reducido la necesidad de la abundancia de recompensas materiales.
  6. Algunas políticas gubernamentales aplicadas después de la 2ª G.M. han influido en la disminución de la desigualdad de la renta. La tasa impositiva que se aplica a los ingresos medios en Japón es casi idéntica a la que se aplica en EE.UU., y ambos países tienen tasas bajas en comparación con las naciones europeas. Sin embargo, en 1987 el tipo impositivo que se aplicaba a los ingresos bajos era mucho más bajo en Japón que en EE.UU., mientras el tipo para los altos ingresos era mucho más alto en Japón que en EE.UU., p.e. una renta anual de 300.000 $ en Japón (poco frecuente en comparación con EE.UU.) era gravada con un tipo efectivo del 70%, mientras que en EE.UU. a un 35%. En 1980 la diferencia salarial entre los directivos corporativos en Japón y los nuevos empleados era de 7 a 1, después de pagar impuestos (85 a 1 en EE.UU.); esta diferencia hubiera sido de 14 a 1 en Japón antes de pagar impuestos.
La estratificación social en Japón: conclusión

Aunque el Japón moderno es una nación industrial con muchas e importantes diferencias culturales en comparación con los EE.UU. y Europa, podemos encontrar más semejanzas que diferencias en sus sistemas de estratificación social.

Al igual que en EE.UU., la estructura ocupacional, las estructuras de la autoridad burocrática y la estructura de la propiedad determinan el lugar que ocupa una persona en el sistema de clases. Pero en Japón desde la 2ª G.M. la estructura de propiedad ha generado menos desigualdad, el rango de status es más importante y la movilidad social ascendente desde las posiciones bajas es un poco más alta y la desigualdad de la renta es considerablemente más baja que en EE.UU.

Una de las diferencias más sorprendentes entre Japón y los EE.UU. atañe a su tasa de delincuencia, en especial a la delincuencia violenta: los EE.UU. tienen la más alta de las naciones industriales y Japón la más baja. El nivel de desigualdad está relacionado con la delincuencia: los EE.UU. presentan la desigualdad de la renta más alta y Japón la más baja.

El gobierno de Japón gasta menos en bienestar debido en parte a su baja desigualdad. En comparación con las principales naciones industriales, Japón presenta el menor % de gasto en bienestar per cápita y de su PIB. Mucha gente afirma que la competitividad económica de Japón guarda cierta relación con su baja desigualdad. Un nivel bajo de desigualdad genera menos conflictos entre los directivos y los trabajadores y más unidad en la fábrica. Los trabajadores respetan más a los directivos, porque piensan que éstos ocupan sus puestos porque los merecen y no debido a sus «enchufes». Hay menos analfabetismo entre los trabajadores puesto que el menor nivel de pobreza no crea el enorme fracaso escolar que existe en EE.UU.

RESUMEN

Entre las diferencias más relevantes están la dimensión de status de la estratificación social, que es más importante en Japón, y el nivel general de desigualdad, que es mucho más bajo que en EE.UU. Otra diferencia importante de Japón es la fuerza y unidad de las élites corporativas, burocráticas y políticas.

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