LA ESTRATIFICACIÓN SOCIAL EN LAS SOCIEDADES HUMANAS: LA HISTORIA DE LA DESIGUALDAD

Recientemente las desigualdades han aumentado considerablemente en EEUU y en el resto del mundo. ¿Han sido siempre tan grandes estas desigualdades? La época actual ha sido en buena medida moldeada por la mano histórica de muchas respuestas humanas a la pregunta de quién obtiene qué y por qué.

Los seres humanos (o los homínidos) hace unos 4 millones de años y se empezaron a asentar en comunidades agrícolas más o menos estables, formando lo que podemos llamar sociedades, hace sólo unos 10.000 años.

Después de haber transcurrido muchos miles de años de vida en pequeñas sociedades cazadoras, recolectoras y en un estado muy próximo a la igualdad, durante la revolución neolítica nuestros ancestros empezaron a asentarse y a llevar una vida agrícola basada en la plantación de cultivos y en el pastoreo de animales comestibles que aumentaron la producción de los artículos básicos.

Tras unos pocos miles de años empezaron a surgir las grandes ciudades y después, aparecieron las civilizaciones y los imperios. Dejó de ser necesario que todos trabajaran en el campo para alimentar a la población y aumentó la división del trabajo (ciencia, religión, artes, ejército). Después, un ciclo de innovación tecnológica hizo que aumentaran las cosechas, liberó del trabajo de la tierra a una gran cantidad de gente y nos impulsó rápidamente hacia la era industrial.

Cuando los seres humanos abandonaron sus modos de vida nómadas durante la revolución neolítica, empezó la historia de la estratificación, la desigualdad, las élites y la explotación. La historia de la civilización es, de hecho, la historia de la estratificación social. Sólo recientemente se ha reducido el nivel de desigualdad en comparación con otras civilizaciones anteriores.

Distintos sistemas de estratificación humana

Usualmente se describen 5 tipos de sistemas de estratificación social que ha habido en la historia: comunal primitivo, esclavitud, castas, estamentales o feudales y clases. Estos cinco tipos generales pueden compararse entre sí a partir de cinco características básicas de los sistemas de estratificación:
  1. Grado de cierre o apertura normativa de sus divisiones. Las normas sociales pueden hacer hincapié en que los individuos, si se atienen a ciertas reglas, son libres de abandonar su rango presente y entrar en un rango superior o inferior. Y a la inversa en otras sociedades esta movilidad vertical puede estar prohibida.
  2. Método real para ubicar a la gente a partir del status o la clase. Los métodos varían en un continuum que va desde la adscripción (ubicación determinada por el rango de los padres, sexo o raza) hasta el logro (mérito individual). Pocas sociedades se sitúan en los extremos de este continuum, lo normal es una mezcla variable de adscripción y logro.
  3. Método principal de legitimación. Se entiende aquí por legitimación un método que justifique la existencia de la desigualdad entre la población. De no ser así el orden social y las desigualdades sólo se podrían mantener por la fuerza, un método costoso y que a la larga suele fracasar. Los sistemas que suelen predominar son la tradición o la costumbre (referencia al pasado), la justificación ideológica, las creencias religiosas o la justificación legal
  4. Forma predominante de desigualdad. Existen tres dimensiones de desigualdad: las diferencias de honor, status o prestigio; las desigualdades basadas en el poder político, militar o burocrático; y las desigualdades de influencia económica.
  5. Nivel comparado de desigualdad en cada tipo de sistema de estratificación. Las diferencias deben establecerse entre las élites y la gente corriente de cada sociedad. Existe una variación entre un nivel muy bajo en las sociedades comunales primitivas hasta un nivel muy alto en las sociedades esclavistas, de castas y estamentales pasando por un nivel intermedio en las sociedades industriales.
Sociedades comunales primitivas

Representan las primeras formas de organización social basadas en la recolección y caza, que normalmente apenas presentan desigualdad y carecen de un sistema formal de estratificación social. Estos pueblos tienden a ser nómadas y la acumulación de posesiones materiales es casi imposible. Los bienes y los alimentos que tienen suelen repartirse de forma más o menos igualitaria entre todos los miembros de la tribu.

Pueden tener jefes o chamanes, pero su influencia está relativamente restringida y se limita a su capacidad para realizar funciones valiosas para toda la tribu. La posición de jefe es lograda con un método abierto de ubicación social. La única forma de desigualdad es el status u honor, justificadas por la tradición, e.d. al mejor cazador se le concede un status más alto de honor.

Esclavitud

Sistema de estratificación social con una economía basada en la propiedad de otros seres humanos. Esta forma de dominación surgió inmediatamente después de que los seres humanos se asentaran en comunidades agrícolas. La posición de esclavo se ha adquirido de muchas maneras: por nacimiento, derrota militar, deudas o por captura y comercialización. Aunque la esclavitud era a menudo un status adscrito, se podía salir de el. En EE.UU. la casta racial produjo un status de esclavo hereditario y más cerrado. El nivel de desigualdad entre el esclavo y su dueño, y el pueblo y las élites, era muy alto.

Hay una legitimización legal, pues el status de esclavo era normalmente una relación de propiedad legal sancionada por la autoridad del Estado; la justificación ideológica para la esclavitud la encontramos en Grecia, donde Aristóteles escribió que «es evidente que algunos hombres son, por naturaleza, libres y otros esclavos, y para éstos la esclavitud es adecuada y conveniente».

Casta

En ningún lugar se ha aproximado el sistema de castas tanto al tipo ideal como en la India.

En el sistema de castas hindú se desarrollaron cuatro divisiones principales de castas, con las castas de los sacerdotes y la de los guerreros en la cima de esta jerarquía enormemente rígida. Una gran cantidad de personas quedaba al margen del sistema de castas. Los demás consideraban que estas personas eran tan míseras que no había lugar para ellas en el sistema de estratificación.

Entre las características distintivas de un sistema de castas destacan la rigidez de sus rangos y el casi total cierre normativo.

Otro aspecto importante del sistema de castas es su elevado grado de institucionalización y la aceptación de la rigidez de sus rangos, así como de los derechos y deberes de cada casta. Es un sistema muy ritualista, lo que significa que se deben observar reglas estrictas en las relaciones entre castas diferentes. La aceptación de este ritual y de la desigualdad de casta en la India es extraordinaria.

¿Qué es lo que explica esta extraordinaria aceptación? A lo que parece, la mejor respuesta la encontramos en el método de justificación o legitimación. En la India la religión hindú ha proporcionado esta justificación. Las creencias religiosas proporcionan las sanciones necesarias para hacer cumplir las obligaciones y los deberes de las castas.

Como cabría esperar, el grado de desigualdad en el sistema de castas hindú ha sido alto. Pero las diferencias de poder y económicas no son las formas de desigualdad más importantes, siendo la desigualdad de status la que domina.

Otro país que ha tenido un sistema de estratificación semejante al sistema de castas durante un periodo relativamente corto de tiempo es Japón, desde principios del siglo XVII hasta mediados del siglo XIX.

A menudo se oye hablar de ciertas formas de desigualdad basadas en la adscripción como si fueran ordenamientos de castas. En sociedades modernas como los Estados Unidos se pueden encontrar algunas de las características del sistema de castas en la adscripción sexual y racial.

Estamento

Sistema de estratificación social basado en la propiedad de la tierra que presenta un grado alto de adscripción. En la Europa del siglo XII el sistema feudal estaba sólidamente establecido; éste se centraba en la propiedad de tierras por una clase originalmente militar denominada nobleza. Había lazos de obediencia, trabajo agrícola y protección entre la nobleza y los plebeyos. Hay excedentes de bienes materiales, que iban a parar a las élites.

El Estado hizo que se formalizaran los rangos estamentales, a los que se les dio justificación mediante ley: la clase de los sacerdotes (el primer estado), la nobleza (el segundo estado) y los plebeyos (todos los demás, artesanos, comerciantes, campesinos, etc.). La religión siempre cumplió la tarea de justificar las desigualdades.

El grado de cierre normativo de los estamentos variaba: en las primeras fases del feudalismo había ciertas oportunidades de movilidad social (un campesino muy inteligente podía llegar a ocupar una posición religiosa alta), pero en las últimas fases del feudalismo los rangos se hicieron más rígidos. La posición hereditaria se convirtió en norma y predominó la adscripción. Se prohibió el matrimonio entre miembros de estamentos diferentes, asegurando así el cierre hereditario.

Clase

La revolución industrial configuró finalmente un nuevo sistema de estratificación que denominamos sistema de clases. Aunque podamos identificar un tipo ideal de sistema de clases, hay mayor variedad dentro de este tipo que en los demás.

Uno de los aspectos más importantes de las sociedades de clases es que su base económica es industrial (por contraste con la agraria). Las nuevas sociedades industriales requerían un sistema diferente de estratificación para poder expandirse y prosperar.

Se requería un sistema de estratificación que permitiera que, al menos en cierta medida, la ubicación de clase dependiera más de la capacidad o del mérito que de los criterios adscriptivos de los sistemas de estratificación anteriores.

En el sistema de clases, en teoría, existe igualdad de oportunidades o libre competencia: se piensa que los más capaces recibirán mayores y mejores recompensas. El nivel real de desigualdad entre las élites y la población general es menor en comparación con anteriores tipos ideales de sistemas de estratificación. Consideremos que la mayoría de la población general está mejor, al menos desde el punto de vista material. No obstante, la desigualdad está creciendo de nuevo en muchas sociedades industriales a raíz de los cambios en el sistema mundial.

Todos los sistemas de estratificación tienen que convencer a los menos favorecidos de la sociedad de que su posición baja es de alguna manera justa o adecuada. En las sociedades de clases las desigualdades se justifican principalmente por medio de la ideología de la igualdad de oportunidades.

Hasta cierto punto, esta ideología se ha institucionalizado mediante el sistema legal: tenemos leyes diseñadas para fomentar la libre competencia, para promover la igualdad de acceso a la educación, etc. Pero estas leyes son en parte un aspecto de la legitimación de la desigualdad y a menudo se eluden cuando se llevan a la práctica.

En los sistemas de clases tempranos la forma de desigualdad más importante era económica. Sin embargo, hoy en día el predominio de las desigualdades económicas se ha debilitado. En las sociedades posindustriales o avanzadas las desigualdades económicas no son tan importantes como las desigualdades de poder burocrático. Las posiciones más altas en las burocracias públicas y las grandes corporaciones son las formas más importantes de la superioridad de clase en estas sociedades.

Durante casi toda la historia de su existencia, los seres humanos han sobrevivido fundamentalmente con lo que hoy se denomina el modo de producción de caza y recolección.

Aunque las variaciones geográficas y ambientales ayudaron a producir muchas diferencias entre estas tribus comunales primitivas, encontramos una característica bastante común: una cuasi igualdad.

En ocasiones se encuentran desigualdades de poder e influencia en la tribu, pero el nivel de estas desigualdades tiende a ser muy bajo. Y cuando las hay, se basan, por lo general, en el prestigio o en el status.

Debido a su nivel tecnológico estas tribus son, por lo general, nómadas o seminómadas. Las fuentes de alimento en su entorno suelen reducirse con el tiempo, por lo que se ven obligados a trasladarse. El tamaño máximo de la tribu está muy relacionado con su nivel tecnológico.

Podemos encontrar otras características que influyen en el grado y en el tipo de desigualdad social:
  1. Respecto a la cooperación frente al conflicto, la evidencia general sugiere que, sobre todo para la caza, la cooperación es alta.
  2. De la recolección cooperativa de alimentos se deriva la necesidad de compartir. Simplemente tenía sentido trabajar en común y compartir porque, a la larga, todos se beneficiaban de ello.
  3. La creciente complejidad de la vida en la sabana africana propició un sistema nervioso cada vez más complejo; y cuanto mayor es el cerebro de un primate, más despacio madura. Las madres se veían forzadas a entregarse a sus hijos durante períodos de tiempo cada vez más largos. Se desarrolló así una división del trabajo basada en el sexo, según la cual los hombres se dedicaban a la caza y las mujeres cuidaban a los hijos y recogían los alimentos que se encontraban en las proximidades del hogar. Por sí sola, la división del trabajo no necesariamente implica desigualdad social, pero era el cazador hábil quien recibía el mayor honor.
  4. La desigualdad relacionada con la edad es también un rasgo bastante común de las tribus comunales primitivas. De nuevo, este ordenamiento de status se basa principalmente en la destreza para la caza.
  5. Por último, muchas tribus comunales primitivas tienen líderes que suelen ser jefes o hechiceros. Su status de liderazgo se basa en la destreza, en su habilidad para contar historias, celebrar rituales religiosos, etc. A diferencia de lo que sucede en la mayoría de las sociedades posteriores, los vástagos no tienen asegurada la posición de sus padres en un sistema de estratificación.
El temprano cambio social

Ya hemos visto que en la tribu comunal primitiva los métodos de producción de alimentos requerían la mayor parte de la energía y la atención diarias de los miembros de la tribu. No había tiempo, ni energía ni incentivos para el avance.

Pero el aumento del número de cazadores y recolectores hace alrededor de 10.000 ó 15.000 años impulsó a nuestros ancestros hacia un ciclo de avance tecnológico progresivo.

Es probable que el conocimiento de que las plantas podían cultivarse ya existiera; pero la presión que se deriva de tener menos tierra y más población hizo necesario que un mayor número de personas aplicara los métodos agrícolas. Cada vez más gente comenzó a abandonar las pautas nómadas de la caza y la recolección. Los que no cambiaron no lograron sobrevivir en aquellas zonas tan pobladas. Había llegado la revolución neolítica.

La revolución neolítica

La mayoría de los científicos sociales considera la revolución neolítica como el primer acontecimiento importante de la evolución de las sociedades humanas. Los cambios se produjeron en un dilatado espacio de tiempo (alrededor de 5.000 años).

Al principio, la gente vivía en tribus pequeñas, alternando las tareas agrícolas con los antiguos métodos de la caza y la recolección. Su nivel de producción de alimentos era bajo. Pero se produjo al menos un excedente de alimentos que liberó a algunas personas de dedicar todo su tiempo a producir comida.

Aparecieron los artesanos, una pequeña clase comercial y, lo que es más importante, líderes políticos y religiosos. Pero todavía no hallamos grandes diferencias de riqueza y poder. El status continuó siendo la principal forma de desigualdad.

Sin embargo, con el transcurso del tiempo, sobre todo en las áreas más pobladas los métodos de la caza y la recolección dieron paso a la agricultura a tiempo completo. La población aumentó rápidamente, y este aumento relativamente rápido generó otros cambios en las sociedades humanas.

Algunos datos sobre los primeros miles de años de desarrollo agrícola ya nos muestran que existía una desigualdad social creciente.

Los dos tipos principales de evidencia arqueológica que nos conciernen son las prácticas de enterramientos y las estructuras de las viviendas. Algunos cementerios antiguos tienen tres o cuatro clases distintas de tumbas. Algunas contienen bienes valiosos, mientras otras no contienen nada salvo el cadáver. Y es razonable inferir de ello que estas divisiones corresponden a la existencia de diferentes clases sociales y económicas.

Con respecto a las viviendas, encontramos aldeas con multitud de casas simples, pero en el centro las viviendas familiares solían ser más grandes y estar mejor construidas.

La religión se convirtió en la base más importante de las desigualdades estructuradas en estas primeras sociedades agrícolas. Esta base religiosa de la desigualdad fue dando paulatinamente paso a la aparición de poderosas élites políticas laicas en las sociedades agrícolas avanzadas.

Hace cerca de 5.000 años encontramos evidencia de la existencia de asentamientos agrícolas más estables capaces de mantener a una cantidad mucho mayor de personas.

Por aquel entonces aparecieron de forma independiente muchas ciudades. Las excavaciones han mostrado que con los años aumentaron los niveles de desigualdad entre sus habitantes. Una base importante de desigualdad era la esclavitud, aunque claramente la religión era la más importante. También es probable que algunas familias o grupos ascendieran a posiciones de riqueza sobre la base de su éxito en la agricultura.

En algunos asentamientos agrícolas encontramos la temprana aparición de lo que Marx denominó “el modo de producción asiático”. Como el riego requería una forma superior de organización social apareció algo similar a una élite estatal para hacerse cargo de los proyectos comunes, como los sistemas de riego, dando lugar a una forma de organización social diferente a la del feudalismo.

Un número cada vez mayor de las élites de las ciudades competían por personal, tierra y otros recursos. Aumentó así el conflicto militar.

A medida que fueron creciendo los conflictos militares, empezó a arraigar lentamente un nuevo tipo de desigualdad: la esclavitud.

Cuando los métodos de producción de alimentos avanzaron hasta el punto en el que una persona podía producir excedente, comenzó a desarrollarse la esclavitud. Pero el factor definitivo en su desarrollo fue el poder militar. El poder militar era necesario tanto para mantener esclavos como para conseguirlos.

Y otra forma más de desigualdad merece mención. En la mayoría de las tribus agrícolas el status de las mujeres era muy bajo: con el desarrollo de la agricultura había más trabajos que podían realizar las mujeres al tiempo que criaban a sus hijos. Además, el status alto del cazador fue sustituido por el status alto del guerrero.

Los asentamientos agrícolas y las primeras ciudades existieron en diferentes períodos de tiempo en casi todo el mundo. En las Américas estas condiciones surgieron más tarde, hace alrededor de 3.000 años.

En estas primeras ciudades americanas existían formas de desigualdad más o menos similares a las de las primeras ciudades en otras partes del mundo.

Tanto los datos arqueológicos, como los estudios de las sociedades humanas vivas muestran que el primer gran salto de nivel de la desigualdad humana se produjo en esta fase del desarrollo económico. La desigualdad continuó aumentando en las sociedades agrarias más desarrolladas, pero la magnitud del aumento nunca fue tan grande.

Los antiguos imperios agrarios

Los primeros asentamientos agrícolas fueron expandiendo su base económica y tecnológica. Pero lo que hizo que surgieran los imperios fue la organización del Estado y el poder militar junto a medios más rápidos de transporte y comunicación que extendieron ese poder a áreas mayores.

Los imperios agrarios empezaron a existir hace alrededor de 5.000 años en lugares como Egipto y China. De todos, el Imperio Romano fue uno de los más poderosos y uno de los últimos en desaparecer. Los años que siguieron a su derrumbe fueron un período de estancamiento y decadencia en la mayor parte del mundo avanzado, hasta que aparecieron en Europa los nuevos Estados feudales de la Edad Media.

Los imperios romano y egipcio experimentaron períodos iniciales de menor desigualdad y cierta democracia. Sin embargo, todas estas sociedades padecían un estado de guerra crónico y la esclavitud solía ser muy importante para sus economías.

Los antiguos imperios agrícolas solían tener gobiernos centralizados con élites políticas y religiosas dirigentes que disponían de un amplio control político y económico. La producción agrícola que mantenía a estas sociedades más complejas hubo de ser necesariamente más eficiente desde el punto de vista tecnológico.

Durante este período las sociedades humanas alcanzaron un nivel alto de desigualdad. En la cima de la jerarquía de la riqueza y el poder se situaba una pequeña clase dirigente.
Las desigualdades estructuradas y las divisiones jerárquicas no siempre fueron totalmente rígidas, existiendo al menos la posibilidad de movilidad social.
La desigualdad en el Imperio Romano

La República de Roma empezó a adquirir poder alrededor de 300 años antes del nacimiento de Cristo. Durante este período se llamó República porque en sus primeros años hubo, al menos, cierta democracia y el nivel de desigualdad era bajo. Pero bajo el mandato de Julio Cesar, la República se convirtió en una dictadura para ya no dejar de serlo. La razón general que se ha dado para explicar ese cambio apunta al aumento de una desigualdad extrema.

La economía de Roma era bastante variada. Pero siguió siendo muy dependiente de la agricultura. La agricultura se orientó, en lo fundamental, hacia el intercambio comercial más que hacia el consumo local.

En la cima del sistema de estratificación estaban las órdenes senatorial y de los équites, siendo la riqueza uno de los requisitos más importante para ser miembro de estas órdenes aristocráticas.

En el polo opuesto, la vida para las masas era muy dura. No sólo eran duras las condiciones materiales sino que, además, las masas eran despreciadas por los ricos y obligadas a mostrar una deferencia degradante hacia sus “superiores” sociales.

En Roma existía cierta movilidad social, pero era poco frecuente. Entre las órdenes más bajas cundió la rebelión, que forzó la introducción de reformas sociales, reduciéndose el nivel de desigualdad. Pero estas reformas no duraron, pues en poco tiempo se anularon y la desigualdad y la explotación alcanzaron unos niveles incluso más altos que antes.

La rebelión, los disturbios y las revueltas campesinas surgían cuando las órdenes sociales bajas se topaban con injusticias extremas. Estas rebeliones no siempre fracasaban en su intento, pero lo típico es que una vez logradas las reformas, gradualmente se anulen y se regrese al status quo.

En el Imperio Romano el vehículo de la creciente represión fue el desarrollo de una potente burocracia estatal, mantenida incluso en épocas de dificultades económicas.

Roma se desmoronó y cayó hacia el 500 d. de C. La ira y alineación de las masas generaron una escasa disposición a defender el país, y las incursiones de enemigos no solían encontrar resistencia por parte del pueblo llano.

Las desigualdades de riqueza y poder no siempre encuentran una resistencia fuerte en las clases bajas. Un sistema de estratificación es, por naturaleza, un conjunto de instituciones que sirve para mantener las desigualdades de clase, status y poder.

Sin embargo, cuando se dan niveles muy altos de desigualdad y muy limitados de movilidad social suele ser difícil mantener el status quo.

Sociedades agrarias tardías

Con el aumento de las conquistas de los nómadas alrededor del 500 d. de C., la mayoría de los antiguos imperios agrarios entraron en decadencia. En Occidente la gente se unió para protegerse y formar pequeños asentamientos muy semejantes a los de las primeras sociedades agrícolas. Oriente y los países del Imperio Islámico escapan a esta decadencia.

Pero alrededor del 1.000 ó 1.200 d. de C., comenzaron a progresar los avances tecnológicos y la organización sociopolítica en todo Occidente. Se inició el período clásico de las sociedades feudales o estamentales, y con estas nuevas sociedades volvieron a surgir las desigualdades extremas.

Según Bloch, el período feudal europeo se debe dividir en dos etapas. En la primera etapa, antes del 1.200 d. de C., la estratificación social estaba menos institucionalizada; las desigualdades de poder y riqueza se justificaban por la tradición y la costumbre. En una segunda etapa, hacia 1.200 d. de C., la desigualdad había aumentado y el sistema de estratificación social más informal se vio amenazado.

Antes de 1.200 d. de C. En Europa había, por lo menos, tres modos diferentes de producción agrícola y tres formas correspondientes de organización social:
  • El modo pastoral sedentario, que implicaba la existencia de hogares autosuficientes y en donde había mucha más independencia e igualdad.
  • Un modo de producción basado en el comercio de pequeñas mercancías, orientado al comercio y a las ciudades, y en donde había un nivel de movilidad social más alto y divisiones de clase menos rígidas.
  • En otras zonas de Europa predominaba el modo feudal. A diferencia de otros modos de producción, el gran tamaño de las unidades de tierra no variaba con el paso de los años. A resultas de ello, la producción aumentó y se produjo un mayor excedente. Como era más eficaz, el modo feudal se impuso finalmente en toda Europa.
El aumento de riqueza y poder de algunos terratenientes les permitió dominar a otros terratenientes. Surgió así una nobleza más poderosa y rica, lo que generó mayores niveles de desigualdad. Estas desigualdades se solidificaron aún más hacia el 1.300 d. de C. Con la aparición de los estados “modernos”.

El Estado moderno se desarrolló en las zonas feudales de Europa donde la nobleza experimentó las amenazas a sus privilegios. Amenazas de revueltas campesinas y del creciente poder de la clase comercial.

Aunque la Iglesia y la nobleza solían coexistir en una relación en cierto modo difícil, tendían a cooperar para fortalecer y reforzar su posición por encima del tercer estado.

La clase de los sacerdotes era extremadamente rica. Su fuente más importante de riqueza durante este período fue la propiedad de la tierra.

El clero estaba en sí mismo muy estratificado. El alto clero solía ser reclutado entre los nobles o la clase gobernante y disfrutaba de un estilo de vida similar al de aquellos. En cambio, el bajo clero era reclutado entre el pueblo llano. La tarea del bajo clero era servir al pueblo llano y vigilarlo en nombre de la iglesia y la nobleza.

El núcleo principal de la riqueza y el poder se encontraba en la nobleza, y cuando aparecieron estados más poderosos, en el rey sobre todo.

A pesar de su reducido tamaño, era la nobleza la que poseía la mayor parte de la riqueza. En comparación con la enorme riqueza del primer y segundo estado, los plebeyos solían vivir en la pobreza más extrema.

En esta época los centros importantes de poder tenían sus representantes en las pequeñas poblaciones. La representación de la nobleza era el bayle, que recaudaba las rentas, los impuestos y otros derechos señoriales; el representante del primer estado era el párroco. En períodos de estabilidad, el pueblo podía ignorar o tolerar a estos centros de poder.

La nobleza y los líderes religiosos estaban obligados por tradición o por ley a respetar los limitados derechos y la propiedad del pueblo. Pero dado el poder y la riqueza que tenían esas élites, podían ignorar la ley con facilidad.

Especialmente en tiempos “difíciles” para la clase dominante, gravaban más a los plebeyos o les exigían un excedente de producción mayor. Y también sucedía a veces que expulsaban a la gente de las tierras en momentos de cambio y los dejaban sin nada.

La caída del feudalismo y el nacimiento de las sociedades industriales

La caída del sistema feudal fue un proceso de cambio complejo que varió en cada nación. El momento en el que se produjo el cambio en cada nación y el resultado de la caída del feudalismo están relacionados con la competencia internacional en el sistema mundial y con los previos alineamientos de clase en cada nación.

El ciclo del perfeccionamiento de los métodos agrícolas continuó durante la época feudal. Por otra parte, en Europa hacia el siglo xvi arraigó un nuevo sistema industrial de producción que llegaría a cambiar la naturaleza de la sociedad quizá con mayor rapidez que nunca.

Estos cambios provocaron el conflicto entre tres actores principales: 1) la vieja nobleza o aristocracia cuya influencia dependía de la propiedad de la tierra; 2)la élite política cuya posición dependía de la enorme burocracia estatal; y 3) una clase cada vez más poderosa de comerciantes que dependía del nuevo sistema industrial de producción. El pueblo llano representó también su papel, pero solían hacer el papel de peones.

En lugares como China y la India este cambio se produjo más despacio, quizás porque en estos países el modo de producción agrícola no era exactamente feudal, sino asiático.

Debido a que la propiedad privada de la tierra estaba menos extendida y las élites políticas dominaban a los nuevos comerciantes urbanos, el modo de producción asiático fue más estable, duró más y retrasó la industrialización.

Otro factor a tener en cuenta para comprender estos cambios es el desarrollo, en el siglo XVI, de un sistema económico mundial que impulsó a las naciones más poderosas al conflicto en la economía mundial. Portugal y España fueron las primeras naciones que enviaron barcos por todo el mundo para explotar las riquezas, aunque no llegaron a convertirse en potencias capitalistas industriales debido a sus anticuados sistemas políticos.

Los Países Bajos fueron los primeros en convertirse en una nación dominante en el marco de este moderno sistema mundial debido, en buena medida, a que fueron los primeros en realizar una revolución burguesa que en la década de 1.560 abatió el viejo estado. Inglaterra también llegó a ser una nación dominante en el moderno sistema mundial tras el declive de los holandeses.

En otras naciones como Francia la vieja nobleza tuvo más fuerza durante un período más largo de tiempo. Pero finalmente la crisis política y económica desembocó en una revolución violenta y la clase de los comerciantes (o burguesía) se erigió como clase dominante.

En las sociedades que avanzaban con menor rapidez, como en China y Rusia, la crisis política y económica siguió una línea ligeramente diferente. A raíz de la revolución violenta surgieron burocracias estatales autoritarias que condujeron al socialismo de Estado.

En resumen, se desarrollaron nuevas sociedades industriales, capitalistas y socialistas, con toda suerte de tipos intermedios entre ellas. A pesar de sus diferencias en cuanto a ideología política, grados de democracia y niveles de desigualdad, la nueva tecnología industrial y la organización social que surgió impusieron límites generales al tipo de sistema de estratificación que podía existir.

La reducción de la desigualdad en las sociedades industriales y posindustriales

La historia de las sociedades humanas puede verse como una historia de crecientes desigualdades. Mientras que la vida del pueblo llano mejoró sólo un poco, la riqueza y el poder de las élites se multiplicó con rapidez.

En las sociedades industriales maduras esa tendencia ha cambiado. Sigue existiendo un gran nivel de desigualdad de todo tipo, pero la población general ha logrado finalmente beneficiarse de la revolución asociada al aumento del rendimiento de los sistemas cada vez más avanzados de producción económica. Naturalmente hay excepciones. Y no olvidemos que también han mejorado las élites.

Podemos de momento enunciar algunas de las razones de esta inversión de la tendencia histórica hacia una creciente desigualdad.
  1. La complejidad de la tecnología de las máquinas y de las organizaciones impide que ningún individuo, ni siquiera un pequeño grupo de individuos posea el conocimiento necesario para gobernar la gran empresa industrial. De manera que las élites han tenido que hacer concesiones en su autoridad en beneficio de la eficiencia.
  2. Conceder a las clases bajas más excedente económico ha elevado la productividad, pues una clase obrera es menos hostil si recibe más beneficios personales de la expansión de la producción industrial. Además, si la población general no tuviera dinero para comprar bienes más allá de los productos básicos, sería muy difícil que las élites consiguieran aumentar sus beneficios.
  3. Un rápido aumento de los bienes materiales y la riqueza alcanza pronto el nivel de utilidad marginal. Las élites pueden estar dispuestas a hacer ciertas concesiones económicas en una economía muy productiva y expansiva para reducir los peligros de la revolución y granjearles algún grado de respeto por parte de las clases bajas.
  4. También es importante la reducida tasa de crecimiento demográfico de las sociedades industriales. Cuando la producción crece y la población se mantiene estable, hay mucho más para dividir entre las élites y las masas.
  5. El sistema industrial requiere mucho más conocimiento y cualificación . Una clase pobre e ignorante no sería útil en la sociedad de hoy, y por tanto, hay que hacer concesiones para estar seguro de que se cuenta con una fuerza de trabajo más cualificada.
  6. Para convertirse en la clase elitista, la nueva clase de comerciantes necesitó de la ayuda de las masas, lo que la obligó a hacer concesiones políticas democráticas.
  7. Con el creciente conflicto internacional y el desarrollo de la guerra total, las élites no pueden permitirse perder la lealtad de la población. De modo que hay que hacer concesiones para que las sociedades industriales sobrevivan.
Por último, mientras el nivel de desigualdad en las naciones industriales es menor, la desigualdad a escala mundial está creciendo rápidamente. Ambas cosas pueden estar relacionadas. La mayoría de los empleos peor pagados están en las naciones menos desarrolladas, mientras las sociedades industriales avanzadas se benefician de los empleos de alta tecnología y gran remuneración.

Conclusión: la historia de la desigualdad

Según Lenski, el nivel de desigualdad en una sociedad dada guarda relación con: 1) el nivel de la tecnología, y 2) la cantidad de bienes excedentes que produce esa sociedad. Cuanto más alto es el nivel de la tecnología, mayor es la cantidad de bienes excedentes y servicios producida.

Con un nivel tecnológico bajo y, por lo tanto, escaso o nulo excedente, nadie tendrá el poder de dominar los recursos de la sociedad. A medida que avanza la tecnología y se produce más excedente, las élites encontrarán los medios para dominar dicho excedente de bienes. Por lo general, el nivel de desigualdad aumenta con el avance tecnológico.

En las primeras sociedades cazadoras y recolectoras el excedente de producción de alimentos y otros bienes solía ser pequeño. Con la aparición de los métodos agrícolas de producción de alimentos, el escenario ya estaba preparado para que los niveles de desigualdad comenzaran a aumentar sin cesar. Con los métodos más avanzados de producción de alimentos hallamos otro salto más en el nivel de la desigualdad. La tendencia comenzó a invertirse ligeramente sólo tras la Revolución Industrial.

Es necesario matizar el hecho de que no existe una única trayectoria de evolución social que hayan seguido, o vayan a seguir, todas las sociedades. Existe sólo una tendencia muy general hacia sociedades más complejas y tecnológicamente más avanzadas.

Además, debemos rechazar un único modelo lineal de evolución social que considera que todas las sociedades siguen una trayectoria de desarrollo semejante.

La existencia de la desigualdad y el conflicto por los recursos escasos es lo que hace necesaria la estratificación social. Sin un sistema de estratificación social existiría un conflicto abierto y una perpetua agresión por la distribución de los recursos escasos.

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