Estructuras de Habitación

Según han avanzado los descubrimientos desde el siglo pasado, se ha podido demostrar que el hombre del Paleolítico Superior no era tan primitivo como se pensó en un principio. Cuando encontraban una buena cueva se instalaban en ella para pasar los crudos inviernos glaciares, pero la mayor parte del tiempo vivían fuera de las cuevas en campamentos al aire libre o en abrigos rocosos. Además, en la mayor parte de los lugares no existían esas cuevas. Por tanto, los hombres prehistóricos tenían un hábitat hecho a medida, y sabían adaptarse y afrontar una naturaleza a veces hostil, resolviendo el problema construyendo ellos mismos sus propios refugios.

Primeros hábitats


Los primeros hábitats son en gran parte desconocidos, debiendo limitarse a círculos de piedras a modo de paravientos o restos de chozas, ocupando también cuevas o abrigos, aunque la mayoría de las veces debían de dormir al aire libre. La cuestión de comodidad se convirtió en una necesidad en el momento que dominaron el fuego, pues la supervivencia del grupo se veía comprometida en el momento que se apagaba. De esta forma inventaron la cueva artificial, pequeño espacio cerrado, que les protegía del viento y la lluvia, donde podían vivir, comer, calentarse, trabajar y se encontraban protegidos del mundo exterior.

Estructuras de habitación


Las estructuras de habitación evolucionaron mucho, debiendo diferenciar las zonas en las que el frío era más intenso de aquellas con un menor rigor climático.

Zonas frías
En las estepas de Ucrania y Rusia se han encontrado estructuras complejas que demuestran una adaptación de las gentes al medio. Se trata de zócalos circulares de piedras grandes sobre las que se apilaban huesos de mamut, que se aproximaban entre sí a medida que alcanzaban altura hasta cerrarse casi en forma de cúpula. Los espacios que quedaban abiertos se rellenaban con arcilla y en la parte superior se empleaban largas ramas cubiertas por pieles, que a la vez servían de aislante térmico. También se empleaban las astas de los grandes megaceros. Estas cabañas podían tener un diámetro de unos 5 m y una altura de 2 a 3 metros. Las pieles impermeabilizarían la cabaña, y estarían sujetas en la parte alta con largos colmillos y en el suelo con tierra, para no ser arrastradas. En el centro de las cabañas se han hallado hogares de pequeño tamaño rodeados de piedras. Se supone que debían quemar huesos y excrementos secos, ya que la madera era escasa. En cuanto a comodidades en el interior de las cabañas, apenas se pueden hacer suposiciones. Quizás utilizasen lechos de hojas cubiertas por pieles.

Cabañas en cuevas
Son chozas menos complejas y más antiguas que las cabañas de zonas frías. En muchos casos se trata de simples estructuras de palos hincados en la arcilla blanda del suelo, recubiertos de pieles, en cuyo centro se encontraría el hogar.

Cabañas en zonas templadas
En zonas templadas existen otra serie de cabañas de mayores dimensiones. En su interior se han hallado numerosos hogares y restos líticos y óseos.

Los hogares


En la mayoría de yacimientos las únicas estructuras de habitación que se encuentran son los restos de hogares, que jugaban un papel importante en los asentamientos paleolíticos como centro de actividades domésticas. Eran el lugar de preparación culinaria, de consumo de los alimentos, de actividades necesitadas de una fuente de luz o calor.
La denominación de hogar se aplica a todo grupo de restos de carbón que aparecen en los cortes o que se manifiestan en el decapado, confundiéndose a veces con sus propios desechos o con detritus provenientes de limpiezas domésticas. Esta distinción es importante, ya que el hogar puede ser el centro de la habitación mientras los desechos están en el exterior.
La diversidad de los vestigios asociados a los hogares, sugieren una cierta polivalencia. Las diferencias constatadas en el modo de funcionamiento permiten imaginar una relativa especialización, siendo frecuente la asociación de varias estructuras de morfología diferente. En algunos yacimientos se ha constatado la coexistencia de hogares domésticos y hogares satélites, cuyas formas y contextos difieren sensiblemente.

Cuevas y abrigos


En muchas ocasiones se utilizó la entrada de la cueva para establecer el hábitat, así como el interior de la misma y los abrigos rocosos para hábitats temporales. En el caso de las cuevas, incluso se han encontrado en ellas arte rupestre, así como zonas “pavimentadas” para aislarlas de la humedad a base de grandes losas yuxtapuestas.

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