Introducción

Durante el Epipaleolítico, por causas desconocidas, desaparecen las cuevas-santuario del Paleolítico Superior, y con ellas las representaciones rupestres basadas en una zoolatría. Sólo quedan escasas obras de arte mueble con restos de una forma religiosa anicónica y abstracta.
Con el Neolítico llega una nueva religión con raíces minorasiáticas y centrada en la figura femenina, representada como “dea mater” en el abrigo del Plá de Petracos V (Alicante), en donde tiene origen el santuario rupestre al aire libre. En los abrigos de la misma época aparecen extraños elementos simbólicos serpentiformes que terminan en un maniforme, que sin duda respondían a las nuevas orientaciones sociales y económicas impuestas por la agricultura y la ganadería.
El arte rupestre del Calcolítico, que perdura en ciertas zonas hasta la Edad del Hierro, utiliza el santuario rupestre al aire libre, adoptando dos versiones:

  • Una, que continúa la tradición neolítica de las figuras pintadas en rojo, dispuestas en abrigos rocosos, que ocupa principalmente las áreas andaluza y levantina, así como otras zonas peninsulares. Aparecen dos tendencias, la de la pintura esquemática orientada a las formas lineales y caligráficas no realistas, y la pintura levantina con figuras realistas, aunque estilizadas, a la tinta plana. Tanto en unas como en otras domina el antropocentrismo (figura humana), que tiende a integrarse en escenas de tipo religioso, aunque no faltan las profanas, relacionadas principalmente con la caza, la guerra y las actividades agrícolas y ganaderas. En ambas áreas domina una actividad femenina, que en el área andaluza aparece bajo formas idólicas (bitriangulares, cruciformes, oculados, etc.), que alcanzan su máxima expresión en la escena de las danzarinas bitriangulares de Los Órganos (Despeñaperros), y aparece también un tipo fálico (probable divinidad masculina), así como representaciones de la pareja humana. La pintura levantina ofrece también una religiosidad basada en una “dea mater”, relacionada con tareas agrícolas (Dos Aguas), además de un culto al toro y al ciervo.
  • Otra, caracterizada por santuarios horizontales de figuras grabadas o piqueteadas sobre suelos de rocas cristalinas, que se encuentran situados en Portugal y Galicia. Las dos áreas presentan tanto afinidades como notables diferencias, ya que mientras en el área portuguesa del Valle del Tajo se observa un simbolismo basado en la línea curva cerrada (círculos, elipsoides), en los petroglifos del área galaico-portuguesa triunfa la espiral y el laberinto, siendo escasas las representaciones humanas y de animales, lo que señala una orientación religiosa más enraizada en los aspectos simbólicos. El santuario de Peña Tú (Asturias), en el que se reúnen las tendencias pictóricas y grabadas, ofrece una divinidad femenina, que debió perdurar durante largo tiempo en el área cantábrica.

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