Civilización de La Tène

Localización geográfica
El territorio original de La Tène se extiende desde la región Marne al Alto Danubio, pero en la fase de apogeo ocupa un área que limita al oeste con el Atlántico, desde la Península Ibérica hasta las Islas Británicas; al norte con el borde interior de la llanura septentrional alemana y polaca; al este con los Cárpatos y al sur con el litoral mediterráneo, desde la costa catalana y vertiente norte de los Apeninos hasta el borde meridional de la cuenca del Danubio.
El núcleo céltico es la zona de los Alpes conocida como “bosque herciniano”, conjunto de territorios montañosos al norte de Main, orilla izquierda del Danubio y montañas limítrofes del norte de Bohemia y el extremo occidental de los Cárpatos.

Periodización

Desde el siglo pasado se han realizado numerosos intentos de clasificación.

Tischler (1885): se basa en la tipología de fíbulas y espadas:

  • La Tène I o Antiguo (400-300 a.C.)
  • La Tène II o Medio (300-100 a.C.)
  • La Tène III o Tardío (desde el 100 a.C. a la conquista romana)

Rinecke (1902) establece cuatro fases, aplicables sobre todo al norte de los Alpes.

Wiedmer-Stern (1908) propone dividir el período La Tène I de Tischler en tres, y La Tène II en dos.

Viollier (1911) coloca el inicio a mediados del siglo V a.C.

Dechelette propone tres fases para Europa occidental, remontando el primer período al siglo V a.C., y una cuarta fase para las Islas Británicas.

En la actualidad se usa para Europa occidental un sistema cronológico basado en la síntesis de las cronologías de Wiedmer, Viollier y Dechelette.

Filip (1956) establece una cronología de carácter histórico, con cinco períodos:

  • Hasta el 400 a.C.: etapa previa.
  • 400-250 a.C.: expansión histórica.
  • 250-125 a.C.: consolidación y transformación de la economía celta.
  • 125-50 a.C.: apogeo de los oppida y expansión económica.
  • Decadencia y fin de los oppida, consecuencia de la presión romana.

Jacobsthal se basa en la evolución artística:

  • Estilo temprano o La Tène Ia (480-400 a.C.)
  • Estilo fantástico o La Tène Ib (400-350 a.C.)
  • Estilo Céltico Autóctono o La Tène Ic (350-250 a.C.)
  • Estilo Plástico o La Tène II
  • Estilo Tardío o de Gundestrup o La Tène III

Collins (1989) propone las siguientes etapas:

  • La Tène A: fase clásica (500-400 a.C.)
  • La Tène B-C: época de expansión (siglos IV y III a.C.)
  • La Tène D: fase de los oppida (150-50 a.C.)

Asentamientos

Fortificaciones y hábitat rural
El asentamiento céltico del siglo V a.C. ofrece dos tipos fundamentales:

  • Fortificaciones: en altura, con un baluarte de piedras formando aparejo con armazón de vigas y un ancho foso que rodea el exterior. Son de pequeño tamaño y en su interior hay casas de madera rectangulares con varias dependencias, horno y hogar. Perduran los tipos anteriores, con la novedad del ordenamiento de los edificios (por ejemplo en Heuneburg, en Baviera).
  • Hábitat rural: pequeñas aglomeraciones de viviendas (entre 3 y 5) en madera, de planta rectangular o cuadrada. Son más habituales que las fortificaciones y suelen estar en los valles.

Oppida
Posteriormente, y sobre todo en el período final de La Tène, el hábitat característico será el oppidum (descrito por César como una auténtica ciudad-fortaleza). Aparecen en Checoslovaquia y Alemania Central, y después en el sur de Alemania y Francia. Con ellos alcanza una forma definida el proceso de formación estatal, con la creación de grandes centros urbanos.
Los oppida son amplios asentamientos en altura, y a veces en llano, defendidos por una fortificación, con extensión de 20 a 30 Has., aunque algunos alcanzan hasta las 1500 Has, como Heidengraben, en Jura.
Se considera a estos asentamientos como la respuesta celta frente a invasiones de otros pueblos, tanto para proteger su población y riqueza como para defender los puntos estratégicos de su sistema económico, ya que los restos arqueológicos han evidenciado la relación de estos asentamientos con el trabajo del metal, especialmente la fundición del hierro.
Se encontraban situados en vías comerciales o cerca de yacimientos de materias primas, y eran el centro económico de un territorio que concentraba diversas ramas de la artesanía especializada: Constituían el principal mercado, siendo también guarnición y a veces centro religioso.
Hay dos tipos constructivos de fortificaciones:

  • Muro gálico: entramado interior de postes horizontales que a veces salen al exterior, asegurados con espigones de hierro. el muro es de tierra y puede ser revestido con piedra al exterior y un talud de tierra al interior. Es típica del área gala, aunque aparece en otros lugares, como en Manching (Baviera).
  • Tipo Kelheim: pared de postes verticales revestida de piedra al exterior y reforzada en el interior con un talud de tierra. Predomina en Centroeuropa.

En ocasiones la fortificación externa encierra un asentamiento rural, y en otras, éstos aparecen en las proximidades. Existen aldeas y factorías, pero los oppida concentran la mayor parte de la población, y suelen situarse en colinas inaccesibles, abandonando los llanos.
El trazado interior suele ser irregular, pero hay casos (como Manching) con planificación previa, con áreas especializadas separadas por empalizadas. También hay barrios de artesanos y metalúrgicos, y áreas de pasto. Las casas son de madera, muy variadas en forma y tamaño, y suelen estar situadas en terrazas construidas en la ladera de la colina.
En Europa septentrional continúa el hábitat disperso de la etapa anterior, y sólo al final del milenio se aprecian las primeras fortificaciones y el aumento de tamaño de algunas granjas.
Otros oppida conocidos son Alesia y Gergovia en las Galias y Maiden Castle o Eildon Fort en las Islas Británicas, donde aparecen también fuertes pequeños denominados Crannogs, islotes artificales en zonas lacustres. En tierras escocesas hay torres llamadas Brogs. En Centroeuropa destacan Stradonice (Bohemia) y Manching (Baviera).
En la llanura indoeuropea se establece un patrón de asentamiento diferente, ya que apenas se conocen los poblados fortificados. En el sur de Polonia, oeste de Eslovaquia y norte de Hungría la urbanización es distinta, hay pequeñas fortificaciones en altura, y a su alrededor aparecen asentamientos industriales abiertos. En estas agrupaciones, en el siglo I a.C., hay lugares rituales con restos incinerados y ofrendas quemadas.

Necrópolis

La Tène A
No hay una forma específica de enterramiento céltico. En las primeras etapas hay una continuidad hallstática: inhumación en posición extendida bajo túmulo de piedra; incluso en Inglaterra, donde el rito de la incineración apenas se interrumpe en toda la Edad del Bronce y 1ª Edad del Hierro, aparecen tumbas de inhumación desde el 425 a.C., fecha del primer impacto de La Tène en las Islas Británicas, con la cultura de Arras. Sobre el 100 a.C. volverá la incineración con el grupo de Aylesford.
La diferencia con respecto a Hallstat radica en los ajuares, que son distintos y ofrecen ya objetos decorados con el estilo lateniense antiguo. Son comunes los enterramientos con carros de dos ruedas y con vasos cerámicos de procedencia griega y etrusca.
En los ajuares masculinos predominan las armas: espadas de hierro cortas con lengüeta, puntas de lanza y jabalinas, escudos, yelmos e bronce y arneses. En los femeninos abundan adornos y aderezos para el vestido: torques, brazaletes, anillos, cadenas, fíbulas, espejos y cuentas de collar. Los torques más típicos son los de extremos anudados.
Algunos enterramientos presentan ricos ajuares, generalmente tumbas femeninas. Destacan las de Reinheim y Waldalgesheim, pero en ningún caso se pueden comparar con la riqueza de la época anterior. En las necrópolis pueden encontrarse hasta 200 enterramientos, lo que pone de manifiesto la gran expansión demográfica desde el inicio del siglo V a.C. Las necrópolis no están ubicadas en tierras agrícolas ni en vías comerciales, sino que su distribución parece reflejar una preferencia con la de los minerales del hierro.
En regiones periféricas perduró la incineración de los Urnenfelder tardíos, como en el norte de Alemania y sur del Báltico, mientras que en otras se dan los dos ritos, como en Checoslovaquia.

La Tène B-C
Durante los siglos IV y III a.C., en el período La Tène B-C, las necrópolis son de inhumación sin túmulo, y excepcionalmente incineración. Los hombres son enterrados con sus armas, generalmente una lanza y a veces escudo y espada. Las mujeres con sus joyas: brazaletes, fíbulas, torques y tobilleras de bronce. El oro es escaso y se usa en objetos pequeños. Se desconocen enterramientos con carros, así como importaciones exóticas.
Las necrópolis de La Tène B-C son pequeñas comparadas con las de La Tène A, ya que están formadas por treinta o cuarenta tumbas. Algunas son grandes, pero es debido a su larga duración (Münsingen).

La Tène C
Las necrópolis del siglo II a.C., en el período de La Tène C, se conocen peor. Se observa el crecimiento del rito de la incineración, que se va imponiendo a la inhumación, aunque ésta permanece en muchas regiones. La necrópolis de incineración más interesante es la de la tribu de los escordiscos, en Karaburma (Belgrado), con 170 sepulturas en dos siglos, hasta la ocupación romana.

La Tène D
No se conocen las de las gentes de los oppida, posiblemente por la ausencia de ajuares y depositar las cenizas en la tierra. En este período final aparecen las primeras representaciones figuradas del mundo religioso celta, como el Caldero de Gundestrup (Dinamarca), de la primera mitad del siglo I a.C., forrado de placas de plata con rica ornamentación de escenas de guerreros.

Economía y sociedad

Agricultura
La economía muestra una agricultura evolucionada y de gran productividad. Ocupan amplios territorios y se puede hablar de una estrategia de agricultura extensiva. Hay un cambio en la producción de especies animales y vegetales, en la línea de especialización de etapas precedentes. Cereales y leguminosas son la base alimenticia, con crecimiento del centeno, que se une a trigo, cebada, avena y mijo. Con la cebada elaboran la “cervesia” (nombre galo). Lugar importante ocupan también guisantes, lentejas y habas, así como otras legumbres. Para sus fibras usaban lino y cáñamo.
Desde el siglo IV a.C. se usan arados de hierro, azadas y hoces, y posteriormente la guadaña. La harina se molía a mano, desde el siglo III a.C. con molinos redondos y en el siglo II a.C. aparecen los molinos giratorios.

Ganadería
La ganadería desempeña un importante papel, con parte de las tierras destinadas a pastos. Hay un aumento del ganado bovino, que proporciona más de la mitad de la carne consumida. También el cerdo era apreciado por su carne, siendo el jamón frecunete en ajuares funerarios, y además se salaba. El ganado ovino se criaba principalmente para la producción de lana, con la que se fabricaban tejidos multicolores con motivos geométricos, de gran calidad, adornados incluso con bullones metálicos.

Comercio
La base de la riqueza debió estar en el control de la producción de hierro, que permitió la fabricación de herramientas. El cobre y el oro fueron intercambiados en importaciones, en especial en el valle del Tesino (norte de Italia), ya que objetos cerámicos aparecidos en Hünsruck son similares en el Tesino, y en esta zona del norte de Italia aparecen fíbulas y otros objetos de tipo La Tène. En menor cantidad llegaron objetos a Bélgica, Champagne y el centro de Alemania, seguramente por la ruta del Mosela.
El hierro se usaba para forjar armas ofensivas (espadas y lanzas con rica decoración) y defensivas (cascos, cotas de malla y adornos en escudos), así como numerosos utensilios y piezas, como aros para toneles y ruedas, travesaños y adornos para carros.
La sal y el lignito también se explotaron, siendo la primera uno de los productos más importantes. Las minas de Hallstat se continuaron explotando en La Tène A, y se cerraron a finales del siglo V a.C., surgiendo un nuevo centro en Dürrnberg bei Hallein (Salzburgo), el yacimiento más rico de este período, como queda reflejado en sus ricos enterramientos.
Se constata un comercio en torno a un área nuclear (como en el caso de Mosela el área nuclear de Hunsruck) y otro interregional entre áreas nucleares, como el Tesino con Etruria, Hunsruck con el Tesino, La Champagne con Hunsruck, etc.
Continuó el comercio con el mundo clásico, pero con cambios en la organización, motivos y ornamentación. Desaparecen los grandes centros y se desarrolla en las regiones más allá de los Alpes, a ambos lados del Mosela, con Eifel al norte y Hunsruck al sur. El movimiento de bienes está en manos de los celtas, y la dirección del comercio cambia, teniendo su centro ahora en Europa Central.
A finales del período hay una tendencia a cubrir con productos indígenas las demandas locales, sin cesar las exportaciones. Decae el intercambio de productos por el ámbar, creciendo el interés por el vino. Se importa coral para realizar incrustaciones en adornos metálicos y fíbulas.

Primeras monedas
Continuó la gran calidad de la producción metalúrgica y cerámica. El hierro se comercializaba en barras-lingote. A finales del siglo IV a.C. se constatan las primeras monedas en el continente. En las Islas Británicas no llegaron hasta el siglo I a.C., consecuencia de las migraciones belgas. Se irá sustituyendo el sistema de trueque por el intercambio monetario, lo que supone también una madurez político-social.

Champlevé
Hacia principios del siglo IV a.C. se consigue un esmalte fabricado con vidrio de color, y posteriormente se hace la fusión de este esmalte en huecos labrados con este fin en un soporte de metal. Esta técnica adquiere su máximo desarrollo en las Islas Británicas, y se conoce como “champlevé”. Los colores más usados son rojo, azul y amarillo.

Vidrio y madera
Desde el siglo II a.C. no se importan objetos de vidrio, sino que son de fabricación celta, siendo las cuentas y los brazaletes lo más característico.
También el trabajo en madera tenía gran tradición en los pueblos celtas, pero los latenienses perfeccionan e innovan las técnicas. La tonelería se considera invención celta, y tenían fama los carruajes celtas.

Arte y cultura material

Es una de las aportaciones más destacadas del mundo celta, y se aplica básicamente a objetos pequeños: joyas, armas, vasijas, monedas, etc., aunque también hay algunas esculturas en piedra. Todo el arte tiene caracteres regionales propios, y se han hecho varios intentos de periodización.
En general, pueden establecerse varias fases:

  • Fase de formación (siglo V y principios del IV a.C.): de influencias etruscas.
  • Fase clásica (siglo IV a.C.): con motivos nuevos, posiblemente griegos.
  • Fase manierista (siglos III y II a.C.)
  • Período final

Período orientalizante
En los primeros momentos, entre el 500 y el 400 a.C., se adoptaron los motivos artísticos del Oriente Próximo, pero con un estilo propio, así como el empleo del compás en las realizaciones artísticas. A este período pertenece el cuenco de oro de Schwarzembach (Renania), donde se aprecian frisos de palmetas y flores de loto con marcado carácter indígena.

Grupo de Hunsrück-Eifel
La región de Hunsrück-Eifel fue el centro innovador de la creación artística, siendo el trabajo del metal el principal soporte, y las piezas provenían en su mayoría de enterramientos de la zona del Mosela. Las fíbulas con formas de pájaros o humanas aparecen en Baviera y Bohemia. Aquí el arte es más geométrico y aparece en decoración estampada sobre cuencos cerámicos, siendo fundamental la aparición del torno.
La decoración estampada se encuentra en recipientes para beber, como los cuencos Braubach, con perfil en S, y en pequeños jarros llamados Linsenflaschen, que aparecen en tumbas, con forma de botella y alto cuello. En Baviera aparecen decorados con animales, y este tipo de jarros se constata en el grupo de Hunsrück-Eifel y en toda la Europa Central.

Se toman modelos mediterráneos, sobre todo etruscos, pero se modifican, tendiendo a jugar con las líneas y los volúmenes. El arte del siglo V a.C. va ligado a una élite social (los príncipes), cuyo prestigio está destinado a destacar. La mayor parte de los objetos artísticos encontrados proceden de sepulturas.

Estilo Waldalgesheim
Predominó y se generalizó durante La Tène B, y toma su nombre del rico enterramiento de Waldalgesheim, apareciendo en torques, brazaletes, adornos, guarniciones de carro, lanzas y vainas.

Influencia italiana
La repercusión de la invasión celta de Italia en el mundo del arte se hace evidente en la adopción de motivos vegetales de origen italiota, como el zarcillo. Los compradores de estos objetos son ahora los guerreros.
Los artistas se inspiraron también en la fijación del asa del caldero, de origen italiano, con diseño de zarcillos de vid, hojas, flores, etc., pero transformados en una combinación dinámica de patrones geométricos en los que se entrecuzan las ramas, formando motivos puros o desequilibrados para dar movimiento al dibujo.
Este nuevo estilo se encuentra en Alemania, Suiza, norte de Italia, con derivados en Gran Bretaña y Hungría.

Período final
El final de La Tène B y el comienzo de La Tène C supone la mayor expansión de la cultura de La Tène. Los tipos de espadas, fíbulas y los diferentes estilos son similares desde Turquía hasta Irlanda, y del norte de Italia al sur de Polonia. Entre las fíbulas destacan las de tipo Münsingen, que presentan una roseta decorada.

Religión
Los datos son escasos y la documentación más amplia es sobre las divinidades indígenas de los pueblos celtas conquistados por Roma. No era un conjunto monolítico, sino que incluía una serie de divinidades tribales, dioses locales y cultos propios, con un fondo mitológico común.
Los datos más antiguos proceden de la iconografía, con representaciones de personajes de naturaleza divina que aparecen ya en el siglo V a.C., contemporáneos del arte lateniense. Van asociados al árbol de la vida (muérdago), el señor de los animales y otros temas de origen oriental. Plinio el Viejo destaca la importancia del muérdago para los celtas, símbolo sagrado por excelencia. Otro tema iconográfico es el caballo de cabeza humana, manifestación no conocida anteriormente.
Los druidas eran la casta considerada la élite intelectual, y les correspondía conservar y perpetuar la doctrina.
La civilización de La Tène finaliza con la incorporación de sus territorios al Imperio Romano, y la imposición de la cultura latina. Sin embargo, el desmembramiento del mundo céltico a finales del siglo I a.C. fue sólo aparente, pues la tradición céltica se conservará en muchos aspectos, aunque sí se derrumba el sistema social y económico de los oppida.

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