Introducción

Desde el I milenio a.C. se produce en el Mediterráneo el denominado “gran fenómeno colonial”, emprendido por dos pueblos, el fenicio y el griego.
Los fenicios fueron los primeros que iniciaron el largo proceso de influencia cultural sobre los pueblos indígenas de occidente que estaban aún en plena Prehistoria, con avances tecnológicos (la navegación, metalurgia del hierro, el torno cerámico, técnicas agrícolas y cultivos nuevos, como la vid y el olivo, el urbanismo y las técnicas constructivas) y adelantos culturales (el alfabeto, el arte, la religiosidad, etc.). Son los responsables de la apertura de la civilización y de la entrada en la Protohistoria de los pueblos sobre los que inciden.
Los griegos, siglos más tarde, inician la colonización, actuando sobre poblaciones que se habían visto afectadas por la cultura fenicia, profundizando en todos los aspectos. Las diferencias entre ambos a veces son de matiz y otras más profundas, que derivan del contraste entre la mentalidad europea y asiática.
Ambos contribuyeron a dar formas a culturas que, como la tartésica o la ibérica, exhiben una gran personalidad, en las que ha veces es comprometido deslindar tal o cual rasgo cultural.

Los fenicios

Hacia el año 1200 a.C., debido a la invasión israelita y la inestabilidad de “los Pueblos del Mar”, Canaan queda reducido a lo que será propiamente Fenicia. Los fenicios eran una rama de los cananeos que ocuparon la franja costera del Mediterráneo, desde Arvad hasta un poco más al sur del Monte Carmelo (Líbano actual). Su lengua era la semítica y difunden ampliamente su alfabeto por el mundo occidental.
Nunca constituyeron un estado. La situación geográfica de sus ciudades favoreció una política de ciudades estado regidas por monarquías independientes locales, aunque algunos (Tiro y Sidón) ejercieran una cierta hegemonía.
Económicamente, Fenicia no tiene materias primas, y tenía una insuficiente producción agrícola para su gran población del siglo X a.C. Su principal riqueza era la madera de los bosques de Líbano, base de su importancia marítima y del comercio con Egipto y Mesopotamia. Tenían una importante industria de la púrpura y de la salazón de pescado.
Entre 1200-1050 a.C. es un período oscuro en Fenicia; algunas ciudades como Tiro y Biblos logran restablecerse de las invasiones y reanudan su actividad comercial durante el Hierro Antiguo (1150-900 a.C.), siendo Biblos el primer centro maderero con Egipto. Tiro sufre una destrucción violenta y fue reconstruida en el 1191 a.C., convirtiéndose a partir del siglo X a.C., con Hiram I (969-936 a.C.), en la ciudad hegemónica Fenicia en vez de Sidón. A partir del 900 a.C. hay un renacimiento cultural, según los restos arqueológicos de necrópolis como Khaldé (Biblos) y otras. El Libro I de los Reyes dice que Hiram I funda el imperio comercial de Tiro, aliado con Salomón de Israel, y accede a las rutas interiores del continente asiático, abriendo nuevos mercados en Oriente. Otras fuentes dicen que se producen los primeros contactos con Chipre.
Desde mediados del siglo IX a.C. hay presencia fenicia en Grecia, y es a partir de ahora cuando el mundo griego empieza a conocer de primera mano los elementos culturales que acabarán por favorecer su desarrollo, y que provocarán con el tiempo la aparición del estilo orientalizante y que terminarán con la adopción por los griegos de la escritura alfabética.

La colonización fenicia hacia Occidente

El motivo fue la obtención de metales como contrapartida por la pérdida de mercados en el Mar Rojo. Obtenían plata de Iberia, estaño en el área noroccidental de Europa y oro procedente de África. Igualmente, la presión asiria del siglo IX a.C. afectó su precaria economía, al igual que la presión demográfica de las ciudades fenicias orientales, lo que intensificó la búsqueda de nuevas materias primas en Occidente.
La colonización llegó directamente de Oriente a Occidente. Se establecen rutas que garantizan las comunicación con una serie de puertos intermedios, labor desempeñada por Tiro y otras ciudades de la costa levantina.

Cronología
El desarrollo anterior plantea problemas para fijar las primeras fases. Desde el siglo XII al IX a.C. se le llama precolonización: hay una serie de exploraciones costeras e inicios comerciales sin intentos de asentamientos, según los escasos restos arqueológicos, aunque las fuentes literarias aplican a este período las fundaciones de Lixus, Cádiz (1100 a.C.) y Utica (1101 a.C.). El inicio de la colonización se ha marcado con la fecha 814-813 a.C., fecha de la fundación de Cartago, debido a que la arqueología muestra que a partir del siglo VIII a.C. se produce una consistente presencia y dominio en las costas del Mediterráneo Central y occidental.

Rutas comerciales

La principal nace en las ciudades de Oriente (Tiro, Sidón), pasa por Egipto y sigue la costa africana hasta Túnez (Cartago), que divide el Mediterráneo Oriental y el Occidental. Desde este punto se bifurca:
  1. Sigue por la costa y llega al estrecho de Gibraltar, pasa el Atlántico y
    • 1.a) Sigue por la costa de Portugal hacia el norte
    • 1.b) Baja por la costa atlántica marroquí
    • 1.c) Bordea la costa mediterranea de la P. Ibérica.
  2. Costea Malta y Gozo, o bien por Sicilia, donde hay dos alternativas:
    • 2.a) Pasa por Sicilia y sur de Italia.
    • 2.b) Pasa por Sicilia, Baleares y se encuentran con la ruta 1.c.
Áreas de instalación

Siguiendo las fundaciones de oriente a occidente hay varias áreas.

Chipre
Enclave en Kition desde mediados del siglo IX a.C.

Malta y Gozo.

Sicilia.
Frecuentada desde el siglo X a.C. y sin asentamientos hasta el VIII a.C., ocupan el occidente. Motya es el enclave principal, destacando también Panormo y Solunto. Estos tres puertos son los enclaves de apoyo a las rutas de navegación, de un lado hacia el norte de África y Península Ibérica, y por el otro hacia el Tirreno. No hay en ella penetración territorial. La isla estaba destinada a favorecer las rutas comerciales, manteniendo buenas relaciones con los indígenas y con las ciudades griegas de la isla.

Cerdeña
A finales del siglo IX a.C. está la Estela de Nora, una de las más antiguas inscripciones fenicias. A partir del siglo VIII a.C. hay un gran número de asentamientos concentrados primero en la costa suroeste, y posteriormente, en el siglo VII a.C., se proyectan hacia el interior, comunicándose con las regiones mineras, controlando casi la mitad del territorio.

Norte de África
Se establecen en Libia y Túnez, con muchos asentamientos: Cartago, Utica, Djidjelli, etc., además de Lixus y Mogador en Marruecos. La cronología ocupa desde finales del siglo IX o principios del VIII al VII a.C..

Península Ibérica
Cádiz fue la colonia más importante del extremo occidental, debido a su gran actividad comercial con Tartessos, y su situación para controlar las rutas hasta Marruecos, Mediterráneo central y la metrópolis oriental. Sin embargo, los restos arqueológicos más antiguos proceden del poblado costero de Castillo de Doña Blanca (Puerto de Santa María), de la primera mitad del siglo VIII a.C., reflejo de la propia Cádiz, en donde destaca el santurario de Melqart.
A partir del siglo VIII a.C. se produce el asentamiento sistemático de los fenicios en la costa mediterránea andaluza, según los restos hallados desde Cádiz a Almería: Cerro del Prado y Montilla San Enrique (Cádiz), Cerro del Villar del Guadalhorce, Colina de la Alcazaba, Toscanos y Morro Mezquitilla (Málaga), Almuñécar (Granada) y Adra (Almería). Todas estas ciudades, a partir del siglo VI a.C., tendrán un gran desarrollo comercial, recibiendo mercancías del Oriente Mediterráneo.
A partir del siglo VIII a.C. se inicia desde Cádiz la penetración hacia el interior: El Carambolo, Cerro de la Cabeza, Cerro Macareno, Carmona, Setefilla, Colina de los Quemados, Llanete de los Moros y Castulo, donde hay un gran desarrollo económico y cultural, llevándoles hasta Extremadura (Medellín), en busca de los ricos recursos mineros.
A partir del siglo VIII y durante el VII a.C. se produce el inicio de la presencia en la costa oriental de la Península Ibérica: Los Saladeros (Orihuela, Murcia), La Peña Negra-Crevillente (Alicante), hasta el Bajo Ebro.
Igualmente, a partir del siglo VII a.C. se instalan en la costa sur de Ibiza (Sa Caleta), procedentes de la costa meridional de Iberia.

Manifestaciones culturales

La presencia fenicia no sólo significó una gran actividad comercial, sino que fue una auténtica colonización con todas sus consecuencias, conllevando la transformación de la sociedades indígenas en su desarrollo económico, social y espiritual. Los cambios más significativos fueron: urbanismo planificado siguiendo el modelo oriental, las creencias religiosas, nuevas industrias, intensificación del comercio y el inicio de la escritura. Todo esto dará lugar a la formación de las culturas urbanas de los pueblos indígenas con los que entran en contacto.

Urbanismo
Las ciudades se situaban en promontorios costeros, islotes cercanos a la costa o lugares elevados próximos a ríos. Hay pequeños poblados en el interior, en lugares muy agrícolas. Estaban fortificados por una doble muralla: la interior rodea la acrópolis y la exterior defendía todo el perímetro. Como ejemplos están Motya (con torreones), Kerkuan (con torres salientes) y en la Península Ibérica la muralla de Castillo de Doña Blanca. Usualmente tenían doble puerto y otras instalaciones al servicios de sus ciudades (fondeaderos naturales, muelles, etc.). En Carthago y otras ciudades existía un cothon (pequeño puerto artifical comunicado con el mar por un canal).
Las viviendas muestran formas y tamaños distintos debido a las diferencias sociales y a su función, pero generalmente las habitaciones se agrupan alrededor de un patio interior. En Carthago hay un barrio con fabulosas casas privadas dispuestas en tres calles principales. En Doña Blanca hay zonas de habitaciones con finalidad artesanal y comercial, además de ser viviendas.

Lugares de culto
Hay numerosas ruinas de santuarios, pero en mal estado, normalmente en la cumbre de la acrópolis, fuera de la población, o en sectores específicos de las ciudades, formando verdaderos “barrios sagrados”, reproduciendo prototipos de los antiguos templos fenicios de Oriente.
El Templo de Tanit y el del Fortín Saboyano en Sulcis responden al modelo típico de santuario denominado “lugares altos”, con un recinto al aire libre con betilo o altar en el centro, que simboliza la divinidad. Otro modelo tradicional es el de planta tripartita con varias capillas o locales a los lados, como el “de Bes “ en Bitia y el Cabo San Marcos en Tharros.
Las pequeñas capillas o edículos estan inspirados a su vez en modelos egipcios, por ejemplo el de “Eshmun” en Nora, donde a través de un patio rectangular de mosaicos se accede a la sala central, en cuyo fondo existía un ábside curvilíneo con dos edículos contiguos.
Otro tipo de pequeños santuarios de planta rectangular están en Tharro y Monte Sirai, con altar para sacrificios al que se accede por una escalinata. Otro tipo de santuario monumental es el de la diosa Astarté en Tas Silg (Malta), con varias capillas, pozos, reservas de agua, una gran balsa monolítica adosada a un betilo y un grueso muro que rodeaba la zona sacra, a la que iba una ampia rampa.
En Cádiz, según los textos, existían dos templos: el de Cronos, en el interior de la ciudad, y el de Hercles, que tenía dos columnas de bronce.
El thopet era un recinto sagrado al aire libre, en la periferia de los centros coloniales, donde se depositaron gran número de urnas con huesos calcinados de niños, señalados por un betilo o pilastra de piedra, sustituidas en el siglo VI a.C. por estelas. Son la manifestación socio-religiosa más característica de Malta, Sicilia, Cerdeña y Túnez, pero ausentes en Iberia y Baleares.

Necrópolis
Situadas fuera de las ciudades, con inhumación o incineración (ésta no existía en oriente). La mayoría son individuales, aunque hay colectivas. Hay siete tipos morfológicamente:

  • Incineración en Hoyo (Bustum).
  • Incineración e inhumación en urna.
  • Tumbas de fosa.
  • Tumbas de cista.
  • Tumbas de sarcófago monolítico.
  • Tumbas de pozo simple.
  • Tumbas de pozo y cámara: con una o varias cámaras, con un corredor o escalera de acceso. Con escalera destaca la tumba de inhumación 1E de Puente de Noy (Almuñécar).

El cementerio más antiguo fenicio en Iberia está en Almuñecar, la necrópolis Laurita, del siglo VII a.C., donde hay urnas de alabastro depositadas en el fondo del pozo, en nichos o cistas con huesos calcinados. Otra es la de Trayamar en el poblado de Morro de la Mezquitilla.
Cada poblado tenía por lo menos una necrópolis, generalmente situada en la orilla opuesta de la bahía marítima o río.

Cerámica
Fabricada en torno y generalmente recubierta en su superficie de un engobe rojo o decoradas mediante bandas anchas y rojas entre filetes más estrechos, negros o grisáceos. Tiene múltiples formas: platos de poca profundidad, cuellos cónicos y boca trilobulada (o de seta), urnas, ánforas “de saco” de boca estrecha, cuerpos piriformes y sin decoración, lucernas de uno o dos picos, ungüentarios de cuerpos ovoides, cuellos cortos y con asas, y pebeteros formados por dos cuencos carenados y unidos por un cuerpo cilíndrico.

Objetos de adorno y votivos
Amplio desarrollo de la orfebrería y la metalistería. Numerosos objetos en oro con técnicas orientales procedentes de Chipre, Fenicia y Etruria, destacando los talleres de Tharros (Cerdeña). En la Península Ibérica sobresalen los tesoros de la Aliseda (Cáceres) y el Carambolo (Sevilla). También se han hallado varios enterramientos tartésicos, braserillos o páteras aplanadas decoradas con manos de dedos largos y estirados, así como jarros de bronce cuyas bocas contienen cabezas de animales.
Pertenecientes a esta corriente orientalizante se han descubierto en los ajuares, piezas de marfil (peines sobre todo), huevos de avestruz pintados, escarabeos de esteatita y fayenza, vasos de alabastro y objetos de vidrio, donde destaca el vaso de Aliseda, de vidrio translúcido en tono verdoso, tallado en frío. Hay innumerables figurillas de terracota, en principio de estilo oriental, pero posteriormente de estilo local.

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