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La Educaci贸n En Perspectiva Transcultural Y La Escuela Como Instituci贸n Espec铆fica De La Modernidad

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Introducci贸n

  • Como los reci茅n nacidos llegan a ser seres humanos que hablan, piensan, sienten, poseen una moral, creen y valoran. Como se convierten en miembros de grupos, en part铆cipes de sistemas culturales. Como acaban deseando hacer lo que deben para que se mantenga el sistema cultural en el que viven.
  • Se examinan varias culturas para ver la diversidad y uniformidad de c贸mo son educados.
  • Se subrayan las funciones educativas que conllevan ritos de iniciaci贸n y se destacan conceptos como presi贸n cultural, continuidad y discontinuidad.
  • Otras t茅cnicas educativas: recompensa, modelado, imitaci贸n, juego, dramatizaci贸n, admonici贸n verbal, refuerzo y narraci贸n de historias.
  • Se analizan dos funciones educativas b谩sicas: reclutamiento y mantenimiento cultural.

¿Cu谩les Son Algunos De Los Modelos En Que Se Transmite La Cultura?

Cada modo de vida es diferente seg煤n: el tipo de personalidad adulta que se prefiere, las perspectivas y contenidos asociados a esta cuesti贸n y el modo en que se cr铆a a los ni帽os. Las diferencias culturales entre comunidades humanas se ven contrarrestadas por muchos aspectos en los que las culturas resultan similares.
Los sistemas culturales humanos incluyen: pr谩cticas religiosas, valores, pr谩cticas de recreo, educaci贸n,... Tanto el contenido de estas categor铆as como los modos en los que el contenido y las categor铆as se asocian, var铆an mucho. Estas diferencias se reflejan en las formas de crianza.
El objeto de la transmisi贸n cultural es: ense帽ar a pensar, actuar y sentir adecuadamente.

As铆 sucede en Palaos

Las gentes de Palaos son sol铆citos y tolerantes con los beb茅s y los ni帽os peque帽os, pero a partir de una determinada edad, las cosas cambian (aproximadamente cuando los ni帽os tienen cinco a帽os).
La gente de Palaos considera los v铆nculos emocionales como complicaciones crueles y traicioneras, y entienden que es mejor no cultivarlos que llegar a repudiarlos o disolverlos. En la crianza se usa un c贸digo severo: los ni帽os deben separarse de sus padres. Deben aprender a no esperar el cuidado, el c谩lido cari帽o de los primeros a帽os, y deben aceptar el hecho de que han de vivir en un vac铆o emocional, comerciando con la amistad a cambio de recompensas concretas, sin aceptar y sin ofrecer un afecto perdurable. Deben aprender que cualquier v铆nculo emocional tiene unos cimientos d茅biles, adquiriendo una actitud emocional, que subyace a la conducta econ贸mica, social, pol铆tica e incluso religiosa entre los adultos de la isla.
Todos los ni帽os de Palaos experimentan virtualmente un rechazo repentino, m谩s o menos a la misma edad. Con ello se transmite una pauta de formaci贸n infantil, una dimensi贸n de la visi贸n del mundo de las gentes de la isla (seg煤n la cual, la gente no llega nunca a estar mutuamente implicada emocionalmente), un rasgo de la personalidad modal (la mayor铆a de los adultos normales desconf铆an all铆 de sus vecinos), y una pauta de conducta en el contexto de muchos subsistemas que gobiernan la vida adulta.
En Palaos “crecer” significa en parte dejar de depender de la gente, incluso de la muy amada, como la madre.
En el caso de Palaos es muy evidente la discontinuidad entre una infancia temprana y una infancia tard铆a. La mayor铆a de las culturas est谩n pautadas de forma que introducen discontinuidades en la experiencia; pero los puntos del ciclo vital en los que ocurren estas discontinuidades, as铆 como su intensidad, difieren ampliamente.

¿C贸mo ocurre en Ulithi?

Los utithianos son tambi茅n sol铆citos y tolerantes con los beb茅s y ni帽os peque帽os, pero no provocan discontinuidades especiales en la crianza de los ni帽os peque帽os. Incluso el destete se lleva a cabo con la menor perturbaci贸n posible. Dado el car谩cter relajado y tolerante de la crianza de los ni帽os no es extra帽o que estos se conduzcan de un modo sosegado y juguet贸n, y que aparentemente se conviertan en adultos que valoran la tranquilidad.
En la transmisi贸n de la cultura ulithiana es notable la desaprobaci贸n de conductas que se presentan como extraordinariamente independientes.
En cualquier comparaci贸n transcultural sobre la transmisi贸n de la cultura, tanto el grado como las clases de dependencia e independencia que se inculcan a los ni帽os son variables significativas. A los ni帽os de Palaos se les ense帽a a no confiar en los dem谩s, de modo que se hacen adultos en una sociedad en la que las relaciones sociales tienden a ser relaciones de explotaci贸n, relaciones hostiles que se dan tras una fachada de afabilidad. Pero los habitantes de Palaos no son independientes, e incluso tienden a ser dependientes cuando se someten a los designios de una autoridad externa
En la sociedad americana la cultura de clase media exige independencia. Pr谩cticamente desde el comienzo de la infancia se pone el acento en el aprendizaje de la independencia. Pero los adolescentes y adultos americanos se encuentran entre los pueblos m谩s sociables y “gregarios” del mundo. A los ulithianos no se les ense帽a a ser independientes, y en su sociedad el individuo que es demasiado independiente es objeto de cr铆tica. A los de Palaos se les ense帽a una clase particular de independencia, (la independencia en la relaci贸n con los afectos de las otras personas) por medio de una retirada repentina del apoyo en torno a los cinco a帽os. Pero en estos dos casos ¿En cual se producen adultos m谩s “independientes”? Los de Palaos son independientes en el sentido de que pueden ser crueles e insensibles los unos con los otros, y aprovecharse de las relaciones sociales, pero se asustan de la acci贸n y la responsabilidad independiente, no se muestran nunca originales o innovadores, y son dependientes de la autoridad en las situaciones de control. Los ulithianos son dependientes respecto al apoyo social y emocional, pero no exhiben la temerosa dependencia hacia la autoridad que muestran aquellos.
Existe una relaci贸n predecible entre el aprendizaje infantil sobre la dependencia o la independencia y sus consecuencias sobre la vida adulta. Pero no es una relaci贸n simple, sino que debe ser culturalmente contextualizada para que tenga sentido.
Toda sociedad crea alguna discontinuidad en la experiencia de los individuos en su crecimiento. Es imposible desplazarse desde los roles adecuados a la infancia a los de la vida adulta sin que se de esa discontinuidad. Las sociedades var铆an en la regulaci贸n temporal de las discontinuidades, as铆 como en su brusquedad. En Ulithi la entrada en la vida adulta viene marcada por un ritual (diferentes para chicos y chicas).
Los rituales de transici贸n, o “ritos de paso”, suelen implicar nuevas restricciones. Y el mismo prop贸sito cumplen los acontecimientos que marcan las transiciones importantes en otros momentos de la experiencia vital. Una manera de concebir esos rituales es considerarlos como periodos de aguda discontinuidad en el control durante la transmisi贸n cultural: lo que los transmisores de la cultura hacen por y para los individuos despu茅s de tales acontecimientos es bastante diferente de lo que ven铆an haciendo con anterioridad. Otra forma de examinar esos acontecimientos es contemplarlos como el inicio de periodos de presi贸n cultural. As铆, la presi贸n cultural sucede cuando la conducta del individuo es constre帽ida por la aplicaci贸n de nuevas normas culturales.
En el ejemplo de los ulithianos, la adolescencia y la edad adulta sobrevienen con precipitaci贸n a los j贸venes, y la actitud de la comunidad hacia ellos sufre una r谩pida transformaci贸n. Los muchachos y muchachas son admitidos en posiciones de elevado status, se les dan ciertos derechos, y se les escucha con m谩s respeto cuando hablan. Pero en contrapartida, se espera de ellos un buen trato: deben soportar las tareas m谩s duras. Los adultos tienden a tratarlos con una severidad y una formalidad repentinos, que no se daban durante la infancia.

¿C贸mo es la iniciaci贸n en los Hano?

Los miembros de los Hano tewa, cuando alcanzan aproximadamente los 9 a帽os, pasan por una ceremonia de iniciaci贸n. Hasta ese momento se les cuida en la cuna y experimentan un destete tard铆o. Suelen recibir un trato permisivo y tolerante por parte de la familia. El hermano de la madre es el que se encarga de reprenderles y corregirles. Con la iniciaci贸n todo cambia. Se trata de un acontecimiento en el que est谩n en un tremendo estado de excitaci贸n, se les conmociona, se les irrita, se les mortifica y se les golpea. De alg煤n modo, esta experiencia parece contribuir a la creaci贸n de unos buenos adultos.
En estos casos, la dramatizaci贸n se utiliza como t茅cnica educativa. En las ceremonias de iniciaci贸n, la dramatizaci贸n anima en la mente del joven en un sentido de seriedad en lo que se refiere al crecimiento, y moviliza sus emociones en torno a las lecciones que ha de aprender y a su insalvable cambio de identidad. As铆, los procesos de iniciaci贸n son se帽ales dram谩ticas para los ne贸fitos, y en muchas sociedades y en diversos momentos de la adolescencia y la preadolescencia suponen la intensificaci贸n de la discontinuidad y de la presi贸n en el proceso de la transmisi贸n cultural. Por una parte se activa la discontinuidad en el control del aprendizaje de los j贸venes (pas谩ndose de la tolerancia y la liviandad al rigor y la severidad), y por otra se pone en marcha la presi贸n, que estrecha las exigencias y las restricciones culturalmente pautadas conforme se alcanzan las nuevas situaciones de estatus y de rol con el paso exitoso por el periodo de iniciaci贸n. Esta presi贸n de las exigencias culturales en torno al individuo le abre tambi茅n nuevos canales de desarrollo y experiencia. Al madurar abandonan la libertad de la infancia a cambio de las recompensas que les reportar谩 la observaci贸n de las reglas del juego cultural.

¿Qu茅 sucede en Gopalpur?

Aqu铆 se subrayan las destrezas sociales y no el dominio de lo f铆sico. Los ni帽os imitan a los adultos, tanto en sus juegos como en los intentos de controlarse unos a otros. El ni帽o Gopalpur aprende a controlar el mundo de los otros, un mundo que es escasamente fiable. Aprenden pronto que depender de los dem谩s en lo que respecta a los valores y satisfacciones principales de la vida. El que tiene un gran n煤mero de amigos y partidarios est谩 seguro; y el individuo acaba sintiendo que el modo de ganarlos y controlarlos es por medio de la comida, pero tambi茅n por el llanto, la s煤plica y el trabajo.

¿Y entre los esquimales?

Los ni帽os esquimales reciben un trato tolerante y permisivo. Los encargados de cuidar a los ni帽os son diversos, no existe un horario para el sue帽o o la comida y el destete es gradual. La creencia popular americana conducir铆a a suponer que los ni帽os criados tan permisivamente acaban convirti茅ndose en “consentidos”. El calor y afecto que se les da a los ni帽os les confiere un profundo sentimiento de bienestar y seguridad. Los peque帽os se sienten importantes porque aprenden pronto que de ellos se espera que sean miembros trabajadores y provechosos de la familia. Esto se inculca incluyendo a los ni帽os en la esfera de las actividades cotidianas, inclusi贸n que les proporciona sentimiento de participaci贸n y cohesi贸n familiar. Esta pauta refleja la visi贸n que tienen los padres de la crianza de los ni帽os. Los adultos sienten que tienen m谩s experiencia en la vida, y que su responsabilidad es compartir esa experiencia con los ni帽os, “decirles como vivir”.
Ponen m谩s 茅nfasis en la igualdad que en la supraordinaci贸n - subordinaci贸n en las relaciones entre padres e hijos. Un ni帽o de cinco a帽os obedece no porque tema el castigo o la p茅rdida de amor, sino porque se identifica con sus padres y respeta su juicio.
Cuando alcanzan los 4 o 5 a帽os, el car谩cter demostrativo que inicialmente tienen las acciones de sus padres se modera, de forma que estos se conducen exhibiendo un mayor inter茅s hacia las actividades y los logros de los ni帽os. Aunque a los ni帽os se les concede una autonom铆a considerable y se tratan con respeto sus caprichos y deseos, se les ense帽a tambi茅n a obedecer a todos los adultos.
Aunque no se les carga de responsabilidades, deben tomar parte activa en las tareas familiares. Durante los primeros a帽os las responsabilidades son compartidas, y dependen de la disponibilidad de cada uno. Sea cual sea su sexo, es importante para el ni帽o saber desenvolverse en una amplia variedad de tareas y prestar ayuda cuando se le necesita. Conforme crece se le van asignando responsabilidades m谩s espec铆ficas y acordes con su sexo. Aunque se reconoce que existe una divisi贸n del trabajo seg煤n el sexo, no es una divisi贸n r铆gida en ning煤n tramo de edad. Los miembros de cada sexo pueden asumir generalmente las responsabilidades del sexo contrario cuando surge la necesidad, si bien en la forma de una disposici贸n auxiliar.
La secuencia apoyo – admonici贸n – apoyo parece ser una combinaci贸n 贸ptima en el caso de los ni帽os esquimales. Aprenden a ver a los adultos como personas gratificantes y no amenazadoras. No se les excluye de los asuntos de la vida adulta. Se les anima a asumir responsabilidades apropiadas a su edad bastante pronto. Participan en el curso de la vida. Aprenden a trav茅s de la observaci贸n y la acci贸n. Pero no por ello los esquimales adultos abandonan el aprendizaje al azar. Dan 贸rdenes, dirigen y reconvierten la conducta de los ni帽os, pero sin hostilidad.
Viven en un clima extremadamente imperante. Quiz谩 son criados de este modo porque solo las personas seguras, ingeniosas y de buen humor son capaces de sobrevivir durante un largo tiempo en ese ambiente.

¿Y en Sensuron?

Los ni帽os de Sensuron est谩n siempre presentes, siempre observando. El rumor, la charla, la narraci贸n de cuentos populares, el cuidado, el trabajo y el juego se conjugan formando parte de la corriente de la vida que fluye en torno a la persona, una corriente que es avivada por cada miembro de la comunidad. As铆, la mayor parte de la cultura se transmite por una especie de 贸smosis. Los transmisores de la cultura (es decir, cualquier persona de la comunidad a la que el ni帽o oiga y vea) adem谩s de servirles de modelo, exhiben ante los ni帽os ciertas actitudes y hacen ciertas cosas. En Sensuron se piensa que los ni帽os no son personas. Incluso carecen de nombres personales hasta los cinco a帽os. Se considera a los ni帽os “naturalmente ruidosos, inclinados al mal, capaces de robar, transgresores incurables, violentos, pendencieros, temperamentales, destructores de la propiedad, derrochadores, f谩cilmente irritables y olvidadizos”. Los padres les amenazan dici茅ndoles que van a ser comidos vivos, que se los van a llevar, que van a ser heridos por los agentes que traen enfermedades.
Nada de lo que los adultos se Sensuron hacen directa o indirectamente con sus ni帽os se juzga “malo”. Su cultura es diferente de la de los esquimales y, en efecto, en ella se producen un tipo diferente de individuos.
En las culturas en las que existe una marca diferencia entre el ideal y la realidad, entre la “teor铆a” de la cultura y el comportamiento efectivo, tal discrepancia acaba transmiti茅ndose. Adem谩s, este tipo de conflicto no suele conducir a generar sentimientos de seguridad, as铆 como tampoco produce confianza en s铆 mismo ni en los dem谩s. La transmisi贸n de la cultura se ve complicada por discrepancias y conflictos. Esto se debe a que en el proceso han de ser transmitidas tanto las pautas de lo ideal como las pautas de lo real, y tambi茅n los modos de racionalizar la divergencia entre ambas.

¿C贸mo sucede en Guadalcanal?

All铆 cogen a los beb茅s en brazos, los miman y los alimentan, nunca los dejan solos y, en general, les dan un trato muy tolerante. Tanto el destete como la higiene acontecen sin demasiado ajetreo y bastante tard铆amente. No existe aqu铆 una aguda discontinuidad alrededor de los cinco a帽os, ni se da una ruptura brusca en la pubertad o en la prepubertad.
Hay dos virtudes, la generosidad y el respeto hacia la propiedad, que se inculcan a partir del decimoctavo mes de vida (edad en la que el ni帽o puede caminar y comer bananas y otras golosinas). No se ofrece al ni帽o ninguna explicaci贸n, simplemente los padres insisten en que la comida debe ser compartida con cualquier compa帽ero de juego y en que no han de tocarse los bienes que pertenecen a otros aldeanos. Cuando alcanzan los 4 o 5 a帽os se les reconoce el entendimiento necesario para comprender lo que le dicen los adultos, por lo que comienzan a acompa帽ar sus 贸rdenes con razonamientos.
En Guadalcanal se hace hincapi茅 en la instrucci贸n verbal directa como t茅cnica de transmisi贸n cultural. El constante flujo de admoniciones verbales que los adultos responsables dirigen a los ni帽os pr谩cticamente en todas las situaciones, y por medio de estas admoniciones se refuerzan una y otra vez los valores primarios de la generosidad y el respeto a la propiedad.
La gente de Guadalcanal dicen a sus ni帽os y j贸venes c贸mo han de comportarse y cuando lo hacen mal. En la cultura de clase media americana tambi茅n se concede gran importancia a decir a los ni帽os lo que deben hacer, explic谩ndoles como llevarlo a cabo y las razones para hacerlo. Pero es probable que nosotros seamos menos consistentes y que tendamos m谩s a confiar en las palabras que en las experiencias. Los ni帽os de Guadalcanal aprenden oyendo y actuando. Tambi茅n lo hacen imitando modelos adultos.
Los ni帽os parecen adquirir mejor la cultura de su comunidad cuando se da un refuerzo consistente a las mismas normas de acci贸n y pensamiento a trav茅s de los diversos canales de actividad e interacci贸n. Aprenden aquello que los adultos que transmiten la cultura quieren que aprendan, cuando, en un marco consistente de creencias y valores, adem谩s de recibir 贸rdenes, atienden a demostraciones, observan casualmente, imitan, experimentan y reciben correcciones, act煤an adecuadamente y se les recompensa, se les castiga cuando lo hacen inadecuadamente y cuando obtienen un apoyo extraordinario para sus aprendizajes por medio de manifestaciones dramatizadas de los cambios de rol y status.

La escucha y la narraci贸n de historias en Demirciler

All铆, un ni帽o peque帽o aprende cuando se le permite asistir a la casa del Muhtar (cabecilla) adonde acuden por las noches los hombres adultos para discutir los asuntos del d铆a.
¿Existe alguna situaci贸n similar en la cultura de los EEUU? Cuando Am茅rica era m谩s rural y las diversiones comerciales no estaban a disposici贸n de la mayor铆a, los j贸venes aprend铆an cosas sobre los roles y problemas adultos, aprend铆an a pensar como lo hac铆an los mayores y anticipaban su propia madurez de una manera similar. Hoy es dudoso que los j贸venes deseen escuchar a sus mayores. Es posible que en parte esto suceda porque en nuestra sociedad la mayor铆a de lo que “saben” los mayores no es verdadero. Las verdades cambian con cada generaci贸n.
En Demirciler, al t茅rmino de la sesi贸n de “negocios” un anciano cuenta una historia. La narraci贸n de historias ha sido y sigue siendo un modo de transmitir informaci贸n a la gente joven en muchas culturas, sin que se den cuenta de que se les est谩 ense帽ando. Todas las historias tienen una aplicaci贸n metaf贸rica a la vida real, proveen de modelos para la conducta, o cuentan a un tiempo con ambas caracter铆sticas. Los mayores de Demirciler no hacen expl铆cita la moraleja de la historia, mientras que en otras culturas si que se les pide a los j贸venes que extraigan por si mismos la moraleja de las historias que les cuentan.
Los pueblos de las diferentes culturas var铆an mucho en la importancia que dan a las moralejas, pero las historias y las narraciones de mitos se utilizan virtualmente en todas las culturas para transmitir informaci贸n, valores y actitudes.

¿C贸mo Contribuye Al Sistema La Transmisi贸n Cultural?

Potencialmente no quedan sistemas culturales que no hayan experimentado impactos masivos desde el exterior, sobre todo de occidente. Casi todas las sociedades tribales y aldeas han sido profundamente afectadas por la modernizaci贸n. Uno de los aspectos m谩s importantes de la modernizaci贸n es el desarrollo de las escuelas. De ellas se espera que preparen a la gente joven para tomar posiciones en un mundo muy diferente de aquel en el que crecieron sus padres. Eso implica una clase de discontinuidad de un orden diferente respecto a lo que hemos hablado hasta ahora.
La discontinuidad en la transmisi贸n cultural entre los pueblos de los que hemos hablado, es un proceso que produce continuidad cultural en el conjunto del sistema. Los cambios dram谩ticos y bruscos que se producen en los roles durante la adolescencia, las presiones repentinas en las exigencias culturales y la suma de t茅cnicas que utilizan los preceptores, ense帽an al individuo a comprometerse con ese sistema. La iniciaci贸n encapsula y dramatiza los s铆mbolos y los significados que se hallan en el n煤cleo del sistema cultura, de manera que las cuestiones importantes que el iniciado ha aprendido hasta ese punto por observaci贸n, participaci贸n o instrucci贸n, se ven reforzadas. La discontinuidad se da en la forma en que se trata al iniciado durante la ceremonia, as铆 como en las conductas diferentes que se esperan de 茅l o ella a partir de ese momento. Pero en ese proceso la cultura se mantiene y su credibilidad recibe validez.
En los sistemas culturales establecidos en los que no se han producido intervenciones desde el exterior, las principales funciones de la educaci贸n son el reclutamiento y el mantenimiento. Los procesos educativos descritos han venido funcionando de ese modo.
El reclutamiento se produce en dos sentidos: como miembro del sistema cultural en general y como part铆cipe de roles y status espec铆ficos, de castas concretas o de determinadas clases. Se recluta a los j贸venes para ser de un g茅nero o de otro, seg煤n los t茅rminos en los que cada sociedad determinada define la masculinidad o la feminidad. Tanto si hablamos de sociedades en las que no hay escuelas en un sentido formal pero en las que existe una gran preocupaci贸n por la educaci贸n, como de sociedades en las que hay gran cantidad de escuelas formales especializadas, el sistema educativo se organiza para producir reclutamiento.
Por otra parte, el sistema educativo se organiza para que el sistema cultural se mantenga. Por medio de la inculcaci贸n de valores, actitudes y creencias espec铆ficas, que hacen que tanto la estructura como las habilidades y las competencias que lo hacen funcionar resulten plausibles. La gente debe creer en su sistema. Si en 茅l se da una estructura de castas o de clases, la gente debe creer que tal estructura es buena, al menos, inevitable. Adem谩s las personas han de poseer las habilidades que posibilitan el intercambio de los bienes y servicios necesarios para que transcurra la vida de la comunidad.
El reclutamiento y el mantenimiento se entremezclan. Por medio de la primera nos referimos al proceso por el que se capta a la gente para que forme parte del sistema y para que participe en los roles espec铆ficos; por medio de la segunda, nos referimos al proceso por el que se mantiene el funcionamiento del sistema y de los roles.

Las Culturas En El Proceso De Modernizaci贸n: ¿Cu谩l Es El Prop贸sito De La Educaci贸n?

En este mundo en transformaci贸n los sistemas educativos cargan a menudo con la responsabilidad de dar lugar al cambio en la cultura. Se pretende que se conviertan en agentes de modernizaci贸n. Se transforman as铆 en agentes intencionales de discontinuidad cultural, discontinuidad que ni refuerza los valores tradicionales ni recluta a los j贸venes para que formen parte del sistema existente. Las nuevas escuelas se orientan hacia el futuro. Reclutan a los estudiantes para un sistema que todav铆a no existe, o que est谩 emergiendo. E inevitablemente producen conflictos entre generaciones.
Las nuevas escuelas creadas con el prop贸sito de inducir y ayudar a la modernizaci贸n, son bastante eficaces. Crean conflictos entre las generaciones y desorganizan la transmisi贸n de la cultura tradicional. Estos efectos son un preludio para el cambio, y quiz谩 s una condici贸n necesaria. La escuela recibe poco o ning煤n apoyo en el hogar y la familia, o en el conjunto de la comunidad. Se ve as铆, aislada del sistema cultural al que pretende servir. No solo lo que se ense帽a en la escuela carece de relaci贸n con lo que se aprende en el hogar y en la comunidad. Dado que el contenido curricular es ajeno al conjunto de la cultura, lo que se ense帽a tiende a convertirse en algo formalizado y al margen de la realidad que se instruye de un modo r铆gido y ritualista. La falta de relaci贸n entre la escuela y la comunidad tanto en el contenido que se transmite como en los m茅todos que se usan para la transmisi贸n, se traslada l贸gicamente a las aspiraciones de los estudiantes sobre su propio futuro. A menudo, tales aspiraciones son bastante poco realistas.
Las nuevas escuelas, como los m茅todos tradicionales y tribales de educaci贸n y las escuelas de todas partes, reclutan a los nuevos miembros de la comunidad para su ingreso en un sistema cultural y para el ejercicio de roles y status espec铆ficos. E intentan mantener este sistema transmitiendo las competencias necesarias a los individuos que han reclutado a trav茅s de estos roles y status. El problema de las nuevas escuelas es que el sistema cultural para el que se recluta a la gente todav铆a no existe de forma completa. La experiencia infantil de la escuela va mucho m谩s all谩 de la formaci贸n para la alfabetizaci贸n y de la observaci贸n de las reglas de trabajo de los adultos. Se le coloca en un ambiente artificial, aislado, irreal y ritualizado. As铆, se desarrollan aspiraciones y auto – im谩genes irreales, para que la cruda realidad irrumpa bruscamente despu茅s de la graduaci贸n, descubriendo que se abren pocas oportunidades.
Los pesimistas concluir谩n que las modernas escuelas, como agentes de modernizaci贸n, son un fracaso. Esta conclusi贸n ser铆a falsa. Las nuevas escuelas no son fracasos ni 茅xitos; como todas las instituciones que transforman los sistemas culturales, no se hallan articuladas con otras partes del sistema en transformaci贸n. El futuro no se puede conocer. La mayor铆a de los contenidos que se ense帽an en las aulas son occidentales, como lo es el concepto mismo de escuela. En muchos aspectos las nuevas escuelas en culturas en proceso de transformaci贸n son copias inadecuadas de las escuelas de Europa y de EEUU. Pero la escolarizaci贸n formal en todas las naciones del mundo que atraviesan procesos de desarrollo, aun estando desarticuladas en relaci贸n con el contexto cultural existente, fomenta la aparici贸n de una nueva poblaci贸n de personas alfabetizadas, cuyas aspiraciones y visiones del mundo son muy diferentes de las de sus padres. Y en muchos casos de los pa铆ses las universidades han creado una clase completa de 茅lites educadas. Con el tiempo, las culturas en desarrollo construir谩n sus propios modelos de escuela y educaci贸n. El modelo de educaci贸n que surgir谩 con el tiempo en las naciones que se est谩n modernizando pondr谩n a la escuela en perspectiva y enfatizar谩 la educaci贸n en su acepci贸n amplia, como una parte de la vida y de la comunidad en proceso de cambio.

Conclusi贸n

¿Cu谩les son algunos de los modos en los que se transmite la cultura? La respuesta la hemos visto examinando sistemas culturales en los que se usan variedad de t茅cnicas de ense帽anza y aprendizaje. Uno de los procesos m谩s importantes es el manejo de la discontinuidad. La discontinuidad sucede en cualquier punto del ciclo vital en el que se produzca una transici贸n abrupta entre un modo de ser y de comportarse y otro, como en el destete y en la adolescencia. Muchas culturas manejan las 煤ltimas fases de la discontinuidad por medio de escenificaciones dram谩ticas y ceremonias de iniciaci贸n, algunas dolorosas y emocionalmente perturbadoras. Son proclamaciones p煤blicas de los cambios en el status. Son periodos de intensa presi贸n cultural durante los que se acelera la ense帽anza y el aprendizaje. La presi贸n y la discontinuidad cultural controladas cumplen la funci贸n de alistar nuevos miembros a la comunidad y mantener el sistema cultural.
La educaci贸n, tanto si se caracteriza por agudas discontinuidades y periodos de presi贸n cultural como si lo hace por progresiones relativamente suaves de experiencia acumulada y de cambios de status, funciona, en los sistemas culturales establecidos, para reclutar nuevos miembros y mantener el sistema existente.
En las situaciones en las que sistemas culturales ajenos y orientados hacia el futuro se introducen a trav茅s de la escolarizaci贸n formal, hay que subrayar la desarticulaci贸n entre la escuela y la comunidad. Los ni帽os son reclutados intencionalmente en un sistema cultural que es diverso del que les dio origen, de manera que las escuelas no s贸lo no mantienen el orden social existente, sino que lo destruyen. Se trata de un tipo de discontinuidad muy diferente, una discontinuidad que produce serios desajustes en las pautas de vida y en las relaciones impersonales, as铆 como en el cambio potencialmente positivo.
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El Estudio Etnogr谩fico De La Escuela. La Noci贸n De Cultura Y El Enfoque Hol铆stico

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Introducci贸n

Los estudios antropol贸gicos cl谩sicos basados en sociedades llamadas “primitivas” tuvieron desde el principio un efecto general de cr铆tica cultural, que alcanzaba todo tipo de instituciones, no solo a las educativas. El ejercicio comparativo y el uso del principio de relativismo cultural, que han caracterizado a la antropolog铆a social y cultural, hicieron descubrir un efecto no previsto a sus estudios. Muchos de los an谩lisis sobre organizaciones sociales, procesos productivos, etc de diferentes pueblos, en su esfuerzo por comprenderlos, daban a la vez las claves para una cr铆tica por reflejo de la familia, la econom铆a, la pol铆tica, la educaci贸n... en las sociedades europeas y americanas.
La Antropolog铆a de la educaci贸n y la etnograf铆a escolar heredaron estos primeros planteamientos.
El uso instrumental de la etnograf铆a exige una captaci贸n previa de los supuestos b谩sicos de la antropolog铆a social. Aun cuando la concepci贸n de partida sea que hacer “Etnograf铆a” consiste en emprender un trabajo de campo y realizar observaci贸n participante, lo que supone una reducci贸n instrumental, al menos parecer谩 煤til explorar qu茅 implicaciones tiene.
Wolcott opina que no es necesario un halo de exotismo para justificar una aproximaci贸n etnogr谩fica, pero si es necesario un cierto extra帽amiento. Es dif铆cil operar con la “observaci贸n” si se asume previamente que un conjunto de episodios o acontecimientos ocurren con “normalidad”, que son “naturales”, porque eso supone haber adoptado un criterio de normalidad, lo que explica que llegue a fijarse la atenci贸n prioritariamente en las quiebras de la normalidad (el absentismo, fracaso escolar, vandalismo...). Si se considera que el exotismo es un s铆ntoma de un ejercicio sistem谩tico de comparaci贸n, la “observaci贸n”, aun convertida en “t茅cnica”, comienza a mostrar que es algo m谩s que eso, pues en ese caso implica situarse en un ejercicio de comparaci贸n sistem谩tica, y por supuesto, en un sano relativismo. El extra帽amiento es uno de los recursos que permite ese ejercicio. Modifica los criterios que contribuyen a fijar la atenci贸n solo en determinados “problemas” y ampl铆a el horizonte de lo cuestionable (distribuci贸n de espacios, horarios, relaci贸n profesor – alumno, c贸digos de comunicaci贸n, implicaci贸n de las familias en las escuelas...). As铆, se llega a descubrir que los objetos de estudio no son tanto o solo los “problemas”, cuanto la comunidad escolar misma, las instituciones educativas y los contextos en que se encuadran.
La propuesta metodol贸gica de Malinowski fue realizar la “observaci贸n” abandonando el estrado de la misi贸n, e instal谩ndose en medio de los poblados, entre el grupo estudiado. Las implicaciones de este traslado del punto de observaci贸n son dignas de seguir consideradas. Ese traslado afecta al investigador, en muchos sentidos su situaci贸n pasa a ser de “aprendizaje”.
En instituciones como las escolares, en las que se da una significativa distribuci贸n de roles asim茅tricos, la condici贸n de observador es cuando menos ambigua. Podr铆a no ser m谩s que una extensi贸n de la funci贸n de control ejercida por los roles dominantes. Situarse como observador – aprendiz es como una subversi贸n del orden social, sospechosa para los que ocupan roles subordinados e inc贸moda desde quienes desempe帽an los dominantes. En todo caso, exige al investigador una redefinici贸n social.
Aun admitiendo la utilidad de una concepci贸n instrumentalista de la etnograf铆a, no hay que obviar las implicaciones sociales que tiene la pr谩ctica de la observaci贸n. La presencia del investigador entre el grupo estudiado genera unas relaciones sociales y modifica las existentes. La observaci贸n misma se inscribe en ellas. Adem谩s muchos antrop贸logos han constatado que nunca se es solo investigador. La condici贸n de hombre o mujer, la edad, procedencia, aficiones, habilidades... entran en juego para facilitar o dificultar la investigaci贸n. Una importante tarea es establecer, cultivar y mantener relaciones con los miembros del grupo estudiado, lo que implica aprender sobre los modos, etiquetas y valores que rigen las relaciones en 茅l. La observaci贸n participante insin煤a como objetivo o condici贸n ideal llegar a ser aceptado e integrado en el grupo como si fuera un miembro m谩s. Pero hay que reconocer que lo m谩s que se logra es se un “nativo marginal”.
El grado de formalidad apreciable en instituciones como las escolares, que pueden caracterizar las relaciones sociales de los individuos en ellas, no favorece necesariamente la integraci贸n del investigador. Ese grado de formalidad puede contribuir a reforzar el sentido instrumental de la observaci贸n y a oscurecer sus implicaciones sociales. Pero no ser铆a razonable suponer que ese grado de formalidad se mantiene constante en el tiempo y en las situaciones, y es definitorio de toda relaci贸n social en ellas. Admitir las implicaciones sociales de la condici贸n de investigador lleva consigo tambi茅n el alimentar la intenci贸n de reconocer toda la escala de grados de formalidad – informalidad que puedan darse. Lograr una aceptaci贸n formal no significa que 茅sta se cumpla en la pr谩ctica: podr铆an ser aceptados formalmente pero no integrados.
La observaci贸n no lo es todo en etnograf铆a. Una parte muy importante se logra a trav茅s de la entrevista. Atenci贸n al aprendizaje de la lengua nativa, que constitu铆a el primer paso. La capacidad para formular preguntas exig铆a algo m谩s, pues el conocimiento de la gram谩tica y sintaxis no supone que se puedan realizar preguntas significativas, ni que las respuestas no hubieran sido inducidas por la propia formulaci贸n
El desempe帽o de distintos roles por parte del investigador se hace cada vez m谩s claro a medida que se van revisando las t茅cnicas de trabajo m谩s frecuentemente usadas y las distintas situaciones, oportunas o no, en las que se ejercitan.
La etnograf铆a es tambi茅n un proceso de comunicaci贸n. El posible que este relieve sea menos sugerido por la observaci贸n que por la entrevista, pero afecta al conjunto de la actividad del investigador y est谩 en consonancia con el desempe帽o de m煤ltiples roles. Entendida la presencia del investigador en el grupo como una comunicaci贸n interactiva, puede llegarse a reconocer la apertura y flexibilidad de sus actividades metodol贸gicas y la permanente posibilidad de autocorrecci贸n.
Es muy 煤til el llevar un diario de campo. Instrumento de trabajo de dif铆cil sistematicidad, pero que puede convertirse tanto en banco de pruebas en el que contrastar primeras impresiones como en reflexi贸n objetivada sobre los pasos dados adonde recurrir para posteriores rectificaciones.
En la etnograf铆a como proceso de comunicaci贸n hay que destacar dos aspectos, tambi茅n importantes en el estudio de la educaci贸n y de las instituciones escolares.
El primero redefine la acci贸n social como acci贸n significativa y la actividad etnogr谩fica como captaci贸n de significados expl铆citos e impl铆citos. Es as铆 m谩s obvia la necesidad de utilizar t茅cnicas m煤ltiples para lograr ese objetivo, pero sobre todo, la exigencia de una inmersi贸n interactiva del investigador en el grupo.
El inter茅s por el estudio de la educaci贸n y las instituciones escolares se centr贸 tambi茅n en los procesos de comunicaci贸n, pero es posible que se haya distra铆do respecto al m谩s fundamental objetivo de la captaci贸n de significados. De haberse asumido como objetivo central la captaci贸n de significados, buena parte de los an谩lisis microetnogr谩ficos habr铆an reducido en menor medida la etnograf铆a a una serie de t茅cnicas instrumentales y habr铆an tenido quiz谩 un acceso m谩s profundo a la comprensi贸n de la cultura, a trav茅s del estudio de un proceso, el de la educaci贸n, y unas instituciones, las escolares.
Un segundo aspecto presenta al investigador ejerciendo de mediador entre el o los grupos estudiados y la sociedad o instituciones a las que destina su investigaci贸n. Este papel es ineludible cuando se trata de investigaciones aplicadas y que terminan directa o indirectamente en una intervenci贸n.
La posici贸n mediadora del investigador redimensiona en primer t茅rmino la etnograf铆a como modo metodol贸gico. Hacer etnograf铆a no es solo realizar observaci贸n participante o entrevistas, sino tambi茅n describir, significativamente, interpretar y finalmente inscribir, en el sentido de dejar un registro consultable de informaci贸n organizada, contribuyendo a ampliar el discurso social. Uno de los sentidos b谩sicos de la etnograf铆a ha sido precisamente el de registro de datos, descripciones relativas a una poblaci贸n determinada o a un conjunto de poblaciones.
La descripci贸n etnogr谩fica ha de ser detallada, minuciosa, como consecuencia de haber realizado una observaci贸n atenta. Aun admitiendo muy diferentes estilos en la presentaci贸n de los datos, se hace significativa cuando se proyectan los datos sobre el horizonte global que es al fin y al cabo el objeto final de la antropolog铆a social y cultural, la cultura. Se requiere pues un concepto global, una visi贸n hol铆stica de la cultura.
Hymes lo enuncia al insinuar que deben establecerse conexiones entre las diferentes cosas que componen las vidas de determinadas clases de personas. Ogbu alude a ello al proponer una aproximaci贸n a nivel m煤ltiple, que muestre la conexi贸n de la educaci贸n formal con otros aspectos de la vida social general. Wilcox lo sintetiza en “situar las cosas en contexto”. Y Wolcott se refiere a 茅l expl铆citamente, advirtiendo que puede parecer evasivo. La magia del etn贸grafo est谩 m谩s bien en su forma previa, en sus habilidades esforzadamente adquiridas para registrar informaci贸n y en la capacidad para hacer gravitar el horizonte global de la cultura sobre su objeto delimitado de estudio.
Ese concepto global de cultura puede obligar a modificar otros conceptos de cultura que suelen ser bastante comunes. Conceptos que tratan la cultura como un 谩mbito separado de la realidad social y cuyo n煤cleo lo conforman fundamentalmente el arte y la ciencia. El proceso de la educaci贸n y de las instituciones escolares se sit煤an dentro de ese n煤cleo, pero aun m谩s como v铆as imprescindibles de acceso a 茅l. Su tratamiento etnogr谩fico supone, por tanto, disolver ese concepto com煤n que considera a la cultura un 谩mbito separado para redefinir a la educaci贸n y a la escuela ahora m谩s apropiadamente como procesos e instituciones en los que la cultura se percibe en su caracterizaci贸n m谩s din谩mica. Los primeros desarrollos de la antropolog铆a de la educaci贸n insist铆an en la funci贸n de transmisi贸n cultural, perspectiva quiz谩 demasiado unidireccional de contemplar la din谩mica de la cultura. Tambi茅n ha quedado firmemente establecida una perspectiva que acent煤a las posibilidades de provocar un cambio cultural. Caben otras muchas, entre ellas las que reconocen una cierta tensi贸n, cuando no conflicto, entre la homogeneizaci贸n inducida por las instituciones escolares y la relativa diversidad cultural de los individuos y los grupos que interact煤an en ellas.
La etnograf铆a, por otro lado, acerca a los antrop贸logos y a los educadores. Ese papel de mediaci贸n contribuye a ello. El car谩cter aplicado de muchos estudios de etnograf铆a escolar ha supuesto en muchas ocasiones el desempe帽o por parte del investigador de un rol m谩s, el de educador, desde el que observar asumiendo un grado de participaci贸n que incluye un compromiso real, pero que permite explorar con mayor profundidad la educaci贸n como proceso interactivo. Tambi茅n los educadores exploran y traducen frecuentemente los significados culturales en formas reconocidamente antropol贸gicas. Pero el acercamiento est谩 m谩s en la articulaci贸n de la mediaci贸n cultural en la que unos y otros est谩n implicados. No debe olvidarse, sin embargo, que no son los 煤nicos mediadores culturales, ni siquiera lo m谩s decisivos.
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Aspectos Del Contexto Escolar

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Introducci贸n

Desde los or铆genes de la etnograf铆a contempor谩nea los antrop贸logos se han propuesto la dif铆cil tarea de mirar a las instituciones humanas sin reducir, en lo posible, su complejidad.
Al estudiar la escuela, es l贸gico que nuestras primeras intenciones se dirijan a analizar lo que sucede en el aula, por muchas razones:
  1. Porque es indudable que la representaci贸n t铆pica de lo que sucede en las escuelas evoca la imagen de los alumnos sentados en sus pupitres, trabajando en solitario, o atendiendo, respondiendo, y a veces entorpeciendo el curso de las actividades propuestas por los maestros y profesores.
  2. Porque en apariencia los alumnos acuden a las escuelas a recibir la informaci贸n acad茅mica que se imparte en las aulas.
  3. Porque las tareas b谩sicas que atrapan la atenci贸n de los maestros y profes, se recogen, naturalmente, en los 谩mbitos de la docencia y la evaluaci贸n de los alumnos.
Aqu铆 se pretende un doble objetivo:
  1. Ilustrar algunos modos de presentar la instituci贸n escolar en el marco sociocultural m谩s amplio que la acoge.
  2. Mostrar algunas de las consecuencias te贸ricas derivadas del descentramiento a que dan lugar la pr谩ctica etnogr谩fica y la interpretaci贸n antropol贸gica, cuando estas se aplican a la escuela.
Se explorar谩n las relaciones entre la escuela y su entorno sociocultural, los procesos que conducen de una instancia a la otra, los matices que en el an谩lisis de esas relaciones y procesos puede aportar una interpretaci贸n no reductiva de la instituci贸n escolar.

En la descripci贸n de lo que ocurre en el aula han sido muchos los esfuerzos por prestar atenci贸n al contexto. Pero se han visto limitados frecuentemente al incorporar una idea restringida del mismo. Se ha entendido normalmente que el contexto del aula es lo que rodea a las actitudes y cogniciones de los individuos que se encuentran en ella. Hay que llamar la atenci贸n sobre la reducci贸n que se practica al escoger al individuo como unidad b谩sica del an谩lisis. Desde esta perspectiva, uno de los modos m谩s frecuentes de abordar el contexto del aula ha sido mediante el estudio de lo que se ha llamado, con alguna ligereza “contexto comunicativo”. La visi贸n impl铆cita aqu铆 es la de un mundo social compuesto de 谩tomos individuales (emisores y receptores) que transfieren informaci贸n entre sus respectivos cerebros. Esta representaci贸n de las cosas supone un paso adelante en la direcci贸n que los antrop贸logos pretenden seguir con sus investigaciones, pues en efecto un contexto es un conjunto de relaciones. Pero ah铆 no acaba todo.
La antropolog铆a a帽ade a esta idea que las “relaciones” no se producen solamente entre individuos sino tambi茅n, y algunos dir铆an sobre todo, entre instituciones. Las personas son agentes de una diversidad de instituciones que se condensan, se encarnan y se reconstruyen en su acci贸n cotidiana, en sus formas de vestir, maneras de hablar, expresi贸n de sus fines y valoraciones, y en sus conductas significativas. Los sujetos individuales son y ponen en pr谩ctica conjuntos de relaciones socioculturalmente mediadas. Y ya en el plano individual, la “densidad” de estas tramas socioculturales llama la atenci贸n del etn贸grafo, haci茅ndole creer que el contexto ha de ser concebido no solo como conjunto de relaciones entre individuos, sino como conjunto, dif铆cilmente demarcable, de relaciones de relaciones.
Lo que distingue a la noci贸n de contexto tal y como se usa en las mejores etnograf铆as es que nos conduce siempre alg煤n paso m谩s all谩 del espacio y el tiempo en los que fijamos nuestra atenci贸n. Cu谩ntos pasos hay que dar es cuesti贸n controvertida, sin respuesta satisfactoria. Ante esto, los antrop贸logos, suelen reconocer de entrada que la precisi贸n de sus descripciones se debe, entre otras cosas, a lo ilimitado de sus pretensiones. El contexto no nos define las fronteras, pues en s铆 mismo se concibe como el problema de saber donde termina la descripci贸n relevante de los fen贸menos que sometemos a estudio.
Este punto de vista no nos obliga a eludir el estudio de lo que sucede en las aulas, pero si nos lleva a considerar que las situaciones que se producen en ellas no son sino un aspecto parcial del conjunto de las situaciones que en la vida diaria afectan a la escuela.
El primer paso para interpretar desde una perspectiva sociocultural lo que sucede en las escuelas es sustituir el sustancialismo en sus diversas formulaciones por un an谩lisis de las relaciones entre las supuestas “substancias”, un an谩lisis que es, en muchos casos, interminable.

El Estudio De Las Pr谩cticas Y La Enunciaci贸n De Las Paradojas

La etnograf铆a es un modo de investigaci贸n que busca comprender las pr谩cticas de los agentes sociales. Esta propiedad contribuye de forma decisiva a poner entre comillas las ilusiones que los agentes proyectan sobre su vida social, y nos ayuda a mirar las “substancias” (ya sean individuos, clases sociales u otras realidades) en su proceso de constituci贸n. La etnograf铆a, y con ella la reflexi贸n antropol贸gica, es refractaria a considerar los mundos que describe como estructuras dadas. A muchos, la lectura y realizaci贸n de etnograf铆as puede parecerles un ejercicio de confusi贸n. Y no les falta raz贸n. El etn贸grafo trabaja en un campo “sin desbrozar”, donde los objetos materiales de la cultura (incluidas las conductas de los agentes) resultan parcialmente comprensibles solo cuando se los expone a la luz de las normas, valores y otros esquemas cognitivos a su vez parcialmente compartidos y contradictorios.
Tarde o temprano, el etn贸grafo buscar谩 componer un mapa estable del mundo que somete a observaci贸n, pero es caracter铆stico retrasar esas cristalizaciones hasta las 煤ltimas fases de la investigaci贸n. Para poner procesos donde pueden llegar a verse substancias, el etn贸grafo presta atenci贸n al curso vivo de los acontecimientos, retrocede desde las estructuras a los procesos de estructuraci贸n, desde los documentos en los que re煤nen ordenadamente los “indicadores” sociales a los procesos socioculturales (en general menos ordenados ) que se encuentran en la g茅nesis de esos documentos o determinan su utilizaci贸n.
Esta forma de proceder afecta a los modos en que los etn贸grafos y antrop贸logos construyen sus visiones te贸ricas de la realidad. Una caracter铆stica esencial de la etnograf铆a es basarse en estudios locales, la pr谩ctica local. El ideal generalizador ha de confrontarse as铆 con la naturaleza esencialmente local de sus materiales. Y sus intentos pr谩cticos de comprender la acci贸n de los agentes a los que estudia mediante la interacci贸n concreta se ven mal encajados en las proposiciones a las que luego pretende conceder un valor universal. Este problema ha sido caracterizado de distintos modos. Se ha dicho que la antropolog铆a busca acceder a lo universal a trav茅s de lo particular.
La etnograf铆a, al proyectarse en la reflexi贸n antropol贸gica, la conduce hacia un destino que puede ser considerado problem谩tico desde una perspectiva positivista: al tratar de universalizar mediante el lenguaje te贸rico las visiones fragmentarias de una pr谩ctica que incluye el lenguaje mismo, la antropolog铆a puede reconocer su potencial epistemol贸gico no tanto en la producci贸n de conceptos y de teor铆as cient铆ficas que pretendan la subordinaci贸n de la realidad al lenguaje, en cuanto a la enunciaci贸n de las paradojas sobre las que se construye la vida sociocultural y sus comprensiones.
La tendencia a enunciar las paradojas de la escuela es t铆pica de la reflexi贸n antropol贸gica. La instituci贸n escolar, que desea presentarse como entidad aut贸noma a menudo situada a la cabeza del “tren de la historia”, es una instituci贸n heter贸noma y parcialmente dependiente, situada en el seno de procesos socioculturales que no alcanza a comprender. Con el prop贸sito de erigirse en dispositivo universal de socializaci贸n, la escuela ha de reconocerse tambi茅n en la encrucijada de responder a las formas de construir la realidad de las culturas particulares en las que pretende implantarse. Proyectada como instituci贸n para la “igualdad de oportunidades” no puede eludir su responsabilidad en la generaci贸n de desigualdades y en la producci贸n de una cosmovisi贸n jerarquizada de la sociedad y la cultura.
Asentada en la creencia de que la sociedad es capaz de construirse y transformarse a si misma, la escuela no puede negar su contribuci贸n real a la conservaci贸n de las estructuras sociales, pol铆ticas y econ贸micas que en apariencia desea transformar. Volcada sobre el proyecto de “reformar” en la pr谩ctica los “fracasos” de una pedagog铆a ingenua cree ver desde una racionalidad insuficientemente contrastada, la escuela ha de arrostrar los l铆mites que le vienen impuestos por un mundo que s贸lo puede ser representado fragmentariamente, y en el que no acaba de estar claro si la instituci贸n escolar funciona a pesar de sus fracasos o fracasa precisamente porque funciona.

El Se帽or铆o Y La Servidumbre De La Escuela

La contribuci贸n m谩s destacable de los estudios socioculturales de la escuela ha sido concebir a la instituci贸n escolar como un proceso dado en un curso de comportamientos y visiones del mundo que exceden las fronteras de la instituci贸n misma. Estos estudios se han inclinado a considerarla como un modo hist贸ricamente particular de realizar procesos educativos que pueden describirse tambi茅n, al menos en parte, en sociedades humanas sin escuelas. Lejos de confundir escuela y educaci贸n, o de suponer que la primera es el paradigma ideal de la segunda, han tratado de especificar las relaciones entre la escuela, modernizaci贸n, burocracia y econom铆a capitalista; y han buscado distinguir la acci贸n escolar de la acci贸n educativa, asociando a la primera con una entronizaci贸n de los aprendizajes diferidos.
En el estudio de las relaciones entre el proceso escolar y el proceso sociocultural es posible sostener, hasta cierto punto, la idea de una constituci贸n rec铆proca. Ser铆a err贸neo negar el papel transformador que la escuela ha ejercido en las sociedades donde se ha implantado. Ya en la mera dualidad de lo acad茅mico y lo social podemos aceptar con Erickson que ambos planos son mutuamente constitutivos. Pero es preciso destacar que esta constituci贸n mutua se va tornando menos rec铆proca conforme nos alejamos del entorno del aula. La escuela y su 谩mbito sociocultural no son dos realidades sim茅tricas. No es posible pensar en una influencia comparable en los dos sentidos.
La escuela es sociedad, de manera que todos sus prop贸sitos de transformaci贸n, renovaci贸n o reforma de la sociedad vienen dados bajo una gran paradoja, generadora de todas las dem谩s: la escuela pretende una instrumentaci贸n independiente del proceso sociocultural que le confiere sentido. Donde el an谩lisis sociocultural se ha detenido a reflexionar sobre la instituci贸n escolar, ha parecido evidente que la instrumentalizaci贸n al servicio de la transmisi贸n de conocimientos expl铆citos se da en el marco de otro tipo de conocimientos que sobrepasan por todas partes el 谩mbito propio de la escuela: ese conjunto difuso de normas y valores que, junto con las pr谩cticas del orden cotidiano, componen el “curr铆culum oculto” .
Estos estudios alimentan la sospecha de que la “cultura acad茅mica” puede erigirse como cabeza de los procesos socioculturales globales siempre que se la contemple con arreglo al diagrama jerarquizado que ella misma busca producir y reproducir. En su proceso de constituci贸n, sin embargo, esta cultura especial (digamos Cultura con may煤scula) ha de reconocer la infinidad de relaciones de dependencia que la vinculan a una diversidad de campos culturales no siempre situados estrictamente “por debajo” de ella, sino a veces en direcciones oblicuas y hasta horizontales. Los estudios socioculturales han ilustrado como la Cultura con may煤scula se ve limitada y en ciertos sentidos delimitada por las relaciones dadas entre las culturas con min煤scula.
Al reflexionar sobre a escuela es necesario tener a la vista diversas escalas de valoraci贸n y de an谩lisis. En cualquier estudio de este tipo es necesario estar al tanto de las reverberaciones que cada fen贸meno particular tiene en los diferentes segmentos y dimensiones del campo sociocultural global. Cada estudio puede ce帽irse a un marco concreto de objetivos de investigaci贸n, pero sus hallazgos ser谩n m谩s incisivos y matizados cuanto m谩s presente se tenga el conjunto de los procesos contextuales. Esta es una llamada al viejo holismo de la antropolog铆a, concepto que ha encontrado reformulaciones m谩s recientes en la prescripci贸n de complementar niveles “micro” y niveles “macro”, bien entendido que estas aproximaciones han de realizarse especificando en cada paso del an谩lisis las perspectivas relativas que nos hacen identificar de uno u otro modo los distintos referentes.
Contemplar el proceso escolar desde una perspectiva adecuadamente global suele conducir a reconocer que la escuela es una instituci贸n conservadora. Diversos an谩lisis han dado cuerpo a la idea de que la escuela es uno de los agentes fundamentales del proceso de reproducci贸n social, comport谩ndose como “correa de transmisi贸n” de las posiciones socioecon贸micas que los individuos encuentran en sus n煤cleos dom茅sticos de origen, y tambi茅n como estructura de legitimaci贸n de la desigualdad entre esas posiciones.
Pero ser铆a un error suponer ingenuamente que el papel conservador de la escuela se debe a la acci贸n intencionada de un “poder” claramente identificable. Este es uno de los problemas esenciales a la hora de valorar los modos en los que la escuela podr铆a convertirse en una fuerza transformadora. La carga de cr铆tica pol铆tica que se recoge en las perspectivas que presentan a la escuela como instancia de conservaci贸n y reproducci贸n no puede traducirse sin m谩s en la identificaci贸n de un “culpable” de todos los males de la desigualdad y la jerarqu铆a.
Para finalizar, es necesario sostener una idea absolutamente prosaica: para intentar transformar la realidad es necesario conocerla. Y aqu铆 radica el valor pol铆tico de los estudios socioculturales de la escuela. No en su aplicabilidad directa al campo de la acci贸n, sino en su capacidad para precisar los l铆mites razonables de las transformaciones. Si deseamos emprender un “trabajo activo sobre las contradicciones”, hemos que dar un primer paso en la direcci贸n de reconocerlas.
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Escuela Y Burocracia. La Autonom铆a De Las Pr谩cticas Escolares

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Introducci贸n

Los maestros de las escuelas p煤blicas son funcionarios que trabajan en grandes sistemas educativos. Sistemas que se caracterizan por una estrecha conexi贸n entre su estructura burocr谩tica y la funci贸n de ense帽anza – aprendizaje. Dicha conexi贸n penetra todas las actividades y relaciones de la instituci贸n escolar. Para comprender las gestiones que se realizan a la hora de incorporar a los nuevos maestros a sus plazas reci茅n adquiridas hay que comenzar por el reconocimiento de que tales gestiones se llevan a cabo en una organizaci贸n burocr谩tica. La iniciaci贸n formal de maestros y profesores es un intento de formar a los ne贸fitos seg煤n las pautas del comportamiento burocr谩tico que sus superiores han definido como necesarias para que la escuela cumpla su tarea educativa. En este cap铆tulo se quiere describir la iniciaci贸n formal de los nuevos maestros en sus puestos y las tareas escolares, y comprender mejor sus implicaciones en la actuaci贸n de los maestros de barrios marginales.
La autonom铆a de los maestros como individuos que planifican las relaciones de trabajo y las actividades en sus aulas, se considera ilusoria. La l铆nea de autoridad que se extiende desde los comisarios estatales de la educaci贸n hasta los inspectores, directores de escuela, y los maestros y profesores, termina en el alumno que est谩 en el aula. Igual que en el resto de las burocracias, en el sistema educativo la relaci贸n de supervisi贸n es fundamental y vincula a los que est谩n en las diferentes posiciones.
A los maestros se les permiten pocas confianzas y poca autonom铆a en su trabajo. Se les exige que se acomoden a las demandas de una burocracia educativa sobre la que tienen un escaso control. Han de sujetarse a las reglas y disposiciones que otros han formulado para que pueda darse una soluci贸n est谩ndar a los problemas y un tratamiento equitativo a las personas de la escuela. Se les pide que enuncien estas reglas ante los alumnos y que las refuercen. Se les provee de informes escritos y disposiciones administrativas, decisiones y preceptos, que funcionan como l铆neas directrices de su conducta en el aula. Estos elementos, adem谩s de las instrucciones orales, establecen limitaciones cruciales a la independencia de los maestros en el aula. Adem谩s, los administradores intentan asegurarse de que los maestros cumplen sus obligaciones apropiadamente exigi茅ndoles por escrito registros sistem谩ticos, comunicaci贸n de informes, que pueden tambi茅n ser orales, sobre su desempe帽o y del de sus alumnos.
Otra limitaci贸n a la autonom铆a es que ellos no controlan ni poseen los medios y los materiales educativos. El tipo de aula, los libros y otros efectos que se les suministran son concertados por otras personas, y normalmente los maestros tienen poco que decir en esto.
Durante los primeros meses de su carrera como ense帽antes, los l铆mites burocr谩ticos de su autonom铆a en el aula se hacen bastante precisos. Los administradores toman medidas para instruirles sobre los rudimentos de su tarea, y de las formas adecuadas de comportarse como maestro.
El papel que desempe帽an los administradores escolares en la iniciaci贸n de los maestros tiene importantes efectos sobre su actuaci贸n en el aula, sobre su moral y sobre la incorporaci贸n o rechazo eventual del maestro por parte del sistema educativo. Los supervisores de las actividades de los maestros alimentan expectativas sobre las habilidades y conocimientos que estos deber铆an tener o adquirir; y en concordancia con esas expectativas eval煤an la actuaci贸n de los maestros en el aula y les acreditan para futuros puestos o contribuyen a apartarlos de la profesi贸n. Su papel en la aceptaci贸n o rechazo de los maestros es crucial.
Para los nuevos maestros de barrios marginales urbanos, la inducci贸n formal administrativa al rol de profesional es especialmente importante. Suelen tener dificultades a la hora de adquirir habilidades necesarias para atender satisfactoriamente a sus obligaciones educativas. La preparaci贸n formal para la ense帽anza no incluye generalmente conocimientos sobre las necesidades especiales de la pobreza urbana contempor谩nea. Aun teniendo esos conocimientos, la realidad cotidiana en estas escuelas puede provocar frustraciones imprevistas y un considerable estr茅s socio – psicol贸gico.
Las preguntas fundamentales sobre la iniciaci贸n formal a la ense帽anza son: ¿qu茅 reglas y disposiciones han de cumplir los maestros y han de hacer cumplir a sus alumnos? ¿cu谩les son las habilidades t茅cnicas que han de mostrar? ¿a qu茅 prop贸sitos sirven estas reglas y habilidades? ¿qu茅 importancia tienen en la evaluaci贸n y la aceptaci贸n del maestro por parte de sus supervisores? ¿cu谩l es la evidencia simb贸lica que indica que un profesor ha ido completamente aceptado por sus superiores? Las respuestas tienen importantes consecuencias para todos los maestros pero sobre todo para los que trabajan con alumnos con necesidades y problemas educativos especiales.

Las Reglas De La Socializaci贸n

Como todas las instituciones las escuelas tienen reglas y disposiciones que expresan y preservan las pautas acostumbradas de comportamiento que se esperan de los que participan en su vida. Estas pretenden capacitar a los estudiantes, maestros y administradores para el desarrollo de relaciones mutuas ordenadas, de forma que las actividades educativas de la escuela puedan llevarse a cabo con eficacia. El papel de la escuela como agencia formal por cuya mediaci贸n el ni帽o es socializado para la participaci贸n en la sociedad adulta otorga una justificaci贸n especial a las reglas escolares. En general se piensa que las reglas escolares son necesarias por su contribuci贸n al bienestar de la escuela y de la sociedad. Se cree que las anotaciones de “mala” conducta en la escuela son predictores de un mal comportamiento como adulto en el futuro.
En gran medida, las reglas que gobiernan la conducta social de la escuela han evolucionado a lo largo de generaciones, y est谩n tan asumidas que los educadores consideran inapropiado cuestionarlas. Cuando se cuestionan suele darse como respuesta que son necesarias para el bienestar del ni帽o o para los prop贸sitos educativos. Pero estas presunciones no han sido comprobadas y tienden a oscurecer la funci贸n de las reglas como garantes de las fronteras entre los que se encuentran en las diferentes posiciones de la burocracia educativa.
Los administradores tienen la responsabilidad de mantener en orden las relaciones en las escuelas. Como guardianes tienden a hacer hincapi茅 en la funci贸n de vigilancia del trabajo del maestro. Profesor y alumno pueden representar amenazas potenciales al funcionamiento tranquilo de la escuela.
Un aspecto importante de la iniciaci贸n formal de los maestros tiene que ver con las normas de conducta social que han de defenderse ante sus alumnos. Estas pretenden reforzar la posici贸n superior del maestro sobre los ni帽os. El dominio de los maestros no solo deriva de su estatus como adultos, sino tambi茅n por ser representantes del sistema educativo y detentar un estatus en la escuela. Se les ha dado una especial posici贸n de autoridad sobre los alumnos. La formaci贸n de los maestros est谩 dise帽ada para prepararlos para su trabajo como expertos adultos que han sido designados oficialmente para ense帽ar a ni帽os inexpertos y la pauta de las relaciones sociales en la escuela subraya y da expresi贸n a esta definici贸n del rol de maestro.
Tanto por su edad como por su formaci贸n los maestros son las autoridades socialmente definidas y aceptadas en el aula, y han de establecer y mantener pautas ordenadas de interacci贸n con los alumnos para poder impartir su conocimiento superior a los subordinados. Forman parte de la responsabilidad del maestro motivar a sus alumnos de forma que deseen aprender y controlar su conducta. Los alumnos, por su parte, deben acudir preparados para aceptar la autoridad de los maestros y realizar el trabajo escolar con arreglo a sus instrucciones.
Las reglas que gobiernan la conducta social en la escuela dan expresi贸n a las diferencias entre las posiciones del maestro y del alumno en el aula. Pero estas reglas no parten de los maestros, sino de sus superiores. El rol del maestro como valedor subordinado de las reglas queda claro en la iniciaci贸n formal que recibe para acceder a su trabajo.

El preludio para la ense帽anza

T铆picamente, la introducci贸n formal de los maestros a sus nueva posiciones comienza con una entrevista de orientaci贸n que ocupa varios d铆as antes del comienzo oficial del a帽o escolar. Es de destacar la ausencia de los alumnos. All铆 est谩n presentes los administradores escolares y otros especialistas, que se encuentran con los ne贸fitos en diversas reuniones formales.
La entrevista de orientaci贸n es una ceremonia ritual que versa sobre el peri贸do transicional en el que se encuentran los nuevos maestros. Han sido graduados en la instituci贸n de formaci贸n para la ense帽anza, pero aun no se han incorporado a los grupos de personas que forman parte de la escuela. Durante la orientaci贸n atraviesan un periodo de aprendizaje sobre el nuevo rol y ponen en pr谩ctica las relaciones interpersonales adecuadas que tal rol entra帽a.
En el ceremonial de las sesiones de orientaci贸n hay varios puntos de inter茅s. Se da en ellos una clarificaci贸n de la jerarqu铆a administrativa, de forma que los ne贸fitos aprenden los nombres y funciones que tienen un control de supervisi贸n sobre sus actividades. Y estos administradores ponen en pr谩ctica la funci贸n de supervisi贸n instruyendo a los maestros sobre la conducta que es adecuada para su puesto de trabajo. Esta formaci贸n incluye 贸rdenes espec铆ficas sobre c贸mo han de actuar los maestros ante los que tienen mayor autoridad que ellos, y tambi茅n ante los alumnos.
Se describen en detalle las reglas y disposiciones que cada cual ha de seguir en la escuela, y los procedimientos cuando dichas reglas se transgreden. Las regulaciones para la vigilancia de los alumnos tienen una importancia particular, especialmente las que se refieren a la salud, seguridad, asistencia y conducta. Adem谩s, se hace expl铆cito el rol de los maestros como personas que han de ajustarse por si mismas a las reglas y disposiciones, con objeto de transmitirlas despu茅s a los ni帽os. El tema principal es instruir al ni帽o de modo que acabe por acondicionarse a un ajuste autom谩tico con respecto al comportamiento esperado. De hecho, la “rutinizaci贸n” del ni帽o se contempla como un prerrequisito necesario para la situaci贸n de ense帽anza – aprendizaje en el aula.
Al orientar a los maestros hacia su nueva posici贸n, los administradores intentan facilitar su entrada por medio de un entrenamiento breve, pero intensivo, en los deberes y obligaciones que les son adscritos como transmisores de la cultura escolar.
Como miembros de la generaci贸n m谩s adulta del centro, los maestros tienen el deber de transmitir a la nueva generaci贸n las pautas de conducta que les capacitar谩n para convertirse en trabajadores satisfactorios. La mayor parte del tiempo que maestros y alumnos pasan juntos, en particular durante los primeros d铆as, se dedica a la formaci贸n de esas conductas.
La importancia que se da a la rutinizaci贸n del ni帽o con arreglo a f贸rmulas prescritas que el maestro ha de explicitar y hacer cumplir expresa los valores burocr谩ticos del sistema educativo, y asegura su continuidad.

El Maestro Como T茅cnico

En la escuela moderna, la instrucci贸n formal del aula viene siendo planeada por personas que se encuentran lejos de la clase real. Los maestros son t茅cnicos educativos que llevan a cabo la presentaci贸n de un curr铆culo definido por otros como educativamente v谩lido para que el ni帽o adquiera las habilidades requeridas por los adultos en nuestra sociedad.
Los aspectos t茅cnicos del trabajo del maestro se subrayan por las instituciones de formaci贸n a las que asisten y por su rol en el sistema educativo. El aprendizaje formal de los maestros les prepara como especialistas que ense帽an asignaturas espec铆ficas a los ni帽os de una edad espec铆fica.
En el sistema educativo, rara vez los profesores participan en la definici贸n oficial del curr铆culum o en la elaboraci贸n de la secuencia y procedimientos por cuya mediaci贸n tal curr铆culum ha de impartirse. Se espera de ellos que sigan las l铆neas directrices provistas por las autoridades de supervisi贸n. El curr铆culum formal se ofrece al maestro de modo pre – envasado mediante gu铆as curriculares, libros de texto y en algunos casos planes de lecciones que esquematizan cuidadosamente las actividades que los ni帽os habr谩n de realizar con arreglo a su edad y a su capacidad. El rol del maestro es poner en marcha en el aula las actividades prescritas y supervisar los trabajos de los alumnos de tal manera que puedan aprender las habilidades y adquirir el conocimiento que les capacitar谩 para emprender un trabajo aun m谩s dif铆cil el curso siguiente.
Una parte significativa de la iniciaci贸n administrativa de los profesores se dedica a instruirles sobre los procedimientos que habr谩n de seguir para que el ni帽o pueda ser educado con arreglo a los clich茅s del sistema escolar local. Estos clich茅s representan un dise帽o elaborado de la globalidad de los procesos educativos que afectan al conjunto de los ni帽os del sistema. Para que el programa est茅 completamente coordinado se supone que los maestros han de ejecutar sus tareas especializadas con eficacia y sin inferir en la tareas asignadas a los otros.

Lo que es imprescindible tener en el aula

En el sistema escolar urbano y en la teor铆a educativa, se considera que es muy importante para los maestros generar una buena atm贸sfera de trabajo en el aula, de manera que los objetivos puedan cumplirse. Las relaciones formales maestro – alumno son uno de los aspectos de este punto, que tambi茅n se expresa en los requerimientos que tratan de las ordenaciones del espacio f铆sico y de las pertenencias del aula.
Administrativamente, la clase ideal se percibe como aquella que refleja la situaci贸n de ense帽anza – aprendizaje. La ordenaci贸n f铆sica habr铆a de incluir “rincones de aprendizaje” para cada 谩rea curricular, tabl贸n de anuncios para la exhibici贸n de los materiales y trabajos de los alumnos relativos al curr铆culum, y adornos de diversa 铆ndole. Adem谩s, ciertos elementos relacionados con el control y las rutinas del aula habr谩n de situarse en lugares visibles. Los profesores tienen libertad pero existen ciertos tipos de decoraci贸n que son exigidos y especificados por las publicaciones oficiales de la junta de educaci贸n y por las directrices de los administradores.
La decoraci贸n del aula refleja gr谩ficamente el aprovechamiento de la clase. La demandas cambian en concordancia con el nivel acad茅mico, y a lo largo del a帽o la decoraci贸n del aula se transforma para reflejar los nuevos temas estudiados y las nuevas habilidades. Con frecuencia se instruye a los maestros para que sus tablones de anuncios est茅n “actualizados”, y sus supervisores les critican si no cumplen con esta instrucci贸n.

El plan de trabajo de la clase

Como supervisores de las tareas de los alumnos en el aula, los profesores han de ser competentes en las t茅cnicas de planificaci贸n del trabajo. Siguiendo las l铆neas educativas provistas por las autoridades que prescriben lo que ha de ser ense帽ado, se exige a los maestros que planifiquen y asignen el trabajo del aula conforme a los requerimientos generales que han sido especificados por los que se encuentran en posiciones de supervisi贸n superiores a las suyas. Estos requerimientos se ocupan de las asignaturas que han de ense帽arse, del tiempo de cada asignatura y las herramientas educativas utilizadas.
Para garantizar que cumplen con los requerimientos b谩sicos de la planificaci贸n de la clase, y para contar con un informe sobre las actividades se les pide que remitan a sus supervisores inmediatos planes de sus lecciones por adelantado. En intervalos regulares, el director recoge y examina los libros de planificaci贸n, realiza comentarios, los firma y los devuelve. Para guiar al maestro, el libro de planificaci贸n incluye la presentaci贸n de algunos de los elementos importantes a tomar en consideraci贸n en lo que respecta a esta tarea.
El libro de planificaci贸n del profesor ha de indicar la cobertura que prestar谩 a las materias que le han sido asignadas, una declaraci贸n detallada de los contenidos que ense帽ar谩, el modo en que lo har谩 y las herramientas educativas que emplear谩.
Las especificaciones de los planes de aula que han de utilizarse tornan expl铆cito el rol del maestro como un t茅cnico que pone en pr谩ctica las pol铆ticas formuladas por los que se encuentran en las posiciones directivas de la burocracia educativa. El rol del maestro consiste en supervisar el trabajo de los ni帽os de manera que se encuentre coordinado con el dise帽o educativo con el que se trata a los alumnos en el conjunto del sistema escolar. Este dise帽o da gran prioridad a la divisi贸n del curr铆culum en unidades temporales.
El modelo asigna una cantidad de tiempo a cada asignatura que ha de ense帽arse durante determinados periodos a lo largo de la semana. Tambi茅n se asigna a los alumnos tareas que han de ser cumplidas en un tiempo dado, y el profesor supervisa su trabajo intentando que los alumnos no se salgan del programa. Se considera que los alumnos carecen de motivaci贸n para el trabajo escolar, de modo que es deber del profesor motivarlos. A los alumnos que cumplen con una cantidad de tareas que supera la media se los env铆a a clases de “enriquecimiento”, donde se les asigna tareas extraordinarias. A los que habitualmente se muestran incapaces para cumplir con la cantidad media de trabajo se los sit煤a en clases para ni帽os “lentos” y se les asigna menos tarea.
Aunque se ofrecen variaciones en el n煤mero de tareas y asignaturas que se asigna a los alumnos de acuerdo con su edad y capacidades, estas se producen en el marco de un curr铆culum estandarizado que ha de ser seguido por todos.
Las ceremonias que tienen por objeto rutinizar al ni帽o constituyen el preludio de las ceremonias orientadas a la ense帽anza formal. A trav茅s de los rituales de preparaci贸n de los libros de planificaci贸n y decoraci贸n de sus aulas con arreglo a las expectativas de sus supervisores, los profesores ponen en pr谩ctica su papel como subordinados en la escuela. Al tiempo, se reafirman la posici贸n subordinada del alumno, que ha de responder a los est铆mulos educativos que le proporcionan los otros realizando las tareas que se les exigen de manera que les son requeridas. La iniciaci贸n del profesor al rol burocr谩tico tiene importantes consecuencias para la iniciaci贸n de los alumnos en sus propios roles.

S铆mbolos De Supervisi贸n Del 脡xito

Las relaciones formales entre maestros y alumnos han de expresar el rol subordinado de estos 煤ltimos. Los recursos f铆sicos, el mobiliario y las herramientas educativas de cada clase han de presentar una imagen visual del trabajo del aula conforme 茅ste progresa constantemente a lo largo del curso acad茅mico. Los planes escritos sobre las lecciones han de indicar que las actividades del aula se siguen con arreglo a los objetivos del sistema educativo.
Las l铆neas directrices que se ofrecen a los maestros para que gobiernen sus rutinas cotidianas en el aula, sirven tambi茅n como criterios por medio de los cuales los supervisores eval煤an sus actuaciones. Por observaciones formales e informales de los nuevos maestros, los administradores intentan evaluar sus puntos fuertes y d茅biles. Intervienen a menudo en los acontecimientos del aula e intentan contribuir a que la actuaci贸n del profesor se cumpla de acuerdo con el modelo educativo establecido. Dichas intervenciones inciden en los sentimientos de 茅xito o fracaso que los nuevos maestros experimentan como consecuencia de la reacci贸n del supervisor ante su tarea.
En el sistema educativo, la conducta social formal que se exige de los alumnos y profesores, las decoraciones del aula y las actividades de trabajo, y los libros de planificaci贸n son solo tres signos visibles que desempe帽an un papel importante en el establecimiento y mantenimiento de las relaciones de supervisi贸n y en la explicitaci贸n del hecho de que el personal docente y los alumnos de la escuela local se hallan en conjunci贸n con otros elementos del sistema escolar en su labor educativa. Un examen de su funci贸n simb贸lica en la evaluaci贸n del profesor aumentar谩 la comprensi贸n de los modos por medio de los cuales se le inicia a la burocracia educativa.

El control de la clase

Ya hemos descrito la prioridad que se da a la socializaci贸n para posibilitar el trabajo en el aula. No es sorprendente que los supervisores observen con regularidad a los maestros para evaluar su capacidad de control sobre el comportamiento.
La presi贸n continua que ejercen los administradores para que los maestros controlen la conducta de sus alumnos es evidente.
El indicador de 茅xito m谩s importante para un maestro es tener una clase cuyos alumnos sigan pautas ritualistas y elaboradas de conducta que expresen su posici贸n subordinada. Entre ellas se incluyen tipos formalizados de posturas y movimientos, respuestas verbales y trabajos escritos. Los observadores de la administraci贸n utilizan la presencia o ausencia de estas formas ritualizadas de conducta en los alumnos como s铆mbolos de una actuaci贸n adecuada o inadecuada del profesor. La creencia com煤n es que la ense帽anza formal no puede llevarse a cabo a menos que los alumnos guarden ante el maestro la deferencia que les es dictada por las normas formales de la escuela. Esta creencia puede conducir a subrayar de tal manera la evaluaci贸n de la actuaci贸n de los maestros con arreglo a la evidencia visible de su control sobre la conducta de sus alumnos, que se pasen por alto otras circunstancias. No se concede importancia a la habilidad para controlar el contenido disciplinar de las asignaturas y para producir reacciones entusiastas por parte de los alumnos y respuestas adecuadas a sus necesidades f铆sicas.

Tener la clase bonita

Un segundo indicador es el aspecto que ofrece el aula. Los administradores inspeccionan peri贸dicamente las clases para determinar si los maestros han preparado o no los tipos de decoraci贸n necesarios para que la clase cumpla con los objetivos educativos.
El cambio necesario de los tablones de anuncios con el paso del tiempo y su inspecci贸n regular se hacen evidentes.
La decoraci贸n y preparaci贸n del aula en la presentaci贸n de una imagen favorable no es un asunto exclusivo de las relaciones entre el maestro y el supervisor. Este tema tambi茅n implica a las relaciones p煤blicas. Cuando se invita a los padres a visitar el centro para la “semana de la escuela abierta” o cuando vienen los responsables educativos que est谩n fuera de la escuela, los maestros se ven particularmente apremiados para “preparar sus aulas” y para mostrar con claridad los signos del 茅xito.
La exposici贸n de las actividades de la clase busca presentar el aula ideal, en la que los ni帽os realizan un progreso
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La Lecci贸n Escolar Como Situaci贸n Social

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Introducci贸n

En primer lugar se tratan algunos puntos generales:
  1. Los aspectos sociales y acad茅micos de la estructuraci贸n de la tarea en clase como 谩mbitos de aprendizaje.
  2. El rol de la regulaci贸n del tiempo en la organizaci贸n acad茅mica y social de la interacci贸n en clase.
  3. La pautaci贸n cultural de la interacci贸n.
  4. La incidencia de los tres aspectos anteriores en la comprensi贸n que podamos tener del comportamiento relativo a ense帽ar y aprender en cuanto a socializaci贸n.
En segundo lugar se presentan ejemplos espec铆ficos.
Y por 煤ltimo una discusi贸n sobre la implicaci贸n socioling眉铆stica y pedag贸gica del esquema de referencia y an谩lisis que considera a las distintas clases impartidas en la escuela como encuentros, y contempla la interacci贸n que se lleva a cabo en ellas como una variaci贸n de situaciones sobre temas socioculturales generales.

Entornos De La Tarea De Aprendizaje

Los profesores y los alumnos implicados en una clase recurren simult谩neamente a dos bloques de conocimiento sobre el procedimiento a seguir:
  • Conocimiento de la estructura de la tarea acad茅mica (ETA): conjunto reglado de limitaciones estipulado por la l贸gica de la distribuci贸n temporal del contenido de la materia en cada clase.
  • Conocimiento de la estructura de participaci贸n social (EPS): conjunto reglado de limitaciones en cuanto al reparto de los derechos y deberes de los distintos miembros que interact煤an en el grupo.
La ETA rige la secuencia l贸gica de los “pasos” dados por el profesor y alumnos en lo que se refiere a la instrucci贸n. Existen al menos cuatro aspectos a definir en lo que se refiere al entorno de la tarea acad茅mica en una clase:
  1. La l贸gica de la sucesi贸n temporal de la materia.
  2. El contenido informativo de los distintos pasos sucesivos.
  3. Las indicaciones del “meta – contenido” sobre los distintos pasos y estrategias para completar la tarea.
  4. Los materiales f铆sicos a trav茅s de los cuales se manifiestan las tareas y sus componentes y con los que se llevan a cabo esas tareas.
Estos cuatro aspectos reunidos suponen la estructura de la tarea acad茅mica de la clase como 谩mbito de aprendizaje.
La EPS rige la secuencia y la articulaci贸n de la interacci贸n. Supone la existencia de m煤ltiples dimensiones en el agrupamiento para la interacci贸n, seg煤n las cuales se divide el trabajo de interacci贸n en distintos roles comunicativos articulados, por ejemplo roles de oyentes frente a roles de hablantes. Al considerarla como un modelo en su totalidad, una estructura de participaci贸n se puede entender como la configuraci贸n de todos los roles de todos los participantes en un evento de interacci贸n. Algunos de los aspectos de estas relaciones de rol conllevan pautas en lo referente al intercambio de turnos de palabra entre compa帽eros que interact煤an, vinculan desde el punto de vista sem谩ntico pares de turnos en secuencias pregunta – respuesta, y coordinan el comportamiento del oyente relacion谩ndolo con el del hablante.
Paralelos a los cuatro aspectos del 谩mbito de la tarea acad茅mica de una clase, tenemos cuatro en el 谩mbito de la tarea social:
  1. Las barreras sociales de acceso a personas y otras fuentes de informaci贸n durante las clases.
  2. El reparto de derechos y deberes de comunicaci贸n entre los diversos miembros en interacci贸n.
  3. La secuencia y distribuci贸n temporal de los diversos “intervalos” funcionales en la interacci贸n.
  4. Las acciones simult谩neas de todos los implicados en la interacci贸n durante las clases.
Los cuatro unidos muestran la EPS de la clase como un entorno de aprendizaje.
Los aspectos de la EPS han sido estudiados por analistas de la conversaci贸n y por etn贸grafos de la comunicaci贸n. Estos trabajos asumen la definici贸n de Weber de lo social en t茅rminos de la acci贸n que tiene en cuenta las acciones de los dem谩s. La acci贸n social se distingue del comportamiento social en que se articula con y se orienta a lo que otros hacen en el lugar de la acci贸n, as铆 como a lo que los dem谩s puedan estar haciendo fuera de ese lugar concreto. Los momentos de las interacciones sociales son encuentros: agrupaciones centradas en lo que los otros est谩n haciendo all铆. La frontera entre el encuentro y el mundo exterior no es impermeable; las influencias externas penetran en 茅l. Pero la acci贸n que se desarrolla dentro del encuentro tiene vida propia. Es, al menos en parte, inmediatamente social. Se trata del lugar en donde se realiza la “producci贸n local”; la acci贸n situada en su localizaci贸n inmediata.
En los encuentros, las acciones de los distintos miembros que interact煤an se articulan en formas inmediatamente sociales secuencial y simult谩neamente. Las acciones rec铆procas se articulan en secuencia, por ejemplo en pares de pregunta – respuesta. Las acciones complementarias se articulan de forma simult谩nea, por ejemplo, en las respuestas por parte del oyente a modo de asentimiento que se puede producir al mismo tiempo que el discurso del hablante. As铆, a una acci贸n que sea inmediatamente social se la considera absolutamente cooperativa e interdependiente.
Las caracter铆sticas de simultaneidad y secuencia de la organizaci贸n social de la interacci贸n en las aulas han sido un aspecto investigado recientemente. Solo los autores de las 煤ltimas investigaciones han comenzado a considerar conjuntamente los aspectos social y acad茅mico de la clase. Ello es necesario si queremos desarrollar una teor铆a de la interacci贸n de la ense帽anza y el aprendizaje en acontecimientos sociales que son entornos de aprendizaje en los que se interact煤a.
Los investigadores orientados hacia la socioling眉铆stica se han centrado en el estudio de la estructura de participaci贸n social de las clases, mientras que los investigadores del curr铆culum y los psic贸logos cognitivos se han ocupado de la estructura de la tarea acad茅mica. Ambos aspectos de la organizaci贸n deben ser considerados como mutuamente constitutivos. Mehan lo expresa as铆: para que un alumno d茅 una respuesta correcta en clase, la respuesta debe ser “correcta” en su contenido acad茅mico y en su forma social.

Tiempo Y Secuencia En La Coordinaci贸n De La Interacci贸n Social

Si la interacci贸n cara a cara es una empresa cooperativa, producida “localmente” en funci贸n de las acciones situadas de forma local y de sus significados, entonces los miembros que interact煤an deben disponer de medios para el establecimiento y mantenimiento de la interdependencia en su acci贸n colectiva. Estos medios pueden ser pautas de segmentaci贸n y distribuci贸n del tiempo en la ejecuci贸n del comportamiento verbal y no verbal. Las pautas funcionan como un sistema de se帽ales mediante el cual los participantes que interact煤an pueden decirse mutuamente lo que est谩 sucediendo momento a momento.
Las se帽ales son tanto impl铆citas como expl铆citas. Pueden comunicar informaci贸n sobre un momento del pasado, el presente o el pr贸ximo momento. Podemos encontrar las se帽ales expl铆citas en el significado literal (contenido referencial) de la conversaci贸n.
En las clases, parte de esta orientaci贸n se hace de forma expl铆cita al hablar. Con frecuencia la conversaci贸n tiene que ver con el contenido de la materia y con la ETA
Las se帽ales que indican una etapa secuencial determinada en la lecci贸n se pueden incluso formular de forma muy expl铆cita. Las formulaciones expl铆citas se pueden producir muy al comienzo de la lecci贸n. El mismo tipo de orientaci贸n hacia la posici贸n de la secuencia en una lecci贸n tambi茅n se puede indicar mediante elipsis. Las se帽ales el铆pticas se pueden usar satisfactoriamente gracias a la familiaridad con las rutinas secuenciales en el procedimiento del aula.
La se帽alizaci贸n de la posici贸n de la secuencia tambi茅n se hace de forma expl铆cita. Esta funci贸n se puede llevar a cabo mediante las palabras y mediante la sintaxis, y tambi茅n con se帽ales no verbales y paraling眉铆sticas.
La indicaci贸n retrospectiva y prospectiva impl铆cita tambi茅n se puede realizar mediante pautas llamadas “suprasegmentales” de comportamiento no verbal paraling眉铆stico; se denominan as铆 porque se sustentan en unidades sint谩cticas y fonol贸gicas menores dentro de la cadena del habla. Los cambios en la postura y la distancia interpersonal marcan con frecuencia el fin de la unidad del discurso (tono, intensidad, volumen, tempo) tambi茅n pueden indicar la finalizaci贸n de una serie conectada de “trozos” de discurso.
Gumperz utiliza el t茅rmino de indicios de contextualizaci贸n para referirse a todos los medios de la estructura superficial mediante los cuales se indica la forma interpretativa y la intenci贸n comunicativa. Los procedimientos de indicaci贸n de la contextualizaci贸n se aprenden y su uso es compartido dentro de las comunidades. Los indicios de tipo general se refieren a diversos contextos de interpretaci贸n, no solo a los aspectos del contexto secuencial que se han discutido aqu铆, sino tambi茅n a otros aspectos del contexto. Entre 茅stos se incluyen la codificaci贸n de la iron铆a, la sinceridad, la cortes铆a y el entramado de actividades del habla basadas en conjuntos conectados de funciones comunicativas.
Tannen y Gumperz asumen que el contexto no se da simplemente en el escenario de la acci贸n. El escenario es demasiado complejo y amplio como para ser informativo por si mismo. Los participantes han de se帽alizar y sostener constantemente los rasgos espec铆ficos del contexto a trav茅s del comportamiento comunicativo. Los indicios se manifiestan en muchos niveles de organizaci贸n del habla y del comportamiento no verbal, en la sintaxis, en el vocabulario, en el registro estil铆stico del habla, en la prosodia, en el movimiento corporal, en la mirada, en las posturas y en la distancia interpersonal.
La habilidad para “leer” el sistema de se帽ales de la contextualizaci贸n es un aspecto crucial de la competencia comunicativa; la indicaci贸n de la contextualizaci贸n y los procesos de inferencia mediante los cuales se leen esos indicios son un requisito fundamental para llevar a cabo la comunicaci贸n, si 茅sta ha de ser no solo inteligible, sino adecuada y efectiva en su uso.
Los aspectos particulares de esa indicaci贸n de la contextualizaci贸n que quiero destacar aqu铆 son:
  1. La se帽alizaci贸n del lugar secuencialmente funcional del momento presente, as铆 como del que va a venir a continuaci贸n.
  2. La se帽alizaci贸n de la localizaci贸n en el tiempo real de los momentos presente y pr贸ximo.
Hemos revisado la importancia que tiene, par la asociaci贸n en interacci贸n, que todos los participantes en un suceso de interacci贸n puedan referirse a los “intervalos” secuencialmente funcionales seg煤n el suceso se va desarrollando. Esto es importante tanto por lo que respecta a los intervalos inmediatamente contiguos (como sintagma verbal y nominal en una oraci贸n), como en los pares de preguntas y respuestas al hablar. Tambi茅n es importante saber donde se est谩 en la secuencia de “p谩rrafos” mayores, es decir, en los conjuntos conectados de intervalos funcionales a niveles jer谩rquicamente m谩s altos de organizaci贸n secuencial (por ejemplo saber cuando se ha llegado al final de un “conjunto tem谩ticamente relevante” de pares de preguntas y respuesta unidas sem谩nticamente dentro de una lecci贸n, saber que la fase preparatoria de la lecci贸n est谩 terminando y que la fase instrumental va a comenzar)
Estas cuestiones de la ordenaci贸n de los intervalos y los p谩rrafos funcionales y secuenciales definen el tiempo del “ahora” y del “momento siguiente”, d谩ndoles un sentido especial: el del tiempo estrat茅gico frente al tiempo de reloj.
Los antiguos griegos distingu铆an entre tiempo estrat茅gico y de reloj. El primero se llamaba kairos, el tiempo correcto. El segundo, chronos, el tiempo de duraci贸n literal, medible mec谩nicamente. Hall hace una distinci贸n similar llamando kairos tiempo formal y chronos tiempo t茅cnico.
En la interacci贸n cara a cara, el kairos y el chronos deben estar claros para los participantes. Deben poder anticipar que un intervalo funcionalmente significativo se va a producir en el momento siguiente; tambi茅n deben poder anticipar el punto concreto en el tiempo real en el que puede producirse el momento funcional siguiente. Esto se hace a trav茅s de indicios de contextualizaci贸n especiales, que forman pautas de lo que puede llamarse prosodia verbal y no verbal. Los puntos de 茅nfasis en la cadena del habla –cambios en tono, volumen y tempo, comienzo y final de las unidades sint谩cticas- se producen a intervalos regularmente peri贸dicos. Los puntos de 茅nfasis en la cadena de comportamiento no verbal coinciden con lo de la cadena del habla o sustituyen al medio verbal al marcar el “siguiente” intervalo r铆tmico en la serie. Estos puntos de 茅nfasis se producen con cambios en la direcci贸n y movimientos de las manos, de la cabeza, miradas o sus desviaciones, cambios de postura y distancia interpersonal. Teni茅ndolos en cuenta en su conjunto en los canales verbal y no verbal, estos puntos de 茅nfasis ponen de relieve un ritmo de interacci贸n que es casi metron贸mico.
En resumen, se utilizan los mismos medios comunicativos para marcar tanto el contenido sem谩ntico, con sus intervalos secuenciales de organizaci贸n del kairos, como la forma r铆tmica, que consiste en periodos regulares de organizaci贸n del chronos.

La Improvisaci贸n Como Acci贸n Estrat茅gicamente Adaptativa En Clase

Aunque la capacidad de predicci贸n del kairos y el chronos define las oportunidades potenciales para la acci贸n social por parte del profesor y de los alumnos en las lecciones, las oportunidades reales surgen no s贸lo en los momentos y lugares funcionales que es posible determinar formalmente, sino de forma fortuita en momentos y lugares que no se pueden determinar. La raz贸n est谩 en que las lecciones en la escuela, consideradas como un 谩mbito para la ense帽anza y el aprendizaje, son ocasiones sociales que vienen caracterizadas por lo fortuito. En t茅rminos de la etnograf铆a del habla, las lecciones est谩n a mitad de camino en el continuum entre lo altamente ritualizado, los sucesos del habla como f贸rmulas, y los sucesos del habla altamente espont谩neos. En t茅rminos de la teor铆a social y de la socializaci贸n, las lecciones son de inter茅s especial porque son an贸malas respecto a los paradigmas de cualquiera de los dos extremos te贸ricos, el del determinismo psicol贸gico o social y el del contextualismo.
Las lecciones son ocasiones para la ense帽anza y el aprendizaje. Son lugares limitados y especialmente truncados, pues se trata de situaciones en las que se sabe que se cometer谩n errores y que habr谩 correcciones y ayuda.
Los errores son inevitables, ya que los alumnos son aprendices. La oportunidad de aprender es la oportunidad de cometer errores. Adem谩s, los errores del alumno le dan al profesor la oportunidad de ense帽ar. Una vez identificado el nivel de conocimiento del alumno el profesor deber铆a ser capaz de ajustar el ambiente de aprendizaje de la lecci贸n y acomodarlo al alumno.
Se pueden hacer ajustes en las dos dimensiones de la clase como entorno de aprendizaje (ETA y EPS) o en cualquiera de las dos dimensiones por separado. La ETA se puede simplificar disminuyendo el nivel de dificultad en una cuesti贸n dada. La EPS tambi茅n se puede simplificar reordenando los derechos de hablar y escuchar. No s贸lo se pueden simplificar la tarea cognitiva general de la clase para los ni帽os simplificando la ETA y la EPS, sino que los cambios en la estructura de participaci贸n social pueden proporcionarle al profesor oportunidades para diagnosticar con m谩s detalle la capacidad de aprendizaje del ni帽o. Cambiar la EPS para permitir que el ni帽o responda siguiendo lo dicho por otro ni帽o o por el profesor, proporciona al profesor observaci贸n a lo que Vygotsky denominaba zona de desarrollo pr贸ximo (ZDP).
Las preguntas directas en las clases son una forma de penetrar en lo que el ni帽o sabe o no sabe individualmente. Para los occidentales la existencia de la lecci贸n en interacci贸n, como suceso de habla, presupone que es necesario que el profesor haga preguntas directas a los ni帽os porque no sabe si conocen la informaci贸n anterior que se est谩 revisando o la nueva que se le va a ense帽ar.
La paradoja es que los diversos errores de los alumnos al contestar pueden provocar el caos en el mantenimiento de una estructura coherente de la tarea social y acad茅mica en la clase. Los errores de contenido en la ETA pueden provocar problemas en el mantenimiento de la EPS. Los errores de contenido acad茅mico que son correctos en su forma social (EPS) pueden crear problemas en la ETA. A la inversa, los errores en la EPS pueden da帽ar a la ETA. Por todo esto, las clases son hechos del habla que se caracterizan por la presencia de frecuentes deslices cognitivos y de interacci贸n y, por lo mismo, de frecuentes acciones de recomposici贸n.
Cuando se comparan las lecciones con otros sucesos del habla seg煤n el esquema comparativo de la “etnograf铆a del modelo del habla” de Hymes, las clases se sit煤an en un punto intermedio entre la espontaneidad informal y el ritual formal.
La clase, como hecho de habla, se sit煤a a mitad de camino entre la misa cat贸lica y el serm贸n evang茅lico con participaci贸n de la audiencia. Algunos aspectos de la estructura de la tarea acad茅mica de una clase est谩n m谩s predeterminados que el contenido del serm贸n del predicador evangelista; las limitaciones sobre el contenido de las respuestas de los alumnos son, sin embargo, menores que las de la audiencia del predicador. Pero su estructura de participaci贸n social recuerda al serm贸n evangelista m谩s que a la misa en que los turnos no est谩n totalmente establecidos de antemano y en que el contenido de lo que dice el profesor y los alumnos no est谩 completamente especificado con anterioridad, aunque en su mayor parte est茅 influido por las normas culturales que prevalecen fuera de la situaci贸n de uso. La lecci贸n se parece al serm贸n en la estructura de la tarea acad茅mica porque se lleva a cabo siguiendo un plan medianamente especificado. Al igual que en cualquier reuni贸n y conversaci贸n cotidiana, la clase tambi茅n se organiza alrededor de unos principios operantes bastante generales. Por tanto, la clase est谩 moderadamente abierta a lo fortuito e incluye principios de organizaci贸n local en la producci贸n de la interacci贸n.
Los participantes en la clase pueden beneficiarse de las normas culturales comunes de interpretaci贸n y actuaci贸n, que ayudan a definir los puntos de la estructura, y tambi茅n pueden estar abiertos a las circunstancias 煤nicas del suceso fortuito. Esta combinaci贸n de lo local y lo no local en la organizaci贸n de la actuaci贸n permite a la lecci贸n realizarse como improvisaci贸n. La combinaci贸n de lo predeterminado y las f贸rmulas que siguen ciertas dimensiones de organizaci贸n, junto con la apertura hacia la variaci贸n seg煤n otras dimensiones, permite la improvisaci贸n.
Considerando la lecci贸n desde el punto de vista dela teor铆as de la sociedad y la socializaci贸n es importante conservar la noci贸n de que la lecci贸n es un encuentro, una ocasi贸n social parcialmente limitada, que est谩 influida por normas culturales y mantiene dentro de su entramado algo de vida propia.
Una perspectiva de este tipo evita los extremos del determinismo psicol贸gico o social y del contextualismo radical. En las teor铆as funcionalistas y deterministas de la sociedad, la cultura y la educaci贸n (como la de Durkheim) no cabe la elecci贸n humana. El modelo es un individuo hipersocializado que ha aprendido a representar cada escena social. Tambi茅n en las teor铆as psicol贸gicamente deterministas siguen un modelo hipersocializado similar. Tanto los deterministas socioculturales como los psicol贸gicos sit煤an las causas fundamentales de la acci贸n individual fuera del escenario inmediato de la acci贸n. Presuponen un individuo que est茅 casi totalmente preprogramado por la experiencia previa; un “adicto cultural” que funciona como un robot. La socializaci贸n es un proceso de ida en un mundo sin libertad.
En la posici贸n del contextualismo radial las circunstancias inmediatamente locales de producci贸n son tan fundamentales que se excluye la relevancia, si no la posibilidad, de influencias no locales. En esta teor铆a no hace falta la socializaci贸n. Todo se puede explicar d谩ndole sentido en el escenario moment谩neo e inmediato de la acci贸n. Esta posici贸n te贸rica conduce al solipsismo. En un mundo as铆, no hay opresi贸n ni libertad, porque no hay individuo ni sociedad, solo la interacci贸n de cada momento; no se dan oportunidades de elecci贸n con consecuencias que vayan m谩s all谩 del momento y el escenario inmediato.
Ambos extremos son insostenibles como fundamento de una teor铆a de la educaci贸n, que debe presuponer al menos tres niveles de organizaci贸n:
  1. La sociedad y la cultura en general.
  2. Las situaciones espec铆ficas.
  3. Los individuos espec铆ficos.
y ciertos procesos de relaci贸n entre estos niveles, uno de los cuales es la socializaci贸n. Abogamos por un t茅rmino medio entre los dos extremos: una v铆a que preserve la integridad de cada nivel de organizaci贸n en su justa medida y nos permita considerar la socializaci贸n como un proceso de dos direcciones.
Esto nos permite formular una teor铆a de las lecciones como encuentros educativos; situaciones parcialmente limitadas en las que los profesores y alumnos siguen “reglas” culturalmente normativas y previamente aprendidas, pero tambi茅n situaciones de innovaci贸n en que unos y otros construyen nuevos tipos de sentidos al adaptarse a las circunstancias fortuitas del momento. Los alumnos son considerados participantes activos de este proceso y no simples receptores pasivos de las condiciones externas. Los profesores y alumnos est谩n inmiscuidos en la praxis, improvisando variaciones situacionales y descubriendo, a veces, nuevas posibilidades para el aprendizaje y para la vida social.

Visi贸n General

A continuaci贸n presentan una serie de extractos de una clase de matem谩ticas en una aula de primer curso.
Ayuda a ver algunas relaciones entre la l贸gica de la exposici贸n de la materia (ETA) y la organizaci贸n social del discurso (EPS). Primero se presenta el tipo de tarea acad茅mica menos dif铆cil desde un punto de vista cognitivo, y despu茅s el tipo m谩s dif铆cil. Las tareas sociales tambi茅n difieren. El rol del que pregunta es diferente del que responde en los dos tipos de tareas y ambos roles son tambi茅n diferentes de un tipo de tarea al otro.
El modelo formal es profundamente insuficiente como gu铆a para la acci贸n pr谩ctica en la actuaci贸n real de la clase. Para “lograr terminar” las partes A y B en la puesta en pr谩ctica real, es necesario que se de una coordinaci贸n entre las acciones complementarias (simult谩neas) y rec铆procas (sucesivas) de la maestra y el alumno en cada momento. En el modelo pr谩cticamente no aparece esta coordinaci贸n. En primer lugar, el modelo supone que el alumno solo responder谩 correctamente. En segundo, el modelo supone que no hay otros actores en la escena mas que profesora y un alumno. Finalmente no dice nada del car谩cter del tiempo real de la puesta en pr谩ctica como una sucesi贸n de “momentos que vienen a continuaci贸n”, cruciales desde el punto de vista estrat茅gico. Las partes A y B y sus secuencias constituyentes son momentos en el tiempo real con distintas exigencias pr谩cticas, a menudo fortuitas a cada instante, seg煤n el contexto de la acci贸n en ese momento.
La formalizaci贸n, por si misma, acaba con esta ambig眉edad y suspense que se dan en el momento de actuaci贸n, pero esto es enga帽oso. En la parte A, por ejemplo, la secuencia r铆tmica y la continuidad de la entonaci贸n en el discurso del que responde son “pistas” convencionales desde un punto de vista cultural que nos “dicen” que lo que se est谩 produciendo son unidades de una lista conectada.
Los profesores y los alumnos improvisan, y sus desviaciones del orden formal e ideal no se pueden considerar como errores fortuitos sino que se caracterizan mejor como una adaptaci贸n a las exigencias del momento; son acciones que tienen sentido dentro de un contexto adecuadamente especificado.

Al examinar una serie de ejemplos de la ejecuci贸n de una secuencia corta de una lecci贸n se obtiene un modelo ideal subyacente. El modelo pone de relieve algunos aspectos relevantes de la EPS y de la ETA, lo que puede denominarse la estructura de la tarea social y acad茅mica. Pero al observar detenidamente la ejecuci贸n de un ejemplo dentro de la secuencia de la clase, se ve que generalmente discrepa en algunos aspectos de la organizaci贸n espec铆fica del modelo general inferido. Si no consideramos estas discrepancias como un error aleatorio (una variaci贸n libre), existen al menos dos opciones:
  1. Elaborar la formalizaci贸n del modelo estableciendo un sistema incorporado de normas opcionales, o
  2. Asumir que lo que est谩 ocurriendo es una variaci贸n adaptativa, espec铆fica con respecto a las circunstancias inmediatas de la acci贸n pr谩ctica en el momento de actuaci贸n.
El autor ha tomado el segundo camino. Ha desarrollado el an谩lisis interpretativo de los ejemplos de la clase para argumentar que las discrepancias en relaci贸n con el modelo ideal representan una acci贸n de adaptaci贸n conducida, en la mayor铆a de los ejemplos, por la profesora. Puesto que el discurso en la clase, como toda interacci贸n cara a cara, se produce conjuntamente conforme los diversos actores del acontecimiento act煤an teniendo en cuenta las acciones de los dem谩s, las variaciones elegidas por la profesora tienen consecuencias en lo que los alumnos hacen y viceversa.
Tambi茅n ha intentado mostrar como los cambios adaptativos en la estructura de la tarea acad茅mica tienen consecuencias para la estructura de la participaci贸n social y viceversa.
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