Definición de economía

Definición de economía

El significado sustantivo de economía: Deriva de la dependencia que para la subsistencia se tiene respecto a los demás humanos y a la naturaleza; es pues, el intercambio social y natural el que proporciona los medios para satisfacer las necesidades materiales. Se rige por la realidad y por las leyes de naturaleza; ésta, proporciona los llamados «bienes libres» como el aire o el pescado. Es este significado el que usan las Ciencias Sociales para la investigación de los sistemas económicos empíricos del pasado y del presente.
El significado formal de economía: es la relación existente entre fines y medios limitados, susceptibles de usos alternativos. Se rige por la lógica o raciocinio, que determina qué medios, siempre insuficientes, se van a elegir para obtener la satisfacción de una necesidad determinada.
Estas dos definiciones de economía no son compatibles. Los antropólogos subrayan el hecho de que las motivaciones para producir, intercambiar y consumir bienes y servicios están modeladas por las tradiciones culturales.

El intercambio

La mayor parte de lo que es producido por el trabajo humano se distribuye mediante el intercambio. El intercambio se refiere a la práctica de dar y recibir objetos y servicios valiosos. Sin embargo las pautas de intercambio difieren claramente segÚn las culturas. Los antropólogos (Karl Polanyi) han distinguido tres tipos principales de intercambio: el recíproco, el retributivo y el de mercado.

Los intercambio recíprocos

En este tipo de intercambio, el flujo de bienes y servicios no depende de un contraflujo definido. Es decir, los asociados toman segÚn su necesidad y devuelven sin que exista una regla que determine valor, cantidad o tiempo ni devolución inmediata. Se da en sociedades preestatales organizadas en bandas y aldeas. Así, los !kung se reparten lo cazado y recolectado entre todos los miembros de su aldea, aunque algunos hayan podido pasar el día durmiendo.
En alguna forma, el intercambio recíproco se da en todas las culturas: los jóvenes de la sociedad occidental no pagan a sus padres por la comida y alojamiento. Los regalos son también normales en estas sociedades, bajo las formas de obligaciones de parentesco y de obligaciones de hospitalidad.

La reciprocidad y los gorrones

Como todos sabemos por la experiencia de recibir regalos si en alguna mediad un individuo no cumple con los deberes de reciprocidad se produce de hecho una sensación de malestar. Los «gorrones» no gozan de las simpatías de nadie. En economía, dominadas por la reciprocidad, el intercambio claramente asimétrico tampoco pasa desapercibido.
Mecanismos específicos que obliguen a los deudores a saldar la cuenta no existen, pero si hay sutiles sanciones para impedir que existan consumados gorrones. La conducta de este estilo genera una corriente soterrada y permanente de desaprobación. Los gorrones acaban recibiendo sanciones colectivas, pueden ser objeto de reacciones violentas porque se sospeche que están embrujados o que han embrujado a otros mediante hechizos (chamanes).
Lo que distingue, pues, al intercambio recíproco no es, simplemente que se regalen productos y servicios sin ningún pensamiento o expectativa de devolución sino más bien que:
  1. No hay ninguna devolución inmediata; 
  2. No se efectúa ningún calculo sistemático del valor de los servicios y productos intercambiados; y 
  3. No se reconocen abiertamente este tipo de cálculos ni la necesidad de que la balanza acabe nivelándose.
Ninguna cultura puede confiar exclusivamente en sentimientos meramente altruistas para conseguir que sus bienes y servicios sean producidos y distribuidos. Pero en las bandas y en las sociedades de aldeas preestatales los bienes y servicios se producen y se intercambian recíprocamente en una forma que evita las nociones de balance, deuda u obligación.

La reciprocidad y el comercio

Incluso los cazadores y recolectores desean objetos de valor, tales como sal, sílex, obsidiana, ocre rojo, cañas y miel, que son producidos o controlados por grupos con los que no tienen ningún lazo de parentesco. Entre pueblos organizados en bandas y aldeas, las transacciones económicas entre individuos no emparentados se basan en el supuesto de que todos los «extranjeros» trataran de salir ganando en intercambio mediante argucias y hurtos. Como consecuencia es probable que las expediciones comerciales sean extremadamente peligrosas y guarden cierto parecido con partidas de guerra.
Un mecanismo interesante para facilitar el comercio entre grupos distantes se denomina comercio silencioso. Los objetos a intercambiar se exponen en un calvero y el primer grupo se retira de la vista. El otro grupo sale de su escondite, inspecciona las mercancías y deposita los productos que estima son un articulo de intercambio justo, retirándose de nuevo. El primer grupo vuelve y si esta satisfecho, retira los objetos intercambiados. Si o esta satisfecho, deja intactas las mercancías en señal de que todavía no se ha igualado la cuenta. Los mbuti del bosque Ituri intercambian de esta manera carne por bananas con los agricultores bantúes, y los vedas de Sri Lanka intercambian con los cingaleses miel por útiles de hierro.
El comercio basado en el mercado y en dinero para todo se asocia con la evolución del Estado y con el empleo de soldados y policía para imponer relaciones pacificas entre compradores y vendedores.
Quizás la solución mas frecuente al problema del comercio con extraños en ausencia de mercados supervisados por el Estado sea el establecimiento de asociaciones de comercio especiales. Mediante esta institución, los miembros de diferentes bandas o aldeas llegan a considerarse unos a otros como parientes metafóricos. Los que participan en las expediciones comerciales tratan exclusivamente con sus asociados comerciales de quienes reciben el trato de hermanos, axial como su alimento y alojamiento. Los asociados comerciales intentan hacer sus tratos de acuerdo con el principio de la reciprocidad, niegan estar interesados en salir ganando en la negociación y ofrecen sus mercancías en forma de regalos.

El Kula

El ejemplo clásico de las asociaciones de comercio, es el anillo del kula de los isleños de Trobriand, en el oeste del Océano Pacífico, estudiado por Malinowski. Tras un largo y arriesgado viaje en frágiles canoas con el aparente propósito de intercambiar collares y brazaletes, el verdadero objeto, etic, es que mientras se hace ese intercambio, otros miembros de la expedición intercambian con regateo objetos de gran valor práctico: cocos, harina, pescado, cestas, espadas, etc. Es decir, el verdadero objeto de estos viajes es el comercio y el mantenimiento de la paz.

El intercambio redistributivo

En este tipo de intercambio los productos se llevan a un lugar central, se cuentan, se clasifican y se reparten por igual entre productores y no productores. Existen varios tipos de redistribuciones: en la variante igualitaria, el redistribuidor se queda con la parte más pequeña o nada, recibiendo la admiración de los beneficiados; en la variante estratificada, el redistribuidor no interviene en el proceso productivo y es el más beneficiado en el intercambio.
En los potlatches (ceremonias de intercambio de los kwakiutl, nativos de la costa N.O. de EE.UU. y Canadá), está prohibido dar las gracias y el anfitrión es tenido por persona generosa. El aspecto etic es que los demás quedan en deuda con él, y él, a su vez, espera que se celebre otro potlatche donde él será el beneficiado.

La reciprocidad frente a la redistribución

La fanfarronería y el reconocimiento de la generosidad son incompatibles con las normas de etiqueta básicas de los intercambios recíprocos. Entre los semai de Malasia central, nadie da nunca las gracias por la carne recibida de otro cazador; expresar gratitud por la parte recibida indica que se es un tipo de persona que calcula cuánto da y cuánto recibe.
Llamar la atención sobre nuestra generosidad equivale a indicar que los demás están en deuda con nosotros y que esperamos que nos correspondan. A los pueblos igualitarios les repugna incluso sugerir que han sido tratados generosamente.
En flagrante violación de estas prescripciones de modestia en los intercambios recíprocos, los sistemas de intercambio redistribuido entrañan proclamaciones públicas de que el anfitrión es una persona generosa y un gran proveedor. El potlach kwakiutl es un ejemplo clásico de la relación entre redistribución y conducta ostentosa.

La base infraestructural de la redistribución y la reciprocidad

¿Por qué los !kung aprecian al cazador que nunca llama la atención sobre su generosidad mientras los Kwakiutl y otros pueblos redistribuidores aprecian al hombre que es capaz de jactarse de los que ha regalado? Una teoría es que la reciprocidad refleja una adaptación a condiciones tecnológicas y ambientales en las que un incremento en la producción provocará rápidamente rendimientos decrecientes y un agotamiento del medio ambiente. Los cazadores y recolectores rara vez tienen oportunidad de intensificar la producción sin alcanzar el punto de los rendimientos decrecientes. La intensificación plantea una grave amenaza a tales pueblos en forma de destrucción de la fauna. Incitar a los cazadores !kung a ser jactanciosos supone poner en peligro la supervivencia del grupo. Además, la reciprocidad es ventajosa para la mayoría de los cazadores-recolectores porque entre ellos es muy probable que el Éxito de los individuos y las familias varíe de un día a otro.
En cambio, en las aldeas agrícolas en general disponen de mayor margen para incrementar la producción mediante la inversión del trabajo. Pueden elevar sus niveles de consumo si trabajan más duro y, aun así, no ponen en peligro inmediato su eficiencia tecnoambiental al agotar sus hábitats. Además la agricultura es un modo de producción más fiable y menos arriesgado que la caza y la recolección.

El origen de los potlatches destructivos

Los potlaches fueron objeto de estudio mucho tiempo después de que los pueblos del noroeste del Pacífico entablaran relaciones comerciales y de trabajo asalariado con rusos, ingleses, canadienses y norteamericanos. El descenso de la población y la afluencia inesperada de riqueza se combinaron para hacer los potlaches cada vez más competitivos y destructivos. El factor más importante, en el desarrollo de los potlaches destructivos fue el intercambio en la tecnología e intensidad de la guerra. A cambio de pieles los europeos dieron armas tanto a los kwakiutl coma a sus enemigos tradicionales. Esto surtió un doble efecto, por una parte, la guerra se volvió más mortífera, y por otra obligo a los grupos locales a combatir entre si por el control del comercio que permitía conseguir la munición de la que ahora dependía el éxito de la guerra.

La redistribución estratificada

Una tenue línea separa las formas igualitarias de predistribución de las estratificadas. En la forma igualitaria, la aportación a los fondos centrales es voluntaria y los trabajadores recuperan todo o la mayor parte de lo que han aportado o artículos de valor comparables. En la forma estratificada, los trabajadores deben contribuir a fondos centrales o sufrir castigos y puede que no se les de nada a cambio. De nuevo en la forma igualitaria, el redistribuidor carece de poder para obligar a sus seguidores a intensificar la producción, y debe depender de su buena voluntad; en la estratificada el redistribuidor tiene este poder y son los trabajadores los que dependen de su buena voluntad.
Las formas plenamente desarrolladas de predistribución estratificada implican la existencia de una clase de gobernantes con poder para obligar a otros a cumplir sus órdenes. La expresión de este poder en el ámbito de la producción y el intercambio da lugar a la subordinación política de la fuerza de trabajo y su pérdida, parcial o total, de control sobre los recursos naturales y la tecnología, así como sobre el lugar, el tiempo y la duración del trabajo.

El intercambio de mercado: la compraventa

Grupos de gente sin lazos de parentesco y extraños, se reúnen y comercian con bienes y servicios. En los pueblos organizados en bandas y aldeas existe en forma de trueque: cocos por hachas, pescados por ñames, etc. La mayor parte de las transacciones de intercambio tienen lugar fuera del mercado e implican diversas formas de reciprocidad y redistribución. Sin embargo con el desarrollo del dinero multifuncional, los intercambios mercantiles pasan a dominar todas las demás formas de intercambio. Prácticamente todo lo que se produce o consume tiene un precio, y la compraventa se convierte en una importante preocupación o incluso una obsesión cultural.
En las sociedades mercantiles el intercambio se produce usando el dinero o medio de pago equivalente, especificándose la forma (efectos de comercio, talones, tarjetas de pago...), el tiempo y la cantidad. Concluida la operación, no existen posteriores obligaciones o responsabilidades entre comprador y vendedor. Por lo tanto son notables por el anonimato y la impersonalidad del proceso de intercambio.
Sin embrago la compra-venta en un mercado constituye un modo distinto de intercambio ya que implica la especificación con toda exactitud del tiempo, cantidad y forma de pago.

El dinero

El uso de ciertos objetos para representar y medir el valor social de los objetos se produce casi universalmente. Estas cosas utilizadas como patrón de valor se intercambian ampliamente por bienes y servicios. Por ejemplo en el este de África el ganado es una medida que puede emplearse para medir el valor de una esposa. En muchos lugares de Melanesia, se intercambian conchas por instrumentos de piedra, alfarería y otros artefactos de valor. Aunque estos patrones de valor poseen algunas de las características del dinero o del papel moneda modernos todas ellas carecen de una o más de las principales características del dinero como tal y como se encuentra en las sociedades con economías de mercado. En estas economías el dinero tiene las siguientes características:
  • Portabilidad: tiene un tamaño y formas adecuadas para ser transportado de una transacción a otra.
  • Divisibilidad: sus diferentes formas y valores son múltiplos explícitos entre sí, sin que por ello pierda su valor.
  • Convertibilidad: el dinero se puede convertir en documentos equivalentes: cheques, efectos, tarjetas de pago o en otras monedas o en unidades más latas o en múltiplos de valor más bajo.
  • Generalidad: pueden comprarse con Él todos los bienes y servicios.
  • Anonimato: para la mayor parte de las compras, todo el mundo puede concluir la transacción al precio de mercado.
  • Legalidad: la naturaleza y cantidad del dinero en circulación son controladas por un gobierno.
Donde la reciprocidad, la predistribución igualitaria y las relaciones entre asociados comerciales son los modos dominantes de intercambio, el dinero moderno ni existe ni puede existir.

El capitalismo

El intercambio de mercado alcanza su máximo desarrollo cuando está inserto en la forma de economía política llamada capitalismo. En las sociedades capitalistas, la compra-venta mediante dinero multifuncional se extiende a la tierra, recursos y alojamientos. El trabajo tiene un precio llamado salario, y el mismo dinero tiene un precio llamado interés. En comparación con otras formas de economía política, el capitalismo se puede describir como una economía política en la que con dinero se pueden comprar todas las cosas. Por ello, todo el mundo trata de adquirir tanto dinero como sea posible, y el objeto de la misma producción no es simplemente proporcionar bienes y servicios valiosos sino incrementar la posesión del dinero. El ritmo de producción capitalista depende de las tasas a la que se pueden obtener beneficios, y esta a su vez a la tasa a la que la gente compra, usa, gasta y destruye bienes y servicios. De ahí que se dedique un esfuerzo enorme a ensalzar las virtudes y beneficios de los productos para convencer a los consumidores de que realicen nuevas compras.
El capitalismo inevitablemente conduce a marcadas desigualdades de riqueza basadas en el diferente acceso al capital, la tecnología y los recursos.

Infraestructura industrial, comunismo y capitalismo

A pesar de sus muchos rasgos negativos, el capitalismo ha surgido como una forma de organizar la economía de los países industriales avanzados más eficiente que la de las antiguas economías soviéticas y de los países de Europa del Este centralizadas, dirigidas o comunistas. Como predice el principio de que los aspectos infraestructurales de los sistemas socioculturales influyen en los aspectos estructurales mas que a la inversa, estos países comunistas están convergiendo hacia un mayor grado de confianza en los mecanismos de mercado, en la inversión privada y en las formas de organización política mas democráticas.

¿Capitalismo primitivo? El caso de los Kapauku.

Las sociedades organizadas en bandas y aldeas carecen de los rasgos esenciales del capitalismo porque sus sistemas de intercambio se basan en intercambios recíprocos y redistributivos. Aun así los kapauku de Nueva Guinea son un caso pertinente. Según Leopold Pospisil la economía de los kapauku es como un capitalismo primitivo. Toda tierra cultivable de los kapauku es propiedad privada, las ventas en dinero son el medio regular de intercambio, el dinero en forma de conchas y abalorios de cristal se puede utilizar para comprar alimentos, animales domesticados, cultivos y tierra; y también se usa para remunerar el trabajo. Se afirma también que hay tierras arrendadas e intereses sobre los préstamos.
Sin embargo, no existe una clase terrateniente, y el acceso a la tierra es controlado por grupos de parentesco llamados sublinajes. Estos sublinajes controlan los terrenos comunales que se denominan territorios. Sólo dentro de los territorios de los sublinajes se puede hablar de propiedad privada, y el significado económico de estos derechos de propiedad es mínimo.

La división del trabajo

Uno de los rasgos organizativos más importantes de toda economía es la asignación de diferentes tareas a diferentes personas. Este hecho recibe el nombre de división de trabajo. El género y la edad se tienen en cuenta universalmente para asignar diferentes tareas económicas. En las sociedades preindustriales los hombres desarrollan actividades que requieren mayor fuerza. Su monopolio sobre las armas de caza probablemente se halla también relacionado con su función de combatientes en la guerra. En este tipo de sociedades las mujeres se especializan en tareas centradas en la recolección de alimentos y el cuidado de los niños. No obstante, las bases infraestructurales para dar cuenta de esta amplia división del trabajo sexual dejan de existir en las sociedades preindustriales.

La propiedad de la tierra

La propiedad de tierra y recursos es uno de los aspectos más importantes del control político. Es tanto político como económico porque las desigualdades en el acceso al medio ambiente implican alguna forma de coacción sobre los que carecen de poder político.
La propiedad de tierras y recursos es resultado de los procesos infraestructurales que seleccionan poblaciones más densas y productivas. En las sociedades capitales y preindustriales el control de la tierra por una clase gobernante constituye un estimulo a la producción pues obliga a los productores de alimentos a trabajar mas duro para pagar la renta por la oportunidad de vivir o trabajar en la tierra del señor. Los alimentos que el propietario se apropia como renta no son una cantidad superflua respecto al punto de partida de los productores. Estos pueden destinar la cantidad total de su producto para aliviar los costes de la crianza de los hijos o para mejorar sus niveles de vida. Por lo general, si entregan una parte de su producto es porque carecen de poder ara retenerlo. En este sentido todas las rentas son una manifestación de la política, porque sin el poder de hacer valer los títulos de propiedad apenas se pagarían rentas.
La renta, el trabajo de corvea -reclutamiento obligatorio de mano de obra- y los impuestos reflejan un acceso diferencial a la naturaleza y a la tecnología. Así pues, sabemos por qué el estudio comparativo de la economía debe incluir el de las instituciones en las que se inserta la economización.

Patrones de trabajo

La otra cara de la carencia de especialización en las sociedades de cazadores-recolectores y en las de agricultura simple, es que en ellas cada adulto realiza tareas muy distintas cada día, a diferencia de los que sucede con las rutinas estandarizadas de los empleados de las factorías o de las oficinas. Además, la decisión de pasar de una tarea a otra es en gran parte voluntaria y se da en cada caso individualmente o por consenso grupal. Se este modo es correcto afirmar que las sociedades preestatales a pequeña escala no experimentan el trabajo como un aspecto tedioso de la vida.
El incremento de la especialización produce que el trabajo se vaya haciendo menos voluntario, menos espontáneo y más coercitivo y sujeto a la rutina. Paradójicamente los trabajadores agrícolas desarrollados, fabriles y de oficinas trabajan
más horas que gentes como los !kung o los machiguenga.

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