Demografía y economía

La relación entre producción y reproducción

La reproducción es una forma de la producción, siendo el producto en ella los nuevos seres humanos. En condiciones óptimas, una mujer teóricamente puede tener entre 20 y 25 seres durante su periodo de fertilidad (de los 15 a los 45 años); pero en la práctica, la media es muchísimo menor. La mayor tasa media total de fertilidad es la de los hutteritas (secta comunitaria del oeste de Canadá) con 8,97 nacidos por mujer.
Si el mundo hubiera comenzado hace 10.000 años con una sola pareja y la población hubiera crecido al 0,5% anual, la población actual sería de 605.000 trillones. Tal crecimiento no se ha producido porque la reproducción se ha mantenido limitada por los sistemas de producción a través de combinaciones de factores naturales y culturales.
La naturaleza de la relación entre producción y reproducción se encuentra inmersa en una controversia. Los seguidores de Thomas Malthus sostuvieron hace tiempo el punto de vista de que el nivel de población esta determinado por la cantidad de alimento producido, así la población crecería hasta el límite de la producción. Sin embargo, muchas sociedades preindustriales mantienen sus niveles de producción por debajo de su capacidad de sustentación. Más aun, es posible invertir el argumento de Malthus y considerar que la cantidad de alimento producido se haya determinado por el nivel de crecimiento de la población (Ester Boserup). A la luz de nuevas investigaciones, la posición que parece más correcta es aquella que sostiene que producción y reproducción son igualmente importantes en la conformación del curso de la evolución sociocultural, y que cada una es causa de la otra en igual medida.

Presión demográfica

La reproducción genera presión demográfica que conduce a menudo a la intensificación, a los rendimientos decrecientes y a irreversibles agotamientos medioambientales que, a su vez, llevan con frecuencia a nuevas tecnologías y nuevos modos de producción.
La presión demográfica y el crecimiento de la población no son la misma cosa. En condiciones medioambientales favorables, el tamaño de una población y su densidad pueden elevarse, al menos temporalmente, sin disminuir el nivel de vida de la gente.
Además, la presión demográfica puede existir incluso aunque la población no esté aumentando. A fin de impedir la erosión de su nivel de vida, muchos pueblos limitan a menudo el crecimiento de la población empleando medios de control reproductivos. Por ejemplo, los cazadores-recolectores del ¡ártico tenían densidades muy bajas de población y tasas de crecimiento cero, y mantenían a este nivel con tasas altas de infanticidio. Incluso se ha llegado a sostener que la presión demográfica puede existir entre pueblos que están experimentando un declive demográfico, como muchos pueblos nativos americanos que viven en el Amazonas, en el momento que han encontrado dificultades crecientes para mantener sus niveles de salud y bienestar.
Además el fenómeno de la presión demográfica está presente con variable intensidad en casi todas las sociedades.
Incluso en los países industrializados de alta tecnología, en los que las tasas de fertilidad han caído ampliamente por debajo de los niveles de reemplazo, la presión demográfica desempeña un papel en fenómenos tales como el desempleo, la delincuencia, la falta de viviendas, el abuso infantil y la contaminación.

Las prácticas preindustriales de regularización de la población

Las culturas preindustriales regularon el tamaño de sus familias con objeto de maximizar los beneficios de la reproducción y minimizar sus costes. Para ello emplearon cuatro categorías de prácticas:

Trato dispensado al feto y a los niños.

El maltrato al feto, los bebes y los niños es un medio utilizado comúnmente para disminuir los costes reproductivos. El apoyo completo al feto implica aumentar la dieta de la embarazada y una disminución en sus cargas de trabajo. Así el aborto directo se da cuando el ataque se dirige contra el feto: presión, introducción de objetos punzantes, ingestión de sustancias tóxicas, traumatismos, causando la muerte al feto una vez nacido...Por otro lado el aborto indirecto se da cuando el ataque se dirige contra la embarazada: dieta escasa, trabajos pesados, causando su muerte...
En igual medida que el aborto se practican ciertas formas de infanticidio. El apoyo al recién nacido implica alimentarle, vestirle, cuidarle, atenderle y vigilarle. El infanticidio directo se produce por inanición, deshidratación, exposición a los elementos, causando su muerte...El infanticidio indirecto se produce por una alimentación inadecuada y falta de cuidados, especialmente si cae enfermo.
Debe señalarse que en muchas culturas no se considera a los niños como humanos hasta que no se han realizado ciertas ceremonias; desde una perspectiva emic, por tanto, su muerte no se considera como homicidio.

Trato dispensado a las mujeres

Según sea el trato, se puede adelantar o retardar la edad de su fertilidad e infertilidad y el número de embarazos que puedan sobrellevar. Una dieta de privación nutricional reduce la fertilidad al 50%. Una pérdida de peso del 10 al 15% retrasa la menarquia (o primera menstruación) o rompe el ciclo menstrual Si la dieta es deficiente, se incrementa el número de nacimientos prematuros y la disminución del peso y defensas del nacido; disminuye también la cantidad y calidad de la leche materna. En los embarazos continuos, tanto este mismo hecho como el de la provisión de leche recurrentemente por madres malnutridas, incrementa el riesgo de enfermedades y la tasa de mortalidad.
La malnutrición y las enfermedades del varón pueden afectar su libido y a la cantidad y calidad de su esperma; pero ello tiene muchísima menor repercusión que en la fecundidad femenina, pues es compensado por la práctica de la poliginia (un hombre que comparte varias mujeres) y por el hecho de que un hombre puede embarazar a muchísimas mujeres.

La lactancia

Es el periodo de alimentación del nacido a base de leche materna. En la leche se encuentra una hormona, la prolactina, que inhibe la producción de las hormonas que regulan el ciclo ovulatorio. Hay diversos factores bioculturales que controlan la duración de la amenorrea (interrupción del ciclo menstrual) asociada a la lactancia: estado de salud, dieta de la madre, frecuencia e intensidad de las tomas y de la succión, y duración de la lactancia, pueden dar lugar a intervalos entre partos de 3 o 4 años.
De todas formas, utilizar la lactancia como método anticonceptivo requiere que la madre esté perfectamente nutrida; por otra parte, como la leche materna es deficitaria en hierro, obliga a la ingesta de alimentos suplementarios por el recién nacido o, de lo contrario, contraerá anemia no más allá de los 6 meses.

Frecuencia y periodicidad del coito

La abstinencia del coito puede mantenerse durante el tiempo suficiente para reducir los embarazos; asimismo, los retrasos en el inicio de la conducta de realización del coito pueden acortar el ciclo reproductivo de las mujeres. Los efectos de la amenorrea asociada a la lactancia pueden reforzarse por medio de la abstinencia copulatoria mientras la madre comienza la crianza del hijo. Diversas formas de actividad sexual no reproductiva pueden influir en las tasas de fertilidad: la homosexualidad, la masturbación, el coitus interruptus, y las técnicas copulatorias heterosexuales para alcanzar el orgasmo desempeñan un papel regulador de la fertilidad.
Otras técnicas de regulación:
  • Retraso en la edad de matrimonio.
  • Existencia de censura por la maternidad en estado de soltería.
  • Existencia de censura sobre las relaciones sexuales extramatrimoniales.
  • Uso de anticonceptivos pre o postcoitales por medio de sustancias contenidas en los vegetales.
  • Formas de matrimonio: la existencia de la poliginia favorece las relaciones sexuales reproductivas.

La influencia de la enfermedad y otros factores naturales

La mayoría de las grandes enfermedades epidémicas letales, viruela, tifus, peste, cólera y gripe se hallan asociadas generalmente a poblaciones densas y urbanas más que a poblaciones pequeñas y dispersas. Incluso enfermedades como la malaria (o paludismo) y la fiebre amarilla no afectaron más que a poblaciones próximas a pantanos y lagunas, donde se crían los mosquitos que las inoculan. Otras enfermedades como la disentería, sarampión, tuberculosis, tos ferina y escarlatina afectaron en menor medida a los primeros recolectores, agricultores y cazadores. La capacidad para recuperarse de estas infecciones se halla estrechamente relacionada con el nivel general de salud corporal, es cual, se halla influido por la dieta, y en especial por la posesión de niveles equilibrados de proteínas. El papel de la enfermedad, como regulador a largo plazo de la población humana, está ligado especialmente a la dieta (nivel de proteínas) y a los recursos médicos.
Se sabe que los cazadores-recolectores del Paleolítico gozaron de mejor salud que los agricultores posteriores del Neolítico y que los grandes campesinos de las sociedades estatales preindustriales. La cuestión es determinar cuándo y dónde se produjo un deterioro. Estas cuestiones son tema de una larga y profunda investigación. Parece probable que al menos durante una gran parte del Paleolítico superior fueran los controles «artificiales» de la población, más que la enfermedad, los factores principales que determinaron las tasas de crecimiento de la población.
Los factores naturales también limitan el crecimiento demográfico: las sequías, inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas...

Los costes y beneficios de la crianza de los niños

La presión demográfica implica que la gente toma en cuenta los costes y beneficios que conlleva el proceso de reproducción. Entre los costes asociados con la crianza de los niños se incluye la comida extra consumida durante el embarazo, el trabajo al que ha de renunciar la mujer embarazada, los gastos necesarios para producir la leche de la madre y otros alimentos durante la primera infancia y la niñez, la carga que supone transportar bebés y niños de un lugar a otro y, en sociedades mas complejas, los costes de la ropa, la vivienda, la atención médica y la educación. Además, el propio parto es arriesgado y pone a menudo en peligro la vida de la madre.
Entre los beneficios de la reproducción se encuentran la contribución que los niños realizan a la producción alimentaria y a los ingresos familiares en general, así como su aportación al cuidado y a la seguridad económica de sus padres.
Asimismo, son muy valorados por el papel que desempeñan en los intercambios matrimoniales y las alianzas intergrupales. Por supuesto, lo anterior o niega que la gente tenga hijos por razones sentimentales.
Con la llegada de la agricultura y la domesticación de animales, el balance entre los costes y los beneficios de la reproducción cambió en favor de un aumento en el número de hijos.

La medida de los costes y beneficios de la crianza de los niños

Las tasas reproductivas de los cazadores-reproductores se ven afectadas por el hecho de que las mujeres necesitan evitar el transporte de más de un niño al mismo tiempo a través de largas distancias, así como por la capacidad de intensificación limitada propia de su modo de producción.
En Java los niños aportan aproximadamente la mitad de la mano de obra global de los miembros de la casa. En Bangladesh, los niños varones producen más de lo que consumen a los 12 años, y en 3 años más reembolsan todos los gastos que previamente se han invertido en su provecho. Además, en contra de la impresión popular de que las familias de los campesinos más pobres tienen la mayor cantidad de niños, existe a menudo una correlación positiva entre las grandes cantidades de hijos y de familias más ricas.
Con la expansión del empleo urbano, industrial, técnico y de oficina, los beneficios derivados de criar menos hijos, aunque sean más costosos, sobrepasan a las ventajas que se derivarían del hecho de criar muchos hijos, aunque estos fueran más baratos. En India y Sri Lanka el número de hijos por mujer a disminuido conforme los niños han dejado de desempeñar papeles importantes en la agricultura, y en la medida en que la descendencia de los campesinos encuentra promoción en las oportunidades de trabajo de la oficina y los negocios, actividades que requieren altos niveles de educación.

La trampa de la pobreza

El análisis de las relaciones existentes entre la presión demográfica, los costes y beneficios que reportan la crianza de los hijos y el agotamiento del medio ambiente local contribuye a explicar la persistencia de la pobreza en muchos países del Tercer Mundo.

El debate sobre la anticoncepción, el aborto y el infanticidio

Consecuencia importante de la existencia de prácticas culturales capaces de aumentar o disminuir las tasas de fertilidad y mortalidad es que no puede describirse la reproducción como un acto que tiene lugar en un momento específico. La reproducción humana es un proceso social que comienza mucho antes de la concepción y termina mucho después del nacimiento.
Además la decisión de hacer el esfuerzo social necesario para dar a luz y criar un niño se ve fuertemente influida por el balance de los costes y beneficios que han de afrontar los futuros padres. Podemos estar seguros que cuando este balance sea adverso, se activará alguna norma de control sobre el nacimiento o la muerte en algún punto del proceso reproductivo. Las medidas que se toman para ejercer esos controles varían de una cultura a otra. Las sociedades preindustriales y subdesarrolladas emplean medidas de regulación de la reproducción que se hacen efectivas después del nacimiento del niño.
Existe una considerable cantidad de datos para mostrar que si la reproducción no se limita antes o durante el embarazo, será limitada después por medio de infanticidio o el paidicidio (dar muerte a los niños pequeños) directo o indirecto. Los intentos de desmotivar la anticoncepción, el aborto y otros modernos controles reproductivos preparto pueden aumentar involuntariamente la dependencia de prácticas homicidas postpartum.

Infanticidio indirecto en el noreste de Brasil

El noreste de Brasil es una región sujeta a sequías periódicas, malnutrición crónica y pobreza generalizada. Las madres pobres, que carecen de acceso directo a la anticoncepción moderna o al aborto médico, contribuyen a la existencia de tasas de mortalidad infantil extremadamente altas por medio del abandono selectivo y el infanticidio indirecto de su descendencia no deseada. Pero debemos reflexionar antes de “culpabilizar a las víctimas”: careciendo de los medios para criar a todos sus hijos, estas mujeres no tienen manera alguna de evitar una trágica elección.

Modos industriales de reproducción

Con la industrialización el coste de la crianza de los niños creció rápidamente, especialmente despuÉs de la introducción de leyes sobre el trabajo infantil y proclamando la obligatoriedad de la enseñanza. Al mismo tiempo, cambió globalmente el modelo sobre las formas de ganarse la vida. El trabajo se dejó de realizar por los miembros de la familia en la granja o en el taller familiar. El flujo de beneficios derivado de la crianza de los hijos llegó a relacionarse cada vez mas con su disposición para proporcionar ayuda a los ancianos en las crisis médicas y financieras que les afectan.
Para afrontar el crecimiento del coste de la crianza de los hijos en las sociedades industriales, tanto las esposas como los maridos deben formar parte de la mano de obra que gana un salario. En la medida en que esta situación continúe, los hombres y las mujeres, decidirán cada vez más tener un niño o ninguno, y los individuos encontrarán que las formas tradicionales de matrimonio, familia, sexo y convivencia emocional son crecientemente incompatibles con el mantenimiento del estatus de la clase media.

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