Capacidades comunicativas de los simios y características del lenguaje humano

El lenguaje y despegue cultural

Hace unos 45.000 años la cultura entró en un periodo de «despegue». Con anterioridad a esta época los cambios culturales y biológicos estaban estrechamente interconectados. Tras el despegue la tasa de evolución cultural se incrementó sin que se produjera una aumento simultáneo en la tasa de evolución biológica. La producción del despegue cultural justifica el punto de vista sostenido por la mayoría de los antropologos de que para comprender los últimos 45.000 años de evolución de la cultura, el énfasis hay que ponerlo en los procesos culturales más que en los procesos biológicos.
Estrechamente vinculada al despegue cultural se halla el desarrollo de la capacidad exclusivamente humana para el lenguaje y para los sistemas de pensamiento asistidos por el lenguaje. Mientras que otros primates utilizan complejos sistemas de señales para facilitar la vida social, los lenguajes humanos son cualitativamente diferentes de todo cualquier otro sistema de comunicación animal. Los rasgos exclusivos que caracterizan a los lenguajes humanos derivaron de los cambios genéticos relacionados con la creciente dependencia por parte de los primeros homínidos de las tradiciones de empleo de útiles, así como de otras actividades sociales que se vieron alentadas por el intercambio y almacenamiento de la información.
Una manera de sintetizar las características especiales del lenguaje humano es decir que hemos alcanzado la «universalidad semántica» (Greenberg). Un sistema de comunicación que posee universalidad semántica puede transmitir información acerca de aspectos, dominios, propiedades, lugares o acontecimientos del pasado, del presente o del futuro, tanto reales como posibles, verdaderos o imaginarios, cercanos o lejanos.

Los simios y el lenguaje

En los últimos años una serie de experimentos ha mostrado que las diferencias entre las capacidades de simbolización y gramática de los hombres y de los simios no son tan grandes como se creía anteriormente No obstante, también se ha puesto en evidencia que factores innatos propios de la especie impiden que la distancia entre unos y otros desaparezca completamente. Se han llevado a cabo muchos intentos para enseñar a los chimpancés a hablar en la forma humana, pero el conducto vocal de los simios no permite anatómicamente la producción de algunos sonidos necesarios para el habla humana, por lo que la atención se ha desplazado a tratar de enseñarles lenguajes de signos y a leer y escribir. Un logro notable de los estudios mas recientes es que demuestran que los chimpancés que manejan signos pueden transmitir sus habilidades con ellos a los chimpancés que no los manejan como si se tratase de una tradición cultural, sin ayuda de la mediación humana.

Los fonemas

El lenguaje primario de los humanos está formado por sonidos. Los sonidos que los hablantes nativos perciben como distintos —es decir, que contrastan con otros sonidos de su misma lengua— son llamados fonemas. Los fonemas aislados carecen de significado, pero cuando se combinan en secuencias prescritas transmiten un significado definido.
El número más pequeño de fonemas que se conoce en una lengua natural es de trece en el hawaiano. El inglés tiene entre 35 y 40.

Sistemas fonémicos

Los fonemas consisten en sonidos llamados fonos. A fin de transmitir información de manera eficaz los sonidos de una lengua han de ser claramente distinguibles o contrastantes unos con otros. Pero todos los sonidos comparten algunos elementos. Por consiguiente, dos fonos no contrastan de modo natural entre sí. Si podemos distinguir un fonema de otro, solo es porque como parlantes nativos hemos aprendido a aceptar y a reconocer ciertos fonos, pero no otros como contrastantes. Por ejemplo, los hablantes del inglés automáticamente consideran la [t] en «ten» y la [d] en «den» como sonidos contrastantes. Sin embargo, estos dos sonidos comparten en realidad muchos rasgos acústicos fonéticos en común. Es la cultura, no la naturaleza, la que los hace significativamente diferentes.
Según los órganos que intervienen en la fonación (emisión del lenguaje por medio del sonido), se pueden clasificar los fonemas o sonidos de cuatro formas:
  1. Por el modo de articulación: según la posición que adopten los órganos de la fonación (aparato respiratorio, laríngeo y cavidad bucal); 
  2. Por el lugar de articulación de la cavidad bucal; 
  3. Por la acción de las cuerdas vocales; 
  4. Por la acción del velo del paladar.
Los sonidos alófonos son las variantes en la pronunciación de un mismo fonema según su posición en la sílaba o según el carácter de los fonemas vecinos. Así, son alófonos del fonema b, la [b] oclusiva de «tumba» y la [β] fricativa de «tubo».

Los morfemas

Las unidades más pequeñas de la lengua que tienen un significado definido se denominan morfemas. Cada morfema designa una clase de unidades básicas, como los fonemas. En este caso, los constituyentes de la clase se denominan morfos. Los alomorfos son las variantes formales que presenta un mismo morfema según el entorno de su realización.
Así, «s» es alomorfo de morfema plural en hombre / hombres; «es» es alomorfo de morfema plural en mujer / mujeres; [¸] (grado cero) es alomorfo de morfema plural en crisis / crisis.

Gramática: morfología

La gramática posee dos aspectos: las reglas para combinar los fonemas en morfemas (morfología) y las reglas para combinar morfemas en palabras y en oraciones (sintaxis).

Gramática: sintaxis

La sintaxis es un conjunto de conocimientos inconscientes sobre las reglas de una lengua, de forma que permite hacerse comprender y también reconocer las frases mal construidas. Así, un pastor analfabeto, aunque no haya estudiado el sistema gramatical de la lengua, puede ser competente en su lengua, y puede corregir las palabras y frases mal construidas de un niño o de un extranjero que no conozca bien la lengua del pastor.

La estructura profunda

La estructura superficial es la ordenación explícita de los elementos oracionales que presentan así una interpretación fonológica o gráfica, es decir, la forma directamente observable en una oración. Puede ofrecer dudas respecto a su significado, es decir, presentar ambigüedad por ser interpretable de dos o más maneras distintas.
Así, «Ayer se celebró la elección del presidente», puede querer decir en lo relativo a «Ayer se celebró» que «Ayer hubo una fiesta por la elección del presidente» o «Ayer se produjo la elección del presidente»; y en lo relativo a «la elección del presidente» que «Se ha elegido presidente» o «El presidente ha elegido algo». Hay, por tanto, hasta cuatro estructuras profundas que se han confundido en una única estructura superficial ambigua.
La estructura profunda es el tipo de estructura que subyace a toda manifestación explícita de la oración y en la que se halla la verdadera, real y exacta interpretación semántica: «Ayer hubo una fiesta para celebrar que el presidente había sido elegido».
Para algunos lingüistas, como Chomsky, todas las lenguas comparten una estructura innata específica. Ello explicaría que los niños aprendan a hablar a edad temprana y la traducibilidad o posibilidad de traslación automática de la carga semántica de un texto de una lengua a otra. Para otros lingüistas, sin embargo, es dudoso que exista una gramática innata; atribuyen las habilidades del lenguaje de los niños a meros procesos de aprendizaje. La traducibilidad sería ligeramente aproximativa, pues cada lengua comporta una forma de pensar y sentir, y ello es difícilmente trasladable de una lengua a otra.

¿Hay lenguajes superiores e inferiores?

Los lingüistas del siglo XIX disponían las lenguas en orden jerárquico. A la cabeza situaban al latín y, a continuación, al griego clásico. Posteriormente, lingüistas de orientación antropológica, como Boas y Sapir, demostraron que no hay lenguas superiores e inferiores, ni gramáticas «más civilizadas» que otras. Las reglas gramaticales están, en todas las lenguas, adaptadas a sistemas simples y complejos, y en todos los pueblos, sea cual sea su nivel de desarrollo político y tecnológico. Se ha pretendido que un lenguaje es más primitivo que otro a través de diferencias lingüísticas como los términos generales (ausencia de palabras genéricas para designar a la totalidad de las cosas de la misma especie. Así, los tupi brasileños serían lingüísticamente inferiores por no existir genéricamente el término «loro» en su lengua, aunque empleen un término distinto para cada tipo de esa ave), o los términos específicos (ausencia de términos diferenciadores para distinguir y caracterizar las distintas realidades. Así, hay lenguas que no poseen los numerales superiores a cinco y emplean en su lugar: mucho).
Al proceder así, no se tiene en cuenta que el grado de generalidad o de especificidad va ligado a la necesidad cultural definida de generalizar o de especificar; y no a la capacidad lingüística de transmitir mensajes sobre fenómenos generales o específicos. Así, un indio brasileño no necesita asignar términos «científicos» a las aves para distinguirlas a unas de otras, pero le es imprescindible para comunicarse el distinguir entre las de la misma familia, pues comercia con sus plumas y cada tipo de ave es valorado por su plumaje. Muchos de los habitantes de una gran ciudad actual hablan de árboles, esto es, en términos generales, no solo por ignorancia, sino porque las cualidades específicas de cada uno de ellos les ofrecen poco valor práctico; en cambio, un campesino designa con términos específicos a cada tipo de árbol.
En resumen, la productividad semántica es infinita en todas las lenguas. Nunca ha existido una cultura que no encontrara palabras pare expresarse: o las ha creado (neologismos) o las ha tomado de otras lenguas (préstamos lingüísticos).

Lenguaje, clase social y etnicidad

Otra forma en la que se manifiesta la pretensión de superioridad lingüística está asociada a las variaciones dialectales características de las sociedades estratificadas. Estas afirmaciones no tienen ninguna base en la ciencia lingüística, salvo que se admita que todas las lenguas contemporáneas son versiones corruptas y subestándar de las lenguas más primitivas.
Educadores no sospechosos de racistas han afirmado que los niños de las clases bajas y de los guetos se crían en un medio ambiente lingüísticamente pobre. Estudios sobre los guetos del norte de EE.UU., sin embargo, han demostrado que esta creencia refleja los prejuicios étnicos de profesores e investigadores de clase media, y no un déficit en la estructura gramatical o en la lógica dialectal.
Es cierto que el inglés vulgar de los negros (como el de los blancos), contiene algunas formas inaceptables con respecto al inglés «oficial», pero en modo alguno impide la expresión de pensamientos complejos en pautas concisas y lógicamente coherentes.

Lenguaje, pensamiento y causalidad

Una pregunta que ha sido investigada por los lingüistas durante muchos años es el grado en que diferentes gramáticas y categorías de palabras producen modos de enseñar habitualmente incompatibles entre pueblos que pertenecen a diferentes comunidades ligüísticas. Edward Sapir, gran lingüista y antropólogo estadounidense, y su discípulo Whorf heredan a través de Boas la tradición del pensamiento europeo de Herder y Von Humboldt. Estos últimos compartieron la idea de la diversidad cultural y lingüística, los principios del idealismo romántico y fueron hostiles al clasicismo, al innatismo, al universalismo y al intelectualismo excesivo de la Ilustración, aunque no llegaron a negar la existencia de los universales lingüísticos y culturales.
Herder estimó que lengua y pensamiento son inseparables y que han evolucionado conjuntamente. En la medida en que las lenguas nacionales difieren en estructura gramatical y vocabulario, reflejan y determinan unos esquemas nacionales de pensamiento. Humboldt subrayó la existencia de estos universales y concibió la diversidad de estructuras de las lenguas como el resultado de una facultad universalmente operativa y específicamente humana de la mente. La lengua se origina en los pueblos como una emanación generatriz del espíritu por lo que conforma cultura y pensamiento al tiempo que a su vez es conformada por estos. Por ello, cada lengua tiene una forma interior característica que suministra una visión del mundo también característica. Su pensamiento hizo que Chomsky le considerara como el creador del generativismo y del concepto de «creatividad».
Según Sapir y Whorf la estructura de las distintas lenguas condiciona o determina los modos del pensamiento y demás hechos psíquicos (como la percepción y la memoria) de sus hablantes y el modo en que conciben el mundo. Si dos sistemas lingüísticos tienen gramáticas y vocabularios radicalmente distintos, sus respectivos hablantes viven en mundos conceptuales totalmente diferentes. Por ello, categorías abstractas, como «espacio» o «tiempo», se experimentan de diferente manera, pues, en definitiva, el lenguaje es la expresión del pensamiento y, además, el mismo pensamiento está en una lengua dada: se «piensa» en español, o en inglés, o en italiano, etc.
Los psicólogos conocen desde hace mucho tiempo que memoria y percepción se ven afectadas por la disponibilidad de palabras y expresiones adecuadas.
  1. Las personas recuerdan mejor las cosas y fenómenos susceptibles de codificarse en palabras y expresiones que los recuerdos visuales, pues estos se van deformando progresivamente. Dentro de la codificación lingüística existen grados: es más fácilmente codificable la denotación de «tío» que la denotación de «hermano del padre o de la madre».
  2. Hay cosas más codificables en una lengua que en otra. Así, en la lengua esquimal no existe una palabra única para «nieve», sino muchas para cada distinto tipo de nieve. Esto es así, porque va ligado a una necesidad cultural de especificar (de generalizar en otros casos) por la gran importancia que ello tiene en la vida cotidiana.
  3. Respecto a los conceptos abstractos, por ejemplo, la dimensión temporal, Whorf indica que en inglés puede expresarse gramaticalmente delimitando verbalmente el pasado, pre-sente y futuro. En otras lenguas, como la de la tribu de los hopi (Brasil), su gramática solo les permite distinguir entre acontecimientos ya sucedidos y acontecimientos todavía sin suceder. Ello no significa que un hopi no pueda indicar cuando ha sucedido un hecho, pero el inglés hace más fácil precisar y medir el tiempo. Algunos lingüistas han replicado que el futuro en inglés no existe; pues una situación no pasada ni actual puede indicarse en esa lengua solamente de dos formas: o utilizando el presente «a las 7 voy (por iré) al cine», o utilizando una forma auxiliar (will o shall). Luego, específicamente, el futuro en inglés como forma verbal no existe.
Además, Whorf no parece tener en cuenta en algunas ocasiones las relaciones causales entre lengua y cultura.
Sociedades sin calendarios ni relojes, no pueden tener una concepción tan exacta sobre el tiempo y, por tanto, su reflejo en la gramática de su lengua y en su forma de pensar, que sociedades que los emplean desde hace siglos. De igual forma, y respecto a la cantidad, la falta de numerales superiores al cuatro en algunas lenguas australianas parecería indicar cierta incapacidad conceptual y operativa.
Pero la experiencia demuestra que cuando los aborígenes australianos aprenden inglés como segunda lengua, utilizan y realizan operaciones con los numerales con idéntica facilidad que cualquier hablante medio de inglés.
La misma situación se da con los colores; la inexistencia de palabras en algunas lenguas que distingan el matiz cromático que denota «rojo» respecto a «naranja», no indica que la percepción visual no permita distinguir la diferencia entre el color de un tomate o de una naranja.
Por lo tanto, psicólogos, lingüistas y filósofos apoyándose en la experimentación admiten que la lengua ejerce influencia sobre algunas categorías mentales (como el pensamiento, la percepción o la memoria), pero niegan que la lengua determine radicalmente las categorías o pautas mentales.
Los hablantes de las distintas lenguas tienen un mismo conceptualmente básico esquema o visión del mundo; al menos en lo referente a los conceptos más abstractos y profundos como: materia, espacio, tiempo, número, etc. Ello no supone que los hablantes de distintas lenguas tengan la misma visión del mundo respecto a conceptos menos básicos y que dependen del conocimiento teórico y práctico, socialmente transmitido y que varían conceptualmente de una cultura a otra como: «honradez», «pecado», «honor», etc.

Categorías de color

La teoría de Whorf por la cual quienes hablan lenguas diferentes contemplan el mundo de maneras fundamentalmente diferentes ha sido puesta a prueba en el ámbito de las categorías de color. Algunas lenguas poseen términos específicos sólo para contrastes de luminosidad, como los que designan negro y blanco, mientras que otras poseen hasta una docena de términos para designar los colores básicos. Estas diferencias mostrarían una forma de percibir el color muy relativista o muy específica para cada cultura. Sin embargo, se ha comprobado abundantemente que las personas tienden a apreciar las mismas secuencias del espectro cromático, independientemente de la riqueza que posea su idioma a la hora de expresarlo.

Sexismo obligatorio

Las lenguas difieren en que poseen ciertas categorías obligatorias estructuradas en sus reglas gramaticales. Estas categorías obligatorias con toda probabilidad no son indicativas de ninguna propensión psicológica activa a estar obsesionados con los números, el sexo o la situación de las personas o las cosas. Sin embargo, no debería concluirse por ello que las convenciones gramaticales son siempre intrascendentes.

El cambio lingüístico

El lenguaje, como todos los demás aspectos de la cultura, evoluciona y se degrada constantemente, experimenta cambios debido a variaciones fonológicas, morfémicas, gramaticales y semánticas; cambian no sus planos, sino sus estructuras. Los dialectos (o variantes regionales de una lengua) y aislamiento geográfico, explican, en gran medida, la diversidad de lenguas. Toda lengua procede de una lengua madre o tronco común. Así, las lenguas europeas proceden de la lengua indoeuropea.
El paso del tiempo (la «corrupción»), los préstamos lingüísticos y los neologismos también explican los cambios que experimenta una misma lengua, Así, compárese la lengua castellana del Mío Cid con la actual.
La glotocronología es una técnica de investigación lingüística ideada por el estadounidense Morris Swadesh en 1950. Se utiliza para datar el grado de separación entre lenguas de un mismo tronco común. Se basa en el supuesto de que debido a los préstamos y cambios lingüísticos, alrededor del 14% de las palabras más básicas de una lengua son sustituidas cada mil años.
Coseriu, lingüista alemán de origen rumano, ha criticado repetidamente la glotocronología a partir del testimonio de las lenguas románicas.

Lenguaje y conciencia

El estudio del cambio del lenguaje, así como el de otros aspectos de la lingüística, pone de manifiesto la importancia de los factores inconscientes de la vida sociocultural. Aunque la universalidad semántica constituye un gran don genuinamente humano, no por ello nos otorga automáticamente la plena conciencia no la verdadera libertad de pensamiento. Para ser plenamente conscientes debemos esforzarnos por comprender como controla la cultura cuanto hacemos y pensamos.

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