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Conceptos Generales

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El último período de la Edad del Bronce, cuyos límites cronológicos se sitúan entre 1250 y 750 a.C., se caracterizó por una serie de movimientos y cambios que afectaron a gran parte de Europa tras la relativa estabilidad alcanzada durante el Bronce Medio. En Europa Central se desarrolló la cultura de los Campos de Urnas, que acabó extendiéndose a casi todas las regiones, difundiendo el rito funerario de la incineración, mientras que en el Mediterráneo oriental fue una época de agitación cultural en la que tanto adversos fenómenos naturales como movimientos de pueblos contribuyeron a la decadencia de la civilización micénica y a la entrada de Grecia en la denominada Edad Oscura.
El Bronce Final es el último período prehistórico, en el que se dan las transformaciones a todos los niveles que darán lugar a los pueblos históricos. Existe mayor dinamismo que en etapas anteriores y un aumento de las relaciones, tanto a nivel peninsular como con otros pueblos. A finales del II milenio llegan distintas corrientes a la Península:

  • Atlántica: afecta al oeste y norte de la Península, así como a Andalucía occidental y la Meseta. Trae tradiciones de Bretaña, Irlanda, Islas Británicas y países escandinavos. Aporta una técnica metalúrgica avanzada, nuevas armas y la aleación cobre-estaño y plomo.
  • Centroeuropa: penetra por los Pirineos, afectando desde Cataluña al País Vasco y desde Castellón a parte de la provincia de Albacete por el sureste. Difunde los Campos de Túmulos y de Urnas, con cambios en la cultura (material, lengua, etnias), generalización de la incineración y aporte de metalurgia desarrollada y nuevas armas.
  • Mediterráneo: corriente antigua, con cruces con la atlántica. Comienzo de los contactos directos desde el oriente, preludio del influjo comercial fenicio y griego. Aporta la cerámica de retícula bruñida, pintada y con barniz rojo, estelas en los enterramientos, objetos diversos (espejos, pinzas, fíbulas, instrumentos musicales) y quizás la escritura (signos del fragmento de cerámica del Cerro de los Quemados, en Córdoba).

Todas estas aportaciones, unidas al substrato indígena existente, permiten establecer periodizaciones, como Bronce Reciente I, II y III, aunque no de manera homogénea.
Característicos de esta época son los depósitos de bronce, conjunto de piezas entre las que destacan las armas, de tipología avanzada (puntas de lanza, hachas). Su buena factura parece indicar que eran piezas para algún grupo social de rango o jerarquía superior. Estos depósitos muestran una intencionalidad al depositar juntas las piezas metálicas, algunas de ellas no utilizadas, y no pueden ser asociadas a ningún yacimiento ni a otros materiales distintos. Se cree que eran ofrendas a la divinidad, con carácter votivo.

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