Sistemas Políticos Africanos

Una muestra representativa de las sociedades africanas

El libro no pretende comparar sociedades concretas, sino afirmar que para cada área existe un modelo de sistema político –común a todo el área- y poder establecer una tipología y comparar entre modelos.

Las 8 sociedades descritas proporcionarán no sólo una perspectiva a vista de pájaro de los principios básicos de la organización política africana, sino también unas conclusiones de tipo general y teórico.

Filosofía política y ciencia política comparada

No aparecen en el libro referencias a filósofos políticos por considerarse que no ayudan a comprender las sociedades investigadas. La razón principal es que la filosofía política se ha ocupado del “deber ser”, es decir, de cómo deberían vivir los hombres y de qué tipo de gobierno deberían tener, y no de cuáles “son” sus costumbres e instituciones políticas.

Por otra parte, en el campo comparativo, los estudios de los sistemas políticos primitivos son casi inexistentes.

Los dos tipos de sistemas políticos estudiados

Los sistemas políticos descritos en este libro pueden englobarse en dos categorías fundamentales:
  • “Grupo A” => Estados primitivos => compuesto por sociedades en las que existe autoridad centralizada, maquinaria administrativa e instituciones jurídicas (=gobierno). En ellas, las divisiones de riqueza, privilegio y estatus corresponden a la distribución de poder y de autoridad. Este grupo comprende a los zulu, los ngwato, los bemba, los bayankole y los kede.
  • “Grupo B” => Sociedades sin Estado => compuesto por sociedades que carecen de autoridad centralizada, de maquinaria administrativa y de instituciones políticas (=carecen de gobierno). En ellas no existen marcadas divisiones de rango, estatus o riqueza. Este grupo comprende a los logoli, los nuer y los tallensi.
El parentesco en la organización política

Una de las diferencias más destacadas que existe entre los dos grupos es el papel que juega el sistema de linajes en la estructura política. Hay que distinguir entre sistema de parentesco y sistema de linajes =>
  • Sistema de parentesco = conjunto de relaciones que unen al individuo con otras personas y con unidades sociales concretas, todo ello a través de los lazos efímeros de la familia bilateral.
  • Sistema de linajes = sistema segmentario de grupos permanentes basados en la filiación unilateral. Establece unidades corporativas con funciones políticas. En las sociedades del “Grupo B” regula las relaciones políticas.
Se pueden distinguir tres tipos de sistema político =>
  1. Sociedades muy pequeñas en las que incluso la unidad política más amplia engloba a un grupo de personas que se hallan relacionadas entre sí por lazos de parentesco. La estructura política y la organización de parentesco son la misma cosa. Este libro no se ocupa de este tipo.
  2. Sociedades en las que la estructura del linaje constituye el marco del sistema político. Cada uno de ellos es independiente, aunque están coordinados de manera precisa.
  3. Sociedades en las que la organización administrativa es el marco de la estructura política.
La influencia de la demografía

La unidad política en las sociedades con organización estatal es numéricamente mayor que la existente en las sociedades sin una organización estatal. Existe un límite de población que, una vez superado, requiere la existencia de algún tipo de gobierno centralizado.

No debe confundirse la magnitud de la población con la densidad de población. Es posible que haya alguna relación entre el grado de desarrollo político y la magnitud de la población, pero sería incorrecto suponer que las instituciones gubernamentales aparecen en las sociedades con mayor densidad.

La influencia del modo de subsistencia

La densidad y la distribución de la población en una sociedad africana están relacionadas claramente con las condiciones ecológicas, que también afectan todo el modo de subsistencia. Sin embargo, es evidente que diferencias en los modos de subsistencia no determinan, por sí mismas, diferencias en las estructuras políticas.

En general, puede decirse que los modos de subsistencia, junto con las condiciones del medio ambiente, que siempre imponen límites efectivos sobre los modos de subsistencia, determinan los valores dominantes de los pueblos e influyen fuertemente en sus organizaciones sociales, incluidos sus sistemas políticos.

La mayor parte de las sociedades africanas se rigen por la economía de subsistencia. Si existe acumulación de riqueza, ésta es en forma de bienes de consumo, o se usa para mantener a un número creciente de familiares o personas dependientes; por ello la riqueza tiende a disiparse pronto, no dando lugar a diferencias de clase permanentes. Las diferencias de estatus, rango u ocupación son independientes de las diferencias de riqueza.

En los sistemas políticos del “Grupo A” los privilegios económicos son recompensa del poder político; pero existe contrapeso de obligaciones económicas y llevan aparejadas fuertes responsabilidades. En los sistemas políticos del “Grupo B” las diferencias son de poca importancia.

Los sistemas políticos compuestos y la teoría de la conquista

Se ha afirmado que sociedades sin gobierno central evolucionan hacia Estados como resultado de la conquista. Pero no hay datos suficientes para hacer esta afirmación.

El problema debe plantearse de otra forma. Las sociedades del “Grupo A” parecen ser una amalgama de diferentes pueblos, cada cual consciente de su origen e historia únicos. Con algunas excepciones, son hoy todavía culturalmente heterogéneos. Podemos preguntarnos hasta qué punto puede establecerse una correlación entre la heterogeneidad cultural de una sociedad y su sistema administrativo y autoridad central. Este libro sugiere que la heterogeneidad económica y cultural va asociada con una estructura política de tipo estatal (el poder centralizado parece ser necesario para acomodar a grupos muy heterogéneos en un mismo sistema político), pero también hay casos de formas centralizadas de gobierno en pueblos homogéneos. No se necesitan formas de gobierno unitarias para que se unan pueblos con diferencias culturales no muy marcadas.

Si queremos explicar el Estado primitivo mediante una teoría de la conquista, debemos tener en cuenta no sólo el tipo de conquista y las condiciones del encuentro, sino también las semejanzas o diferencias en la cultura y en el modo de subsistencia, tanto de los conquistadores como de los conquistados, así como las instituciones políticas que aportan a la nueva combinación.

El aspecto territorial

Numerosos autores han prestado atención al aspecto territorial de las formas primitivas de organización política.

En las sociedades que se describen en este libro el territorio juega un papel diferente =>

  • En el “Grupo A” la unidad administrativa es la unidad territorial. El jefe de Estado es un gobernante territorial. Todas las personas que viven dentro de las fronteras son sus súbditos, y el derecho a vivir en esta área sólo puede ser adquirido aceptando las obligaciones del jefe.
  • En el “Grupo B” no existen unidades territoriales que puedan definirse por un sistema administrativo. Las unidades territoriales son comunidades locales cuya extensión corresponde al alcance de un conjunto particular de unos lazos de linaje y de unos lazos de cooperación directa. El cargo político no conlleva derechos jurídicos que se refieran a una franja definida de territorio y sus habitantes.
Las relaciones políticas no son un simple reflejo de las relaciones territoriales.

El equilibrio de fuerzas en el sistema político

Un sistema político africano que sea relativamente estable presenta un equilibrio entre las tendencias conflictivas y entre intereses divergentes.

En el “Grupo A” las fuerzas que mantienen la hegemonía del dirigente supremo se oponen a las fuerzas que actúan como freno a sus poderes =>
  • El rey tiene un poder bastante “absoluto”, pero existen instituciones que “controlan” este poder (consejo real, sacerdotes…).
  • Las dificultades de comunicación y transporte hacen que el rey delegue el poder a nivel regional, esto también impone severas restricciones al poder central.
  • Los jefes locales representan al poder central ante su pueblo, pero, a la vez, representan a su pueblo ante el poder central. Sin la cooperación de estos intermediarios es imposible que el rey pueda ejercer su poder.
  • El rey no sólo tiene derechos (recaudar impuestos y trabajo de sus súbditos), también tiene obligaciones (administrar justicia, protección y bienestar).
  • El rey gobierna con el consentimiento de los súbditos.
Lo anteriormente expuesto se refiere a la teoría. Pero el poder corrompe y se tiende a abusar de él. Son muchos los casos en los que la teoría no se corresponde con la práctica, puesto que tanto gobernantes como súbditos varían las normas siguiendo intereses personales.

No existe más que un modo de gobierno en este grupo, por lo que cuando se produce una rebelión, el objetivo es cambiar a las personas que están en el poder, no variar las instituciones.

En el “Grupo B” el tipo de equilibrio es muy distinto. El equilibrio se produce entre grupos locales, definidos en función del linaje. Las rivalidades suelen ser personales y no existe una administración que las canalice, forman parte de la estructura política.

El peso y la función de la fuerza organizada

La característica más importante que distingue al “Grupo A” del “Grupo B” es el peso y la función de la fuerza organizada dentro del sistema.

En el “Grupo A” la sanción principal de los derechos y prerrogativas de un gobernante es el mando de la fuerza organizada. El rey usa la fuerza organizada con el consentimiento de sus súbditos para mantener el funcionamiento de un sistema político que estos últimos dan por sentado como base de su orden social.

En el “Grupo B” no existe un lugar dominante en la estructura política a través del control de la fuerza organizada. Si en las disputas entre segmentos se hace uso de la fuerza, la respuesta será de la misma magnitud; y si un segmento domina, no podrá establecer un poder político sobre otros al no existir una maquinaria política para ello. El equilibrio se mantiene mediante una distribución del mando de la fuerza que corresponde a una distribución de intereses iguales pero competitivos entre los segmentos homólogos de la sociedad. Todo reside en el derecho a la defensa propia.

Distintos tipos de respuesta al dominio europeo

Las diferencias que hemos señalado entre las dos categorías básicas de sociedades se manifiestan de forma notable en lo que respecta a su ajuste a la imposición del gobierno colonial. La mayor parte de estas sociedades han sido conquistadas por los europeos o se han sometido por miedo a ser invadidas.

En las sociedades del “Grupo A”, bajo el gobierno colonial, el dirigente supremo ve disminuida su autoridad, a la vez que crece la de sus subordinados. El dirigente supremo se convierte en un agente del gobierno colonial = la estructura piramidal del Estado se mantiene, pero la posición suprema la ocupa ahora el gobierno colonial. A menudo actúa simultáneamente como representante del gobierno colonial ante su pueblo y como representante de los intereses de su pueblo ante el gobierno colonial.

En las sociedades del “Grupo B” pasa lo contrario. El gobierno colonial no puede gobernar a través de los múltiples jefes y tiene que enviar a sus propios agentes (se usa a cualquier persona que en el contexto africano pueda ser considerada como un jefe). Este nuevo jefe ve aumentado su poder de manera inusitada y se ve respaldado por una fuerza superior (el gobierno colonial), pero, a la vez, el sistema colonial restringe su poder. El resultado es que todo el sistema de segmentos que se equilibran mutuamente tiende a derrumbarse y aparece un sistema burocrático europeo, con una organización parecida a un Estado centralizado.

Los valores místicos asociados con el cargo político

Los gobiernos europeos pueden imponer su autoridad (mediante la sanción de la fuerza) tanto en las sociedades del “Grupo A” como en las del “Grupo B”; pero no pueden establecer lazos morales con los súbditos, puesto que en el sistema nativo original el uso de la fuerza por el dirigente se basa en el consentimiento de los súbditos y se hace en interés del orden social.

El dirigente africano es, para sus súbditos, un dirigente secular y, en cuanto que tal, puede ser reemplazado por los europeos; pero es algo más: sus credenciales son místicas y proceden del pasado.

La organización política africana no es un modelo de armonía, se han dado numerosas revueltas, opresión, guerras civiles… Pero el sistema se ha mantenido en equilibrio.

Existen numerosos lazos destinados a mantener el sistema contra las tendencias hacia la fisión política (violencia, revueltas, guerras…) =>
  • Pertenencia al clan, linaje y grupos de edad
  • Redes de parentesco
  • Intereses comunes económicos (tierras de pasto…)
  • Valores rituales comunes = la superestructura ideológica de la organización política
Las sociedades africanas se cohesionan mediante los símbolos => cuentos, mitos, rituales, lugares sagrados, personas sagradas… Los símbolos ayudan a mantener la estructura social. Los símbolos sagrados, que reflejan el sistema social, confieren a éste unos valores místicos que evocan la aceptación del orden social y que van mucho más lejos de la obediencia que pueda imponer la sanción secular de la fuerza = el sistema social es trasladado a un plano místico en el que viene a ser como un sistema de valores sagrados que no puede criticarse o modificarse.

El africano considera las prácticas rituales como la salvaguardia de las necesidades básicas de su existencia y de las relaciones básicas que forman su orden social: tierra, ganado, lluvia, salud, familia, clan y Estado.

La preocupación cotidiana y práctica de cada africano tiene que ver con la productividad de su propia tierra y la seguridad de su propia familia y de su propio clan, y es en torno a estas cuestiones donde surgen los conflictos que enfrentan a secciones de la sociedad.

Pero explicar el aspecto ritual de la organización política africana no es suficiente, deja en el aire muchas cuestiones.

Los rituales también sirven como una sanción contra el abuso de poder político y como un medio para obligar a los funcionarios políticos a ejecutar tanto sus obligaciones administrativas como sus deberes religiosos de forma que el bien común no sufra menoscabo. Son instituciones para afirmar y promover la solidaridad política.

Cualquier elemento del comportamiento social y, por consiguiente, cualquier relación política tiene un contenido utilitario o pragmático. En las relaciones políticas encontramos dos tipos de intereses que trabajan conjuntamente, los intereses morales y los intereses materiales.

En una comunidad organizada políticamente, los derechos, deberes o sentimientos sólo existen como elementos en un todo mutuamente equilibrado de derechos, deberes y sentimientos; es decir, existen en el cuerpo de las normas morales y legales. Si fueran violadas continua y arbitrariamente, el sistema político dejaría de funcionar.

Los intereses materiales que motivan a los individuos o a los grupos en las sociedades africanas actúan en el marco de normas legales y morales interconectadas, cuyo orden y estabilidad es mantenido por la organización política. Los valores más destacados en África son los valores místicos (escenificados en las grandes ceremonias públicas y que están enlazados con sus instituciones políticas clave). Estos valores representan el interés común de la comunidad política más amplia a la que pertenece el miembro de una sociedad africana, es decir, representa el conjunto interconectado de derechos, deberes y sentimientos, ya que esto es lo que convierte a la sociedad en una comunidad política única. Es por ello que estos valores místicos van siempre asociados con cargos políticos clave y se expresan tanto en los privilegios como en las obligaciones de los cargos políticos.

Es digno de mención que los reyes africanos mantengan, bajo el dominio europeo, sus “funciones rituales”, aún después de haber perdido gran parte de su poder político.

La diferencia entre las sociedades del “Grupo A” y las del “Grupo B” consiste en que en estas últimas, al no existir centralización del poder, los poderes y las responsabilidades rituales se distribuyen de acuerdo con la estructura altamente segmentaria de la sociedad.

El problema de los límites del grupo político

Es necesario, para finalizar, subrayar 2 puntos de gran importancia:
  1. Los conceptos de unidad o grupo político no pueden considerarse aisladamente, ya que siempre forman parte de un sistema social más amplio. Ni las sociedades del “Grupo A” ni las del “Grupo B” pueden ser analizadas de manera aislada, siempre hay que tener en cuenta sus relaciones con los grupos que las rodean. Esta superposición y engarce de sociedades se debe al hecho de que allí donde acaban las relaciones políticas, las relaciones sociales siguen.
  2. ¿Qué relación existe entre la estructura política y la estructura social total? En toda África los lazos sociales de un tipo u otro tienden a unir pueblos políticamente separados y los lazos políticos parecen ser dominantes allí donde existe un conflicto entre ellos y otros lazos sociales. Los lazos de interés puramente utilitario que existen entre individuos y entre grupos no son tan fuertes como los lazos que dimanan de una vinculación común a símbolos místicos. Es justamente la mayor solidaridad generada por dichos lazos lo que permite generalmente a los grupos políticos la dominación sobre otros grupos políticos de otro tipo.

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