Clasificación de las sociedades según Marx y Engels

Esta perspectiva histórica ha inducido a Marx y a Engels a examinar detenidamente los diferentes tipos de sociedades que se han sucedido históricamente. Se comprende ahora que Marx y Engels hayan intentado definir esas sociedades a partir del estado de desarrollo de las fuerzas productivas y a tenor de las relaciones de producción resultantes de las mismas. Marx lo indica claramente en el texto ya citado de su artículo Trabajo asalariado y capital. Sin embargo, contrariamente a Auguste Comte, Marx y Engels apenas elaboran su clasificación de sociedades. El pasado les interesaba menos que le presente y el futuro. Comte analizó la sociedad moderna sobre todo en cuanto sociedad industrial, cuya interpretación buscaba él en sus antecedentes históricos. Marx y Engels, en cambio, estudiaron preferentemente la índole capitalista y burguesa de la sociedad moderna, y se propusieron ante todo hacer una critica sistemática y así lo esperaban, decisiva del capitalismo.

Marx y Engels, sin embargo, transcribieron, en varios lugares de su obra, un bosquejo de la idea general que ellos se forjaban de la sucesión histórica de los diversos tipos de sociedades. El lector ha encontrado dos ejemplos de ello en los extractos de sus obras antes citados. Las exposiciones más elaboradas se contienen, sin en la primera parte de la ideología alemana, y sobre todo en la Contribución a la critica de la economía política de Marx, como también en los orígenes de la familia de Engels. De hecho, la clasificación de las sociedades según Marx y Engels evolución en la medida misma en que se precisaban sus ideas y se ampliaban sus investigaciones. Por lo demás, ya se habrá comprobado que Marx menciona cuatro tipos de sociedad en el primer extracto ya citado y tres en el segundo

Previo estudio de las diferentes partes de la obra de Marx y Engels, cabe establecer una clasificación de las sociedades en seis tipos.

La comunidad tribal

La comunidad tribal es la más antigua forma conocida de sociedad. Es, en expresión de Marx “una ampliación de la familia” siendo la familia la primera célula social que ha existido. También puede decirse que la comunidad tribal resulta de la reunión de varias familias por medio del matrimonio o por otros medios. La división del trabajo es muy limitada en la comunidad tribal, apenas más elaborada que en la familia. Esta división corresponde a las técnicas de trabajo arcaicas y a una pobre productividad. El objetivo del trabajo no es propiamente hablando, la producción, sino más bien la. estricta supervivencia de la colectividad y de sus miembros

La propiedad privada de los bienes de producción cuenta poco en esa comunidad: el tipo de propiedad en ella imperante es “comunal”, es decir, el territorio o el suelo pertenece a la tribu en conjunto, considerándose cada miembro productivo de la misma como un copropietario. En tales condiciones, la organización social resulta muy simple, fundándose en la familia y en los lazos de parentesco, y la jerarquía social es apenas existente.

La comunidad tribal constituye pues una forma de “comunismo primitivo”, según una expresión utilizada a veces para designarla. Los propios esclavos, primera forma de la explotación del hombre por le hombre, también fueron considerados a menudo como una propiedad comunal. Se trata asimismo de una sociedad sin clases sociales.

La comunidad tribal es un tipo de sociedad singularmente importante, por cuanto fue, de hecho, el tronco común del que brotan los tres tipos siguientes de sociedad.

La sociedad asiática

La sociedad asiática es la continuación más directa de la comunidad tribal. Efectivamente, no se registra en ella propiedad privada alguna de los medios de producción. Todas las tierras son propiedades del poder supremo, pasando a convertirse las familias o los grupos locales en los concesionarios de sus dominios. Se trata, pues, de una forma evolucionada de la propiedad comunal, compartiendo casa familia con la autoridad superior la propiedad de las tierras. Los excedentes de la producción pertenecen a la autoridad suprema o a la comunidad local, que los utiliza con miras al interés común.

El régimen político de semejante sociedad suele estar sometido a la autoridad de un déspota. De ahí la expresión «despotismo oriental» para designar a este tipo de sociedad. Pero el régimen político también puede revestir aquí un carácter democrático, cuando la autoridad se concentra sobre todo en el grupo de los jefes de familia.

En este tipo de sociedad, la ciudad puede no tener importancia alguna. Se trata de una sociedad primordialmente rural o integrada Por pequeñas comunidades locales, considerablemente autónomas desde el punto de vista económico, dada la combinación que pueden llevar a cabo entre la industria y la agricultura. Las ciudades, sin embargo, pueden desarrollarse en esa sociedad al amparo del comercio exterior, o bien en caso de que los jefes utilicen el excedente de la producción para dar trabajo a una mano de obra.

La sociedad asiática es también, por regla general, una sociedad sin clases. En caso de producirse, se encuentran en su estado más primitivo. De otro lado, por diversas razones sobre las que Marx vaciló, la sociedad asiática es la más estable, la menos apta a la evolución y al cambio.

La sociedad asiática ha existido y existe aún en Oriente (de ahí, evidentemente, su nombre), sobre todo en determinadas regiones de la India, en las sociedades precolombinas de Méjico y Perú y entre los antiguos celtas.

La ciudad antigua

La ciudad antigua se constituyo originariamente por la reagrupación de varias tribus. El ejemplo clásico más evolucionado es la antigua ciudad griega y romana. El eje de desarrollo y el centro de esa sociedad es la ciudad, no el campo. El poder y la riqueza se concentran en la ciudad. El campo es un territorio dependiente de la ciudad y se desarrolla en función de la misma.

En su origen, la organización social de la ciudad es esencialmente militar, y la guerra constituye el único medio de apropiación y conservación de la la tierra. De ahí que la propiedad de la tierra pertenece a la comunidad nacional, al Estado. Sólo los ciudadanos, miembros de esa comunidad, pueden participar de la propiedad común. Pero muy pronto, paralelamente a la propiedad comunal, aparece y se difunde la propiedad privada mobiliaria e inmobiliaria. Sin embargo, la propiedad comunal (ager publicus) es siempre importante. De otro lado, sólo gracias a su participación en la comunidad tiene derecho el ciudadano a beneficiarse de la propiedad común y a poseer también unos bienes personales. En Roma, por ejemplo, ese derecho únicamente fue reconocido al principio a los patricios. Se extendió luego a los plebeyos, pero jamás a los esclavos. El derecho a la propiedad de los esclavos como a la de los restantes bienes, conserva pues un fundamento comunitario: los esclavos forman una mano de obra común compartida por los ciudadanos propietarios.

Esta división de la propiedad va a la par con la división del trabajo, de modo que la ciudad antigua es una sociedad clasista, en la que las principales relaciones de clases se establecen entre ciudadanos y esclavos. Pero se advierten también en su seno otras oposiciones: oposición entre los Estados, que se hacen la competencia y se declaran la guerra; oposición entre la ciudad y el campo, que se afirma por primera vez en este tipo de sociedad; oposición entre industria y comercio en el seno de la ciudad; situación difícil, en fin, de los pequeños campesinos, primer proletariado rural.

La sociedad germánica

La sociedad germánica medieval constituye un buen ejemplo de otro tipo de-sociedad, que también cabe encontrar en otras latitudes. Es una sociedad rural. La ciudad, cuando existe, no es más que la residencia del rey y de su corte, y carece de toda base económica.

Lo que caracteriza a la sociedad germánica es el hecho de estar fundada sobre el desperdigamiento y la autonomía de la pequeña hacienda. Cada unidad familiar vive de manera independiente en la finca de la que es propietaria, finca que explota para sus necesidades. No hay concentración de propietarios, sino más bien una yuxtaposición de unidades de trabajo y de pequeños propietarios.

Estamos ante una sociedad atomizada y muy individualista. La propiedad comunal, cuando existe, no pasa de ser un suplemento a la propiedad privada. Se trata, en este caso, de una tierra poseída en común por pequeños propietarios y destinada a unos fines muy específicos. La pertenencia a la comunidad no tiene pues relación alguna con la propiedad, contrariamente a lo que acontecía en la ciudad antigua, en la que dicha pertenencia fundaba el derecho a la propiedad, y contrariamente también a la sociedad asiática, en la que daba derecho a participar de la copropiedad. La pertenencia a la comunidad se plasma más bien en una lengua común, en unos vínculos de sangre, en una religión, etc. Se trata de una comunidad con escasa cohesión, comunidad que sirve sobre todo para asegurar a los pequeños propietarios la protección en caso de guerra, además de ciertos pequeños servicios.

La campiña de Québec de los siglos XVIII y XIX correspondía con bastante exactitud a este tipo de sociedad: su economía rural se basaba en fincas cultivadas individualmente por unidades familiares; los pequeños propietarios eran relativamente independientes los unos de los otros y muy individualistas; en las más antiguas aldeas, incluso hoy cabe encontrar la «comuna», propiedad colectiva destinada sobre todo al pasto del ganado durante el verano.

La sociedad feudal

En Occidente, tras el ocaso de la ciudad antigua y la invasión de los bárbaros, la sociedad feudal pudo desarrollarse a partir una sociedad de tipo germánico o a partir de una sociedad rural desorganizada y sujeta al pillaje. La sociedad feudal puede ser simultáneamente rural y urbana, pero es siempre de origen rural. La propiedad, que hacen fructificar sus tierras instalando en ellas a los siervos de quienes exigen unas rentas a cambio de su protección.

La sociedad feudal rural es una sociedad clasista. Muy jerarquizada, que opone una clase de señores y de grandes propietarios a la clase de siervos. Estos únicamente pueden trabajar y vivir gracias a su dueño y en la propiedad del mismo. A esta jerarquía rural y a la gran hacienda corresponde en la ciudad la jerarquía corporativa, a la que deben pertenecer todos los pequeños artesanos, jerarquía que establece y mantiene las relaciones entre maestros y aprendices.

La división del trabajo es relativamente limitada. Se evidencia sobre todo entre la ciudad y el campo, y, en el seno de la ciudad, se halla estructurada por la organización corporativa. Pero solo tardíamente se produce en la ciudad feudal la división entre industria y comercio. La corporación feudal prepara ya el capitalismo: sirve para proteger a los artesanos, cuyos capitales, modestos aún, dominan el trabajo de los oficiales y aprendices.

La sociedad capitalista burguesa


La sociedad capitalista burguesa se caracteriza por un desarrollo técnico y una división del trabajo más avanzados que en todos los demás tipos de sociedad, y por unas relaciones de clases más netamente afirmadas. Esta sociedad está singularmente marcada por el dominio ejercido por una clase nueva, clase constituida gracias al auge del comercio y de la industria: la clase burguesa de origen urbano. Gracias a la acumulación de capitales importantes, esa clase abre nuevos mercados comerciales, crea la manufactura y acrecienta la productividad del trabajo. Pero esa mayor actividad económica sólo se alcanza mediante la concentración de trabajadores cada vez más alienados de los medios de producción y de los bienes producidos: así se constituye la clase del proletariado obrero.

Cabe incluso distinguir dos etapas en la evolución de la sociedad capitalista: la etapa del capitalismo comercial, en cuyo transcurso la clase burguesa se constituye y enriquece gracias a la ampliación de recursos, y al descubrimiento de nuevos y nuevas fuentes de abastecimiento; la etapa del capitalismo manufacturero e industrial, preferentemente aplicado a una producción cada vez más masiva. En esta segunda fase aparece el proletariado obrero, concentrado en las ciudades, y se produce la urbanización progresiva del campo. De acuerdo con los trabajos de Lenin, cabría añadir una tercera fase, la del capitalismo financiero y colonialista, que Marx no pudo conocer en vida, al menos en su forma moderna.

Sin embargo, en opinión de Marx, la lógica interna del capitalismo llevaría a éste a la autodestrucción, por cuanto la oposición entre la clase burguesa y la clase proletaria no puede por menos de hacerse cada vez más radical y desembocar en el hundimiento y destrucción de la primera por la segunda. Mediante la dictadura del proletariado, se instauraría entonces un nuevo tipo de sociedad, la sociedad comunista sin clases, fundadaza en la abolición de la propiedad privada y la reimplantación de la propiedad comunal. Sólo entonces, opina Marx, el hombre no estará ya sujeto al imperativo de la producción, contrariamente a lo que acontece en la sociedad capitalista, puesto que la producción estará en función de las necesidades del hombre y de todos los hombres. Con esta liberación del hombre concluirá lo que Marx dio en llamar la prehistoria de la humanidad y se iniciará realmente la historia humana. Esta gran esperanza «humanista», enclavada en el meollo de la obra de Marx y Engels, es olvidada con harta frecuencia por los detractores incondicionales del marxismo. Pero estas últimas consideraciones nos conducen a las fronteras de la sociología y el profetismo.

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