El Neolítico Medio Y Final

NEOLITICO MEDIO

El horizonte enmarcado cronológicamente desde la 2ª ½ del IV milenio y la 1ª del III milenio significa, en términos generales, la consolidación de unas tendencias socioeconómicas que ya habían iniciado su desarrollo a lo largo del proceso de la neolitización. En estos momentos se observará y subrayará la acentuación de diversos procesos sociales y económicos, los cambios en los complejos tecnoeconómicos, la complicación en la estructuración del espacio habitado, la diversidad ritual y estructural del mundo funerario y, en general, un mayor desarrollo y dispersión de la explotación del territorio.
Cuestión terminológica y aspectos cronológicos.-

No en todas las zonas penin. se denomina ni se caracteriza cronológicamente de la misma forma este período.

En Cataluña, uno de los aspectos más relevantes es el desarrollo, entre la 2ª ½ del IV milenio y la 1ª del III, de la Cultura de los Sepulcros de Fosa, muy homogénea en cuanto a sus conjs. tecnoeconómicos y, sobre todo, por lo que se refiere a las características necrópolis de fosas.

En Andalucía, este periodo se conoce como el Neo. Medio-Final, y se centra entre el último cuarto del IV milenio y la 2ª ½ del III milenio. Disponemos de niveles con materiales de este momento, caracterizados por un cambio en las tradiciones cerámicas con una generalización de cerámicas lisas, en Carigüela, Nerja, Nacimiento, etc.

En Aragón se conoce como Neo. Medio una fase final del proceso de neolitización, situada entre el 6000-5500 BP, a caballo entre el horizonte epicardial y el Neo. reciente. Se documentan los 1os. asentamientos al aire libre claros, como, por ej., Alonso Norte (Bajo Aragón) y Torrollón (Huesca). Para el periodo concreto que nos atañe, los datos son escasos, heterogéneos y de difícil sistematización.

En la zona valenciana es donde quizás mejor se hace patente la confusión terminológica y cronológica de este periodo: lo que ntos. entendemos como Neo. Medio, la consolidación agrícola y ganadera del IV-III milenios, quedaría incluida en las fases A y B del Neo. II, en el horizonte del Neo. Final (5500-4500 BP), que a su vez es subdividido en 2 momentos: el Final I, hacia 5400-4800/4700 BP, con el predominio de la cerámica esgrafiada, y el Final II, el horizonte precampaniforme.

Dispersión Neolítico Medio.

1. Andalucía.-

La imagen tradicional del neo. andaluz ha sido conformada por la cultura de las cuevas y la cultura de Almería, denominaciones ambas que se mantienen en las actuales sistematizaciones aunque puedan haber variado sensiblemente sus contenidos.

La estratigrafía de Carigüela sigue siendo el punto de ref. para identificar esta etapa. En los niveles XII-IX (fecha aprox. desde el 3er cuarto del V milenio a principios del IV milenio) se aprecia un cambio en las tradiciones cerámicas, con el apogeo de la cerámica a la almagra. Prosigue la decoración impresa con regresión de la cardial. A partir del neo. medio abundan los hallazgos de restos humanos que nos hablan de una utilización de la cavidad como hábitat y como lugar de enterramiento, fenómeno que veremos repetirse en muchas otras cuevas de similar cronología.

La Cultura de las cuevas se reparte ampliamente por el territorio andaluz. La mayor concentración de yacimientos la tenemos en las montañas de la región subbética, donde persiste la ocupación del núcleo de la sierra Harana. Algo más meridional y occ. es el núcleo de los alrededores de Alhama (Granada), con la cueva de la Mujer, cueva del Agua, etc. Y también son nosos. los yacimientos conocidos en las cadenas montañosas litorales, con la cueva del Capitán, cueva del Tesoro, cueva de los Botijos, etc., sin olvidar las cuevas de Gibraltar. En la serranía de Córdoba se encuentran la cueva de la Murcielaguina y la cueva de los Mármoles, y la cueva de los Murciélagos de Zuheros, yacimiento que ha aportado la más completa documentación sobre el neo. medio andaluz.

Además de las cerámicas decoradas con incisiones, acanalados y cordones, etc., que con frecuencia presentan las superficies con engobe rojo o almagra, también son especialmente abundantes en los contextos del neo. medio formas cerámicas como los vasos con asa-pitorro y adornos como los brazaletes con o sin estrías. La industria lítica ofrece menos novedades con el predominio de las hojas de sílez destinadas a elementos de hoz. Los útiles de piedra pulida incluyen hachas, azuelas y cinceles. La industria ósea comprende punzones de diversas formas, espátulas, cinceles, escasas agujas…, y diversos adornos, que también se fabrican sobre material malacológico.

Los resultados obtenidos en la cueva de los Murciélagos de Zuheros, cuya amplia serie de dataciones absolutas se sitúa entre el 5252-5142 cal. BC y 4942-4686 cal. BC, propiciaron la consideración en el neo. andaluz de 2 grupos son tradiciones culturales distintas que pudieron ser sincrónicos y no necesariamente sucesivos: el 1º vendría representado por los niveles más profundos de la cueva de la Carigüela y el 2º por las cuevas malagueñas, granadinas y cordobesas . Este sincronismo ha de limitarse, sin embargo, a los últimos siglos del 6º milenio a. C., perdurando en adelante sólo el grupo de la cultura de las cuevas o neo. medio.

La situación de los yacimientos en zonas montañosas ha sido interpretada como expresión de una economía fundamentalmente pastoril que favorecería la ocupación estacional de cuevas y abrigos. Es difícil todavía pronunciarse sobre ello, pero a semejanza de lo visto en el P. Valenciano, Cataluña y Alto Aragón, hay yacimientos que muestran evidencias de una intensa ocupación y de cierta actividad agrícola de acuerdo con la presencia de cereales carbonizados, como en el caso de la cueva de los Murciélagos o en la cueva de los Mármoles. Sabemos que muchas de estas cuevas fueron utilizadas también como lugar de enterramientos, según muestran los abundantes restos humanos que suelen ofrecer, de los que por lo demás poseemos escasa documentación si exceptuamos las sepulturas en fosa de la cueva del Agua. Además, las prospecciones realizadas en los últimos años permiten afirmar que el hábitat en cueva nunca fue exclusivo -La Dehesa (Lucena del Puerto, Cádiz) y en el Judío (Almonte, Huelva).

Cuando se intenta definir el límite más reciente de esta cultura, la imprecisión es mucho mayor debido a la escasez de la documentación estratigráfica que podemos referir a los SS. finales del 5º y comienzos del 4º milenio. Así, en la mayoría de las ocasiones se sitúa la transición entre el neo. medio y el final hacia la 2ª ½ del 5º milenio. Pero este horizonte cronológico parece corresponder en Andalucía sobre todo a una continuación de las tradiciones y bases económicas de la cultura de las cuevas, mientras los grandes cambios acaecerán ya transcurridos los 1os. SS. del 4º milenio, cuando la uniformidad deja paso a la diversidad de nuevos grupos culturales, entre los que destaca la cultura de Almería en la zona del mismo nombre, precediendo a la expansión de los 1os. grupos que entierran en sepulcros megalíticos.

2. Cataluña.-

Es frecuente en la bibliografía catalana la ref. al grupo de Montboló o a las cerámicas de tipo Montboló, que corresponderían a las fases de transición entre el neo. antiguo epicardial y la cultura de los sepulcros de fosa. Este grupo o estilo cerámico toma su nombre del yacimiento homónimo en los Pirineos or. Franceses y su distribución comprendería buena parte del principado de acuerdo con lo que se considera su elemento característico: vasos cerámicos sin decoración, con superficies espatuladas y bruñidas de tonalidad oscura, formas globulares o de suaves carenas, etc., y sobre todo las asas tubulares verticales, que se convierten muchas veces en su verdadero fósil director. Sin embargo, no se han encontrado por ahora niveles Montboló puros para así poder situar con claridad este estilo cerámico. Por el contrario, materiales estilo Montboló aparecen asociados a conjs. epicardiales en la Cova del Toll, a cerámicas con superficies peinadas y decoración de crestas en la Cova de la Font del Molinot, o en conjs. donde resulta manifiesta la presencia de elementos de tipo chasseense, como en la Cova de les Griuteres (Vilanova de Sau, Barna), o en la tumba de la Bassa (Fonteta, Gerona), lo que vendría a demostrar su perduración al menos en los momentos iniciales de la cultura de los sepulcros de fosa.

En la 2ª ½ del 5º milenio a. C. comienza la Cultura de los sepulcros de fosa, característica del neo. medio catalán. La fácil identificación arqueológica de esta cultura, los enterramientos en fosas excavadas en el suelo con un ajuar característico, la convirtieron desde las 1as. investigaciones sobre la prehistoria catalana en un ref. obligada.

Los sepulcros de fosa se localizan por lo general en terrenos fértiles y próximos a cursos de agua, en valles y zonas del relieve poco pronunciado distribuyéndose entre las cuencas de los ríos Ebro, Segre y Ter, y el litoral mediterráneo. Su mayor concentración corresponde a las cuencas del Llobregat y sus afluentes, Cardoner y Anoia, y a la cuenca del Besós.

Son varios los tipos de sepulturas identificados: las simples fosas excavadas en la tierra y sin ninguna protección, las que se cubren mediante un amontonamiento de piedras, y las que lo hacen mediante una o varias losas. En otros casos, las paredes de la fosa se han revestido total o parcialmente con losas,, empleadas también para cubrirlas, lo que las convierte en auténticas cistas. Por último, también se conocen algunos sepulcros formados por cámara y pozo o galería de acceso, con la entrada tapada mediante una losa vertical, como sucede en el enterramiento de Can Vinyals o en alguna sepultura de la necrópolis de la Bòbila Madurell. Respecto a la señalización externa de estas sepulturas, sólo se hallaron verdaderas estelas de piedra en los sepulcros de Els Valls (Riudecols, Tarragona). Pero la evidencia de que en necrópolis imps., como la de la Bòbila Madurell (más de 50 sepulturas), ninguna fosa aparece cortada por otra posterior, hace inevitable suponer que existió alguna señal externa que permitiría su localización.

En el interior de las fosas se inhumó por lo general un solo individuo, aunque en algunos casos han aparecido 2 esqueletos, nunca más de 2. El cadáver aparece encogido, en posición fetal, coincidiendo con el pequeño tamaño de las sepulturas. El tipo físico de los inhumados pertenece a los llamados mediterráneos gráciles. El ajuar recuperado en los sepulcros corresponde en gran parte a lo que fueron adornos del inhumado, como cuentad de collar de calaíta, de pizarra o de concha, brazaletes de pectúnculo, colgantes o pendientes sobre colmillos de jabalí, punzones de hueso o agujas para el cabello, etc. También encontramos recipientes cerámicos que pudieron contener ofrendas, por lo general con las superficies bruñidas y sin decoración, con formas globulares, hemiesféricas o con fuerte carena, además de los característicos vasos de boca cuadrada, hojas de sílex y grandes núcleos preparados para su extracción, algunos triángulos y trapecios, y escasas puntas de flecha de retoque bifacial, que se consideran propias del final de esta cultura, hachas y azuelas de piedra pulida, industria ósea, etc.

Los lugares de hab. siguen siendo prácticamente desconocidos a pesar de la general suposición de que las gentes de los sepulcros de fosa vivieron en poblados situados en tierras bajas, cerca de las necrópolis, basando su economía en la explotación agrícola de las tierras más fértiles.

La duración de esta cultura se establece en un milenio aprox., entre el 4300 y 3100 a. C., teniendo en cuenta las dataciones absolutas que se poseen y la creciente presencia de materiales chasseenses que permiten parangonar mejor su desarrollo con el de las áreas septentrionales inmediatas. Parece claro, sin embargo, que el sepulcro individual perduró más allá del neo., hasta el comienzo de la E. de los metales, de acuerdo con las escasas piezas de cobre o los botones con perforación en “V” encontrados en alguna sepultura.

Por su especial significación destacaremos el descubrimiento de una verdadera actividad minera enel yacimiento de Can Tintorer (Gáva y Viladecans, Barcelona). Entre los filones de fosfatos y silicatos el mineral buscado era la variscita, piedra de color verde conocida tradicionalmente como calaíta, empleada para la fabricación de adornos. La presencia de cuentas de collar y colgantes de variscita en proceso de fabricación y también de los taladros empleados para realizar sus perforaciones, en ocasiones totalmente agotados por el uso, indica que, además de la labor extractiva, la comunidad que explotaba las minas de Can Tintorer elaboraba allí mismo la variscita para transformarla en obj. de comercio.

3. Levantino.-

La característica principal del neo. medio valenciano sería la desaparición de la cerámica cardial, al tiempo que las cerámicas incisas, acanaladas e impresas con instrumento se convierten ahora en las más representativas.

Dentro de esta etapa se encuadrarían los niveles neo. de la Cova Fosca, donde todos estos tipos cerámicos aparecen abundantemente. La superposición de niveles del neo. medio a otros epipaleo. y las elevadas dataciones obtenidas en Cova Fosca (6541-6375 cal. BC), y en otros yacimientos penin., han sido, sin duda, los condicionantes fundamentales para la consideración de este horizonte cultural como un neo. antiguo de carácter continental paralelo al neo. cardial de las zonas costeras penins. Sin embargo, la posición estratigráfica de este neo. medio ha sido recientemente comprobada en las secuencias de la Cova de l’Or y de la Cova de les Cendres.

Por lo que se refiere a la significación de otros tipos decorativos, en la Cova de les Cendres se observa que la técnica del peinado, que había empezado a adquirir una cierta imp. a principios del 5º milenio a. C., irá progresivamente aumentando su incidencia hasta al final del neo. medio se convertirá en técnica dominante. Por su parte, conviene señalar que las decoraciones en relieve, cordones, mamelones, etc., son relativamente frecuentes a lo largo de todo el neo. antiguo y medio, apareciendo combinadas a menudo con las otras técnicas decorativas.

4. Aragón.-

En Aragón, la escasez de datos impide identificar un Neo. medio con un mínimo de identidad. Sólo en la Espluga de Puyascada aparece un solo nivel que corresponde al Neolítico medio. Parecen perdurar tradiciones epipaleo. con neo. Ello hace difícil precisar la duración que tuvo este proceso de neolitización del epipaleo. geométrico, pero los datos que poseemos abogan por asignarle un lapso sup. al del neo. antiguo cardial en áreas prox. Además, otros yacimientos como los hallazgos al aire libre del El Serdá o los abrigos de Cocinilla del Obispo y de Dña. Clotilde, que participan también de la tradición epipaleo., han sido parangonados igualmente con los horizontes cerámicos definidos en la cueva de la Cocina, lo que supone una cronología neo. avanzada que puede equipararse al neo. antiguo y medio catalán o valenciano.

Destacaremos las nuevas perspectivas abiertas con el descubrimiento de la necrópolis del Barranco de la Mina Vallfera (Mequinenza, Zaragoza), cerca de la desembocadura del rio Segre. Hasta el momento se conocen 2 sepulturas con las losas que delimitan la cista inclinadas hacia el interior a manera de cubierta, y un túmulo alrededor de la cámara funeraria.

Entre los materiales que formaron el ajuar de los inhumados encontramos recipientes cerámicos carenados, hachas de piedra pulida, triángulos de sílex, brazaletes de pectúnculo, colgantes y cuentas de collar, muchas de ellas de calaíta, etc., todo lo cual encuentra paralelos adecuados en la cultura de los sepulcros de fosa de Catalunya. Sería el hallazgo más occ. que podemos atribuir por ahora esta cultura, correspondiendo según las dataciones absolutas ya a los SS. del 4º milenio a. C.

5. Resto de la Península.-

En el resto de la penin. no tenemos datos disponibles del neo. medio. En general perduran las formas culturales y económicas de la etapa anterior.

NEOLÍTICO RECIENTE O FINAL

A finales del Neolítico se agudiza, en general para toda la Pen., la trayectoría socioeconómica señalada en las fases anteriores. Por lo que se refiere a la actividad agrícola, se observa una mayor diversidad de los recursos explotados, aparte del trigo y la cebada, como por ej. las legumbres (habas, lentejas). En fauna doméstica hay un predominio de los bóvidos y el cerdo sobre los ovicaprinos. La caza tiene un papel más regresivo, excepto en algunas zonas como Andalucía.

El patrón de asentamiento y explotación del territorio sufrirá cambios según el territorio.

Dispersión Neolítico Final.

1. Andalucía.-

En Andalucía, se estima que los niveles VIII-V de la Carigüela de Piñar pertenecen al Neo. reciente, con una cronología aprox. desde principios del IV milenio hasta el tránsito al 3er milenio, al igual que en la cueva de Nerja. Se caracteriza éste por un gradual aumento de la imp. de las cerámicas lisas en detrimento de los vasos ricamente decorados. En la cueva de la Carigüela aparecen cerámicas no decoradas que pierden calidad respecto al período anterior, con formas abiertas, semiesféricas y perfiles en “Z” muy acusados, mientras que en Nerja aparecen gran variedad de formas; las decoraciones alcanzan su apogeo, sobre todo las incisas y puntilladas, en ocasiones rellenas de pasta roja. También se extinguirán ahora otros elementos característicos del neo. medio, como los brazaletes de caliza con estrías grabadas, y ya en el último momento de la secuencia neolítica aparece un ídolo cruciforme de caliza. En la Cueva Chica de Santiago continúa la cerámica a la almagra.

Uno de los yacimientos más interesantes de estos momentos es el de la cueva de los Murciélagos de Albuñol (Granada). Entre los hallazgos del conj. destacan los materiales de cestería: cestillos cilíndricos estrechos y hondos, decorados con motivos geométricos pintados; cestos planos, bolsitas, tapas, esteras y sandalias, todos ellos de esparto.

En las Peñas de los Gitanos (Montefrío, Granada) existieron durante el neo. medio y tardío grupos de pob. pertenecientes a la cultura de las cuevas, cobijados en las covachas, cuevas y abrigos del paisaje de la zona. En la fase II del poblado de Los Castillejos muestra ún la perduración de patrones decorativos de la cultura de las cuevas, con incisiones, puntillados y cordones que van disminuyendo en proporción, y vasos con superficies a la almagra. Aparecen nuevos tipos como las escudillas, los cuencos y las grandes fuentes carenadas de borde recto. En la industria de sílex, las hojas de mediano y gran tamño sustituyen a las hojitas. Y la progresiva disminución de los ovicápridos, mientras aumentan los restos pertenecientes a animales salvajes, se interpreta como expresión de una mayor imp. de la agricultura en la actividad económica del poblado. Nos encontramos ya en los últimos momentos neo. Y la cronología propuesta, centrada entre el 3500 y el 3200 a. C., corresponde a un neo. final que corre paralelo a los hábitats al aire libre y a las cerámicas lisas de la cultura de Almería y de los silos de Campo Real en el Bajo Guadalquivir.

La cultura de Almería ha sido durante mucho tiempo uno de los ejes básicos de la sistematización del neo. penin. Definida a partir de los trabajos de L. Siret, fundamentalmente en los poblados de El Garcel y Tres Cabezos (Antas, Almería), por sus cerámicas lisas, formas ovoides, bases de tendencia cónica y asas en forma de apéndices verticales. Ya en la década de los 40, G. y V. Leisner establecerían una periodización de esta cultura basada exclusivamente en los enterramientos y sus ajuares. Las sepulturas de la fase I, en su mayoría de planta circular u oval, con ajuares en los que abundan los útiles d epiedra pulimentada, las hojas y los geométricos trapezoidales de sílex, o los elementos de adorno fabricados en concha, mientras escasea la cerámica y, sobre todo, no existen hallazgos metálicos, ni ídolos, corresponderían a las mismas tumbas y materiales que caracterizan según Siret al neo. en Almería. La fase II también coincidiría en los enterramientos y materiales, al igual que en la hipótesis de una aportación foránea representada por los cambios que se advierten en el complejo industrial, en especial por la aparición de los foliáceos. Pero con la dif. fundamental de que para los Leisner se iniciaría en este momento la E. del Cobre. En la reciente revisión efectuada por P. Acosta y R. Cruz-Auñón, los enterramientos y ajuares atribuidos a las fases iniciales de la cultura de Almería gran parte de sus elementos abogan más por un horizonte calcolítico que por otro anterior.

Sin embargo, parece fuera de toda duda que en Almería se da una facies de cerámicas lisas contemporáneamente al neo. final de áreas próximas y que, por ej., la presencia de escorias de mineral de cobre, así como los fragmentos de vaso campaniforme en los poblados, deben indicar la existencia de etapas más tardías en la ocupación de los yacimientos y no su fundación en plena E. del Cobre. Posiblemente la cultura de Almería haya que considerarla, reducida a su expresión regional en el ámbito del SE., como uno más entre los varios complejos neo. de comunidades campesinas establecidos en las regiones costeras de la Pen. sobre los que florecerán en una etapa inmediatamente posterior las más tempranas culturas de la E. del Cobre del occ. mediterráneo.

2. Cataluña.-

En Cataluña, para la transición del Neolítico final al Calcolítico es difícil distinguir los conjs. tecnoculturales y sus características económicas y sociales. Según diversos autores, la fase más reciente del Neolítico catalán está ocupada por la cultura de los sepulcros de fosa, (entre 3500-2500 a. C.), que toma su nombre del tipo de yacimientos conocidos, casi exclusivamente enterramientos individuales de inhumación en fosa, siendo los lugares de habitación prácticamente desconocidos.

Determinados autores han diferenciado, grosso modo, para este neo. reciente (2ª ½ del III milenio a. C.), 2 conjs.: El Veraciense y el grupo de Treilles; aunque para otros ya pertenecen al Calcolítico.

El Veraciense es una cultura extendida por el S. de Francia y Cataluña. De hábitat en cuevas y en abrigos rocosos, los principales hallazgos de esta cultura son enterramientos colectivos, en los que se encuentran restos cerámicos que son el fósil-director de la misma. Son características las ollas y marmitas con un sist. de prensión a base de mamelones superpuestos (doble mamelón). Además se le atribuyen vasos tulipiformes, cuencos semiesféricos, vasos carenados, grandes jarras, decoración de cordones, pastillas en relieve, etc. La industria es mal conocida, y los objs. de adorno siguen siendo las cuentas de collar (hueso, esteatita, variscita), colgantes, etc. Los yacimientos más conocidos que han proporcionado este tipo de materiales son los de El Coll (Llinars del Vallés, Barcelona), al aire libre y con 2 dataciones radiocarbónicas relativamente altas (4825 BP y 4650 BP), la Cova del Frare, los conjs. de cavidades de Serinyà (Girona) y la Cova Verda (Sitges, Barcelona).

El conjunto de Treilles se caracterizaría por la decoración cerámica de triángulos grabados.

3. Levantino.-

El esquema evolutivo valenciano se cierra con el neo. final, cuyo inicio situaríamos en torno al 4300 a. C. Su elemento más característico son las cerámicas con decoración esgrafiada que, por la precisión de la tipología de sus vasos y de sus motivos decorativos, sugieren estrechas relaciones con el ámbito mediterráneo extrapenin. (culturas contemporáneas de la P. Italiana y la cultura fancesa de Chassey).

Con la aparición de las cerámicas esgrafiadas, las estratigrafías, referidas únicamente a cuevas, nos proporcionan algunos fragmentos cerámicos con superficies peinadas, alguna decoración de cordones y, sobre todo, cerámicas sin decorar. Queda tendido un puente desde estos niveles de la Cova de l’Or y de la Cova de les Cendres hacia la base del poblado de la Ereta del Pedregal (Navarrés, Valencia), apoyado sobre la generalización de las cerámicas sin decoración y de nuevas formas como los platos, fuentes y escudillas, así como en el desarrollo de tipos con perfiles compuestos, carenados y con hombro, ausentes o poco frecuentes anteriormente, además de la simplificación de los elementos de sujeción y las evidentes relaciones entre su industria lítica con la propagación de las puntas de flecha, las hojas de mayor tamaño, el retoque plano invasor o cubriente, los frentes de raspador en extremo de hoja, etc. Pero la documentación es exigua si tenemos en cuenta que nos referimos a unos momentos en los que la generalización de la vida en poblados ya ha sido dejada atrás y que, no obstante, sólo disponemos del ej. limitado de la Ereta del Pedregal, Les Jovades o La Macolla. Sobre estos datos se ha propuesto distinguir una neo. final I representado por el nivel III de la Cova de les Cendres, parangonable con el chasseense clásico, con su misma cronología centrada entre el 4200 y el 366-3500 a. C., caracterizado por las decoraciones esgrafiadas, y un neo. final II, representado por la fase Ereta del Pedregal I, cuya cronología se extendería hasta comienzos del 3er. milenio.

4. Aragón.-

En el Alto Aragón, durante el neo. final/reciente, en las montañas, se documenta la continuidad del substrato tecnocultural del neo. antiguo, mientras que a lo largo de la transición hacia el Eneolítico y durante este periodo, se produce quizás la verdadera consolidación de la agricultura: poblados al aire libre campaniformes en las tierras bajas (El Villar, Peña del Agua, El Portillo).

5. Resto de la Península.-

Durante el Neo. final se documenta la continuidad del substrato tecnocultural del Neolítico antiguo, mientras que a lo largo de la transición hacia el Calcolítico y durante ese período se produce quizás la verdadera consolidación de la agricultura.

EL MEGALITISMO

En la Europa atlántica y nórdica el proceso de neolitización coincide con el desarrollo de prácticas funerarias caracterizadas por la visibilidad y monumentalidad de las construcciones, rasgo englobado bajo la denominación de “megalitismo”, término impropio dada la diversidad de arqs. y de rituales a que alude.

Si bien se continúa utilizando el término de megalitismo, lo cierto es que bajo esta denominación se alude a construcciones difs., a un espacio cronológico muy amplio de más de 2 milenios y, con seguridad, a funciones y simbolismos difs. a lo largo de tanto tiempo.

La mayoría de los monumentos tienen una finalidad funeraria, independientemente de otras funciones o significados, pero el megalitismo incluye también otras construcciones –henges o círculos, alineamientos, menhires, earthworks-, que se interpretan como espacios destinados a ceremoniales religiosos y sociales.

Las arqs. que dieron lugar al término de megalitismo son las ortostáticas o de grandes piedras que limitan las soluciones arqs. en cuanto a las plantas del edificio –dólmenes o cámaras rectangulares o poligonales, sepulcros de corredor o cámaras con corredor diferenciado y galerías cubiertas o cámaras sin corredor diferenciado- y en cuanto a la cubierta que será por lo general adintelada. Pero también se incluyen la construcción en mampostería o piedra pequeña que posibilita la cámara de planta circular y la cubierta por aproximación de hiladas o en falsa cúpula: son los tholoi (Bronce Egeo).

Estas tumbas se utilizaron para enterramientos múltiples, “colectivos” en el sentido de “sucesivos”. El nº varía enormemente, puesto que puede haber menos de una decena hasta más de un centenar, y no necesariamente está en relación con el tamaño de la construcción. Cuando los restos óseos se han conservado, la mezcla de los mismos de la impresión de un osario. A pesar del carácter colectivo de los enterramientos, hay la sospecha cada vez más extendida de que probablemente el derecho a se enterrado en dichas construcciones no era accesible a todos los miembros de una comunidad.

En Europa occ., el ritual de enterramiento colectivo está documentado en otros tipos de estructuras, invisibles en el paisaje externo pero no por ello menos complejas y hasta cierto punto monumentales, como son los hipogeos y las cuevas artificiales, nosas. en el Mediterráneo central y occ. También se conocen enterramientos colectivos en cuevas naturales como suele ocurrir en el Levante peninsular.

Cronología.-

Una de las dificultades que afecta a la explicación y comprensión de las construcciones megalíticas es su cronología o, cuando se tiene una datación, saber exactamente lo que se ha fechado. El método más frecuente ha sido el estudio tipológico de los ajuares y su atribución a una fase cultural cuya cronología, absoluta o relativa, ya estaba establecida; el problema con este método es la seguridad de la información.

El método de datación más frecuente, el radiocarbono, es difícil de aplicar; los carbones son bastante excepcionales, actualmente ya se aceptan las fechas obtenidas sobre hueso y concha. Ahora se dispone de un buen nº de fechaciones radiocarbónicas, cuya calibración, así como algunas dataciones po TL, lleva los inicios del magalitismo al 5º milenio cal. BC, si no al 6º, siendo las más antiguas las de la fachada atlán. francesa y procedentes de estructuras de tipo tholos, aunque en seguida se construyen las cámaras con corredor diferenciado.

Interpretaciones.-

A pesar de que algunos prehistoriadores, como Bosch Gimpera, defendían el megalitismo como una manifestación surgida entre los grupos mesolíticos portugueses, la hipótesis difusionista propuesta por Gordon Childe se mantuvo vigente hasta bien entrados los 70. Considerando el megalitismo como un todo uniforme que reflejaba un nuevo cuerpo de creencias, se admitía que éste era resultado de la llegada de colonos procedentes del Egeo que, en busca de metales, se establecieron en el SE. de la Pen. Ib. y en la región de la desembocadura del Tajo, construyendo los 1os. poblados fuertemente fortificados, como Los Millares o Vilanova de S. Pedro, e introduciendo la metalurgia y nuevos cultos funerarios junto con su expresión arq., el tholos, que posteriormente se traduciría en formas autóctonas ortostáticas.

Los replanteamientos teóricos desde la década de los 60 y sobre todo las dataciones radiocarbónicas y su calibración contribuyeron al declive de los planteamientos difusionistas y a la aceptación del megalitismo como un fenómeno occ.

Desde los presupuestos de la arqueo. procesual, Refrew fue el 1º que propuso una explicación para las 1as. construcciones megalíticas más allá de su función primaria funeraria y las consideró como marcas territoriales propias de las sociedades segmentarias e igualitarias del Neolítico. En la misma línea, Chapman justificó la necesidad de esta expresión externa en un contexto de presión por la ocupación de las mejores tierras.

Las interpretaciones procesuales vienen cuestionándose desde la década de los 80. Hodder defiende que la cultura material hay que explicarla como resultado de actuaciones intencionadas de los individuos o grupos y hay que tratar de entender sus significados simbólicos, de modo que la “evidencia” arqueo. no necesariamente ha de significar lo que aparenta. Según él, la neolitización de la Europa nórdica y de los territorios atlán. No es resultado de un proceso autóctono sino de una colonización por parte de los agricultores de la LBK, explicación que no es válida para la Pen. Ib. Thomas en su estudio de las tumbas megalíticas irlandesas, propone una integración del paisaje/monumento/organización del espacio interno para su “lectura” simbólica: la arq., como muchos elementos de la cultura material, transmite información en sociedades que no hacen uso de la escritura; la diferencia de tamaño y de planta que hay entre un portal dolmen –de planta muy sencilla- y un court dolmen y sepulcro de corredor – de planta más compleja- no necesariamente ha de tener un significado cronológica, puesto que a veces son contemporáneos, sino sobre todo simbólico. Tilley hace una lectura también social de las construcciones megalíticas de Suecia que se construyen en un contexto de desigualdad social que utiliza el ritual colectivo para enmascarar las desigualdades en vida y legitimar el control del poder por parte de las elites.

El “Arte” megalítico.-

Con este término se hace ref. a los motivos grabados y pintados que se realizaron en el interior de las construcciones megalíticas, bien en los ortostatos que config. la cámara, especialmente el de cabecera, destacando así la imp. ritual de este espacio, bien en los que delimitan el corredor de acceso y excepcionalmente también en el techo. Algunos menhires fueron utilizados también como soporte para algunas representaciones.

Propios de la Pen. Ib. son los temas figurados, representaciones de objs. concretos, con un estilo más o menos esquemático y pintados, entre los que destacan soliformes, huellas, antropomorfos y zoomorfos.

En principio no hay un tipo exclusivo de construcción que se asocie a estas representaciones, pero es cierto que aunque se conocen algunas cámaras sencillas con motivos grabados y pintados, éstos son más abundantes en los monumentos grandes como los sepulcros de corredor, galerías cubiertas o tholoi.

En la actualidad, la distribución geográfica de este arte, desde luego presente en una minoría del nº total de tumbas conocido, se extiende prácticamente a todo el ámbito penin. donde se construyeron megalitos. Actualmente se acepta que el arte megalítico está ya presente desde el Neolítico, independientemente de que algunas representaciones se repitan y se renueven posteriormente, durante el Calcolítico.

Hay que recordar aquí que el simbolismo geométrico y figurativo no es exclusivo del arte megalítico. En contextos funerarios o habitacionales del Neolítico y del Calcolítico meridional y occ. aparecen placas de pizarra, cerámicas simbólicas e ídolos de marfil y hueso también con temas geométricos, antropomorfos y zoomorfos.

El Megalitismo en la Península Ibérica.-

Las construcciones megalíticas de la Pen. son mayoritariamente de carácter funerario; sólo en Portugal aparecen algunos círculos, mientras que los menhires son algo más nosos. tanto en Portugal como en Cataluña. Su distribución geográfica cubre buena parte de la superficie penin. quedando excluidas la Meseta oriental –con escasas construcciones-, La Mancha y los territorios mediterráneos desde el Llobregat hasta Murcia, siendo muy escasas en Aragón.

En general, el nº de megalitos es elevado, sabiendo que probablemente fueron más nosos. en su momento, ya que muchos han sido destruidos.

Las 1as. construcciones se inician en el Neolítico, pero tanto el ritual colectivo como las tumbas monumentales son también un rasgo característico del Calcolítico y en algunas áreas también de la E. de Bronce.

La última revisión de conj. por regiones del megalitismo penin. data de 1987 y sus propuestas no han sufrido muchas variaciones salvo algunas dataciones radiocarbónicas e interpretaciones.

Areas culturales en la Península.-

La distribución del megalitismo en el Viejo Mundo es verdaderamente amplia, extendiéndose por toda la cuenca Mediterránea, Escandinavia, Crimea, Cáucaso y especialmente Iberia, Francia, Islas Británicas e Irlanda. Las causas de esta difusión no son debidas a causas geográficas o económicas. Mas bien habría que pensar en que son causas humanas de las que no tenemos conocimiento.

A) Grupo del sureste. Cultura de los Millares.

Los Millares es un poblado fortificado situado en un promontorio en la provincia de Almería. Es el grupo más rico y complejo demostrando una acusada personalidad. Distinguimos 2 fases, la 1ª se caracteriza por estructuras circulares de pequeñas dimensiones que apenas alcanzan los 2 m. de diámetro. La 2ª fase tiene una mayoría de estructuras circulares y con diámetros que alcanzan los 4 m. y da lugar a una fase 2ª-3ª en que predominan las estructuras rectangulares que llegan a los 5 m. de eje con corredor. La mayoría de los sepulcros eran tholoi con corredor, también había sepulturas en cuevas, así como construcciones circulares y sin corredor.

Dada la personalidad de este yacimiento, podemos hablar de una cultura de los Millares y podemos hablar de una fase A, anterior a la aparición del Campaniforme y una fase B con la aparición de vasos Campaniformes.

A parte del poblado ya descrito, hallamos asentamientos similares en otros puntos del SE de España y de la costa occ. portuguesa, sobre todo en la desembocadura del Tajo, que son pequeños poblados fortificados y sus necrópolis suelen ser Tholos.

La aparición de ciertos objs. relacionados con la fundición del cobre demuestra la existencia de una metalurgia de este metal. Estos poblados demuestran la conexión con el Mediterráneo Oriental, relacionados con los prospectores de metal.

B) Grupo megalítico occidental.

Es el peor sistematizado. Comprende una serie de manifestaciones extendidas por Huelva, Portugal y Extremadura. De allí el megalitismo llega a Salamanca y penetra por la cuenca del Duero y también por la del Tajo. Se cree que bajo el influjo de los prospectores de metales orientales nacieron todos estos poblados.

Los tipos de tumbas más comunes son los sepulcros megalíticos (dólmenes, sepulcros de corredor, y galería cubierta), hay también tholoi, aunque más imperfectos, así como enterramientos en cueva de carácter colectivo. La cerámica hallada recuerda a la de los Millares. Un poblado de singular importancia es el de Vilanova de San Pedro (Portugal).

En Vilanova I se han hallado cerámica y otros objetos procedentes del Mediterráneo Oriental. Vilanova II comienza en 1.800 a. C. y se caracteriza por la aparición del vaso Campaniforme.

A pesar de las diferencias regionales hay una gran uniformidad en todos los poblados y no puede considerarse fruto de la evolución de las culturas neolíticas locales, ni de una invasión amplia de la Penín. por nuevas gentes, ya que los hallazgos de estos poblados difiere de otros yacimientos contemporáneos cercanos a ellos. más bien son el resultado de una colonización con asentamientos aislados y en realidad es difícil de saber si esta cultura fue creada por los pueblos de Oriente que traen la metalurgia y las sepulturas megalíticas, o bien si fue sólo una asimilación por parte los indígenas locales de determinados elementos culturales, entre otros las sepulturas megalíticas. Dada la dificultad de establecer si los diversos asentamientos son de origen oriental o locales, podemos decir en general que aquellos asentamientos tipo Tholos son orientales.

En el SO. el megalitismo parece de origen alentejano y extremeño. En Huelva prevalece el sepulcro de corredor (Zalamea la Real).

Las galerías cubiertas en el So. no son costeras, sino más bien de interior y podemos pensar que los grandes corredores correspondientes a galerías cubiertas son occ. (Casa Bermeja. Málaga).

La cueva artificial adquiere densidad en las cuencas bajas de los grandes ríos (Tajo, Algarve en relación con el Guadiana y el Guadalquivir). Aunque también en las cuevas se ha querido buscar una conexión mediterránea.

El rico megalitismo alentejano y extremeño será el núcleo de expansión hacia el N y S penin., organizándose grupos en Salamanca, Zamora, etc. y quizás hacia Vasconia a través de Burgos. Tendríamos entonces 2 vias de expansión de los megalitos occ. hacia el E., una septentrional y otra meridional, con un vacío centro-oriental.

En la zona sur occ. aparte del megalitismo alentejano-extremo, encontramos otros monumentos tipo Tholos como el conjunto de Gandul (Sevilla) que presenta tholoi y galerías cubiertas en simbiosis.

También en Antequera (Cueva del Romeral) es un Tholos, sin embargo también en Antequera la cueva de la Menga es una galería cubierta, lo mismo que la de la Viera. En Sierra Morena abundan las galerías cubiertas.

En general parece que conviven el megalistismo de origen alentejano - extremeño con el oriental que se manifiesta en los Tholos.

C) Grupo megalítico pirenaico:

Presenta una gran unidad, derivada de la identidad de las formas culturales que se nos ofrecen desde los hallazgos vascos a los del Pirineo Navarro y Aragonés hasta los dólmenes del N de Cataluña.

Los tipos de tumbas más extendidos son los dólmenes y cistas. Estas suelen ser reducidas, de unos 2 m. de longitud, algo menos de anchura y 1,5 m. de altura máxima. Están formadas por 3 ó 4 losas aparte de la cubierta, que suele ser de mayores dimensiones. Hay también sepulcros de corredor y de galería. No se conoce la técnica de la falsa cúpula. Parece que en esta cultura pirenaica fueran los sepulcros de corredor, a veces con cámaras de grandes dimensiones como los del Alto Ampurdán. más avanzados parecen las galerías cubiertas como en Torrent (Tarragona). Aparecen vasos Campaniformes sencillos.

El 3er. momento sería el de las cistas, sobre todo en el Segre, con piezas de metal, ámbar etc. que corresponden al periodo argárico.

La cultura megalítica catalana aparece en un momento paralelo o posterior al apogeo de los Millares y perdura hasta el final de la Edad del Bronce. Tal vez en la personalidad de la cultura megalítica, además de la geográfica, pudo existir una realidad étnica originariamente mediterránea. Parece seguro que el megalitismo se introdujo en la cultura pirenaica desde las islas del Mediterráneo Central, donde ya se inhuman colectivamente en cuevas sepulcrales y sobre todo desde el sur de Francia, donde arraigó fuertemente. Después recibió el influjo del Vaso Campaniforme en época temprana del megalistismo y evolucionó recibiendo influencias de distintos lugares. De hecho, los sepulcros más monumentales con corredor y cámara megalítica o los de galería cubierta, así como los sepulcros en cuevas artificiales se agrupan en las regiones cercanas a la costa mediterránea, donde los recién llegados aportaron con mayor fuerza y en el momento más antiguo, mientras que el resto del área pirenaica se usó más frecuentemente la cista megalítica.

Parece que es en el Alto Ampurdán donde se encuentra el núcleo más antiguo, de ahí pasó al N. de Cataluña y Aragón. En general, los núcleos propiamente pirenaicos adoptan formas empobrecidas o simplificadas de estas sepulturas megalíticas.

La zona vascongada ofrece una gran riqueza de monumentos megalíticos y es posible que recibieran contactos del centro portugués a través de Galicia y Asturias.

Frente al origen septentrional y directamente mediterráneo de los dólmenes pirenaicos, hay que admitir también un origen meridional almeriense para la mayoría de los elementos del ajuar que estos monumentos presentan.

A parte de los 3 grupos estudiados anteriormente merecen atención el NO. Penin. y Baleares.

Noroeste peninsular.

Faltan datos sobre los megalitos, ajuares etc. para establecer conexiones penin. Los megalitos gallegos, llamados “antas” o “arcas” se dividen en dólmenes propiamente dichos y en sepulcros de corredor poligonales o circulares.

Abundan los túmulos (mamoas) con plantas circulares y ovales construidos de piedra y tierra, ocasionalmente delimitados por un anillo de piedras.

Los dólmenes más simples parecen los más primitivos, según la pobreza de sus ajuares. Una característica de los dólmenes gallegos y asturianos es la decoración pintada o grabada en una veintena de monumentos.

Baleares.

Es un área megalítica que está fuera del ámbito penin. y presenta una serie de construcciones monumentales de gran perfección técnica, y que plantean un interesante problema cultural y cronológico. Parece que su origen es la misma corriente que originó la de los Millares.

Lo más notable son sus construcciones y sepulturas, estas últimas en grandes cuevas artificiales que se obtenían excavando en la arenisca y en las calizas de Mallorca largas cavidades. En Mallorca y Menorca son nosas. estas cámaras subterráneas, algunas se pueden fechar al comienzo del 2º milenio a. C.

La cerámica es de un tipo más especial con vasos carenados y ovoides, también aparecen puñales de bronces. Parte de este instrumental, aparte de Baleares, se encuentra en las demás culturas megalíticas de occidente.

Los grandes monumentos talayóticos (torres de planta cuadrada o circular, y sección troncocónica o piramidal) se levantaron en piedra seca y aparejos megalíticos. Debieron de ser originarios de la corriente megalítica mediterránea.

Otro monumento es la “taula” que es una gran losa apoyada en otra en forma de “T”. Las navetas son otra construcción típica balear. Las más monumentales se encuentran en Menorca, levantadas sobre una planta en forma de nave, en uno de sus extremos ofrece una cámara dividida interiormente en 2 ó 3 naves. A su interior se llega por un estrecho corredor.

Los creadores de la cultura megalítica balear debieron de sentir la inseguridad de los isleños y construyeron para su seguridad y la de sus rebaños enormes recintos amurallados con grandes piedras.

Los objs. aportados por la cultura talayótica son variados y abundantes, pero de difícil interpretación. Son posteriores a los fenómenos megalíticos penin.

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