Hijra y Sadhin, ni hombre ni mujer en la India

Serena Nanda

La diversidad de género en la India hinduista se sitúa en un contexto religioso en el seno de un sistema binario sexo/género que es jerárquico y patriarcal más que igualitario.
En la India hinduista el varón, la mujer/varón y la mujer se consideran categorías naturales en oposición complementaria.
Hombres y mujeres nacen con diferentes características sexuales, órganos reproductivos y naturalezas sexuales. Asumen roles diferentes y complementarios en el matrimonio, en el comportamiento sexual y en la reproducción.
En el hinduismo, al contrario que en la cultura occidental, el principio femenino es el más activo, animando al principio masculino, que es más inerte y latente. Este principio activo femenino presenta un aspecto erótico, creativo, donante de vida, y un aspecto destructivo y aniquilador de la vida. El aspecto erótico del poder femenino es peligroso a menos que sea controlado por e! principio masculino. Las mujeres poderosas, sean deidades o humanas, deben ser frenadas por la autoridad masculina.
Así, la Diosa Madre hinduista es amable y auxiliadora cuando está subordinada a su consorte masculino pero, cuando es dominante, la diosa es agresiva, devoradora y destructiva
En la India, tanto en el hinduismo como en el Islam, se cree que las mujeres son sexualmente más voraces que los hombres; con el fin de evitar que sus apetitos sexuales causen el caos social y distraigan a los hombres de sus más elevados deberes espirituales, las mujeres deben ser controladas.

El contexto religioso de la diversidad de género

El hinduismo permite que todas las posibilidades de géneros alternativos puedan existir sin excluirse unas a otras dando sentido positivo a la vida de muchos individuos con una variedad de identificaciones de género, condiciones físicas y preferencias eróticas alternativas
A pesar de la criminalización de varios tipos de comportamientos transgenéricos, la sociedad india no ha permitido fobias y represiones respecto al transgenerismo.
Los antiguos mitos de origen del hinduismo presentan con frecuencia antepasados andróginos o hermafroditas.
El Rig Veda (texto religioso hindú) dice que antes de la creación en el mundo no había diferencias, incluidas las de sexo y género.
En el hinduismo se conocen múltiples sexos y géneros como posibilidades ambivalentes, tanto entre los humanos como entre las deidades. Los individuos que no encajan en las mayores categorías sexo-genéricas de la sociedad pueden ser estigmatizados pero también valoradas.
El hinduismo se ha caracterizado por tener «propensión hacia el pensamiento andrógino».
En el sistema sexo-género hindú, el intercambio de las cualidades masculinas y femeninas, las transformaciones del sexo y del género, la incorporación del varón y de la mujer en una sola persona, y los roles alternativos de sexo y género entre las deidades y los humanos son temas significativos y positivos en la mitología, en el ritual y en el arte. Entre los muchos tipos de variantes de sexo y género de varones y mujeres, el más visible y culturalmente institucionalizado es el de los hijras.
Los hijras son culturalmente «ni hombres ni mujeres». Han nacido hombres y por medio de una transformación quirúrgica ritual se convierten en una tercera categoría sexo/género.
Los hijras veneran a Bahuchara Mata, asociada con el transgenerismo.
Su ocupación tradicional es actuar en bodas y nacimientos. Cantan, bailan y bendicen al niño y familia para que sean más fértiles y prósperos en nombre de la diosa; reciben a cambio dinero dulces y ropa.

Los hijras como no hombres

En la India el término hijra se traduce habitualmente por «eunuco» o intersexuado y destaca la impotencia sexual.
Culturalmente son personas nacidas hombres pero que adoptan la vestimenta, el comportamiento y las ocupaciones de las mujeres, y que no son ni varones ni hembras, ni hombres ni mujeres. Un niño, al nacer, puede ser clasificado como varón, pero si luego se repara que sus genitales son ambiguos, será definido como un hijra, o un hijra potencial
Su impotencia sexual se atribuye a un órgano sexual masculino defectuoso que afecta a las relaciones sexuales (en el rol del penetrador) y en la reproducción. Esta es la razón principal por la que los hijra «no son hombres».
Tienen frecuentes relaciones sexuales con hombres. Aunque no se les define por sus prácticas sexuales, ellos suelen definirse a sí mismos como «hombres que no sienten ningún deseo por las mujeres». Lingüística y culturalmente los hijras se distinguen de otros hombres que asumen un rol receptor en el sexo y a los que se identifica por su orientación sexual hacia su mismo sexo.
Es la impotencia sexual de los hijras y su status sexo-género intermedio lo que constituye el núcleo de su definición cultural.
Un varón que no es biológicamente intersexual y que desea convertirse en un hijra deberá transformar su sexo/género por medio de la castración.
Aunque todos los hijras explican su masculinidad deficiente diciendo que «Nací así», expresa el punto de vista hindú respecto a que el sexo y el género son innatos.

Hijras como mujeres y no mujeres

Los hijras adoptan muchos aspectos del rol de género femenino. Llevan ropas, peinados y accesorios de mujer, imitan el modo de andar de las mujeres, los gestos, la voz, las expresiones faciales y el lenguaje; sólo tienen parejas sexuales masculinas y consideran positivas sus experiencias como objetos sexuales de los deseos de los hombres. Los hijras se ponen nombres femeninos y utilizan términos de parentesco femeninos entre ellos, tales como hermana, tía y abuela. En los transportes públicos piden sentarse en los asientos «sólo para mujeres» y periódicamente solicitan ser incluidos como mujeres (en vez de como hombres) en los censos.
Ser hijra significa no sólo despojarse de la propia identidad masculina sino también asumir la femenina.
Aun cuando los hijras son «como» mujeres, también son «no-mujeres». Sus vestidos y maneras femeninas suelen ser exageraciones y su agresiva sexualidad femenina contrasta con la actitud sumisa de las mujeres reales. Sus imitaciones pretenden ser parodia, bailan en público violando las normas del comportamiento femenino, usan un lenguaje grosero e injurioso, lo que también es muy diferente del de las mujeres indias.
En el S. XVIII se les prohibió llevar exclusivamente ropas femeninas para distinción de los demás, usando un turbante de hombre junto a vestidos de mujer. Llevaban «una mezcla de ropas masculinas y femeninas», un sari femenino debajo de una prenda exterior en forma de chaqueta masculina. Los hijras hoy, en su mayor parte, no llevan ropas de género mixtas.
La más importante razón por la que los hijras no son considerados mujeres es que no tienen órganos reproductores femeninos, por lo que no pueden tener hijos.

Identificaciones religiosas

Una identificación sexo/género importante de los hijras es con Arjuna, héroe del gran poema épico hindú, el Mahabharata.
A Arjuna se le representa visualmente dividido en una mitad masculina y femenina se identificandose con la deidad sexualmente ambivalente, Shiva, a la que se representa con frecuencia dividida verticalmente y por tanto medio hombre y medio mujer, simbolizando su unión con su energía femenina.
A Shiva se lo asocia en particular con el concepto de ascetismo creativo.
En el hinduismo la impotencia sexual puede transformarse en poder creativo a través de la práctica del ascetismo, o de la renuncia al sexo. El poder resultante de la abstinencia sexual se convierte paradójicamente en el rasgo esencial del proceso de creación.
En cuanto ascetas creativos los hijras se consideran protectores y poderosos, y todo esto subyace en sus actuaciones rituales en bodas y nacimientos.
Los hijras dicen que deben su poder gracias al sacrificio ritual de su falo por parte de Shiva; a un nivel culturalmente elaborado, su poder se basa en su identificación con la Diosa Madre.
Una masculinidad deficiente no basta para hacer un hijra. Los hijras son hombres disminuidos que reciben una llamada de su diosa que sufren un cambio de sexo y de género, llevan el pelo largo, y se visten con ropas de mujer. Al cambio de sexo, que implica la amputación quirúrgica de los genitales, lo llaman «the operation» [«la operación»].
La operación es una forma de renacimiento y contiene muchos de los elementos simbólicos del parto. Sólo después de la operación los hijras se convierten en vehículos del poder de la Diosa Madre cuyas bendiciones conceden en las bodas y alumbramientos. Para los hijras que no nacieron intersexuados la operación transforma a un varón impotente, «inútil», en un hijra, y en vehículo del poder procreador de la Diosa Madre.
La operación se identifica explícitamente con la devoción de los hijras hacia Bahuchara Mata, a la que se asocia en particular con el transvestismo y el trasgenerismo masculino. Siempre están presentes varios hijras en el templo de Bahuchara, cerca de Ahmedabad, en Gujarát, para bendecir a los visitantes y hablarles del poder de la diosa.
Una vez realizada la castración el hijra es vestido como una esposa, significando así el potencial de la sexualidad activa en el matrimonio, y se lo lleva en procesión por las calles. Esto completa el ritual y la transformación de sexo/género. Aunque la castración está prohibida por las leyes indias, los hijras continúan practicándola en secreto.

Hijras como ascetas

En la India el género es una parte importante en la plena socialización de una persona. A través del matrimonio se espera que hombres y mujeres produzcan hijos, en especial varones, con el fin de que continúe el linaje familiar.
Al individuo que muere sin haberse casado, al impotente, o a la mujer que no menstrua se los considera personas incompletas, aunque no es excluido de la sociedad.
En la India un rol significativo que transciende las categorías de hombre (casado) y de mujer (casada) es el de asceta, o aquel que renuncia, persona que está fuera de la sociedad pero que también forma parte de ella.
Al identificarse con el rol de asceta, los individuos que sexualmente «no son una cosa ni otra» por gran número de razones biológicas u opciones personales puede transformar una personalidad incompleta en una transcendente. En la religión hindú el camino de la vida de un asceta es uno de los muchos y variados caminos que un individuo puede tomar para alcanzar la salvación.
Los hijras se identifican a sí mismos como ascetas al renunciar al deseo sexual, al abandonar a su familia y los lazos de parentesco, y al depender de la limosna.

Roles rituales y aceptación social

En la India el nacimiento de un hijo se considera una de las metas importantes del matrimonio. Al ser figuras rituales protectoras y poderosas, en esta ocasión los hijras bendicen al niño y a la familia y proporcionan entretenimiento a los amigos, parientes y vecinos.
Estas representaciones de los hijras, que incluyen canciones y bailes populares y de películas, tienen también aspectos cómicos. Parodian el comportamiento de las mujeres, aspectos como la sexualidad agresiva, e imitan las molestias del embarazo en cada mes.
En un determinado momento de la representación, un hijra inspecciona los genitales del recién nacido para saber a qué sexo pertenece. Los hijras afirman que todos los bebés que nacen intersexuados pertenecen a su comunidad. Luego, los hijras confieren el poder de la Diosa Madre para bendecir al niño para que puedan crear un linaje familiar,
Cuando la representación se completa los hijras exigen su pago tradicional.

Los hijras actúan también después de una boda; bendicen a la pareja para que tenga muchos hijos. Hacen manifestaciones sexuales y referencias a la sexualidad y sus canciones de los hijras se refieren a las relaciones potencialmente conflictivas en los matrimonios indios.
Al expresar todo esto humorísticamente, su ambigüedad sexual y de género mantienen viva la tensión que rodea al sexo, al género y a la fertilidad.
A los hijras se los suele considerar con ambivalencia: burlas, temor, respeto, desprecio e incluso compasión.
Los hijras tienen el poder de maldecir además de bendecir, y si no se les paga lo debido pueden insultar a una familia públicamente y maldecirla con la pérdida de virilidad. El arma definitiva de un hijra es levantarse la falda y mostrar sus genitales mutilados, que es a la vez fuente de vergüenza y de contaminación para el potencial reproductivo de la familia. Se los teme también porque se hallan fuera de los roles y relaciones sociales de las castas y del parentesco, que son las fuentes principales del control social del individuo; son una amenaza implícita contra el orden social.
Los hijras utilizan su marginalidad sexual y social para manipular y explotar al público en su propio beneficio. La audiencia de los hijras sabe esto y se siente vulnerable y si no se paga podrá ser denigrada, humillada y maldecida en público.
Los hijras desafían a la audiencia, pero la audiencia también desafía a los hijras. Si se pone en duda la autenticidad de las actuaciones se les levanta las faldas para ver si están castrados y determinar así si son hijras «reales» o «falsos».

La sexualidad de los hijras

La sexualidad es fuente de conflicto en la comunidad hijra.
El poder del rol de hijra reside en su renuncia a la sexualidad y en la transformación del deseo sexual en poder sagrado. Pero muchos hijras llevan a cabo actividades sexuales con hombres, en el rol de receptores, y frecuentemente como prostitutas.
Tienen también relaciones sexuales a largo plazo con hombres a los que llaman sus «maridos». Estas relaciones suelen ser unilaterales y explotadoras, pero también pueden ser afectuosas e implicar cierta reciprocidad económica.
Unirse a la comunidad hijra representa para muchos una oportunidad para tener relaciones sexuales con hombres en un ambiente más seguro, organizado y ordenado que el existente en el de la prostitución callejera.
Las relaciones sexuales de los hijras causan conflictos en el seno de la comunidad hijra, pues la sexualidad activa es contraria a la definición de ascetas y mina el respeto de la sociedad hacia ellos.

La estructura social de la comunidad hijra

La estructura social de la India se basa en las castas, que son unidades sociales de grupos étnicamente diferentes (musulmanes y poblaciones tribales como los Adivasi).
Las comunidades hijras poseen muchas características de tipo casta. Reclaman el monopolio sobre su ocupación como ejecutores rituales; ejercen control sobre sus miembros, siendo la expulsión la sanción última; y basan su legitimidad en mitos de origen asociados a figuras legendarias de alto status tales como Arjuna o deidades como Rama o Shiva.
El censo es de 50.000 en todo el país y viven sobre todo en las ciudades del norte de la India.
Están muy bien organizados y participan de una especial subcultura que se extiende por toda la nación.
Viven en hogares de 5 a 20 miembros, aunque se trasladan incluso entre ciudades y el de mas edad es «director». Contribuyen con dinero o realizando tareas domésticas.
La comunidad hijra nacional se compone de «casas», no son unidades domésticas, sino que son semejantes a los linajes o clanes. Cada casa reconoce a un «antepasado» común y posee su propia historia y normas especiales. Cada hogar contiene miembros de varias casas. Cada casa tiene un dirigente, llamado naik (jefe), y en las ciudades mayores los naiks de las distintas casas forman una especie de consejo ejecutivo, que se encarga de la política y resuelve las disputas.
La relación más significativa entre los hijras es la de gurú (maestro) y chela (discípulo).
Un individuo es iniciado formalmente en la comunidad hijra gracias al patrocinio de un gurú. El nuevo chela promete obedecer a su gurú y a las normas de su casa y de la comunidad. Esta relación gurú-chela, es un nexo vitalicio de reciprocidad por el que el gurú está obligado a «ocuparse de» y a ayudar al chela, mientras que el chela está obligado a mostrar lealtad y obediencia al gurú. Además el chela debe entregar a su gurú una parte de todo lo que gana.
A través de la extensión de las relaciones gurú-chela los hijras de toda la India están relacionados por un parentesco (ficticio). Las «hijas» de una «madre» se consideran «hermanas» entre sí y las de más edad son consideradas «abuelas» o «hermanas de la madre».
Las reuniones anuales religiosas o profanas permiten reunirse a miles de hijras de toda la India.
Los hijras provienen de todas las castas y de familias hindúes, musulmanas y cristianas.
En la India anterior a la independencia la casta de los hijras tenía el reconocimiento hereditario y de recolección de alimentos y dinero de cada familia de agricultores. Los británicos dominadores, les negaron el «derecho de mendigar o de forzar la obtención de monedas, aunque hubiese sido autorizado o no por los gobiernos anteriores» y suprimieron la protección estatal a los hijras y promulgaron leyes que criminalizaban la emasculación, (fueron incorporadas posteriormente al código penal de la India independiente)
La emasculación continúa hoy pero su criminalización reduce el respeto social hacia los hijras.
Debido a la occidentalización de los valores y de la cultura india, los hijras se están haciendo menos necesarios. Las ceremonias tradicionales del ciclo vital son más breves, y caras, y los rasgos rituales no esenciales se están abandonando.

El rol de los hijra incluye numerosos tipos de contradicciones. Los hijras son al mismo tiempo hombres y mujeres, aunque no son hombres ni mujeres; su identidad ideal es la de castos ascetas, aunque tienen numerosas relaciones sexuales; se les otorga el poder de la diosa y ejecutan rituales en su nombre, pero la estima hacia ellos es baja y son socialmente marginales. Aun así, con todas sus contradicciones y ambigüedades, el papel de los hijras continúa siendo sustentado por una cultura en la que la religión confiere un significado positivo a la variancia de género e incluso le asigna una porción de poder.

La sadhin: una variante de género femenino

Uno de los roles de variantes de género femenino es la sadhin o asceta femenina
Entre los gaddi, población de pastores numéricamente exigua, que vive al pie del Himalaya, surgió a fines del siglo XIX un rol de variante de género femenino llamado sadhin.
Las sadhins renunciaban al matrimonio. Se comprometían a ser célibes de por vida.
Las sadhins no llevan ropas de mujer, sino más bien las ropas habituales de los hombres, y llevan el cabello muy corto.
La mujer decide voluntariamente ser sadhin hacia la pubertad y debe ser virgen.
No se considera que haya cambiado el género, sino que lo ha transcendido, es asexual
Alcanzar el rol de sadhin no está marcado por un ritual, sino que se reconoce públicamente cuando la sadhin adopta ropas masculinas y se le rapa la cabeza.
Pese a su apariencia masculina, la sadhin sigue siendo socialmente una mujer en muchos aspectos, y conserva su nombre de niña que le impusieron cuando era pequeña.
Pueden desempeñar tareas masculinas productivas de las que las mujeres suelen quedar excluidas (arar, segar, criar ovejas, procesar lana). También desempeñan trabajos femeninos. En ocasión de ceremonias en las que participa un sólo género, las sadhins adultas pueden sentarse con los hombres y también fumar la pipa de agua y cigarrillos, que son comportamientos claramente masculinos (excepto en funerales).
A diferencia de los hijras, las sadhins no tienen especiales roles rituales o de actuación en la sociedad, ni se considera que tengan poderes sagrados especiales. Son ascetas por haber renunciado a la sexualidad, aunque ascetas ambiguas debido a que no renuncian a otros aspectos del mundo material.
El ascetismo hindú se identifica ante todo con los varones de modo que las ascetas femeninas se comportan en casos significativos como los hombres; esta masculinidad hace visible y legitima el ascetismo femenino, aunque es diferente del ascetismo masculino.
A diferencia de los ascetas masculinos, que transcienden la clasificación sexo/género y que pueden renunciar al mundo a cualquier edad o etapa de la vida, el ascetismo de las sadhins puede empezar antes de la pubertad y su castidad, o pureza, que dura toda la vida, es esencial para la aceptación pública de su status. El papel de las sadhins es una forma de controlar la sexualidad femenina y proporcionar un nicho social a la mujer que rechaza los únicos roles femeninos legítimos en la India hindú tradicional, los de esposa y madre.
La sociedad gaddi era en el género más igualitaria que la hindú ortodoxa. Cuando migraron en el S. XIX y contactaron con éstos, se vieron sometidos a una presión cultural que redujo la relativa igualdad y libertad de sus mujeres. Pero las sadhins hacen que la soltería femenina no les parezca a los hinduistas ortodoxos un desafío inaceptable.
El rol de sadhin da respuesta a los problemas culturales de la virginidad femenina adulta en una sociedad en la que el matrimonio y la maternidad son los ideales femeninos dominantes, mientras que el rol de hijra, da sentido e incluso poder a la ambigüedad de sexo/género masculina en una cultura fuertemente patriarcal.

Mientras que todas las culturas han de tener en cuenta a aquéllos cuya anatomía o comportamiento los deja fuera de la clasificación varón y hembra, hombre y mujer, el genio del hinduismo permite muchas maneras diferentes de ser humanos.

Compartir