La Economía Europea en el Siglo XVI

Un conjunto de coyunturas afectaron a la economía del siglo XVI, la más constante fue el aumento de los precios que afectó primeramente a los estados atlánticos y que se extendió por todo el continente. El aumento era ya perceptible a finales del siglo XV, aunque el proceso no se hizo inflacionista hasta mediado el siglo XVI. Los precios agrícolas aumentaron mas deprisa que los demás, el simultáneo incremento demográfico contribuyó a ello, así, por ejemplo, los cereales se encarecieron cinco veces mas en Inglaterra, siete en Francia y aún mas en España.
El nivel de lo salarios no se elevó de un modo proporcionado, los salarios se doblaron o triplicaron a lo largo del siglo XVI, pero hubo un innegable pérdida de poder adquisitivo que se puso de manifiesto en apreciables devaluaciones monetarias. En esta época muy pocos vivían únicamente del salario lo que permitió aminorar los efectos de la degradación salarial que, sin embargo, constituía un peligro en el plano social, en la cuidad de Basilea, por ejemplo, se prohibió la inmigración de los trabajadores pobres.
La llegada masiva de gran cantidad de metal precioso (oro y plata) procedente de la América hispana agravó notablemente la inflación. España tuvo que difundir en múltiples direcciones los tesoros de cuyo monopolio disfrutaba y a inundar con ellos Europa. El motivo mas corriente de su empleo fueron los gastos militares que crecían sin cesar. España fue las región mas afectada por el alza de los precios y la que menos ventajas reales sacó de su sobrevenida riqueza.
Aunque la corona se había reservado el 20 % de toda cantidad de metal precioso almacenado en Sevilla, fue la primera en proclamar su insuficiencia. Felipe II declaró, en 1557, que no podía satisfacer las demandas que había contraído, unos siete millones de ducados. Otra bancarrota se produjo en 1575, con una suma mas del doble de la anterior, a esta se sucedieron otras en 1596, 1607, 1627 y 1647. en 1557, el gobierno español transformó su propia deuda en u obligaciones del estado. También se produjeron bancarrotas, ese mismo año, en los Países Bajos, en Milán y en Nápoles, así como en Francia. Las mayores víctimas fueron los pequeños ahorradores que habían prestado sus fondos a través de los banqueros. En toda Europa se extendió la inestabilidad financiera y se producían devaluaciones monetarias que provocaban la inflación.
Las necesidades crecientes permitieron al crédito prosperar pese a las dificultades y para hacer frente a la incertidumbre financiera se reclamó la creación de bancos públicos, en detrimento de los privados, que surgieron principalmente en Italia como los casos de Génova (1586), Venecia (1587), Milán (1597) y Roma (1605). El crédito se extendió con el uso, cada vez mas habitual, de la letra de cambio que se convirtió en el recurso indispensable para inversiones y transacciones comerciales. El crédito se desarrolló tanto en el sector público como en el privado, los estados tenían una incesante necesidad de dinero y sus gobiernos no podían sostener el ritmo de los gastos que tenían que efectuar, quien prestaba al estado tenía, además de los intereses, las garantías de los réditos o mejoras cedidas a cambio de los acreedores; en caso de bancarrota los réditos no eran anulados. Esto animó a la formación de un grupo de personas que vivían de los réditos y que además estaban vinculados a las instituciones, así, las francesas prestaban a la corona, en España existieron los , emitidos por el estado, y los censos de las municipalidades y de los particulares y que con el paso del tiempo los se convirtieron en uno de los pilares de la continuidad económica y social.
En el siglo XVI los propietarios territoriales procedieron al aumento de los cánones de arriendo, ante las perspectivas ofrecidas por el mercado, y se dedicaron a la administración directa de sus propios dominios. Un nuevo patriciado rural prosperó en muchas regiones de Italia, Inglaterra y países de la Europa centrooriental. En el campo romano, la nobleza usó los terrenos de labranza como pastizales ante la creciente demanda de carne de la ciudad.
En la primera mitad del siglo se extendió la superficie de los pastizales y en la segunda se comenzó a cultivar de nuevo trigo y cereales. Para reaccionar frente al alza de los cereales, España , por ejemplo, fijó los precios máximos de la producción lo que benefició en mayor medida al vendedor. En Alemania, Castilla la Vieja y Polonia los arrendamientos agrarios eran de largo plazo y aumentaron considerablemente a lo largo del siglo.
En definitiva, el aumento de la población hizo del cultivo de la tierra una inversión segura y un buen negocio tanto para los nobles como para los burgueses.
Otra de las características importantes de este período fue el incremento de las actividades comerciales e industriales. La economía europea era pionera por su dinamismo y organización, centro de producción e intercambio.
El siglo XVI representó una gran fase de renovada expansión gracias principalmente a las comunicaciones marítimas. Los centros marítimos atlánticos no superaban a los mediterráneos y bálticos, lo que sí ocurrió en el siglo siguiente. Las ciudades que impusieron su supremacía fueron Sevilla, Lisboa, Londres y Amberes. Las dos primeras constituían los centros de gravedad de dos vastos y ricos imperios coloniales. Londres, a pesar de prosperar cada vez mas, permaneció aún alejada de su máximo desarrollo. Bristol, Ruán, Bremen o Hamburgo, sin ser escalas secundarias, no eran de primera magnitud.
Amberes reunió las ventajas del tráfico intercontinental, las rutas europeas y los enlaces con el interior. El origen de su fortuna radicaba en su puerto debido a los intereses mercantiles de portugueses y alemanes, sus relaciones con Inglaterra, el Báltico y el Mediterráneo. Se convirtió en un motor económico mundial y un centro de múltiples industrias: textil, metalúrgica, naval, editorial. Se fabricaban gran cantidad de materiales y florecían las operaciones de crédito. Los portugueses encontraron en ella los capitales alemanes y la plata de sus minas, necesarias para sus colonias en las Indias. A mediados de siglo, la extraída en las colonias americanas de España les era más rentable y eso provocó que se retirara de Amberes, en 1549, su monopolio de las especias. En 1565, sufrió las consecuencias del agudo conflicto comercial entre Inglaterra y los Países Bajos y, en 1576, surgió el saqueo español. Londres y Ámsterdam comenzaron a sustituir a Amberes en el plano europeo e intercontinental. Mercaderes, empresarios y artesanos la abandonaron para transferir sus energías a Leiden, Rótterdam, Haarlem y sobre todo a Ámsterdam.
También los puertos bálticos y mediterráneos conocieron un importante desarrollo en el siglo XVI, así Alejandría aumentó su volumen de intercambio al igual que Constantinopla o Venecia. Un buen ejemplo de florecimiento mercantil en el Mediterráneo lo ofreció la flota de la ciudad de Ragusa que basó su fortuna en la creciente demanda de transportes marítimos mediterráneos.
Aunque no existieron innovaciones importantes respecto a los transportes, la expansión comercial resultó enormemente considerable y esencial para la formación de capitales. No faltaron, sin embargo, las tendencias monopolistas ni las concentraciones de numerosos agentes económicos en torno a un determinado eje comercial. En este tipo de operaciones se distinguieron los ingleses que habían obtenido de la corona el monopolio del comercio a gran distancia, tanto en Europa como fuera de ella, así la Moscovy Company gozó del derecho al tráfico hasta puntos como Jaroslav, Kazán y Astracán (dónde instaló sus almacenes) y desde allí en dirección a Bujara y Persia. Más tarde el zar concedió iguales privilegios a los holandeses, pero mantuvieron el dominio en aquella ruta comercial. En 1579 la Eastland Company con sede en Danzing y Elbing, en 1581 la Levant Company.
Los franceses realizaron su penetración comercial en el norte de África en la segunda mitad del siglo XVI, tenía cónsules en Túnez y Fez desde 1577, en Argel desde 1579 y se les concedió en 1604 un derecho de protección sobre los eclesiásticos latinos de Tierra Santa. Francia era la potencia cristiana preponderante en el área otomana.

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