La Reforma

Ningún acontecimiento de la historia occidental es tan complejo como la Reforma porque ha sido reducida a un fenómeno de la religiosidad y es considerada como propia de la esfera espiritual. En el propio clima de la Reforma, se encontraban incrustados, interpenetrados y estrechamente unidos lo político, lo social, lo económico, lo religioso y lo cultural. Presentó una especie de cocción en la que todo aparecía implicado, así que lo que se calificaba de religioso era una trama imprescindible de todas las realizaciones colectivas. Afectó profundamente al siglo XVII europeo con repercusiones significativas en otros continentes y que se prolongaron con fuerza hasta el propio siglo XVIII.
La Reforma atrajo principalmente a las clases en ascenso, sobre todo en las zonas anglosajonas, desde los comerciantes y los burgueses hasta los artesanos y cuantos habían llegado al gobierno de las comunidades ciudadanas. Los diezmos y la fiscalidad gravaban en amplios sectores del mundo laico, hasta el punto de que los obispos ponían una multa anual por concubinato. En los países de lengua alemana y en los anglosajones, esos gravámenes suscitaban un malestar cada vez más acentuado así como a las clases sociales que estaban directamente afectadas por los privilegios del clero, que incluían impuestos sobre los productos en venta en el mercado y sobre las actividades mercantiles.
Hay que tener en cuenta que la reforma no fue un movimiento victorioso en todo el ámbito europeo, no se impuso en los estados ibéricos ni italianos así como tampoco penetró en la mayor parte de la península balcánica.
La cristiandad occidental acariciaba desde hacía mucho tiempo el proyecto de reformar la Iglesia, la idea surgió cuando su funcionamiento comenzó a resultar decepcionante lo que hizo aparecer la ruptura existente entre la vida atribuida a los primeros cristianos y la que se tenía ante los ojos, la imagen de un cristianismo primitivo ejemplar era en parte mítica e ideológica y la idea de una primera fase de pureza y de virtud se hacía necesaria para reaccionar frente a las que parecían ser formas de decadencia y adulteración. Una concepción espiritual de la función de la Iglesia chocó durante siglos con una concepción más temporal y política dentro del propio seno de la Iglesia, ambas tendencias se enfrentaron durante mucho tiempo y, a mediada que pasaban los años, grupos de laicos iban acercándose a los clérigos que defendían la Reforma. El fenómeno se acentuaba de tal manera que los sacerdotes no deseaban que los laicos leyeran y conocieran los libros sagrados y menos aún que discutieran sus contenidos e interpretación, aparecían como los hombres doctos y consagrados, que vivían distinto de los demás sin contraer vínculos familiares, que suministraban los medios para hacer propicia la divinidad y conjuraban las insidias de las fuerzas del mal. Por esto el clero ocupaban el primer rango social, se les pagaban los diezmos, se les legaban las propiedades inmuebles y las propiedades territoriales y legislaban en materia de comportamiento. El intento de los reformadores no era privar a la Iglesia del ejercicio de sus funciones, sino de disciplinarlo según determinados criterios.
Durante el siglo XV se sucedieron una serie de iniciativas y tentativas encaminadas a reprimir abusos de las órdenes monásticas, a introducir formas más sobrias de piedad, a fundar cofradías y asociaciones religiosas. Algunos reaccionaron de modo radical, John Wyclif (1330-1834) había sostenido que los príncipes tenían el derecho de expropiar el clero y distribuir y administrar sus bienes en beneficio de la comunidad, consideraba contrario a la ley divina el voto de castidad de las monjas y reprobable la mendicidad de los monjes. Aunque era un teólogo, expresaba las reacciones de la sociedad laica frente a la Iglesia y sus obras ejercieron una influencia notable, gran parte de sus críticas fueron reasumidas por los reformadores del siglo XVI. Joan Hus (1369-1415) y sus seguidores corroboraron sus ideas, en gran parte, afirmando que nadie podía hacerse representante de Cristo o de Pedro sino imitaba su comportamiento.
Al movimiento de la Devotio moderna se unieron, sobre todo en el noroeste europeo, instancias humanistas que promulgaban el retorno a las fuentes originales de la inspiración cristiana que tuvo su mayor exponente en Erasmo, la lenta y constante búsqueda de la perfección y elevación moral se fundaba en una disciplina interior y en la confianza de recorrer el camino de la virtud y de la salvación.
En el transcurso del siglo XVI, XVII y XVIII, la naturaleza llegará a ser gradualmente al instancia suprema, tanto en las dimensiones de la política y del derecho como en las de la moral y del conocimiento científico, convirtiéndose en un criterio de referencia para la verdad religiosa.
Mientras Carlos V se apoderaba definitivamente de Lombardía y preparaba su supremacía sobre la península italiana, el imperio era presa de agitaciones a las que intentaba hacer frente. La causa ocasional de los desórdenes fueron las tomas de posición del moje agustino, Martín Lutero (1483-1546), que entró en conflicto con un dominico a propósito de la asignación de indulgencias en territorio alemán. Antes de presentar y hacer circular sus “95 tesis” (1517), había llegado a convicciones dogmáticas contrarias a la doctrina tradicional. Impugnaba el derecho del Papa a distribuir los frutos de los méritos de Cristo y de los santos. En 1518 al remitir al pontífice sus tesis no se retractó de ellas, para él todo cristiano era un pecador, digno de ser condenado sin apelación posible sino creía profundamente poderse salvar solamente gracias a la misericordia de Dios, los sacramentos perdían su importancia, lo que contaba era la iluminación interior por la que cada uno se aseguraba de que la propia miseria moral no le sería imputada.
El luteranismo gozó de una serie de circunstancias favorables. Ante todo, su divulgador debería haber sido entregado al cardenal Cayetano, legado pontificio en Alemania, por el contrario, el elector Federico de Sajonia lo sustrajo a tal procedimiento, sosteniendo que no se tenía que arrestar antes de que el acusado fuera juzgado como hereje por una universidad alemana y tras una discusión pública. León X declaró heréticas 41 proposiciones de los escritos de Lutero y lo excomulgó (15 de junio de 1520), el fraile echó a las llamas la bula papal ante los profesores y estudiantes de Wittemberg. Al año siguiente más de un millar de caballeros le escoltaron hasta la Dieta de Worms, donde había sido convocado, rechazó retractarse y la Dieta lo expulsó del Imperio, aunque siguió defendido por el elector de Sajonia.
A parte de la solidaridad de sus seguidores tuvo otro aliado muy importante en la imprenta que difundió sus tesis y sus escritos. Lutero tuvo ardorosos partidarios: desde Carlstadt hasta Ulrich von Hutten, desde Franz von Sickingen hasta Felipe Melanchton, quien a fines de 1521 presentaba ordenada toda la doctrina luterana en la obra “Loci comunes”. A partir de entonces numerosas ciudades fueron adoptando el luteranismo: Constanza, Erfurt, Magdeburgo, Halberstadt, Breslau, Bremen, etc. Alemania era el terreno más apropiado para una revuelta antirromana y antiopontificia. En 1525 algunos príncipes alemanes se aliaron para defender la doctrina, incluido el elector de Sajonia y en la Dieta de Spira lograron rechazar la aplicación del Edicto de Worms que cuando una nueva Dieta, en 1529, quiso volver a ponerlo en vigor, la protesta de seis príncipes alemanes y catorce ciudades se aganron el epíteto de protestantes, nombre que desde entonces designaría a los seguidores de Lutero y posteriormente a todos los reformadores de análoga inspiración. En 1513 llegaron a tener un verdadero pacto armado llamado la Liga de Esmalcalda. Ni el Papa ni el Emperador pudieron hacer nada contra los príncipes que no dudaron en manejar el movimiento reformador para su propio provecho, éstos se otorgaron toda una serie de poderes, se convirtieron, revestidos de obispos, en soberanos en el pleno sentido de la palabra, ampliando su propia estructura administrativa, interfiriendo en las nominaciones eclesiásticas y en la formulación de la doctrina. Hubo una Reforma desde las altas esferas, que iba acompañada de centralizaciones territoriales y comportaba visitas e inspecciones oficiales y confiscaba bienes eclesiásticos. Los juristas protestantes sostuvieron que los príncipes electores no debían ser considerados súbditos del Emperador sino asociarse con él en el gobierno de Alemania. Fueron los estados territoriales contrarios a los Habsburgo los que hicieron posible la victoria protestante en la Dieta de Augsburgo de 1555.
Lutero no se había limitado a los problemas religiosos y a las consecuencias que se derivaron, algunos de sus seguidores asumieron posiciones más radicales que él. Lutero no revolucionó la vida del fiel, el confesionario se conservó y gran parte del servicio religioso siguió celebrándose como antes., puesto que no tenía un programa litúrgico muy claro e innovador. Más llamativa fue la consecuencia de la doctrina según la cual todos los cristianos participaban del sacerdocio, conllevaba que el clero no tenía que constituirse en una casta separada, que sus miembros podían casarse y que los conventos debían ser abolidos. El mismo Lutero se casó con una monja, Katharina von Bora, con quien tuvo seis hijos.
Aprovechando esto los campesinos tendían a rebelarse frente a los abusos y a los gravámenes feudales, así es fácil imaginar el numeroso grupo de seguidores que tuvo Thomas Müntzer (1489-1525) cuando anunció a los campesinos que ellos eran los elegidos, destinados a conseguir la victoria frente a los príncipes y los grandes personajes que querían impedir el triunfo del Evangelio. Los predicadores radicales se pusieron a la cabeza de los aldeanos dando origen al movimiento de los anabaptistas, que según ellos, debían bautizarse de nuevo para conseguir comunidades de santos, donde todo se repartiría equitativamente. Los mismos nobles luteranos, incluido Lutero, se enfrentaron a ellos, Müntzen fue capturado y ejecutado en 1525. en 1534 una nueva revolución de los anabaptistas se produjo en el valle del Rin hasta que se impuso la represión por parte de las tropas episcopales y se les dispersó.
La gran aportación del luteranismo consistió en la ruptura de la unidad confesional propia del mundo católico. Lutero, con la ayuda de los príncipes, no dudó en constituir una Iglesia diferente de la de Roma . fue el primero de una larga lista de reformadores que intentaron organizar iglesias autónomas que respondiesen a sus doctrinas, pero que fuesen generosas con el poder constituido: Marín Bucero (1491-1551) en Estrasburgo, Ecolampadio (1482-1531) en Basilea, el rey Gustavo Vasa (1523-1560) en Suecia, etc.
La gran victoria militar que Carlos V obtuvo sobre los protestantes alemanes en Mühlberg (24 de abril de 1547) no pudo restablecer la situación y sus efectos fueron pasajeros. Alemania, aunque reconoció como Emperador al hermano de Carlos V, Fernando de Habsburgo, se encontró dividida en el plano religioso en dos zonas desiguales: Baviera y la parte occidental (valles del Mosa, del Mosela, y gran parte del valle del Rin) siguieron siendo católicos, el resto —cerca de 2/3 del territorio— fue desde entonces protestante: la Paz de Aubsburgo (1555) sanción esta división confesional.

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