Los Europeos En Asia

Asia meridional había sido invadida sucesivamente por la expansión portuguesa, de una manera más bien marginal por la española y luego más frecuentemente por la holandesa. En el siglo XVII, los establecimientos europeos en esta zona se reducían aún —a excepción de las Filipinas españolas— a territorios muy restringidos. La situación cambió durante el siglo XVIII, sobre todo en la India.
En cuanto a las organizaciones comerciales, en los primeros años del XVIII, la Compañía de Indias holandesa seguía siendo la más importante, aunque estaba en claro retroceso, cuyo número de barcos que partían cada año hacia las Indias orientales eran en torno a mil setecientos, todavía más numerosos que los de las compañías rivales. Los tráficos británicos en el Índico se desarrollaron en gran parte con la complicidad de los propios funcionarios holandeses. La guerra abierta entre ingleses y franceses repercutió negativamente en la suerte de los holandeses en la parte meridional de Asia, los administradores de su Compañía no fueron capaces de tomar las medidas adecuadas para detener su declive, aunque la auténtica bancarrota se produjo en 1792. Los negocios de los portugueses en Goa, Diu y Damán, estaban enplena decadencia en el siglo XVIII, su debilitamiento iba en beneficio de los ingleses que obligaban a los mercantes lusitanos a depender de ellos para desplegar sus propios tráficos. El monopolio de la corona portuguesa escapó al colapso total gracias a la colaboración con compañías financieras gestionadas por extranjeros. Tampoco fue muy diferente el funcionamiento de las Compañías de Ostende y danesa que tuvieron que tirar de capital y personal extranjero.
Un estilo específico de la Compañía de Indias inglesa fue el de fletar las naves en lugar de asegurar su propiedad, así los capitanes y oficiales podían disfrutar de su derecho al comercio privado, a beneficio del contrabando, aunque sin detrimento de los intereses de la Compañía. Ésta gozaba del apoyo del Banco de Inglaterra y del sostén del Parlamento lo que le permitió esquivar los ataques a su monopolio. Las mayores sedes de la compañía inglesa fueron Bombay, Madrás y Calcuta. Los principales productos importados té y tejidos. De Londres partían para Oriente hierro y cobre del Báltico, plomo, plata y artículos de lana. Más tarde, la compañía inglesa encontraría la base principal de su propio poder político en el derecho, que sabría obtener, de recaudar los impuestos en Bengala.
La Compañía de las Indias Orientales francesa estuvo muy centralizada, empleó una flota propia y confió su gestión a funcionarios o banqueros más que a comerciantes. Tras su reorganización en 1725, poseía 25 barcos y desde 1756 partió anualmente con una veintena. De 1713 a 1743 no permitió a sus componentes comerciar libremente. La fase más rentable de su actividad fue la comprendida entre 1724 y 1744 influyendo en ello las relaciones pacíficas que existieron entonces entre Francia e Inglaterra. Cuando se reanudaban las hostilidades, la compañía francesa se encontró en situación financiera precaria. Sólo a partir de 1769 y hasta 1785, los comercios franceses de las Indias Orientales fueron abiertos a la iniciativa privada. La política real de comprometerse más en tierra perjudicó a la compañía y las interferencias entre la autoridad gubernativa y la de la compañía provocaron constantes crecientes. El gobierno francés se vio obligado en 1769 a liquidar su compañía, que entró en bancarrota en 1795. Los asentamientos franceses en India se encontraban en Pondicherry (1686), Surta y Masalipatan (1687), Chandernagore (1688) y Karikal (1739) así como en Isle de France (Mauricio), que los holandeses habían abandonado en 1710 y que fue una de las principales bases francesas en Oriente.
La lucha comercial que había enfrentado a las distintas compañías europeas en el océano Índico se combinó hacia mediados del siglo XVIII con otras formas de competencia. Hubo enfrentamiento militar entre ingleses y franceses, al choque entre ambos se unió una progresiva implicación de los europeos en la situación interna de la inmensa península india. Fue en este terreno donde los ingleses tomaron poco a poco la delantera a los franceses, la tendencia al control político europeo de la India se delineó entre 1744 y 1754, a través de luchas locales de sucesión dinástica. Nombrado gobernador general de la compañía francesa Joseph-François Dupleix (? 1763) se convenció de la necesidad de la presencia de su país en este ámbito; con la ayuda de la escuadra de Mahé de la Bourdonnais, en septiembre de 1746 logró apoderarse de Madrás: sin embargo, el tratado de Aquisgrán le obligó a entregarla a los ingleses. Dupleix intentó enraizar la influencia de Francia haciéndose autorizar por los gobernadores indios a percibir los impuestos sobre territorios locales, las recaudaciones le sirvieron para el estipendio de los ejércitos y la adquisición de mercancías. La contrapartida requerida por las autoridades autóctonas consistía en formas de asistencia militar, acentuaba así el compromiso de los europeos en las luchas políticas y territoriales indias.
La misma acción realizaron los ingleses para contrarrestar a sus adversarios. El gobierno británico envió al océano Índico una potente escuadra naval al mando del almirante Boscawen. La compañía inglesa constituyó un auténtico cuerpo de tropas con base en Fort Davis, al sur de Madrás, del que se hizo cargo Robert Clive, distinguiéndose por la brillante toma de Arcot en 1751, supo también servirse de tropas indias en los conflictos locales y contra los franceses.
El objetivo de la guerra de los Siete Años implicó la reanudación de la lucha armada en el teatro indio. Los ingleses se apoderaron de la base de Chandernagore en marzo de 1757, en junio la acción de las tropas angloindias de Clive inflingieron en Passey un auténtico revés a las del Mirab Mir Jafar, aliado de los franceses, esto comportó la toma de Calcuta y la sumisión de la región de Bengala a la influencia británica y ningún gobierno indio se manifestó capaz de oponerse victoriosamente al predominio británico.
Tan clara fue la derrota de los franceses que, en la primavera de 1758, hicieron llegar a Pondicherry una expedición militar a las órdenes del nuevo gobernador general Thomas Lally de Tollendal (? 1766) que finalmente tuvo que doblegarse ante las fuerzas inglesas tras una lucha de tres años. Los británicos pasaron a la ofensiva, el comandante inglés, Eyre Coote, logró imponerse a las fuerzas del marques de Bussy y capturarlo (23 enero de 1760), sitió Pondicherry que capituló en enero de 1761. Desde entonces, la influencia francesa no tendría ya la ocasión ni la fuerza de hacerse sentir y su presencia en el Decán, fue casi completamente eliminada por los ingleses de Madrás. Los holandeses intentaron contrarrestar el ascenso inglés enviando una expedición naval a Bengala, que fueron también derrotados por Clive.
A partir de 1761 los ingleses se impusieron cada vez más sobre los gobernantes locales. Robert Clive tras haberse enfrentado con sus oponentes de la Compañía de las Indias Orientales consiguió ser nombrado nuevo gobernador en 1765 y supo ampliar en Bengala los derechos británicos a recaudar los impuestos locales y cuando dejó la región en 1767, la hipoteca de Inglaterra sobre la India era bastante notable. Con la reforma del gobernador Warren Hastings (? 1785), la recaudación de los impuestos fue encargada directamente a los que dependían de la compañía, recuperó y levantó la suerte del predominio inglés.

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