Los Imperios Ibéricos

Es lógico reunir a los dos reinos ibéricos por cuanto entre 1580 y 1640 ambos tuvieron los mismos soberanos. a los lusitanos la unión dinástica les reportó más inconvenientes que ventajas, ya que los enemigos de España aprovecharon la ocasión para dañarla extendiendo la lucha a Portugal y a sus posesiones. La unión dinástica no se tradujo ni en una política unitaria ni en una integración económica orgánica, los portugueses mantuvieron la gestión de la autonomía de sus dominios y sus tráficos pero no vieron que se les extendieran los privilegios de que gozaban los castellanos ni obtuvieron el derecho a comerciar con la mayor parte de las posesiones españolas. Ambos imperios coloniales estuvieron separados a pesar de sus estrechas relaciones, que se saldaron mejor sobre todo en Extremo Oriente y en el transporte de los esclavos africanos a América central y meridional, los negros iban directamente a Potosí a través del puerto de Buenos Aires, desde donde llegaban al norte por la vía de Tucumán.


El Imperio Lusitano


La organización de los tráficos lusitanos no resultó modificada desde 1580 en adelante. En el siglo XVII el portugués siguió siendo la lengua franca que se había impuesto en los comercios asiáticos y los contactos con los indígenas siguieron estando marcados por la tolerancia recíproca y mezcla racial. El monopolio real siguió concediendo a cuantos participaban en el comercio el derecho a embarcar cargamentos personales de mercancías que eran inferiores a las transportadas por cuenta del erario público. Aunque desde el inicio del siglo XVII las tierras de ultramar fueron proclamadas parte integrante de la madre patria, los funcionarios locales controlaban a su placer los comercios y la vida económica. Por un lados las técnicas tradicionales se revelaban cada vez más inadecuados y por otro, su estado se mostraba menos capaz de salvaguardar su monopolio, estas deficiencias se pusieron de relieve en el conflicto armado con los holandeses. Los lusitanos poseían excelentes oficiales y comandantes, pero confiaban la dirección de sus unidades a nobles provistos de una experiencia más militar que náutica, lo que produjo disensiones y actos de indisciplina. Sus naves estaban más concebidas para almacenaje que para resistencia al mar o ataques enemigos, así las flotas portugueses tuvieron la tendencia a estar compuestas de un número cada vez menor de unidades, al viajar sobrecargadas o a veces siendo vetustas, sufrieron numerosos naufragios, una serie particularmente negra se registró en los 1620-1623 en que sobre 34 naves que habían partido de Lisboa naufragaron ocho, tuvieron que volver atrás nueve y fueron capturadas dos.

En el siglo XVII la competencia holandesa puso al descubierto los inconvenientes de haber hecho de Goa el centro del sistema económico y administrativo del océano Índico, los tráficos allí, estaban obstaculizados por los monzones, situaron múltiples comercios: tejidos indios de algodón se cambiaban en África por oro y marfil y en Indonesia por especias. A causa de los vientos las naves no podían acercase a Goa durante los tres meses de invierno, mientras que durante los tres de verano no podían zarpar. Cuando los holandeses hicieron sus incursiones en el Índico tuvieron en cuenta esas dificultades y prefirieron adentrarse directamente en Indonesia. Entre 1637 y 1645, conjuntamente con los ingleses, decidieron realizar el bloqueo de Goa, logrando derrotar a sus comercios que ya no levantaron cabeza.

Antes de estos acontecimientos , la potencia portuguesa había iniciado su decadencia, los comercios lusitanos en Extremo Oriente florecieron en medio de contratiempos, el envío anual de una gran nave a Japón se realizó únicamente entre 1560 y 1618, aunque circularon por aquella ruta unidades menores y más veloces, eran tráficos rentables centrados en Macao, donde se cargaban porcelanas y sedas para Nagasaki. Otra conexión era la que unía Macao con Macasar (isla de Célebes), rica en especias y con Manila.

Los dominios portugueses estaban repartidos en un espacio inmenso, protegidos por una marina gloriosa pero de mediana entidad que no podían escapar durante mucho tiempo de los ataques de los rivales. Esto ocurrió también en Brasil, primera tierra en la que intentaron sacar provecho agrícola, la concesión semifeudal del suelo favorecía el régimen de las plantaciones, cuyo apoyo era el empleo de la mano de obra negra. La primera capitanía importante fue la de Sao Vicente, cerca de Santos (1532), luego Pernambuco y la de Bahía. Las plantaciones continuaron su crecimiento y en 1620 los colonos europeos o de sangre mezclada se aproximaban a los 70000 situados la mayor parte en la zona azucarera de Pernambuco.

Los holandeses habían hecho su aparición en la zona en torno a 1587 y en el siglo XVII se instalaron en la costa del noroeste, importaban esclavos y exportaban azúcar y en 1620 controlaban una tercera parte del comercio. Llegó así su primer golpe de mano sobre Bahía (1623-1625) sin consecuencias inmediatas. Más duradera fue su acción contra Recife y Olinda (1630), ocuparon Olinda en 1631 y en 1635 Recife. Su retirada no fue provocada por la reacción portuguesa sino por la guerra que libraron simultáneamente con Inglaterra, los holandeses asediaron las colonias lusitanas en África: Luanda, santo Tomé, etc.

Los portugueses en 1649 constituyeron una compañía general para el comercio de Brasil, asumido el monopolio de transporte entre las grandes colonias y la madre patria. Otras grandes compañías fueron fundadas bajo el reinado de Pedro II (1667-1683).


El Imperio Español


A mediados del siglo XVI, España era todavía la segunda nación marinera de Europa, a pesar de los tráficos sevillanos con América, su flota mercantil más importante era la vizcaína, con Bilbao como centro principal de astilleros, sólo en el siglo XVII los astilleros de Vizcaya comenzaron a decaer. Pese a los incesantes conflictos, España hasta 1660 logró hacer funcionar las conexiones entre Andalucía y las colonias americanas, hasta esa fecha las escuadras que las aseguraban fueron interceptadas o derrotadas solo tres veces (famosa fue la acción del holandés Piet Heyn que en 1628 se apoderó de ocho millones de florines). La flota llamada Carrera, compuesta por sesenta naves de promedio, atravesaba cada año el Atlántico con unidades de tonelaje cada vez mayor (400 de media hacia 1600), aunque eran naves de escasa facilidad de maniobra y que embarrancaban con facilidad. En el siglo XVII la potencia económica y política de España se estaba disgregando, la lucrativa Carrera experimentaba una transformación interna, los comerciantes extranjeros asentados en Cádiz tomaron cada vez más su control y al menos durante las primeras décadas del siglo siguió siendo el vehículo de relevantes tráficos atlánticos.

En la primera mitad del XVII los cargos sevillanos de la Casa de Contratación fueron ocupados por personajes de alto linaje pero exentos de competencia económica, con la consiguiente pérdida de su eficiencia administrativa.

Como a los colonos les estaban prohibidas numerosas actividades productivas, los tejidos, el vino, el aceite, el jabón, la lana de la madre patria llevaban las naves de la Carrera en sus viajes de ida. Las posesiones de ultramar no constituyeron para la industria española ningún estímulo suficiente para el desarrollo adecuado. La economía colonial siguió estando basada en la ganadería, en las plantaciones y en las minas, los competidores ingleses, holandeses y franceses lograron romper el monopolio y abastecer con sus productos al Nuevo Mundo Ibérico.

El mercantilismo español se ejerció también en el Pacífico: las importaciones chinas que hacían la competencia a los tejidos castellanos fueron prohibidas en 1631. durante todo el siglo XVII siguió estando en actividad la línea Acapulco-Manila recorrida por galeones construidos en Manila por artesanos asiáticos dirigidos por maestros europeos. El mejor periodo para estos tráficos fue entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII.

En Extremo Oriente se produjo la conjunción entre los tráficos lusitanos, españoles y chino-japoneses. Mientras que los españoles no abandonaron las Molucas hasta 1663, Manila contribuyó a salvar el comercio de Macao cuando Japón expulsó a los portugueses y los holandeses bloquearon Malaca. Desde 1620 hasta 1680 las Filipinas se resintieron fuertemente de la clausura al exterior verificada en China, en este mismo periodo declinaba la producción de plata del Perú.

El desgaste infligido por los corsarios franceses, ingleses y holandeses se hizo sentir cada vez más sobre el sistema de los tráficos españoles. El comercio entre América y Sevilla descendió por debajo de la 10000 toneladas anuales alrededor de 1640, a causa de la rivalidad armada holandesa, y a continuación siguió descendiendo.

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