Particularismo Histórico

A comienzos del S. XX, los antropólogos tomaron la iniciativa en la revisión de los esquemas y doctrinas evolucionistas, tanto de los darwinistas sociales como de los comunistas marxistas. En los Estados Unidos, la posición teórica dominante fué desarrollada por Franz Boas y sus discípulos y se conoce como particularismo histórico. Según Boas, los intentos del S. XIX de descubrir las leyes de evolución cultural y de esquematizar las etapas de progreso cultural se basaron en una evidencia empírica insuficiente. Boas adujo que cada cultura tiene su propia historia, larga y única. Para comprender o explicar una cultura en particular, lo mejor que podemos hacer es reconstruir la trayectoria única que ha seguido. Éste énfasis en la unicidad de cada cultura supuso una negativa a las perspectivas de una ciencia generalizadora de la cultura. Otra característica importante del particularismo histórico es la noción de relativismo cultural, que mantiene que no existen formas superiores o inferiores de cultura. Términos como "barbarie" y "civilización" expresan simplemente el etnocentrismo de la gente que piensa que su forma de vida es más normal que la forma de vida de otras personas.

Para contrarrestar las teorías especulativas "de café" y el etnocentrismo de los evolucionistas, Boas y sus discípulos recalcaron también la importancia de llevar a cabo un trabajo de campo entre los pueblos no occidentales. Como los informes y monografías etnográficos producidos por los particularistas históricos se multiplicaron, quedó claro que los evolucionistas habían representado mal, o pasado por alto, desde luego, las complejidades de las llamadas culturas primitivas, y que habían subestimado, en términos generales, la inteligencia e ingenio de los pueblos no caucásicos, no europeos del mundo.

El logro más importante de Boas fue su demostración de que la raza, la lengua y la cultura eran aspectos independientes de la condición humana. Puesto que entre pueblos de la misma raza se encontraban culturas y lenguas similares y diferentes, no existía base alguna para la noción darwinista social de que las evoluciones biológica y cultural formaban parte de un proceso simple.

Franz Boas (nacido en Alemania en1858), tras su estancia durante un año entre los esquimales al norte del Canadá, adquiere la convicción, opuesta al determinismo ecológico admitido en la época por los geógrafos alemanes, de que la historia, la lengua, la civilización, disponen de una gran autonomía respecto al entorno natural, y sólo muy parcialmente están determinadas por él. O en otras palabras, que la relación de las sociedades con el entorno no es una relación directa. Está mediatizada por la civilización, la historia, la lengua; por lo que Herder, cuya herencia recogió Boas por medio de su maestro, el escritor viajero Bastian, llamaba "el espíritu del pueblo".

Boas no propone ninguna teoría coherente del hecho humano. Agrupa bajo una noción común las prácticas del cuerpo, las producciones materiales, la historia, la lengua y las costumbres de cada sociedad, que él considera que forman una configuración única y particular, históricamente contingente. Se ha hablado, respecto a él, de "particularismo histórico".

Edwar Sapir y luego Dell Hymes y William Labov seguirían fieles a las ambiciones antropológicas de Boas y fundarán la sociolingüística y a la etnolingüística.

En una dirección completamente distinta, antropólogos como Ruth Benedict, Margaret Mead, Ralph Linton, retomaron la herencia de Herder, al que se debe la noción de "espíritu de pueblo", hecha de tradiciones populares, fuente, creía él, de toda cultura y de todo desarrollo histórico. Estos antropólogos se dedican a explorar las dimensiones inconscientes de la civilización, la producción de la personalidad individual en función de las prácticas del cuerpo y las normas de comportamiento recibidas, la definición cultural de la masculinidad y la feminidad, los papeles sociales que van asociados con ella, el carácter nacional, la relación entre la civilización y las formas que adquiere la patología mental y su cura. Esta corriente conocida el nombre de culturalismo, es a veces asimilada, equivocadamente, al conjunto de la antropología americana.

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