Reflexiones En Torno Al Resurgir De La Antropologia De La Sexualidad.

José Antonio Nieto

Antes del resurgir de la antropología de la sexualidad, el registro de la sexualidad en la antropología se constituía como la descarga involuntaria e incontrolable del impulso biológico en la cultura. El resurgir viene dado por líneas del pensamiento propias de la construcción sociocultural de la sexualidad, es decir del desprendimiento de la interpretación biológica de la sexualidad en cultura. Las numerosas aportaciones, están marcadas por el construccionismo social y cultural, pero no indica que la antropología sea sexualmente construccionista. Todavía hay contribuciones antropológicas a la sexualidad que se ven determinadas en mayor o menor medida por la biología.

Se tratará de cómo la sexualidad forja en sociedad y en cultura, el pensamiento construccionista y su crítica a la aproximación biológica, que en antropología se presenta en forma biocultural.

Aspectos importantes que han resaltado los antropólogos construccionistas han consistido en:
  1. Mostrar las relaciones entre los significados, que dan los sistemas culturales y sociales a la sexualidad, y el poder del sistema (político y económico), de lo que se deduce una perspectiva menos neutra, natural y objetiva de la organización sexual, interesada del poder, y por otro lado una perspectiva más politizada y subjetiva de esa misma organización de la sexualidad.
  2. Otra aportación construccionista es el estudio de la industrialización, modernización, occidentalización y globalización de la sexualidad, en países des sureste asiático, africanos, caribeños y latinoamericanos.
La antropología construccionista de la sexualidad ha contribuido a la desestabilización del fijismo conceptual del sexo y del género, favoreciendo la emergencia de la teoría de la performatividad, que enfatiza más la ambigüedad e indeterminación de los actores sociales que producen los discursos sexuales, que el significado de los mismos.

Lo que une a todas ellas es su posicionamiento no esencialista. El desvanecimiento biológico de sus ópticas y teorías de la sexualidad.

EL RESURGIMIENTO DE LA ANTROPOLOGÍA DE LA SEXUALIDAD

Para Lindenbaum el resurgimiento está cargado de gran significado paradigmático, ya que “la antropología redescubre el sexo”. Manifiesta claramente que salvo excepciones los antropólogos se han mostrado remisos, apartados del simbolismo corporal y del estudio de la sexualidad, de éste modo, poco pueden hacer para formalizar teorías acerca del desarrollo de la sexualidad y la identidad del género. Es en los años 80 debido al a aparición del SIDA, cuando la antropología retoma su interés por la sexualidad.

Vance, reafirma y profundiza la teoría de Lindenbaum. Desde Malinowski hasta el ultimo tercio del S. XX, la sexualidad para la antropología se sitúa apartada de la disciplina. Para Vance desde 1975 y más efectivo desde 1990 la antropología adopta interpretaciones innovadoras de la sexualidad, estas innovaciones son la formulación de ideas y principios, previamente no contemplados, que enmarcan la sexualidad desde la perspectiva teórica de la “construcción social”, apartándose del modelo biomédico de la sexualidad.

Vance opone “construcción social de la sexualidad” al “modelo de influjo cultural”, modelo de la antropología desde 1920 a 1990 que representa la versión antropológica de modelo biomédico, aunque el componente cultural lo aleja de ese modelo biomédico, el esencialismo biológico del influjo cultural, impide ese alejamiento. En el modelo de influjo cultural la cultura queda determinada por la biología, de modo que las diferencias culturales y la diversidad sexual quedan anuladas o en un segundo plano, ya que la sexualidad es inseparable de la biología, siendo la cultura el símbolo inútil.

Lo más significativo del salto del modelo de influjo cultural, al modelo de construcción social y cultural de sexualidad, son:
  • EL salto de la biología a la cultura, a la hora de interpretar la sexualidad, “se culturiza la biología y no se biologiza la cultura”
  • El salto de la universalidad comprensiva de la sexualidad a la comprensión particularizada de la misma., permite dar más relevancia a la particularidad cultural de sociedades muy concretas, se refleja en estudios etnográficos específicos.
El modelo de construcción social además sitúa la comprensión de la sexualidad con precisión temporal, en el modelo de influjo el factor tiempo queda abstraído, al no establecer, desde la perspectiva temporal, diferencias sociales y culturales.
  • La postura antropológica en que las propuestas de la sexualidad resultan inviables, soterradas o no forman parte de la vida se llama erotofóbica.
  • Erotoliminal será el vislumbrar sexual antropológico en que se empiezan a manifestar apreciaciones de distintos aspectos de la sexualidad y sus conductas, pero en que la reproducción sigue siendo el centro nuclear.
  • Esto conduciría a la erotofilia, el registro etnográfico de la diversidad sexual.
La erotoliminal, está formada por dos rasgos fundamentales:
  • Una fase que se caracteriza por las ausencias y abstenciones teóricas y etnográficas, en comparación a otras líneas de desarrollo antropológico.
Sigue teniendo rasgos de erotofobia
  • Otra empapada de biología, que anticipan el interés de la antropología por el estudio dela sexualidad y sus significados en distintos contextos sociales. Se va acercando a la erotofilia.
La erotoliminalidad supone por un lado la ocultación de escritos etnográficos que ignoran o silencia por que la sexualidad no es políticamente correcta y por otro lado los mismos escritos, hacen emerger la sexualidad.

La publicación en revistas especializadas no se da, por el poco reconocimiento de los profesionales de la disciplina, siendo unos proscritos. La primera revista dedicada al análisis sociocultural de la sexualidad aparece en 1998. La publicación en libros aparece en un segundo plano como añadido al núcleo biológico, acompañan loa antropólogos a médicos, psicólogos, biólogos...

La mayor parte de las investigaciones antropológicas se dan en el seno de estudios psicológicos, médicas o biológicos, ciencias que ignoran que la sexualidad se ensambla y se significa por medio de lenguajes, símbolos y discursos sociales, es así x.q. no se concibe sociedad exenta de sexualidad, ni viceversa.

De un modo antropológico, todas las culturas crean con el fin de modelar la organización social, procesos políticos diversos, que modelaran lo permitido y lo prohibido. Los indicadores de la restricción de la sexualidad, son muy diversos dependiendo del momento histórico y de la cultura, según esto se aceptaran, proscribirán o harán ilegales distintas conductas. De esto se puede inferir que son dos los procesos sociales que intervienen en la sexualidad:
  • La sociedad, marca los límites de lo que es o no aceptable sexualmente, son los procesos reguladores del control corporal de los instintos.
  • Los individuos (actores sociales), le permite abordar su propia sexualidad, son procesos reactivos, el individuo reacciona aceptando o rechazando lo que le es impuesto
La ordenación simbólica que moldea la sociedad y encuadra al individuo no son irrompibles e imperecederas, más bien potencian modificaciones y en lugar de permanecer fijas y ordenadas, tienden a desordenarse.

Ambos procesos hay que tenerlos en cuenta para construir modelos específicos de sexualidades.

El modelo de influjo cultural, es un modelo de rasgos contradictorios, en relación a los antropólogos y a los contenidos. Los antropólogos quiebran el abstencionismo sexual, pero no logran desvincular la sexualidad de la biología. Los principios que dan contenido al modelo, se desdoblan en direcciones teóricas opuestas y difícilmente sostenibles en la práctica, el modelo de influjo cultural sostendrá x.e.:
  • La sexualidad está determinada biológicamente, modelo esencialista, las conductas sexuales determinadas por: genética hormonas, anatomía y fisiología corporal. Los actos sexuales son “naturales”, y la expresión de la sexualidad es “natural”
  • De modo contrario en la cultura se asientan las bases de la motivación o desmotivación sexual de la expresión de la sexualidad. Además la etnografía ha mostrado a la las sociedades occidentales que las actitudes y prácticas sexuales “exóticas”, por su diversidad, no engarzan en modelos de alcance universal
Un ejemplo que desmiente la impronta del determinismo biológico y sostiene la diversidad cultural es el de la homosexualidad, que tienen distinto significado según la sociedad que los manifieste, ya que son el resultado de organizaciones sociales diferentes, que hacen prescriptiva o restringen la expresión de la homosexualidad. En todos ellos hay posturas de permisividad social o resistencia colectiva a la restricción que ejerce la sociedad (derechos de homosexuales ¹ heterosexuales) También entre ellos hay diferencias culturales sustanciales, que no pueden encuadrarse en un mismo marco conceptual. Se distinguen:
  • Relaciones homosexuales estructuradas por edad (adulto y muchacho de la Grecia homérica)
  • Relaciones homosexuales enmarcadas en la transformación del género y de los roles ( hombres que adoptan vestidos, actitudes y trabajos propios de mujeres, asumiendo roles femeninos)
  • Relaciones homosexuales entre iguales (gays de las sociedades modernas)
Estos ejemplos invalidan el determinismo biológico que apunta el modelo de influjo cultural. Las conductas homosexuales no son fijas, como pretenden los esencialistas.

No se puede entender las sociedades desde términos exclusivamente biologistas, se han hecho a lo largo de la historia abusos de la biología x.e. rasgos de los criminales. Hay científicos que explican la homosexualidad desde claves deterministas y bases biologistas, sin que estén sus respuestas contrastadas x.e. homosexuales caderas anchas o estrechas, o lo que se presenta no se evidencia en investigaciones posteriores x.e. homosexuales tienen hipotálamo más pequeño que heterosexuales.

Según Rose y Kamin, si la organización biológica es consecuencia directa de nuestras biologías, lo que somos es irrevocable. El determinismo biológico es una explicación reduccionista de la vida humana, pero más que una simple explicación también es política.

En ello radica que la justificación biológica anule teóricamente la condición sociológica del individuo, haciendo que las desigualdades sociales vayan en aumento.

El SIDA supuso un cambio importante para la investigación de la sexualidad, obligando a las instituciones a incentivar proyectos relacionados con la sexualidad, no exclusivamente biomédicos, lo que propicio la incorporación de científicos sociales a la investigación. Desde 1991 las instituciones han favorecido la financiación biomédica de la sexualidad, que resulta menos crítica y complaciente que la financiación de la investigación sociocultural de la sexualidad. A pesar del apoyo financiero, la contribución antropológica y de otras ciencias sociales, a la sexualidad, ha ido en aumento.

REPRESENTACIONES: SEXUALIDAD, SOCIEDAD, CULTURA.

Desde 1930 hasta 1975 la sexualidad estaba “desterrada a los infiernos”. Las representaciones antropológicas que se relatan a continuación, van desde el cese de las publicaciones de Malinowski a las primeras contribuciones de construccionismo social.

KLUCKHOHN antropólogo, que desde su posición en la universidad e Harvard, tuvo gran influencia en sus colegas, sus escritos relacionados con la sexualidad, fueron menos conocidos. En uno de sus artículos formuló su punto de vista de la antropología relacionado con los informes Kinsey, que se refieren a la sexualidad del varón norteamericano.

Al inicio del artículo, nos informa de que el interés de la antropología es mostrar la variedad biológica y cultural de la vida humana ( en los años 40 la antropología en Usa, era el crisol de cuatro vertientes: cultural, biológica, lingüística y la arqueológica).El autor aplica a la sexualidad las dos primeras vertientes.

El autor no resta fuerza, al hecho de que la carga biológica se contemple pluralmente. Se pregunta biológica y culturalmente cuales son los rasgos que fijan las dimensiones de la variedad humana, sin profundizar en las respuestas a las preguntas que se hace, dejando al lector con la duda de en que consiste la variedad biológica. También se pregunta las características que definen la universalidad de las pautas, aquí se menciona explícita, única y exclusivamente la cultura, desentendiéndose en la pregunta de la universalidad de la biología.

A medida que el texto avanza parece centrarse más en lo cultural dejando algo al margen la biología. Da a entender que la cultura en sus múltiples formas envuelve a la biología, pero también que la biología se apodera de la cultura. El autor se muestra emético y ambivalente.

Se nota también cierta ambivalencia al indicar la forma/s en que la antropología puede relacionarse con el informe Kinsey, dice:
  1. Que la sexualidad para la antropología queda desdibujada al no investigar conductas sexuales, además los datos no se presentan sistemáticamente ( como presentar sistemáticamente lo que no se ha investigado previamente?)
  2. La sexualidad que recoge la literatura antropológica es mucho más pobre que la registrada por Kinsey, de lo que los antropólogos pueden aprender y beneficiarse. Salvo el estudio comparativo de la reproducción humana de Ford, que califica de excelente, no hay producción antropológica de nivel equivalente. Además las publicaciones sobre sexualidad de finales de siglo XIX y principios del XX son de nulo interés científico y de intención pornográfica. La vida sexual de los salvajes es medianamente satisfactoria pero no ofrece datos para establecer estadísticas y frecuencias de la expresión de las conductas sexuales.
Al forzar los principios antropológicos de descripción cualitativa, consigue un acercamiento cuantitativo al hecho sexual, que resulta ficticio por varias razones, relacionadas con conductas sexuales y conductas culturales, de modo que la información disponible de lagunas conductas sexuales, no es la más apropiada por su cuantificación y por sus carencias etnográficas, x.e. se refiere cuantitativamente a las técnicas utilizadas para la masturbación y el coito y al tiempo que se requiere en varones y mujeres para alcanzar el orgasmo y a las fantasías empleadas para la excitación sexual, sin que haya reflejo de descripción alguna, los contextos culturales de los navaho y de los norteamericanos dan interpretaciones distintas a las mismas prácticas, lo que conlleva a significados distintos, por lo que son incomparables. Forzar de este modo los hechos para acomodarse a una comparación, es incurrir en posturas ambivalentes.

HONIGMANN (1954), da una formulación clara de lo que es la sexualidad para la antropología. Critica el uso que los informes Kinsey hacen del material antropológico, a la hora de establecer comparaciones con la realidad sexual norteamericana, se basa esta crítica en dos puntos:
  1. Las comparaciones se hacen para demostrar la universalidad de ciertos patrones, sin tener en cuenta las diferencias culturales de las poblaciones que se comparan.
  2. Los informes usan fuentes secundarias, así la utilización es excesivamente receptiva, no crítica.
Dado que la aproximación antropológica está alejada del cuantitativismo adoptado por Kinsey, y que las etnografías sobre sexualidad son escasa se puede deducir que las practicas sexuales de los norteamericanos (coitos, masturbación, infidelidad, homosexualidad...) no son ni más ni menos frecuentes que los de otras sociedades. Las comparaciones de Kinsey no nos dicen nada.

El autor plantea la posibilidad de que algún día las conductas sexuales puedan ser generalizables.

Se distancia de Kinsey por ignorar la cultura y las diferencias, rechaza los criterios de universalización que se desprende de sus informes, pero lo hace para acercarse a esa misma presentación desde aspectos únicamente culturales. Llega al mismo objetivo pero por distinta vía.

El hecho de que el interés antropológico se centre en la búsqueda de patrones universales lleva al autor a un dilema, para él el antropólogo trata de relacionar todos los aspectos y los hechos, acciones y manifestaciones de una determinada comunidad, proponiendo criterios de validez transcultural.

Pero dadas las escasas aportaciones a la antropología de la sexualidad se hace imposible en la práctica adoptar criterio de formulación universal. Esta escasez hace mostrar un pobre elenco de fuentes de datos bibliográficos: Pedrals, Malinowski, Ford y Beach.
  • De Pedrals y de Malinowski, señala que la información que aportan, difícilmente tienen el nivel que alcanza el conocimiento de la conducta sexual en Estados Unidos.
  • Mejor le parecen las obras de Ford y Beach, ya que permiten hacer algunas generalizaciones de carácter universal.
Honigmann, sigue postulados de la teoría de la “cultura y personalidad”, que intenta hacer más alcanzables los objetivos de universalización de conductas, se decanta a pagar tributo antropológico, por el acompañamiento de la psicología, cuando ésta al formular sus generalizaciones sobre conductas sexuales apenas se distancia de los conocimientos que de el se tiene en la sociedad norteamericana.

Instituir el establecimiento de comparaciones de base sexual, haciéndolas emerger de patrones de comportamiento americano, para realizar a través de ellos una proyección de pautas y patrones sexuales de otras culturas y así llegar a la universalización, no deja de ser un empeño inalcanzable en la época. No solo por las dificultades comparativas al no haber datos etnográficos, sino también por las dificultades de tipo conceptual x.e. mujeres americanas de alto nivel educativo tiene más facilidad para alcanzar el orgasmo que las mujeres de bajo nivel educativo, ¿se puede proyectar a otras sociedades?. Para comparar además de tener elementos de referencia que permitan la comparación ( etnografías sexuales) se necesita que lo que se compara sea de base uniforme. El ejemplo de antes es incomparable conceptualmente (x.e. trobriandesas no tienen educación, mujeres que han sufrido ablaciones...)

La antropología debe reconocer a Honigmann, el merito de formular en un periodo de ostracismo antropológico sexual, una hipótesis / predicciones como la de la universalidad.

TRAGER (1962) parte de la base de que cualquier antropólogo que quiera investigar sobre la sexualidad, en general o sobre una cultura particular, se enfrenta a la ausencia de información y a la aversión de las instituciones académicas a ese tipo de estudios, además de un modo sistemático.

Para llenar ese vacío sistemático, el antropólogo podrá, estableciendo una guía metodológica que le permita analizar culturalmente la sexualidad, ordenar y presentar un material consistente y sistemático, para que otros antropólogos puedan llevar a cabo comparaciones sexuales. La actitud metodológica comparativa adopta la flexibilidad suficiente para que los resultados sexuales a obtener refieran a una misma cultura o a culturas diferentes.

El objetivo de la guía es conseguir la sistematización teórica de los actos y las funciones sexuales de una o varias culturas o sociedades, es fácil por medio de tres niveles que llama procesos:
  1. Primer nivel lo sitúa en el contexto cultural
  2. Segundo nivel se establece en el contenido del sistema cultural
  3. Tercero en el funcionamiento de ese mismo sistema
Estos tres niveles ayudan a desentrañar las pautas culturales de la sexualidad por medio de un análisis “procesual”. Una subdivisión posterior permite que los niveles o procesos, una vez analizados, den lugar a la ordenación de las distintas actividades sexuales, que quedan enmarcadas en áreas, que son nueves y se llaman focos culturales , estos se ramifican en 27 ámbitos culturales, estos en 81 sistemas culturales.

Entiende por bisexualidad los rasgos físicos de dimorfismo sexual, que diferencian de manera convencional y limitada al varón de la mujer, ajustándose así, al modelo de dos sexos / dos géneros que se desentiende de cualquier tipo de discrepancia no acomodada a los principios y contenidos de las directrices modélicas.

La incidencia de Trager a referencias culturalistas, no conduce la sexualidad a un umbral cultural, porque tanto los procesos culturales de los distintos niveles de contexto, de contenido y de funcionamiento, como los focos culturales, ámbitos y sistemas culturales, no tienen la relevancia que indican las continuas subdivisiones. Las ramificaciones crean, a medida que se extienden, la falsa sensación de ser generadoras de una acumulación muy rica en matices, pero no es así, ya que el sustrato de la ramificación cultural de una organización social dada, no tiene fondo cultural, sus bases están encerradas en la naturaleza biológica.

El Biologismo de Trager es más radical que el de Honigmann y de Kluckhohn, es un determinista biológico. Trager añade que la biologización de la cultura de la sexualidad se sustenta además de en su proposición, en que la mayor parte de los antropólogos de esa época, siguen su misma idea. Es en la biología y no en la cultura donde se encuentra la esencia de la sexualidad.

El ser humano es un mamífero con presencia sexual dimórfica, es el mamífero de dos sexos lo que le lleva a formular la bisexualidad como foco, y como epicentro de la cultura.

LA BARRE (1971), su inclinación biologista es menor que la de Trager,. Reconoce y da crédito a unas bases primarias biológicas pero no se identifica con la sobredeterminación biológica que resalta los instintos. Lo instintivo, está sobredimensionado por la biología.

Hace unas subdivisiones que recuerdan a Trager, la sexualidad se clasifica en al menos 10 niveles, que se reúnen en tres grupos:

Sexualidad primaria es la básica, la de mayor relevancia, que da forma y consistencia a las demás, tiene cuatro componentes enfundados en la biología:
  • Sexo celular o cromosómico
  • Sexo gonadal
  • Sexo genital externo
  • Estructuras de reproducción internas ( útero y próstata)

Sexualidad secundaria, es el resultado de la evolución de la sexualidad primaria, es la aparición en la adolescencia de los rasgos corporales de la diferenciación masculina y femenina:
  • Hombros anchos en el varón, frente a caderas anchas en la mujer, y distribución corporal de la grasa, del vello, estatura.
  • En este nivel transicional, la biología se somete a un ligero contraste cultural, si los rasgos biológicos, no se adaptan al estereotipo, pueden darse problemas psicológicos. La cultura por medio de sus variantes, hace que los mismos rasgos tengan distintas variantes en distintas culturas. x.e. se aceptan las mujeres delgadas en USA y obesas en Turquía
  • Sexualidad terciaria, aquí es donde da más peso a la cultura, por medio de la asignación de sexo, rol de género y de la orientación de género, haciendo que las diferencias masculinas femeninas, sean significativas, hasta el punto de que el estereotipo cultural de uno y otro se rompe al comparase con otra sociedad, lo que para una conducta son signos de expresión sexual, para otra dejan de serlo, x.e. bereberes se pasean de la mano, no es una orientación sexual. Las normas culturales de las conductas, al comparase permiten extrapolarlas a una misma cultura, pasa así de la comparación intercultural a la intracultural, introduciendo el factor tiempo, proporcionado así la posibilidad de contemplar cambios históricos de expresión de la sexualidad. El factor tiempo será un factor de referencia a una época, más que un factor comparativo de distintas épocas.
El posicionamiento de Le Barre le hace situarse entre dos extremos:
  1. La sobredimensión biológica de la sexualidad
  2. La sobredimesión cultural, propia de los antropólogos culturales
Aboga por un humanismo interpretativo de la sexualidad.

RECONCEPTUALIZAR LA SEXUALIDAD DESDE LA ANTROPOLOGÍA.

La aproximación biológica de la sexualidad, no resultaba incompatible con la aproximación cultural, al ser las bases biológicas el fundamento de la sexualidad, la biología jugaba un importante papel hegemónico. La sexualidad venia dada en clave biológica. La vida en sociedad, estaba inyectada de cultura biologizada. Se trata de un modelo bipolar.

La construcción social de la sexualidad, surge del rechazo de esa imbricación entre cultura y biología, y de su imposibilidad práctica. Las practicas culturales de la sexualidad desbordan los límites del modelo de base biologista. Así las leyes biológicas y su codificación en forma de proyección universal, quedan anilladas por las sociedades y por las expresiones culturales del a sexualidad, son las culturas las que posibilitan o entorpecen la naturaleza biológica de la sexualidad.

La cultura parecía transgredir los principios universalizantes de la biología, por ello el modelo bipolar deja de tener sentido para el construccionismo social de la sexualidad. Para los construccionistas sociales comprender la sexualidad significa transformarla de sentido, pasar de interpretación biológica a socioantropológica, la sexualidad como x.e. ocio, gastronomía... surge del quehacer polivalente humano. Este sentido es el que dará Rubin (1975), cuando diga que la sexualidad biológica en sociedad, deja de ser tal, transformándose en sexualidad activamente humana, análogo al que realizó Mc Intosh (1968) en relación a los homosexuales.

La reproducción deja de ser destino único, ya no es equiparable a reproducción, dejando de ser el motor diferenciador entre hombre y mujer.

Los actos sexuales, deben pasar por la significación del tamiz cultural y apartarse de ideas biológicas preconcebidas y asumidas como inalterables.

El contraste de significados que ofrecen las distintas culturas, se resaltan en el construccionismo social, de realidades sociales diferentes, no se puede asumir que los actos sexuales, tengan una sola lectura x.e. fellatio de los sambia significado distinto al de los occidentales.

La sexualidad, es ideada socialmente, las culturas dan forma y contenido a las conductas, a las experiencias y a los actos sexuales en sociedad. En la cultura radica el marco que posibilita establecer esquemas de análisis cultural, el esquema del análisis cultural de Trager, casi constituiría un pleonasmo, ya que si parte de un marco cultural de la sexualidad, no de un marco biológico, la resultante de un análisis sexual, tienen que ser necesariamente cultural.

También permiten establecer criterios interpretativos de la sexualidad, que arrancan de patrones más etnocentristas. De hecho la construcción social y cultural de la sexualidad, proporciona herramientas de interpretación que horadan conceptualizaciones, que quisieran ser fijas y estables. Así se pasa de la perversidad sexual a la diversidad sexual, de la hipocresía de la doble moral al reconocimiento de lo plural.

La sexualidad al expandirse, al diversificarse culturalmente, resalta no sólo conductas y prácticas múltiples, sino que también las corporaliza, pasa de la presentación conductual a la concreción corporal, y ya no se trata solo de la genitalidad corporal. A la mayor dimensión erótica de los cuerpos hay que añadir sentimientos, fantasías y sensaciones. No interesan los actos sexuales solo, sino también los sentimientos.

Se infiere que hay una transmutación de intereses, se pasa de lo singular genital a lo plural corporal. El protagonismo de los cuerpos conduce al protagonismo de los individuos y al significado de sus acciones. Se debe dar una significación subjetiva, lo que le permite crear, disentir y diferenciar, enjuiciar, valorar y dar sentido y significado a diferentes conductas.

Esta lectura interpretativa que el individuo confiere a los significados culturales de la sexualidad, se deben integrar a la lectura que los individuos hagan de sus actos, pasándose de una innovación subjetiva titubeante en el inicio del construccionismo social, a la más reciente disidencia individual formulada por la teoría queer.

Los significados de la expresión sexual han pasado de tener una plasticidad biológica a una plasticidad cultural, y sin abandonar esto han pasado a una plasticidad corporal subjetiva. Los mismos actos tienen interpretaciones distintas según los sujetos que las interpreten : biólogos, antropólogos culturalistas- biologicistas, antropólogos socialconstruccionistas y de los actores sociales.

Las criticas de feministas y de gays y lesbianas, fueron los que resurgieron el construccionismo social:
  1. Feministas: desligan el coito del deber marital, y el orgasmo múltiple clitoridiano pasa a ser un objetivo.
  2. Feministas: desligan con ayuda del control de la natalidad, la sexualidad de la reproducción
  3. Gays y lesbianas: desvinculan sexualidad de reproducción
  4. Gays y lesbianas: las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo no deben confundirse con la identidad.
Partiendo de un mismo paradigma, el análisis de la sexualidad se diversifica en tres itinerarios, con un mismo denominador común, la discontinuidad o la desconstrucción de las contribuciones antropológicas que les precedieron:
  1. La cultura como transformación de la biología, es la cultura y no la biología la que explica la sexualidad y sus actos, el individuo y sus conductas sociales instituyen el sentido de la sexualidad, al tiempo que la proveen de significado.
  2. La cultura como entidad interpretativa predominante, requiere muchas formas de sustentación y apoyo, el deseo sexual no es fijo, podría decirse que hay pluralidad de deseos sexuales.
  3. La cultura como determinante explicativo de la sexualidad, implica un apostura más extrema, la negación del deseo sexual biológico. El cuerpo lo es en tanto que reside en el la cultura..Como las culturas no son fijas ni estables en el tiempo, tampoco lo son los cuerpos que las forman.
El antropólogo que por tradición investigaba sociedades “exóticas” de las sociedades no occidentales se encuentra ante dos ideas preconcebidas:
  1. La sexualidad está determinada biológicamente, su estudio es pertenece a las ciencias biomédicas.
  2. La sexualidad no debe ser objeto de estudio, no sería serio
El problema se resuelve con el silencio de la antropología, así:
  • Antropólogo convencional asume la continuidad del cuerpo
  • Antropólogo que sigue directrices de construcción social y cultural, opta por la discontinuidad y ruptura de las ideas precedentes.
Una de las criticas a los construccionistas es que ven discontinuidad de conductas e identidades por todos sitios, a lo que se responde que la percepción está en el ojo del que mira.

Antes todo investigador era esencialista, no hacia falta identificarse, con la llegada de los construccionistas eso cambia.

SEXUALIDAD Y TRABAJO DE CAMPO

Por ideología y universalización, es por lo que el trabajo de campo “exótico” del modelo de influjo cultural, es mera proyección con algunas variantes de la sexualidad biomédica. Ante la presencia de una expresión sexual diferente a la de la realidad social de donde proviene el antropólogo, la antropología posibilita la diferencia, sin embargo la variedad sexual etnográfica de campo ( diferentes contextos sexuales, diferentes significados sexuales), no contempla la diversidad, si se hace un seguimiento biológico. Ya que la biomedicina y su modelo sexual, limitan y rechazan la diversidad sexual, el etnógrafo es un observador alejado y la interpreta como permanencia biológica.

La solución está en mirar fuera de la medicina, de otro modo, lo normal, será lo sexualmente saludable y lo desviado lo sexualmente enfermo.

Heiman señala que la medicina nunca podrá por si sola diseñar lo que es y puede ser la sexualidad humana. La contextualización de las conductas, debe hacerse priorizando lo social, cultural y lo histórico. La vertiente más radical de la biomedicina, desconoce los aspectos sociales y culturales de la sexualidad. La sexualidad formulada en base a estratos biológicos, psicológicos y sociales, radica en ese orden de importancia, siendo la social la que no tiene una formulación determinada. Claro esta que la antropologización de la cultura de la sexualidad ni se menciona.

Davis (1986), hace un análisis de datos sobre libros relacionados con la sexualidad human y obtiene una ausencia de perspectivas, datos y teorías antropológicas, además de un claro y explícito etnocentrismo y perduran actitudes negativas y sexistas de la sexualidad.

El trabajo de campo asexuado perjudicaba en cierta manera la redacción de etnografías sexuales, el antropólogo al creer que esa parte correspondía a la medicina, no arriesgaba su carrera, metiéndose en el terreno de la sexualidad. Hasta mayo de 1968, “la revolución sexual”, sociedades y antropólogos vivían de modo puritano su sexualidad, además debe añadirse la distancia que debía mantener se en el trabajo de campo entre observador y observado, sexualmente era del mismo modo, inactivo

Malinowski, la sexualidad del “voyeur” participante cobra cuerpo cerebral en su caso, se supo al conocer su diario en 1967 en su estudio de los trobriandeses, la sexualidad no era resultado de análisis sino de sus descaradas fantasías.

Razones de los antropólogos para silenciar las experiencias sexuales según Kulick y Willson (1995) son:
  1. El hecho de que la observación es un acto objetivo ( se puede extraer la consecuencia de que la objetividad, anula la sexualidad)
  2. El desdeño de la antropología por las narrativas personales
  3. El factor protestante ( y el católico = antisexo)), y su postura a hablar de sexualidad
  4. El poder colonial y su postura racista
  5. El fortalecimiento de la heterosexualidad y la marginación de la homosexualidad
Desplegarse en el campo no es ético, era la máxima de los antropólogos, no había normativa expresa, pero era pasado de mentores a discípulos, como consejo .

Manda Cesara (1982), la primera mujer que rompe el estereotipo sexista, y la regla de oro no escrita, relata sus experiencias sexuales en una etnia africana, que llamo lenda (nombre ficticio). Ejerció su sexualidad como acto de reafirmación de personalidad, de reivindicación de derechos subjetivos y de protesta objetivable dirigida contra instituciones y situaciones varias.

Hace suyo el postulado de la construcción social de la sexualidad, los significados de las conducta sexuales residen en las lecturas de las actividades corporales de las personas. Se aplica tanto al investigado como la investigador.

Cesara desafirma la sexualidad cultural biologizada y medicalizada e cuatro direcciones:
  1. La sexualidad no se constituye en exclusiva genitalidad y aun menos genitalidad falocentrica
  2. La sexualidad rechaza la uniformidad corporal como expresión de objetivo y alcance universal
  3. La sexualidad no está sujeta por necesidad a los expertos y la conducta de la antropóloga no puede etiquetarse de desviada
  4. La sexualidad no está ligada a intereses económicos.
La intersubjetividad no contempla al individuo aisladamente, sino que lo encuadra en una sociedad con expresión cultural diferenciada. La intersubjetividad hace del informante un interlocutor. Cesara es el ejemplo de la intersubjetividad, busca la proximidad y el encuentro de las personas, mostrando el mundo cultural sin sexismo y puritanismo. La objetividad del trabajo de campo muere con Cesara/Poewe, así como la idea de no interesarse por la sexualidad por parte de los antropólogos. Representa el modelo de estar en el terreno y a su vez hace de modelo para otros antropólogos que se incorporaran más adelante a esa misma práctica.

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