Aspectos de la práctica de campo (III): diálogos y entrevistas.

Contenido fundamental
  • Objeto y sujeto en la investigación etnográfica.
  • Los relatos de los nativos como fuentes de información de su mundo sociocultural.
  • Los relatos de los nativos como fuentes de información acerca de las perspectivas y posiciones sociales de los sujetos.
  • Verdad y contexto en la validez de la información procedente de relatos de los nativos.
La posición del etnógrafo ante los relatos de los nativos

Una de las características de la investigación social es que los “objetos” que estudiamos son “sujetos” que por sí mismos producen relatos de su mundo.

Positivismo y naturalismo interpretan este hecho de manera diferente. Para el positivismo esos relatos procedentes del sentido común deben ser sustituidos por la ciencia; para el naturalismo, por el contrario, el conocimiento procedente del sentido común constituye el mundo social: debe ser descrito, pero no sometido a un escrutinio crítico que determine su validez.

Las críticas más recientes de la Etnografía al naturalismo centran su interés en los relatos nativos, adoptan diversas actitudes hacia él. Algunas entienden el rol del etnógrafo como-- “abogado defensor”-- amplificador de las voces de aquellos que se encuentran en los márgenes sociales, buscan dotar de retórica convincente estos relatos. Otros ven la labor del etnógrafo – “crítico de la ideología”-- como una labor de reconstrucción de relatos con la intención de comprender cómo se han producido y los supuestos en los que se basan.

La posición de los autores no se enmarca en ninguna de estas categorías: etnógrafo como abogado defensor o como crítico ideológico. Los relatos nativos pueden ser utilizados por el etnógrafo, no hay razón para negar su validez según la idea de que son subjetivos; tampoco simplemente como constitutivos del fenómeno que documentan. Todo el mundo es un observador participante que adquiere conocimiento acerca del mundo social en tanto que participa en él. Y dicho conocimiento participante puede ser una fuente de información importante para el etnógrafo.

Sin embargo, por muy hábiles que sean los investigadores en negociar el rol que les permita observar los hechos, habrá información a la que, al principio, no tendrán acceso. Para paliar esta deficiencia se han cultivado a ciertas personas como informantes. Durante mucho tiempo la principal preocupación de la investigación antropológica ha sido la búsqueda de “especimenes” representativos de la vida primitiva.

Los relatos de los nativos como fuentes de información sobre las perspectivas de quienes los producen y sus posiciones sociales

En tiempos más recientes los etnógrafos han demostrado tener prioridades diferentes y han pasado a apoyarse más en sus propias observaciones, todavía es considerable el uso de informantes.

Una importante fuente de datos para los etnógrafos son los relatos que proporcionan los nativos. Pueden producirse de manera espontánea o inducidos por el investigador. Los relatos deben ser estudiados como fenómenos sociales que ocurren, y se relacionan, en un contexto particular.

Los relatos nativos son importantes por lo que nos dicen sobre la gente que los produce. Podemos emplear los relatos que nos proporcionan los informantes como evidencias de las perspectivas de los grupos o de las categorías particulares de los actores.

De acuerdo con la sociología del conocimiento las formas del discurso que constituyen los relatos es importante para el etnógrafo. Pues, los relatos no son simples representaciones del mundo; forman parte del mundo que describen y por tanto comparten el contexto en el que tienen lugar.

Este modelo de análisis contribuye a calibrar la validez de la información proporcionada por un determinado relato. Cuanto más podamos comprender un relato y su contexto: quien lo produce, para quien y por qué; hay dos formas de leer los relatos: como análisis de la “información” y como “perspectivas” y ambos son complementarios.

El mismo relato se puede analizar desde ambos ángulos, aunque a la hora de preguntar a los informantes estamos pensando prioritariamente en uno u otro. Separar la cuestión de la verdad o falsedad de las creencias, que normalmente suele ser la preocupación más común del análisis de esas creencias como fenómenos sociales, nos permite tratar el conocimiento de los actores al mismo tiempo como recurso y como contenido y hacerlo a partir de unos buenos fundamentos.

Hacer y no hacer preguntas, el relato no solicitado, el diálogo y la entrevista como formas en continuidad

Algunos relatos nativos no son el resultado de las respuestas de los informantes a las preguntas del etnógrafo: pueden llegar de manera no solicitada.

Todo comportamiento humano tiene una dimensión expresiva. Las adaptaciones ecológicas, la ropa, los gestos y las maneras, todo converge en mensajes sobre la gente. Mensajes que indican el género, el estatus social, la ocupación e incluso la personalidad. De todas formas, el recurso más importante de los relatos es el poder expresivo del lenguaje. La característica crucial del lenguaje es su capacidad de presentar descripciones, explicaciones y evaluaciones de una variedad casi infinita sobre cualquier aspecto del mundo, incluso de sí mismo. Así ocurre en la vida cotidiana de las personas donde discuten sus motivaciones y habilidades, describen lo “qué ha pasado”, realizan desmentidos, se ofrecen excusas y justificaciones. Pues bien, tales conversaciones nacen principalmente cuando se percibe algún tipo de desajuste entre valores, reglas o expectativas, pueden rectificar discrepancias o encontrarles alguna explicación, por ej categorizando de los otros como “entupidos”, “inmorales”, o lo que sea.

Tales relatos pueden ser útiles como fuentes de información directa acerca del lugar como prueba acerca de las perspectivas, los intereses y las prácticas discursivas de la gente que las produce. Además existen algunos lugares más apropiados que otros, ej, Sala de juntas del colegio: relatos de los profesores acerca de los alumnos, sus acciones, estados anímicos, caracteres y perspectivas.

Los relatos también pueden ser producidos para el etnógrafo ex profeso. “Contarle al investigador cómo son las cosas” es una característica recurrente del trabajo de campo. Con frecuencia el objetivo es contraponerse a lo que se supone que otros habrán contado al investigador o a lo que serán sus interpretaciones de lo que ha observado.

Hacer o no hacer preguntas. A veces los etnógrafos están en disposición de ir mucho más lejos en sus observaciones o en la recogida de relatos no solicitados. El hecho de hacer preguntas puede ser interpretado como algo amenazador, Ej Okely en su investigación sobre los gitanos. “el mero hecho de preguntar merece, bien una respuesta evasiva e incorrecta, bien una mirada inexpresiva… Ej2 la experiencia de Agar fue similar en su investigación sobre la adicción a las drogas, aunque la naturaleza amenazadora de las preguntas no fuera la única razón que los encuestados evitaran.

Aunque a veces hay que sacrificar hacer preguntas, otras veces es posible superar la resistencia mediante la modificación de la manera de preguntar. EJ1 Lerner recoge las reacciones defensivas que encontró cuando empezó a realizar entrevistas a miembros de la élite francesa y la estrategia que utilizó para superarlas: enredar al entrevistado en el papel de experto consultor, le daba la oportunidad de generalizar sobre los franceses.

Debido a la influencia del naturalismo los etnógrafos ven los relatos solicitados como “menos válidos” que aquellos producidos entre los actores en situaciones que ocurren de manera natural. Becker y Geer afirman que es importante asegurarse que las conclusiones sobre las perspectivas de los actores no estén basadas únicamente en entrevistas formales, ya que pueden estar viciadas por las reacciones a la entrevista, mediante los efectos de las preguntas del investigador. Por lo que el objetivo es minimizar la influencia del investigador sobre lo que se ha dicho para facilitar así la expresión abierta de la perspectiva nativa de la realidad.

La entrevista y su continuidad con la observación participante

Las entrevistas deben ser entendidas como un acontecimiento social en el que el entrevistador ( y por este motivo también el entrevistado) es un observador participante.

Entrevistas como observación participante. Las entrevistas en la investigación etnográfica abarcan una serie de conversaciones espontáneas e informales en lugares que han sido utilizados par otros propósitos, para los encuentros trazados formalmente en lugares determinados alejados de la posible escucha de otras personas. En este caso la línea divisoria ente observación participante y las entrevistas es difícil de discernir.

La entrevistas no proporcionan acceso directo a cierta base cognoscitiva y de actitud a partir de la cual se deriva el comportamiento de la persona en lugares “naturales”, tal vez puedan aclarar dicho comportamiento. Igualmente, no debemos tratar la validez de los relatos de la gente o sus actitudes, sentimientos, comportamiento, etc., como algo más allá de toda posible duda, como una privilegiada fuente de información

Las diferencias entre observación participante y las entrevistas no son tan grandes como a veces puede parecer. En ambos casos necesitamos tener en cuenta el contexto y los efectos del investigador. Existen otros paralelismos: ambos el observador participante y el entrevistador necesitan crear una relación de comunicación. Así la características personales del investigador, es necesario tener cuidado con nuestra imagen para evitar atribución de identidades perjudiciales y fomentar aquellas que facilitan una relación de comunicación.

Los dilemas de la "información verdadera" y la importancia del contexto en la valoración de cualquier clase de información

La influencia del investigador en la producción de información es una cuestión fundamental, pero es engañoso pretender verlo como un sesgo[1] que debe eliminarse. Pues, ni la entrevista no dirigida ni la confianza en los relatos no solicitados resuelven el problema. Ej, Hargreaves y otros recogen las dificultades con las que se enfrentan los que pretenden desarrollar una forma no dirigida de extraer información de los profesores sobre los acontecimientos de clase.

La influencia del investigador puede ser eliminada mediante la adopción del rol del “totalmente observador” o del “totalmente participante”, pero eso no sólo plantearía serias restricciones al proceso de recogida de datos, sino que tampoco garantizaría que fuera “información verdadera”. El problema de las relaciones que se producen ante el investigador forma parte de un fenómeno más amplio que no puede ser erradicado: el efecto auditorio y el contexto general sobre lo que la gente dice y hace. Todos los relatos deben ser interpretados teniendo en cuenta el contexto en el que han sido producidos.

Dean y Whyte afirman que en vez de preguntar, por ej, “¿Cómo puedo saber cuándo el informante está diciendo la verdad?”, deberíamos atender a lo que el informante nos revela sobre sus sentimientos y percepciones, y a las inferencias que, a partir de esos relatos, pueden hacerse sobre el medio y los acontecimientos que está viviendo. No debemos intentar recoger información pura, libre de cualquier sesgo. No existe tal cosa. El objetivo es descubrir la manera de interpretar correctamente cualquier tipo de información.

Así si entendemos cómo influye el investigador en la información obtenida, seremos capaces de interpretar los datos de acuerdo con esto, y ganaremos importantes elementos que nos permitirán desarrollar y probar los elementos de nuestro análisis.

Hacer entrevistas puede ser una fuente importante para obtener datos: puede permitir la obtención de una información que sería muy difícil, si no imposible, conseguir de otro modo; tanto respecto a acontecimientos descritos como sobre perspectivas y estrategias discursivas.

Pero al mismo tiempo, hay que señalar que se reporta enormes ventajas combinar la observación participante con las entrevistas; la información obtenida en cada una de esas opciones puede ser utilizada para iluminar a la otra. Por ej, la experiencia de uno como observador participante puede tener un efecto importante en cómo se interpreta lo que la gente dice en las entrevistas. Aunque también puede ocurrir lo contrario, que lo que la gente dice en las entrevistas nos puede llevar a ver las cosas de forma diferente ej, Woods, la forma en que los alumnos hablaban del aburrimiento le mostraba la forma en que ellos lo vivían.

El problema de la selección de informantes

Un asunto crucial es: ¿a quién debo entrevistar?, A veces, en un contexto de observación participante, la gente se selecciona a sí misma o a otros para ser entrevistados. Ej, Cannon en su investigación sobre el cáncer de mama descubrió que la autoselección para ser entrevistado procedía del valor terapéutico de las entrevistas.

Normalmente los etnógrafos animan a sus informantes a actualizarse, esperando que éstos inicien los contactos para proporcionar alguna noticia.

Los porteros u otras figuras en el campo a veces intentan seleccionar a los entrevistados, a veces de buena fe y otras con la intención de controlar las conclusiones. Ej, Evans estudio sobre escuela de sordos. Sin embargo, el etnógrafo debe mantener la libertad de movimientos para escoger candidatos a sus entrevistas.

Ganar el acceso a los informantes puede ser bastante complejo, a veces tan difícil como la negociación del acceso al lugar. De hecho a veces resulte necesario negociar con los porteros antes de poder contactar con la gente que uno quiere entrevistar.

La construcción de muestras y sus límites prácticos en etnografía

A veces la dificultad de acceder a los informantes determina quien podrá o no ser entrevistado. Aunque lo habitual es que exista una posibilidad de realizar entrevistas potenciales, y entonces las decisiones giran en torno a cuántos hay que entrevistar y a quiénes.

Los criterios para escoger a determinadas personas para ser entrevistadas varían considerablemente, incluso en el transcurso de un mismo proyecto de investigación. En la investigación mediante encuestas el objetivo es encontrar un ejemplo representativo. Y a veces éste es también el objetivo de la investigación etnográfica, aunque lo usual es que las muestras vengan de dentro, más que por acumulación de casos. Cuando se estudia una gran organización, tal vez no se disponga de tiempo, ni recursos para entrevistar a todos los que tienen un rol concreto, y entonces pude intentar seleccionar una muestra de ellos que sea representativa.

Representatividad

Sin embargo, una muestra representativa de información no siempre es lo que necesita la investigación etnográfica. Esto es así cuando el asunto principal está relacionado con la recogida de información más que con la documentación de perspectivas o prácticas discursivas. Aquí el objetivo es centrarse en aquellas personas que disponen del conocimiento deseado y que tal vez deseen transmitírselo al etnógrafo.

Dean y otros proporcionan un elaborado ejemplo del tipo de pensamiento que puede ocultarse tras dichas estrategias de selección de entrevistas

Los informantes también se pueden seleccionar basándose en lo que Glaser y Strauss denominan “el muestreo teórico” , escogiendo aquellos testimonios que parecen más apropiados para desarrollar y probar ideas analíticas emergentes.

A quien se entrevista, cuándo y cómo suele ser habitualmente decidido en tanto que avanza la investigación, de acuerdo con el asentamiento del estado de conocimiento del etnógrafo y con juicios que tienen en cuenta el desarrollo futuro más apropiado.

Los dilemas de la entrevista formal como "artificio"

En el caso de la entrevista formal es más obvio, aquí el entrevistador representa un lugar distinto, y a partir de ahí se sigue que las comprensiones del participante-muestra tal vez no sean aquellas que subyacen en el comportamiento en todas partes.

En las entrevistas el etnógrafo puede ejercer un rol más dominante de lo usual, y esto puede capitalizarse tanto en términos de cuándo y dónde tendrá lugar la entrevista y quién estará presente, como para los tipos de preguntas realizadas.

En cualquier caso lo distinto de la situación de entrevista no debe ser exagerada y puede considerarse más como un recurso que como un problema. Igual que el impacto del observador participante sobre la gente observada no simplemente una fuente de prejuicios, lo mismo vale decir para el entrevistador. Puesto que el objetivo de la Etnografía no es simplemente proporcionar descripciones de lo que ha ocurrido en un lugar determinado durante un período de tiempo, existen ventajas positivas en someter a la gente a estímulos verbales diferentes a los que prevalecen en los ambientes a los que están acostumbrados. Es decir, si la comparamos con los acontecimientos “normales” de un lugar, la “artificialidad” de la entrevista nos permite entender cómo se comportarían los actores en otras circunstancias, por ej, cuando cambia su posición o cuando el propio lugar cambia.

El establecimiento de la situación de entrevista y sus problemas

El problema de establecer el contexto de la entrevista no siempre es fácil de resolver, por ej, Currer comprobó que sus intentos de entrevistar a las mujeres pathan, que insistían en realizar la entrevista como si fuera una ocasión social.

Los primeros minutos de una entrevista resultan cruciales para establecer su naturaleza y tono. En este punto puede producirse algún tipo de negociación acerca de la forma que adquirirá la entrevista.

La forma como se comporte el entrevistador mientras el informante habla puede ser también muy importante. Este último a menudo busca algún tipo de indicación o bien desea saber si las respuestas proporcionadas son apropiadas, y también algún signo que indique una reacción con la que se le juzgue. Generalmente el entrevistador necesita aportar indicaciones claras de aceptación.

Los efectos de la audiencia

Frecuentemente el investigador es la única “otra” persona presente en la entrevista, y la garantía de confidencialidad implica que nadie más escuchará nunca lo que el informante ha dicho de modo que se le pueda atribuir. Bajo estas circunstancias los informantes pueden desear divulgar información y expresar opiniones que estando frente a otras personas no expresarían. Además, los informantes a menudo saben que, en cierto sentido, están “hablando para la posteridad” y esto tiene un efecto sobre lo que dicen y como lo dicen.

Por supuesto, a veces, los etnógrafos conducen las entrevistas en lugares en los que hay otras personas presentes, aquí la cuestión de la audiencia es mucho más complicada. A veces la presencia de otros no puede evitarse y afecta a la entrevista. Ej. Lee parejas entrevistadas no era la misma respuesta cuando se entrevistaba a uno de los miembros de la pareja que cuando estaban los dos. Ej2 Chandler esposoas de soldados de la Navy la presencia del marido alteraba y transformaba la respuesta de la esposa. Aunque a veces resulta positivo ej. Hunter, durante una entrevista entra la mujer del policia entrevistado y aporta comentarios a las respuestas de su marido. Otras veces, se hacen entrevistas en grupo pensando que eso animará a los entrevistados a ser más francos.

Los efectos de la audiencia deben ser guiados. Ej, Woods, entrevistas grupo de estudiantes de escuela secundaria. La posibilidad de distorsión siempre está presente en los relatos participantes, pero pueden proporcionar una visión de la cultura participante

El problema del lugar y el tiempo de entrevista

Tan importante como saber quién está presente en una entrevista, y quien la conduce, es saber dónde y cuándo tiene lugar. De nuevo la localización de las entrevistas es algo que el etnógrafo tal vez no esté en disposición de controlar.Ej, Lee en su estudio sobre los matrimonios interreligiosos en Irlanda del Norte sólo accedieron a encontrarse con él con la condición de que su contacto inicial se realizara en un lugar público.

Incluso cuando el etnógrafo está en disposición de decidir dónde tendrá lugar la entrevista, encontrar una localización agradable no siempre es fácil.

El territorio puede tener gran importancia en la forma en que se desarrolle la entrevista como ilustra la investigación de Skipper y McCaghy sobre artistas de striptease. p. 166 Como respuesta a esta experiencia emplazaron a las artistas a ser entrevistadas en un restaurante.

Con algunas personas, entrevistarlas en sus territorios y dejar que organicen el contexto y la manera es la mejor estrategia. Les permite relajarse más de lo que estarían en un ambiente menos familiar.

Igualmente importante es tener en cuenta cómo la entrevista afecta a la vida del entrevistado. El investigador tiene una gran tentación: entender las entrevistas puramente en términos de su propia agenda, tratándolas como algo que tiene lugar fuera del marco de la vida diaria de los participantes. Para unas puede ser algo rutinario, por ej. Si los entrevistados son políticos.

Las preguntas de los etnógrafos y las preguntas de los entrevistadores de encuesta: entrevista reflexiva y entrevista estándar

La diferencia entre la manera en que los etnógrafos y los entrevistadores de encuestas hacen preguntas no es, como a veces se dice que una es estructurada y otra desestructurada. Todas las entrevistas están estructuradas tanto por el investigador como por el informante.

La distinción significativa que debe realizarse es entre entrevista estándar y reflexiva.

Los etnógrafos no suelen decidir de antemano las preguntas exactas que quieren realizar, aunque suelen empezar las entrevistas con la lista de asuntos que se tratarán.

Tampoco buscan establecer una secuencia fija con la que cubrir los temas relevantes, permitiendo que la charla fluya de modo que parezca natural.

Tampoco necesitan restringirse a un único modelo de preguntas. Según las diferentes ocasiones, la aproximación puede ser dirigida o no dirigida, dependiendo de la función para la que el cuestionario pretende servir, y esto suele decidirse durante el progreso de la entrevista. En este sentido, las entrevistas etnográficas están más cerca del carácter de las conversaciones que las entrevistas para encuestas.

Aquí las preguntas están diseñadas como impulsos que estimulan al entrevistado para que hable de un tema concreto. Ej, ¿Cómo van las cosas en al Congreso? ¿ qué es lo que más le preocupa?, etc. Las preguntas indirectas son, en realidad, cuestiones abiertas que no requieren del entrevistado una respuesta demasiado escueta ni se limitan a solicitar un sí o un no.

Por esta y otras razones en las entrevistas indirectas el entrevistado debe escuchar de manera más activa.

Sin embargo, en Etnografía la entrevista no siempre es indirecta y tenemos que verificar hipótesis, derivadas de la teoría que se está desarrollando, y aquí se necesitan preguntas mucho más directas y específicas. Cuando se sospecha que un informante no ha dicho la verdad, también es necesario realizar preguntas de tipo más restringido.

A los investigadores se les suele avisar para que eviten el uso de preguntas que induzcan las respuestas. Los etnógrafos deben estar alerta respecto a los efectos de sus preguntas en lo que dicen, o no, los informantes.

DISTRIBUCIÓN DEL CONOCIMIENTO [Ver también Estereotipo]. Esta entrada es sólo para subrayar la importancia del problema de la distribución del conocimiento en cualquier estrategia de selección de informantes, así como en el análisis de sus relatos. La idea es que el conocimiento cultural es un hecho distributivo, o sea, que no es homogéneo en todos los sujetos de un grupo social. Conviene destacar este hecho porque hay un automatismo intelectual asociado a la noción de "cultura" que nos lleva a suponer que todos los integrantes de un grupo determinado son miembros de la misma cultura. Debe quedar claro que la cultura no está solamente en los nativos de un grupo social, sino en las descripciones teóricas del investigador [Véase Subcultura]. La noción de cultura es relativa a los problemas teóricos que nos planteamos. Por ejemplo, si nuestro problema nos lleva a investigar el espacio de las creencias religiosas acerca del infierno en un determinado grupo, o la importancia que tiene ganar dinero en sus vidas, puede ser (sólo puede ser) que los miembros del grupo compartan un conjunto de saberes y experiencias relativamente comunes, en la medida en que las creencias acerca del infierno pueden corresponderse con un dogma relativamente igual para todos; o en la medida en que la aspiración de ganar dinero puede ocupar un lugar central en todos los casos, debido a la capacidad universal del dinero para adquirir otras cosas. Esto puede suceder, y en este caso nuestros problemas nos orientan hacia dimensiones culturales que se procesan en un espacio público relativamente homogéneo. Pero si nos planteamos estudiar en el mismo grupo las creencias acerca de los roles de género en los hogares, o las prácticas reales de consumo, lo más probable es, que para estas cuestiones, el conocimiento cultural se encuentre enormemente diferenciado y distribuido en sectores no homogéneos. En este caso nuestros problemas nos orientan hacia dimensiones culturales que se procesan en un espacio público relativamente heterogéneo, donde el proceso comunicativo de la cultura cobrará la forma de una negociación, más que la forma de un armazón de consenso. Pero no debemos perder nunca de vista que cualquier grupo social, en cualquier aspecto de su vida, se debate siempre, de alguna manera, entre la negociación y el consenso.

ENTREVISTA ESTANDARIZADA [Ver también Entrevista formal / informal]. El colmo de una entrevista estandarizada se da cuando se hace innecesaria la figura del investigador como interlocutor. Por ejemplo, cuando llega a su casa un encuestador enviado por un centro de investigación, y deja sobre la mesa un formulario para que usted lo rellene por su cuenta. En este extremo se aprecia muy bien la oposición relativa que establecen Hammersely y Atkinson entre "entrevista estandarizada" y "entrevista reflexiva". En la medida en que el investigador se implica en el discurso de su informante, poniendo en relación las preguntas o comentarios que realiza con lo que el otro le dice con el propósito de acceder a nuevas informaciones de su espacio teórico, la entrevista es una entrevista reflexiva. Y cuando, con arreglo a esta definición, una entrevista es relativamente más reflexiva, el material empírico que producimos es relativamente más susceptible de un análisis de discurso [véase Formas de discurso].

ENTREVISTA FORMAL informal (diálogo, conversación). La entrevista formal es una situación de diálogo con informantes tal que las condiciones de producción de discurso por parte del informante se encuentran relativamente limitadas por los intereses específicos del investigador [Recuerde lo que aprendió en el Tema 3 a propósito de la relación entre técnicas relativamente inespecíficas y técnicas relativamente específicas de producción de datos]. El extremo de la formalización en los diálogos con los informantes es la Entrevista estandarizada, en la que (como en las encuestas a domicilio) todas las preguntas están diseñadas antes de la conversación. Y en la que, por tanto, el conocimiento vertido por el informante en su respuesta a una pregunta no afecta a la formulación de la siguiente pregunta. Una entrevista relativamente menos formalizada se aproxima a la situación de diálogo o conversación con el informante. Pero, como señalan explícitamente Hammersley y Atkinson, si es que estamos investigando (y no simplemente charlando), nuestros diálogos o conversaciones con nuestros informantes son siempre relativamente estructurados: nuestra escucha es una escucha activa, y nuestra manera de orientar el diálogo se atiene de un modo u otro a nuestras intenciones de producción de información y a nuestras categorías analíticas.

ENTREVISTA REFLEXIVA Véase entrevista estandarizada.

ENTREVISTAS EN GRUPO Véase Grupo de discusión.

ESCUCHA ACTIVA El supuesto de que en un diálogo los participantes se escuchan es común en la vida ordinaria. Es tan común, que cuando este supuesto se quiebra lo señalamos explícitamente diciendo cosas como que ha habido un "diálogo de sordos". La noción de escucha activa se basa en este supuesto ordinario, pero añade una exigencia más, señalada por Hammersley y Atkinson: como investigadores debemos prestar atención "a lo que se está diciendo con el fin de valorar cómo se relaciona con la intención de la investigación y cómo puede reflejar las circunstancias de la entrevista".
Escuela de Chicago Se reconoce con este nombre a un conjunto de autores y obras sociológicas producidas en la Universidad de Chicago en el período entreguerras del siglo XX. Estos trabajos tomaron como campo teórico los problemas de construcción de identidades complejas, integración y cambio social en el contexto urbano, como consecuencia del proceso inmigratorio en los Estados Unidos. Se reconoce también que estos estudios, generalmente centrados en el examen minucioso de casos concretos, como el famoso de William I. Thomas y Florian Znaniecki, titulado The Polish Peasant in Europe and America [El campesino polaco en Europa y América], contribuyeron de manera decisiva al desarrollo de la etnografía en contextos urbanos, haciendo un uso muy imaginativo y entonces novedoso de técnicas de producción de datos como las historias de vida o el examen de documentos personales. Puede encontrar un desarrollo muy breve y conciso acerca de la Escuela de Chicago en el Diccionario de sociología, editado por Salvador Giner, Emilio Lamo de Espinosa y Cristóbal Torres. (Madrid: Alianza, 1998). Sobre los documentos personales como técnicas de producción de información le recomiendo el libro de Ken Plummer, Los documentos personales. Introducción a los problemas y la bibliografía del método humanista, (Madrid: Siglo XXI, 1989).

ETNOMETODOLOGÍA [Para una definición del uso del prefijo etno- en ciencias sociales, véase Etnociencia]. Como he señalado al hablarle de la contradicción y la paradoja, el científico social no es el único que construye interpretaciones sobre la vida social; para cuando él llega, los nativos ya se han encargado de construir sus propias interpretaciones de su mundo. En este sentido, cualquier ser humano es un metodólogo de su mundo: se plantea problemas acerca de la estructura de su realidad, e intenta dar solución a esos problemas por medio de interpretaciones que buscan ser consistentes. Las estrategias de comprensión y construcción de la realidad sociocultural que ponen en juego los nativos de cualquier sociedad son el objeto de la etnometodología. El libro de Alain Coulon, La etnometodología, Madrid: Cátedra, 1988, ofrece un excelente resumen de los supuestos de la etnometodología, una línea de pensamiento social iniciada por Harold Garfinkel en los años sesenta del siglo pasado.

FORMAS DE DISCURSO [Ver también Análisis de contenido, Retórica, Organización de la experiencia]. Entre las páginas 142 y 143 del texto que está leyendo, Hammersley y Atkinson aportan una serie de argumentos muy importantes para comprender la utilidad de los discursos de los informantes en ciencias sociales. El texto del libro, sin embargo, es un poco oscuro. Le voy a destacar aquí las ideas fundamentales, para que no se maree con las demás: (a) "Los relatos nativos [los discursos de los informantes] también son importantes por lo que nos dicen sobre la gente que los produce" (p. 142); es decir, que no sólo son importantes por su valor de verdad en cuanto a lo que dicen acerca del mundo. Cuando un sujeto habla, dice cosas acerca del mundo relativamente verdaderas, pero también, de lo que dice y de cómo lo dice podemos inferir mucha información válida acerca de lo que, en su medio social, se considera importante; acerca de lo que, en su medio social, se considera relacionado o disociado; acerca de lo que se considera insignificante, etcétera. También podemos extraer información fundamental acerca de su posición en un campo de intereses o de motivos, especialmente si podemos comparar su discurso con el discurso de otros informantes que conviven en zonas de experiencia similares. (b) Prestar atención a lo que dicen los textos de los nativos acerca del mundo se corresponde con lo que Hammersley y Atkinson llaman, en la página 143, "análisis de 'información'"; prestar atención a la información adicional que le he resumido más arriba se corresponde con el "análisis de las 'perspectivas'". Estas palabras están bien elegidas, pues de lo que se trata, en este segundo caso, es de usar el texto del informante como una vía de acceso a la perspectiva (social) desde la que habla. Ambos enfoques de análisis, dicen los autores con razón, son complementarios. Todo esto quiere decir que (c) "cuanto más efectivamente podamos comprender un relato y su contexto (quién lo produce, para quién y por qué) mejor podremos prever los sesgos de uno u otro tipo que, como fuente de información, sufrirá". Este tercer aspecto resume muy bien lo que se incluye en la noción de "discurso" o "formas de discurso". Un texto nativo no es sólo un relato acerca del mundo, sino una forma de práctica comunicativa. La noción de discurso subraya este aspecto, orientándonos a la interpretación de las condiciones sociales y las convenciones sociales que dan forma a esa práctica. Al decir que un texto es un discurso, estamos diciendo que es vehículo de una multiplicidad de niveles de mensaje. Entre esos niveles se incluye el nivel del mensaje de las palabras y las proposiciones lingüísticas, que es un nivel semántico; pero, como veíamos al definir la noción de significado, cualquier texto incluye muchos otros niveles de mensaje: la ordenación de un texto nos indica convenciones retóricas; la intención del texto nos indica dimensiones pragmáticas (¿qué efectos busca provocar quien lo dice en quien lo recibe?), etcétera. La noción de discurso se resume muy bien en la expresión de Hammersely y Atkinson, en relación con el relato nativo: "quién lo produce, para quién y por qué". Como usted ve, la pregunta ¿qué dice un relato nativo? recibe muchas respuestas complementarias, y de ninguna manera se resuelve con la mera información que aporta acerca del mundo y su relativo valor de verdad.

Historias vitales. La historia de vida es una técnica de producción de datos que consiste en una entrevista, o, mejor dicho, un conjunto de entrevistas, sobre la vida de un sujeto. Esto significa que se trata de una entrevista sensible a la reconstrucción de la memoria por parte del informante: sus modos de ordenar temporalmente sus experiencias y sus estrategias discursivas para dar coherencia a su propia historia biográfica. Aunque la historia de vida puede ser abordada inespecíficamente, es también común llevarla a cabo proponiendo al informante algunos temas específicos para ayudarle a hablar y a reconstruir su experiencia. En la página 287 de La lógica de la investigación etnográfica encontrará una bibliografía básica sobre esta técnica de producción de información.

Muestra al azar (aleatoria). [Véase también Muestra estratificada]. Los procedimientos muestrales se apoyan en la noción de azar, y por eso se dice que son aleatorios. Su racionalidad se fundamenta en la teoría matemática de la probabilidad, como podría hacerlo la racionalidad de un jugador en un casino. Cuando buscamos producir generalizaciones acerca de un conjunto de casos, un problema que se presenta frecuentemente es el siguiente: la imposibilidad de obtener datos acerca de todos ellos. Los procedimientos muestrales son protocolos metodológicos para seleccionar, de entre un conjunto de casos (población), una selección (muestra) que, de alguna manera, y para los fines de nuestra investigación, representa a esa población. Supongamos que queremos saber cómo se distribuye una determinada pauta ideológica entre las asociaciones de vecinos en un conjunto de ciudades: por ejemplo, su propensión a ampliar los supuestos en los que podría ser legal abortar. Puede ser que el número de asociaciones sea tan grande que nos veamos forzados a escoger una muestra. Supongamos que, en la definición de nuestras hipótesis (Teoría e hipótesis), entendemos que todas las asociaciones de vecinos de esas ciudades son más o menos iguales en cuanto a los atributos que pueden incidir en sus ideologías acerca del aborto; o que hemos operacionalizado (Operacionalizar) la categoría "ideología sobre el aborto" de tal manera que sólo nos interesa saber, en una primera aproximación, si las asociaciones estarían dispuestas a apoyar o no un programa político que trabajase por una ampliación de los supuestos legales. En este caso, puesto que pensamos que los diferentes casos que forman la población no presentan diferencias sistemáticas, y dado que nuestro problema se reduce a un sencillo sondeo del estado de una opinión, lo más aconsejable y económico puede ser realizar una muestra aleatoria simple, es decir, seleccionar un conjunto de asociaciones al azar (por ejemplo asignando a todas las asociaciones de la población un número, y extrayendo luego los números de una lotería); y trabajar a continuación sólo sobre los miembros de la muestra, por ejemplo, aplicando un cuestionario a los presidentes o presidentas de las asociaciones aleatoriamente seleccionadas. Cuando, en la página 154, Hammersley y Atkinson hablan de "muestras al azar", se refieren en realidad a esta clase de muestreo aleatorio simple (por oposición a la Muestra estratificada); pues en realidad el muestreo siempre hace intervenir el azar. El problema central de cualquier procedimiento muestral es el de la representatividad muestral, es decir, el problema de determinar hasta qué punto lo que opinen esas pocas asociaciones que hemos escogido representa lo que opinan todas las asociaciones. En el ejemplo que le he puesto, este problema de representatividad se ve complicado además con el siguiente problema: ¿hasta qué punto lo que opinen los presidentes y presidentas representa lo que opinan todos los miembros de cada asociación? Introduzco este nivel de complejidad para que usted se habitúe a entender estas clases de datos partiendo de una pregunta: ¿en el lugar de quién habla un sujeto cuando habla?. Este segundo problema no tiene solución estadística. Pero el primero, el problema de la representatividad muestral, sí. Las técnicas de muestreo, que usted estudiará en esta licenciatura, en la asignaturas de estadística, dan respuesta al problema de la representatividad muestral a partir de teoremas desarrollados en la teoría de la probabilidad. En particular, establecen las condiciones óptimas que debe tener una muestra en cuanto a su tamaño y composición; así como los límites racionales de nuestras inferencias estadísticas, cuando utilizamos los datos procedentes de la muestra para hablar del conjunto de la población. Estos límites vienen dados por el error muestral, que nos indica la magnitud de la exactitud de nuestras inferencias. La representatividad de una muestra es, en consecuencia, siempre relativa a un error muestral. Aunque para este ejemplo he elegido hablarle de la relación entre una muestra de sujetos sociales (asociaciones de vecinos) y su población de referencia (el conjunto de todas las asociaciones de vecinos de un número de ciudades), los principios formales de la construcción de muestras estadísticas son completamente independientes de las clases de objetos que sometamos a investigación. Podemos por ejemplo plantear el mismo problema de la representatividad muestral en el siguiente caso: para un determinado cuerpo de textos periodísticos nos proponemos teorizar acerca de la relación que se establece entre el contenido "las actividades del presidente del gobierno", y la posición que ocupa el tratamiento de este contenido en las páginas de los periódicos (página par o impar, noticia centrada o lateral, superior o inferior, etcétera). Podemos acotar un universo de periódicos (solamente El País, El Mundo, y ABC, durante cinco meses), que constituiría la población, y tener solamente en cuenta una muestra de esa población: escogiendo, por ejemplo, sólo los ejemplares de los lunes, los miércoles, los viernes y los domingos.

Muestra estratificada. Lea primero Muestra al azar (aleatoria). Una muestra aleatoria simple no se plantea el problema de la composición, puesto que asume de entrada que todos los sujetos son homogéneos en cuanto a los atributos relevantes para un problema. Una muestra aleatoria estratificada se plantea fundamentalmente el problema de la composición. Estratificar una muestra significa introducir criterios de diferenciación en estratos. Estos criterios se determinan analíticamente, en la confección de nuestras hipótesis (Teoría e hipótesis) acerca de la estructura de la población. Y por tanto son previos al muestreo. Continuamos con el ejemplo propuesto en Muestra al azar (aleatoria), el de las asociaciones de vecinos. Supongamos que, en relación con nuestro problema, consideramos relevante el tamaño de la ciudad en la que radican las asociaciones. Podemos suponer, por ejemplo, que la pauta ideológica que estamos explorando varía en función de esa variable, de manera que no parece lógico mezclar a todas las asociaciones sin tenerla en cuenta. Supongamos que, con arreglo a criterios teóricos, operacionalizamos (Operacionalizar) la variable de manera que distinguimos tres categorías: ciudades de menos de 100.000 habitantes, ciudades entre los 100.000 y los 250.000, y ciudades de más de 250.000. Podemos entonces obtener una muestra de cada uno de estos estratos, que contenga, en cada estrato, un igual número de asociaciones (esto es un muestreo estratificado simple); o podemos recoger, en cada estrato, un porcentaje de asociaciones que refleje el porcentaje de asociaciones en cada estrato de la población (muestro estratificado proporcional). Estas son algunas estrategias. Hay más.

Potlatch. Kula de los trobriandeses es un ejemplo típico de intercambio ritualizado, el Potlatch de los indios kwakiutl es un ejemplo típico de ceremonia de redistribución. "Potlatch" es una palabra nativa para designar una ceremonia en la que el jefe político de la banda, que era también el principal redistribuidor, ofrecía a sus gentes un gran banquete, con entrega ceremonial de regalos, y con destrucción ostentosa de algunos bienes.

Sociología del conocimiento. Una de las obras fundamentales para comprender la idea de la sociología del conocimiento es el libro de Peter Berger y Thomas Luckmann, La construcción social de la realidad, Madrid: Amorrortu-Murguía, 1984 [1966]. No obstante, la noción posee una larga tradición que habría que remontar, en la historia más inmediata, al menos hasta las obras de Durkheim y Weber. En el ámbito de la historia de la ciencia, el trabajo de Thomas S. Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas. Madrid, 1981 [1962], es una referencia indispensable. La sociología del conocimiento parte del supuesto central de que toda forma de conocimiento, también el conocimiento científico, es un producto de procesos sociales e institucionales históricos, y, en consecuencia, resultado de convenciones sociales instituidas. La sociología del conocimiento muestra sus perfiles más críticos, precisamente, cuando somete a examen sociológico las producciones de la ciencia, en la medida en que una de las condiciones de producción del propio conocimiento científico es la de pretender situarse, en la autonomía de su consistencia lógica o de su trabajo sobre la verdad, por encima o al margen de las determinaciones socioculturales que lo producen institucionalmente [Véase también Contexto de descubrimiento / Contexto de justificación]. Encontrará, como en otros casos, una extensión de este concepto en el Diccionario de sociología, editado por Salvador Giner, Emilio Lamo de Espinosa y Cristóbal Torres. (Madrid: Alianza, 1998).

[1] Sesgo. Un sesgo es cualquier desviación de la relación entre observables (Observable empírico) y teoría (Teoría e hipótesis), cuando tal desviación no está contemplada en el sistema de interpretación propuesto teóricamente. Decimos que los datos están sesgados cuando han influido en ellos de forma incontrolada aspectos no reconocidos por las categorías analíticas. Cuando una muestra está mal construida, porque no recoge casos que son pertinentes a la interpretación teórica, decimos que la muestra está sesgada. O cuando pretendemos describir, por ejemplo, un espacio político definido teóricamente como un todo, pero sólo hacemos entrevistas a los sujetos de la izquierda.

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