Características Generales Del Paleolítico Superior

Aspectos generales

En relación con el Musteriense, el Paleo. Sup. supone un mejor aprovechamiento por el hombre, cazador, pescador y recolectos, de las posibilidades que el biomedio en que vive le ofrece. Centra sus esfuerzos en direcciones definidas y orientadas a un perfeccionamiento de la tecnología, que tiende a reducir el tamaño de los instrumentos e inventa nuevos tipos, como las puntas foliáceas, en estrecha relación con su objetivo principal, la caza. Adapta, además, parte del viejo instrumental, al que dota de un gran polimorfismo tipológico, como se observa en los buriles y raspadores, al tiempo que la

industria del hueso adquiere gran auge y da lugar a la creación de nuevos tipos de instrumentos, entre los que destacan, dejando aparte las azagayas y los objs. religiosos o de adorno, la aguja y el arpón con el propulsor, inventos que suponen una verdadera revolución técnica, de imp. repercusión en etapas posteriores, ya que se encuentran en la base de la fabricación de vestidos y de la caza a distancia, respectivamente.

También aparecen, durante estos tiempos, las 1ª manifestaciones artísticas, que llegan a formar imps. conjuntos, tanto rupestres, como muebles, que sirvieron de vehículo de expresión gráfica a las creencias religiosas de aquellos grupos humanos.

El autor de todos estos inventos e innovaciones fue el Homo sapiens sapiens vr. fossilis, representado en la Pen. por el tipo de Cro-Magnon. Estos grupos se muestran muy creativos en manifestaciones expresivas, en tecnología y en sist. de explotación del medio.

Se da también ahora la sustitución por parte de esos cazadores y recolectores de unos anteriores modos de explotación indiscriminada (economía oportunista) por actividades especializadas y selectivas en el aprovechamiento de recursos concretos (economía especializada). Se definen con bastante seguridad determinados “territorios” donde se articulan las funciones específicas de un grupo de estaciones en torno a un “campamento base” ocupado de modo continuado y por la mayoría de la gente.

Las gentes del paleo. sup. pen., no sólo habitaron en cuevas, sino que se enterraron en ellas, siguiendo la tradición cavernícola iniciada durante el Musteriense, tipo de habitación que se intensificó a consecuencia de las rudas condiciones climáticas de los tiempos finales del Würm IV. No obstante, también se vivió al aire libre, en posibles chozas, como demuestra la presencia de algún yacimiento en el valle del Manzanares y el recientemente descubierto en una ladera del Cerro del Berrueco (Salamanca).

Dispersión

La mayoría de los conjs. instrumentales, así como las manifestaciones artísticas, se han descubierto en cuevas o abrigos, situadas en zonas montañosas con formaciones calizas, que se encuentran principalmente en las áreas cantábrica y mediterránea, además de en la zona protuguesa al N. y al S. del Tajo. Esta situación de los yacimientos en 2 áreas tan distintas climáticamente y, por tanto, con biomedios dif., ha hecho que con referencia al paleo. sup. pueda hablarse de 2 facies o aspectos culturales distintos, que permiten diferenciar las industrias cantábricas de las mediterráneas.

La diferenciación en el paleo. sup pen. de estas 2 grandes áreas, cantábrica y mediterránea, es ahora generalmente admitida. La franja septentrional, o astur-cantábrica-vasca, se aproxima bastante en su evolución cultural a la definida en el SO. francés (Aquitania y Pirineo); mientras que en el área mediterránea, o catalano-valenciana-meridional, se dan mayores semejanzas con lo apreciado en el Mediodía francés (valle del Ródano) y en el resto del Mediterráneo occ. Una y otra área pen. se distinguen en relación con los “modelos” respectivos transpirenaicos a veces por la originalidad de algunos fósiles directores propios (típicas azagayas del solutrense o arpones del magdaleniense cantábrico, o las puntas parpallenses del solutrense levantino) o por características más globales de la evolución de las fases culturales (tal el solutrense avanzado cantábrico o el solútreo-gravetiense del área mediterránea española). La variabilidad en la composición de los efectivos industriales y en especializaciones de caza, determinados estilos peculiares o la abundancia de temas concretos en el arte rupestre y mobiliar parecen apuntar también algunas diferencias regionales en el desarrollo del paleo. sup. pen.

El marco cronológico

El paleo. sup. del SO. europeo dura entre 25.000 y 28.000 años. Su esquema de subdivisiones está organizado en grandes bloques culturales en cuyo interior se determinan situaciones sucesivas distinguidas por ordinales. Ese esquema de ref. parece cerrado y demasiado detallista, y es a menudo rebasado por aportaciones recientes de estratigrafía, de cronología absoluta o de análisis tipológicos del conj. de las evidencias.

El paleo. sup. habría de ser entendido como dotado, desde sus mismas raíces en el musteriense avanzado, de elementos técnicos básicos que se desarrollan luego sin cesuras, por yuxtaposición, ensamblaje o desenvolvimiento de potencialidades preexistentes. Sólo con esta especificación y en cuanto recurso taxonómico o didáctico se aceptaría el esquema-marco de periodificación cultural utilizado tradicionalmente.

De acuerdo con datos obtenidos de análisis sedimentológicos, paleontológicos y paleobotánicos se encuendra el transcurso del paleo. sup. entre el interestadio Würm II/III y el final de la última glaciación, Würm IV o tardiglaciar.

Las culturas de transición del paleo. medio y de inicios del superior tienen lugar en aquel período intermedio entre las oscilaciones Würm II y Würm III. Avanzado el chatelperroniense, se advierten ya las condiciones de inestabilidad climática que de los templado o cálido de su óptimo llegan a los frío y húmedo con que concluye el interestadio. En el Würm III tiene lugar el desarrollo del auriñaciense y del gravetiense: algunas oscilaciones atemperadas se intercalan en ese ambiente normalmente extremado en frío y en sequía (como es el perigordiense sup., o gravetiense, francocantábrico). El final del Würm III y el desarrollo del WürmIII/IV (o interestadial de Laugerie) coinciden con la génesis y mayor expansión del solutrense, cuyo final entra ya en el inicio del Würm IV. En este tardiglaciar, con fases muy frías y bastantes secas (Dryas I, II y III) y oscilaciones “breves“ que las individualizan, se produce el paso del solutrense al magdaleniense y el desarrollo total de esta cultura. A partir de la oscilación de Alleröd (c. 10000 a 9500 a. C.) se aprecian síntomas del cambio cultural aziliense que mil años más tarde, al acabar el tardiglaciar, supone el asentamiento pleno del epipaleolítico (mesolítico).

Los cambios climáticos y las secuencias culturales

Respecto de la secuencia histórico-cultural del paleo. sup. de la Pen. responde en líneas generales a la de la Europa occ. Se puede observar la existencia de 3 grandes momentos culturales. El 1º se refiere a los comienzos, durante el cual se introducen en la Pen. nuevas técnicas y nuevos instrumentos. Chatelperronense, Auriñacense y Gravetense constituyen las 3 etapas iniciales, cuyas aportaciones + imps. están estrechamente relacionadas con la mejora de las caza. Así, la técnica del borde rebajado sobre hojas o láminas de sílex, que tiende a producir las puntas-cuchillo de Chatelperrón o las de borde rebajado recto de La Gravette, así como los nuevos tipos de la industria del hueso, que adquiere gran auge durante el Auriñacense, durante el que se crean distintos tipos óseos que fijan las distintas fases de esta cultura. Durante estos tiempos hacen su aparición las 1ª manifestaciones artísticas.

El 2º momento se caracteriza por una fuerte reacción cultural, tanto en la Pen. como en el SO. y Mediodía francés, contra las gentes del borde rebajado, reacción representada por el Solutrense, que reintroduce, cambiada en técnica y tipología, la talla bifacial e introduce un nuevo retoque, de tipo plano, lamelar e invadiente, al tiempo que multiplica los tipos de armas agresivas propias del cazador, produciendo nuevas formas y dando una nueva orientación a la industria del hueso creando otros tipos de azagaya e inventando la aguja y el protoarpón.

El 3º y último momento está representado por el Magdalenense, que se caracteriza por el gran desarrollo de la industria ósea y la diversificación de sus tipos (azagayas, bastones perforados, arpones, propulsores, etc.) y por la vuelta al retoque abrupto o de borde rebajado, de tradición gravetense, que técnicamente se perfecciona y hace posible la fabricación de un nuevo instrumento microlítico, bien de tipo laminar, bien geométrico, que + tarde formará el complejo industrial de los pueblos epipaleolíticos.

El arte, cuya aparición hemos señalado durante el primer momento se desarrolla en los 2 posteriores alcanzando cotas de gran perfección con la tendencia a la figs. escorzadas, a los detalles anatómicos y a las reps. simbólicas, ya que sirve de elemento de expresión al mundo de las creencias religiosas, de las que forman parte también los rituales funerarios que en algunas etapas alcanzan una gran complicación.

Restos humanos

Algunos antropólogos piensan que una de las ramas de los anteneandertales europeos evolucionaría tanto hacía los neandertales como hacia los tipos de Homo sapiens modernos; otros creen que la evolución de los anteneandertales continentales abocaría en los neandertales clásicos, pero que los H. Sapiens sapiens del paleo. sup. llegan de fuera de Europa, ya consolidados en su entidad formal propia.

Hay dif. marcadas entre las distintas formas del Homo sapiens sapiens; se les puede agrupar en 2 variantes o tipos globales. El tipo de Combe Capelle parece ser + antiguo en su aparición aunque su expansión máxima se produce prácticamente al mismo tiempo que las restantes formas de H. s. sapiens. Mientras que los del tipo de Cro-Magnon habrían heredado, y + directamente por mestizaje, ciertos rasgos cráneo-faciales de los neandertales clásicos: son individuos de estatura elevada (entre 1’70 y 1’85 m) y cráneo dolicocéfalo. Dentro de esos 2 tipos generales se definan variantes como los negroides de Grimaldi y los esquimoides de Chancelade, los cromañoides orientales o los norteafricanos.

El holotipo de Cro-Magnon se descubrió en 1868 en ese abrigo rocoso (en la Dordoña francesa) y a tal modelo se suelen referir casi todos los restos no muy completos hallados hasta ahora en la Pen. Ib.

En la región cantábrica los restos de + entidad han sido hallados en las cuevas de La Paloma (dientes y trozos de mandíbulas infantiles) y Tito Bustillo (un par de dientes en el yacimiento y algunos restos cementados en estalagmita) en Asturias, Peña del Mazo, Pendo, Cobalejos, Santián, La Pasiega, La Chora y Rascaño en Cantabria, Erralla en Guipúzcoa, Ojo Guareña en Burgos y Berroberría-Alkerdi en Navarra.

En la Cueva del Castillo (Cantabria) se hallaron restos craneales de un niño de 5 años en el auriñaciense y 2 trozos grandes de calotas trabajadas, según la opinión de H. Breuil y H. Obermaier, como “cráneos-copas” (de hombre y de mujer) y otros restos en el magdaleniense inf. Quienes excavaron en los años 60 la cueva Morín (Cantabria) describieron la existencia, dentro del nivel auriñaciense arcaico, de 2 sepulturas en fosa donde no se conservaban los huesos pero sí las improntas y huellas de cuerpos humanos y de diversos animales.

Otros restos óseos se han ido recogiendo en excavaciones de la zona mediterránea pen.: como los de las cuevas de Reclau Viver y Bora Gran d’En Carreras en Girona, Barranc Blanc y Mallaetes en Valencia, Beneito en Alicante, Nerja, La Pileta y el Tesoro en Málaga, etc. En la cueva del Parpalló (Valencia) se encontraron algunos restos fragmentados (de fémur juvenil, de mandíbula y algunos molares) y un cráneo completo de mujer joven (16 a 18 años, con rasgos mediterranoides) cuyo nivel de procedencia se data entre los 20490 y los 18080 años a. C.

Hay citas de hallazgos de Portugal procedentes de contextos arqueológicos que habría que definir con mayor seguridad: cráneos de la cueva N. Senhora da Luz I (Rio Maior) y restos diversos de Evora Monte (Alentejo), Correio-Mor (Loures)… En una fisura cárstica, con restos de fauna de carácter würmiense, de la cantera de Salemas (Loures) se recogieron varias piezas óseas del esqueleto de un joven de unos 14 años.

Modos de vida y de subsistencia

L. Pericot ha calculado la pob. aprox. de toda la Penín. Ib. en un momento de máximo “apogeo” del paleo. sup. en unas 30.000 personas. Contando los niveles de ocupación de los yacimientos penin. se advierte que los correspondientes al auriñacoperigordiense casi son duplicados en nº por los del solutrense y se triplican en el magda.

En el paleo. sup. de Europa occ. es fuerte la tendencia a ocupar cuevas o abrigos de la franja próxima al litoral o, cuando se trata de regiones interiores de un país, a no sobrepasar como techo las cotas de los 500 m de alt. Las variaciones climáticas del Würm III y IV produjeron cambios en la composición de la pob. animal y en la cobertura vegetal de los sitios. La migración (durante largas temporadas o en “estaciones” del año), la especialización o el cambio de actividades preferentes fueron las respuestas de los grupos humanos a las variaciones del paisaje, dedicándose a una amplia gama de sist. de explotación (acopio de materias primas, caza, recolección, pesca y marisqueo) en paisajes diversos, potencialmente muy rentables. Los movs. de pob. facilitaron en el paleo. sup. la transmisión de modas, usos y técnicas. La etnografía ofrece múltiples refs. a la tendencia de los pueblos cazad./recolectores a reunirse temporalmente en algunos lugares de designación tradicional. Allí acuden grupos familiares o tribales para intercambiar sus bienes, comunicarse información, celebrar ceremonias de carácter común, escoger esposas, etc.

Por lo común, el hábitat prolongado se centraba en la embocadura y en la zona vestibular de las cuevas; allí donde llegaba la influencia de la insolación (como fuente de calor y luz), pero a la vez se conseguía suficiente protección contra el mal tiempo. Los establecimientos de mayor entidad ocupan cuevas amplias que dominan parajes de recursos diversificados y se orientan preferentemente hacia el sur en zonas de media ladera (Castillo, Pendo, Parpalló, etc.) Mientras que los yacimientos de función especializada y de ocupación estacional pueden estar en cavidades incómodas, pero siempre cerca de donde abundan los recursos concretos que se han de explotar. Los hallazgos de paleo. sup. al aire libre parecen corresponder a sitios de taller allí mismo donde aflora el sílex (Kurtzia, Murgarduia). Areas de uso específico se han identificado en algunas cuevas ocupadas en el paleo. sup, con un acondicionamiento intencionado del espacio que se excavó, alisó o resguardó con bloques. Ello responde a necesidades de carácter doméstico (como hogares, basureros, carnicería), otras son de índole “industrial” (taller) o “ritual” y simbólico (“pozos de ofrendas”, “tesoros”, enterramientos, etc.).

En cuanto al aprovisionamiento, la pob. animal era entonces abundante y muy variada: suficiente para las necesidades de los cazadores del paleo. sup. En el magda. cantábrico hay una especialización generalizada de la caza tanto en las especies preferidas (el ciervo) como en la selección de las partes (cabeza y patas), que son llevadas al lugar de campamento habitual abandonando en el sitio de cacería y descuartizado el resto de la pieza. En los yacimientos del frente mediterráneo hay una caza mayoritaria de ciervos, cabras monteses y conejos. Aparte de los ungulados de talla media se encuentran excepcionalmente y en los 2 1os. tercios del paleo. sup., restos de caza de mamíferos de gran tamaño, como rinocerontes (Lezetxiki, Castillo) o mamuts (Morín, l’Arbreda).

Según las especies a cazar son el equipamiento y estrategia requeridos: el acecho, persecución ojeo y conducción de las manadas hacia sitios trampas (despeñaderos y accidentes del relieve). A partir del solutrense avanzado la explotación del litoral en playas y estuarios y de los ríos comienza a intensificarse, convirtiéndose en actividad bastante imp. en la 2ª ½ del magda. y en el epipaleo./mesolítico. En el magda., la pesca se practicaba desde la orilla (arponeando, acechando, apedreando o cogiéndolos con las manos los peces, etc…).

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