El Paleolítico Superior Inicial

La transición del Paleolítico Medio al Superior

Avanzado el interestadio Würm II/III (Hengelö), coinciden en algunas zonas de Europa el último desarrollo del musteriense con el teórico inicio del paleo. sup., en las formas del perigordiense + antiguo (“cultura de Châtelperron”). Ese amplio período puede remontar a unos 40.000 años y se desarrolla durante varios milenios, con especial caracterización entre aprox. los años 35000 y 31000 a. C.

Hay indicios suficientes de continuidad en los tipos y técnicas de los utensilios, en la ocupación de los sitios y hasta en la tipología antropológica para calificar a esta etapa como de transición entre el paleo. medio y el sup. No siempre ha sido fácil individualizar el chatelperroniense ni aquel musteriense terminal: lo que explica el diagnóstico ambiguo que caracterizó algunas excavaciones de la 1ª mitad de este siglo.

En el equipamiento de los chatelperronienses, abundan los utensilios de sustrato (raederas y puntas musterienses, denticulados, muescas, etc.; empleo frecuente de lascas tipo levallois), a la vez que se marca un proceso de evolución en el aumento de la proporción de soportes más esbeltos (lascas laminares y láminas) y de algunas categorías de tipos (buriles y raspadores, que dominarán, luego, en las listas del paleo. sup. + avanzado). Se desarrollan en especial instrumentos trabajados mediante retoques abruptos que eliminan unos de los filos de la lasca o lámina soporte abatiéndolo: son los característicos (cuchillos) y puntas “de Châtelperron”.

Se ha demostrado que algunas poblaciones neandertalenses sobrevivieron en el chatelperroniense, antes de ceder definitivamente ante el desarrollo del Homo sapiens sapiens. También se detectan caracteres ancestrales en las pob. de tipo “moderno” del complejo auriñaco-gravetiense, suscitando complejas cuestiones de relación genética o de derivación entre ambos grupos durante este período de transición cultural.

El Chatelperronense no llegó a penetrar en profundidad en la Pen., ya que sólo se ha señalado su presencia, en la región cantábrica, aunque también se citan algunos restos en la zona N. de Catalunya.

El yacimiento con el nivel + antiguo de Chatelperronense es Cueva Morín en Santander, en la que se encontró una industria en avanzado estado de desarrollo, unida a restos “musterienses” de raederas, escotaduras y denticulados, entre las que aparecen las típicas hoja-cuchillo de Chatelperrón, de borda curvado y rebajado, además de hojas de borde rebajado, raspadores bajos, buriles diedros y algún perforador. La escasa fauna era un conj. banal de bóvidos, ciervos y caballos, mientras que el polen evidenciaba unas condiciones esteparias con gramíneas y un bosque de avellanos y alisos. En la cueva de El Pendo se han encontrado restos semejantes. En el País Vasco, en la cueva de Santimamiñe, se supuso la existencia de elementos chatelperronenses, que podrían ser perduraciones dentro del nivel auriñacense de la misma cueva.

En Cataluña se ha señalado la presencia de puntas-cuchillo de Chatelperron en Abric Agut y en el Reclau Viver (Girona), que posiblemente habrá que considerar como perduraciones dentro del Auriñacense.

La no progresión de esta etapa hacia el S. de la Pen. viene a demostrar la presencia e imp. del complejo musteriense en la misma, y al mismo tiempo la limitada fuerza expansiva de esta nueva cultura.

Características y procesos

El auriñacense propio dura unos 3.500 años (c. 31000-300000 a 27000 a. C.) y el auriñaciense propio avanzado + el gravetiense (perigordiense sup.) y el protomagdaleniense cerca de 8.000 (c. 27000 a 19000 a. C.).

En el auriñaciense propio abundan las piezas líticas elaboradas sobre láminas largas y gruesas (a veces son lascas), resultando frecuentes los raspadores altos o carenados, los buriles busqués, las láminas con los lados o retocados en continuo o estranguladas, etc. El utillaje óseo muestra la aparición de diversos tipos de azagayas, cuya evolución ha servido precisamente para concretar la evolución interna del auriñaciense en fases. Las azagayas del auriñacense típico antiguo suelen tener su sección aplanada y su base preparada con una hendidura a lo ancho; luego se va produciendo su sustitución por otras de formas + gruesas o macizas (de sección ovalada en el auriñaciense “III”, o circular en el “IV”) y tendiendo a una especialización de la estructura de sus bases (son aguzadas en las fases medias, “III” y “IV” y ya biseladas en las avanzadas, “IV” y “V”).

En el gravetiense (perigordiense sup.) destacan la abundancia de las piezas laminares de dorso (entre ellas muchas apuntadas, de proporción muy alargada, del tipo de la “punta de La Gravette”), lo característico de algunos buriles laterales sobre truncadura (dobles o múltiples, como el “buril de Noailles”) y la relativa escasez de aquellos raspadores espesos tan propios del phylum auriñaciense. El repertorio de industrias óseas del gravetiense destaca por la frecuencia de decoraciones en series de trazos cortos regulares (“marcas de caza”) y hasta por algún fósil director específico (como la llamada “azagaya” o “puñal isturitzense”).

Con este perigordiense sup. se produce la llamativa expansión del primer arte figurativo conocido en la historia de la humanidad.

Dispersión

El litoral cantábrico y el Pirineo occidental :

La excavación de las cuevas de Pendo y Morín proporcionó un modelo de la sucesión de los niveles de ambas líneas –auriñaciense y perigordiense- en el poblamiento del N. de la Pen Ib. Las excavaciones actuales de La Viña están dando el mejor referente estratificado con el que los datos de Morín y Pendo habrán de ser contrastados. La densa ocupación del abrigo de La Viña se sucedió (sobre un depósito del musteriense, nivel XIV) en el auriñaciense (niveles XIII –típico antiguo-, XII y XI) y gravetiense (niveles X, IX –noaillense- y VIII –final-) bajo el solutrense. Por otra parte, la investigación hace muy poco de la cueva de Labeko (Guipúzcoa) ha mostrado depósitos (con industrias discretas de chatelperroniense, protoauriñaciense y auriñaciense antiguo) que reproducen la secuencia muy bien definida en la cueva nordpirenaica de Gatzarria.

El perigordiense inf. (chatelperroniense) está presente en Morín y Pendo, donde se da también el inmediato auriñaciense arcaico.

El auriñaciense propio (típico y evolucionado) aparece en bastantes sitios de la zona, como El Cierro, La Viña, cueva del Conde, Arnero, Morín, Pendo, Castillo, Hornos de la Peña, Otero y probablemente Santimamiña y Lumentxa.

El auriñaciense típico se desarrolla en condiciones frías y secas, que dificulta en los primeros momentos la expansión del bosque, y que hacia su etapa media se recupera para más tarde dar paso al dominio de las herbáceas, hacia el final. La fauna es pobre (gran bóvido, ciervo, corzo, caballo), abundando algo +, en su momento, los tipos de fauna de bosque. Se ha atribuido el momento frío del Würm III. En el auriñaciense evolucionado aumento el bosque por las condiciones relativamente templadas, así como los animales, en especial los de tipo alpino (cabra y rebeco), junto con grandes bóvidos y caballos, ciervos y algún carnicero. Todo ello permite suponer que debió de iniciarse dentro de los tiempos de la “Oscilación de Arcy” e incluso alcanzar algún yacimiento a los tiempos de la “Oscilación de Laugerie”.

El perigordiense sup. (gravetiense) está bien caracterizado en Cueto de la Mina, Pendo, Castillo, Morín, Bolinkoa, Amalda y Aiztbitarte III, con el repertorio habitual de buriles de Noailles, puntas de La Gravette e instrumentos de hueso o asta con marcas cortas “de caza”. Sendas azagayas isturitzenses (puntas o “puñales” gruesos de asta, con sección aplanada y abundantes marcas perpendiculares en la zona de base) han aparecido en 3 yacimientos vascos: Bolinkoba, Aitzbitarte III y Kobalde. La cueva Oscura de Ania (en Asturias) y Lezetxiki probablemente fueron ocupados en esta misma época, así como el sitio de taller de Mugarduia en el altiplano de Urbasa.

Un perigordiense avanzado (o gravetiense final, como en Amalda o en La Viña) y un auriñaciense final (acaso en los niveles IV y III del Pendo), muy poco frecuentes, concluyen el desarrollo del complejo periodo.

Estas dos fases del Gravetense cantábrico caracterizan 2 momentos sucesivos que transcurren dentro de condiciones climáticas distintas. La fase inf., A, se desarrolló bajo condiciones frías, durante las cuales adquirieron gran imp. las formaciones herbáceas en detrimento del bosque, mientras que en la fase B, o sup., éste adquiere un mayor desarrollo (pino, enebros, alisos, abedules, robles y olmos) en relación con un clima + templado. En la fauna se observa el dominio del ciervo; el corzo disminuye en la fase B y aparece el mamut (Morín y Cueto de la Mina), que señala la presencia de amplios espacios deforestados de tipo tundra.

Parece que, en general, el auriñaciense propio habría arraigado + en las partes occ. Y central de la región (Asturias y Cantabria), mientras que el gravetiense se muestra mejor representado en Vizcaya y Guipúzcoa, acaso en relación con yacimientos muy imps. de la vertiente septentrional del Pirineo vasco.

El Pirineo Oriental, el Levante y el Sur :

Las referencias + seguras al chatelperroniense o al auriñaciense arcaico se hallaron en la región catalana de Serinyà: nivel A de Reclau Viver y bastante probablemente l’Arbreda. Hay niveles de transición inmediata sobre el musteriense en algunos yacimientos andaluces.

El inicio mismo del Würm III ofrece en la estratigrafía de Mallaetes signos de gelifracción atribuidos a una situación climática fría y relativamente húmeda; inmediatamente encima se identifica un nivel arqueo. De ocupación en el auriñaciense típico, en condiciones atemperadas de una pulsación (episodio de Arcy).

El auriñaciense típico aparece disperso por todo el frente mediterráneo, desde Cataluña al Levante y Andalucía.

El perigordiense sup. (gravetiense) aparece con frecuencia, correctamente definido en estratigrafía sobre el auriñaciense típico en Mallaetes, Reclau Viver y l’Arbreda, y bien individualizado por sus fósiles característicos en todo el ámbito considerado.

Mientras que el estadio terminal (un gravetiense evolucionado) se data en Roc de la Melca en 18950 + 400 a. C. y en l’Arbreda en 18180 + 220, existiendo también esa situación cultural en el nivel D de Reclau Viver, en cueva Beneito y en el depósito de los 8,25 a los 7,25 m del Parpalló.

La fauna dominante durante el gravetense en esta zona estuvo integrada por cabras y toros, como elementos dominantes, seguidos por conejos, caballos y ciervos, lo que señala un paisaje de tipo mediterráneo con bosque no muy abundante y grandes herbazales, revelando la presencia de la cabra unas condiciones climáticas poco húmedas y templadas.

Interior peninsular:

Excepcionalmente, se ha señalado la presencia de elementos gravetenses en las terrazas del valle del Manzanares (Madrid) y en la cueva de Salemas (Alemtejo, Portugal). En la cuenca del Ebro se atribuyen al gravetiense (probablemente) el denso depósito de taller de Mugarduia sur. En la Meseta se atribuyen al gravetiense indicios de la cueva de La Blanca y del abrigo de la Aceña.

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