Centros Historicos

EL CENTRO HISTORICO, UN ESPACIO MORFOLÓGICAMENTE DIFERENCIADO

Grandes contrastes funcionales y de paisaje en su interior.

Los centros históricos son espacios muy singulares y bien diferenciados desde el punto de vista morfológico, social y funcional, sobre todo en las grandes aglomeraciones que tiende cada vez a una forma más dispersa.

Interiormente muestran grandes contrastes ya que representan la ciudad heredada. En Madrid, el centro histórico está definido legalmente como el espacio comprendido dentro del anillo de rondas que envuelve al ensanche del s. XIX.

Entramados urbanos de diferente origen.

Dentro perviven entramados de diferente origen:
  • la huella islámica: entorno a la fortaleza fundada en el s. IX por Abderamán II para la defensa de Toledo.
  • el entramado cristiano: delimitado por la cerca de Felipe IV de 1625.
  • las amplias vías barrocas del s. XVIII relacionadas con el reformismo de Carlos III y la exaltación del poder político.
  • Ensanche del s. XIX, con su característica cuadrícula y experiencia sigienista de principio de siglo a través de tipología ciudad-jardín que intentan acercar el campo a la ciudad y superar los inconvenientes de la ciudad industrial.
Emplazamientos defensivos explican a menudo el aislamiento físico del centro.

Los emplazamientos defensivos que dieron origen a la mayoría de nuestras ciudades son hoy uno de los principales motivos de diferenciación de los cascos medievales del resto de la ciudad, como sucede en Toledo y Segovia.

Más de 300 conjuntos Histórico-Artísticos y 10 ciudades Patrimonio de la Humanidad.

Sólo en España más de 300 localidades han sido declaradas conjunto histórico-artístico y algunas poseen un patrimonio monumental tan importante que han sido calificadas como Patrimonio de la Humanidad.
  1. Santiago de Compostela.
  2. Salamanca.
  3. Segovia.
  4. Cáceres.
  5. Toledo.
  6. Guadalupe.
  7. Mérida.
  8. Córdoba.
  9. Ávila.
EL CENTRO, UN ESPACIO SIMBOLICO QUE SE TERCIARIZA.

Los cascos antiguos representan la memoria colectiva de las ciudades.

Los cascos antiguos acumulan la historia de la ciudad y representan la memoria colectiva. Todos ellos se comportan como lugares simbólicos y convivenciales cargados de significado que sirven de señas de identidad a los ciudadanos y que los artistas consagran a través de sus obras.

La conservación y recuperación de los Centros Históricos adquiere importancia a partir de la Carta de Amsterdam de 1975.

Por eso cada vez se concede mayor importancia a la conservación y recuperación de los centros urbanos, sobre todo desde que la carta de Amsterdam de 1975 llamó la atención sobre el avanzado estado de deterioro de muchos de los cascos históricos europeos.

Los Centros Históricos fueron espacios polivalentes en el pasado.

Hasta los años 60 nuestros cascos históricos han sido espacios polivalentes: funciones residenciales, comerciales, de servicio e industriales aparecieron estrechamente mezcladas.

La centralidad facilita la accesibilidad de los ciudadanos y la especialización funcional.

En la actualidad la centralidad de estos espacios respecto al conjunto de la ciudad y las facilidades de acceso favorecen su especialización funcional.

Las zonas de mayor calidad medioambiental y paisajística se especializan en actividades comerciales y de servicios.

Progresivamente, las zonas de mayor calidad urbanística de finales del s. XIX y principios del s. XX como el entorno de la Puerta del Sol y la Gran Vía de Madrid se especializan en actividades comerciales y de servicios. Algunas calles son peatonalizadas, y los bancos se instalan en bellas muestras de arquitectura modernista como símbolo de poder económico.

Ocio y espectáculos atraen ocasionalmente a una población numerosa al centro.

Los valores ambientales y arquitectónicos del patrimonio edificado de los centros históricos favorecen el desarrollo de las actividades culturales, de esparcimiento y diversión en su interior; museos, teatros, cines, auditorios y otras formas de ocio y encuentro como bares y salas de fiestas atraen a un público numeroso.

La trama urbana y la coincidencia de desplazamientos de diferente origen congestionan la circulación.

Multitud de personas acuden al centro en busca de ocio y diversión, pero también por razones de trabajo, compras o negocios. Todo ello contribuye a aumentar las dificultades de tráfico que genera el propio entramado del interior de la ciudad.

Paradójicamente la terciarización propicia la conservación y recuperación arquitectónica.

No obstante la especialización terciaria de los sectores más accesibles y de mayor calidad de los centros históricos de las grandes aglomeraciones como el Paseo de Recoletos o el barrio de Salamanca en Madrid, favorecen también la conservación y la recuperación arquitectónica de sus edificios más nobles, en relación con las principales tendencias arquitectónicas del cambio de siglo como el Palacio de Linares, hoy convertido en Casa de América.

EL CENTRO, UN ESPACIO DE CONTRASTE SOCIAL Y RESIDENCIAL.

LOS CENTROS HISTORICOS SE CONVIERTEN EN UN ESPACIO SOCIALMENTE POLARIZADO.

La mezcla social era predominante en el pasado.

Los centros urbanos se caracterizan en el pasado por su mezcla social. En sus plazas y calles coinciden clases altas, el proletariado, grupos marginales e inmigrantes. Las casas del s. XIX daban origen a una auténtica estratificación social en vertical. Los pisos eran ocupados desde el principal a la buhardilla por burgueses, clases medias y grupos de rentas bajas.

En la actualidad, grupos de rentas altas y de rentas bajas polarizan socialmente los centros urbanos.

UNA POBLACIÓN DE RENTAS BAJAS Y UN PARQUE RESIDENCIAL VIEJO.

Hoy el centro es un espacio social polarizado. La mayoría de la población está formada por viejos residentes de rentas bajas, ancianos yu jubilados, inmigrantes y grupos marginales que requieren atenciones sociales y equipamientos asistenciales. Todos ellos ocupan viviendas muy deterioradas y poco acordes con las exigencias de la vida moderna, excepto aquellas que han sido rehabilitadas por la iniciativa pública, como algunas corralas madrileñas.

Las clases medias y los matrimonios jóvenes abandonan el centro.

La antigüedad de gran parte del patrimonio edificado y sus deficiencias estructurales han contribuido a la expulsión a la periferia de los matrimonios jóvenes.

Las dificultades de uso del automóvil reducen el atractivo residencial del interior de la ciudad.

Además, para muchos no resulta atractivo residir en lugares que no son cómodos por la falta de espacios abiertos y las dificultades para utilizar el automóvil.

El resultado ha sido el vaciamiento y envejecimiento de los centros históricos. El casco antiguo de Madrid ha pasado de 333.000 residentes en 1955 a sólo 139.000 en 1995. Y su pirámide de población muestra una proporción mayor de adultos y ancianos que el conjunto de la ciudad; más del 25% de sus efectivos son mayores de 65 años.

Una creciente terciarización debilita las relaciones entre vecinos y provoca anomía.

UN CAMBIO EN LAS RELACIONES SOCIALES.

El vaciamiento y la terciarización del centro contribuyen a debilitar las relaciones entre vecinos. Así se favorece la desorganización social, la anomía de los ciudadanos e incluso los comportamientos delictivos.

Las pautas de conducta y de cultura tradicionales desaparecen.

Las pautas de conducta y de cultura tradicionales han sido sustituidas por las que traen las personas que acuden a diario al centro a trabajar, comprar o divertirse o por las que aportan poblaciones marginales e inmigrantes.

Por último, la disminución de la población de los barrios más populares del centro ha impulsado la sustitución del comercio tradicional y de uso cotidiano ligado a la función residencial por un comercio banal y establecimientos muy especializados de venta al por mayor.

*Coexistencia de dos mercados de viviendas: uno muy antiguo y deteriorado; otro, nuevo y de calidad, que se asocia a actividades terciarias y a poblaciones de comportamiento “urbanitas”.

UN PROCESO DE “GENTRIFICACION”.

En contraste con el deterioro de los anteriores sectores del centro, la tendencia a la reurbanización y las ventajas de la centralidad han favorecido la “gentrificación” de los espacios de mayor calidad paisajística y medio ambiental como sucede en el Madrid de los Austrias.

Una minoría formada por personas de comportamientos urbanistas, generalmente jóvenes y de rentas altas, ocupan en esos espacios un parque residencial reducido que está integrado por viviendas rehabilitadas de calidad o de nueva construcción, pero en ambos casos de muy elevado precio. Las viviendas de calidad del centro están también constituidas por pequeños apartamentos que se asocian a edificios de oficinas en estrecha complementariedad con las actividades terciarias.

POLITICAS DE REVITALIZACION DEL CENTRO.

LA RENOVACION, UNA FORMULA DE INTERVENCION RADICAL EN EL CENTRO.

Los poderes públicos intentan la revitalización del centro mediante actuaciones de renovación y rehabilitación.

Los poderes públicos y los otros agentes económicos y sociales de la ciudad intervienen en los centros históricos para intentar su revitalización e impedir su ruina a través de la legislación, el planeamiento y diferentes estrategias como las que se acometen en el interior de Madrid.

Predominio de las operaciones de renovación urbana hasta los 60.

LA RENOVACION.

Hasta loa años 70 predominaron las políticas de renovación radical que se plasman en la apertura de nuevos ejes como la Gran Vía de San Francisco de Madrid. Su resultado fue la transformación de uno de los sectores más populares del viejo Madrid con un profundo cambio de su paisaje, la introducción de nuevos modelos arquitectónicos y el desplazamiento forzoso de los antiguos residentes a la periferia.

La renovación urbana supone transformación de tramas y cambio funcional y social.

La renovación supone siempre sustitución de las tramas y tejidos urbanos tradicionales, el aumento de los volúmenes, la modificación del parcelario y el cambio de los usos del suelo, como en la Plaza de Santo domingo de Madrid.

De ese modo se produjo la desaparición de edificios de valor histórico-artístico como la Casa de la Moneda en la Plaza de Colón, construcción neoclásica de Francisco Jareño y Alarcón, inaugurada por Isabel II en 1864.

Muchos de los viejos palacetes de la nobleza y burguesía madrileña del Paseo de la Castellana como los del Duque de Medinaceli, Marqués de Larios o Duque de Arión, construidos en el s. XIX conforme a los gustos y estilos de la época fueron derruidos.

Aquellas construcciones dejaron paso a arquitecturas vanguardistas con un importante aprovechamiento en altura debido al elevado precio del suelo.

La renovación se sitúa al servicio de los intereses económicos y sociales de las clases dominantes.

Esta política estuvo impulsada por los intereses económicos y de clase de los grupos sociales dominantes que buscaban aprovechar las ventajas de accesibilidad y calidad del centro para rentabilizar sus inversiones en el menor tiempo posible.

Los Planes de Reforma Interior y la declaración de ruina forzosa fueron los mecanismos legales de la renovación.

Los poderes públicos facilitaron a través de los planes de Reforma Interior y la declaración de ruina forzosa los mecanismos legales para construir oficinas, locales comerciales y viviendas de lujo.

LA REHABILITACION, UN INTENTO DE CONSERVACION INTEGRAL DEL CENTRO.

El descenso de la presión demográfica a partir de los años 70 en los países desarrollados permitió presentar una alternativa al modelo de ciudad extensa de la Carta de Atenas.

El descenso de la presión demográfica en las ciudades de los países desarrollados desde mediados de los 70, como se ve en la evolución de la población madrileña, favoreció un urbanismo alternativo que propugnaba la recuperación de los espacios existentes frente a su destrucción y el modelo de ciudad extensa de la Carta de Atenas.

Formulaciones teóricas y movimientos vecinales impulsan la recuperación de los espacios construidos.

Este urbanismo fue unido en sus orígenes a formulaciones teóricas de izquierda que coincidieron en España con los primeros ayuntamientos democráticos y la fase más activa de los movimientos vecinales en defensa de la dimensión social, cultural y simbólica de la ciudad.

La rehabilitación integral tiene como objetivos la conservación del entorno, la recuperación del patrimonio edificado, el mantenimiento de la mezcla social y funcional.

La importancia del pasado histórico y la calidad artística de la mayoría de los conjuntos heredados, hace que los objetivos de la rehabilitación integral sean: la conservación del entorno urbano, la recuperación del patrimonio edificado, el mantenimiento de la población tradicional y el desarrollo de la mezcla funcional y social.

La rehabilitación integral es una práctica de intervención urbana generalizada en la actualidad.

LA REHABILITACION EN LA ACTUALIDAD.

En nuestros días la rehabilitación se ha generalizado y asumido desde todas la ideologías. En Madrid, las actuaciones más recientes se resuelven a través de diferentes intervenciones entre las que destacan los programas de rehabilitación preferente en la Plaza del Dos de Mayo, Plazas de la Paja y los Carros y Plaza Mayor.

Muchos de los programas de rehabilitación han resultado tardíos.

Sin embargo, después de muchos años de puesta en práctica de las políticas de rehabilitación en España sus resultados son desiguales y a menudo insuficientes. En muchos casos las actuaciones han sido tardías ya que han comenzado cuando extensos sectores del centro se hallaban vacíos y degradados.

La declaración de localidades como conjunto Histórico-Artístico no ha podido impedir el deterioro de los Centros Históricos.

La declaración de un espacio como conjunto histórico-artístico ha hecho recaer sobre los propietarios la responsabilidad de la conservación con lo que se ha contribuido al abandono de muchos edificios y al deterioro medioambiental de ciertos cascos antiguos.

La iniciativa privada muestra escaso interés por la rehabilitación de viviendas sociales.

La iniciativa privada ha mostrado escaso interés por la rehabilitación de viviendas sociales, a no ser a través de promociones públicas, puesto que la rentabilidad de sus inversiones es escasa.

La necesidad de conservar las tipologías edificatorias y de adaptar la construcción a solares pequeños e irregulares, sobre todo en el caso de los recintos más antiguos, hace imposible el empleo de técnicas industrializadas y convierte la rehabilitación en una tarea difícil y costosa.

Las ayudas económicas concedidas a la rehabilitación por los poderes públicos resultan casi siempre insuficientes.

Las ayudas económicas han crecido en los últimos años, pero todavía resultan insuficientes por el volumen de las necesidades acumuladas y la inadecuación de las subvenciones a las posibilidades de las subvenciones a las posibilidades reales de los residentes.

HACIA NUEVAS FORMULAS DE INTERVENCION

Hoy se propugnan actuaciones menos rígidas que en el pasado sobre el patrimonio arquitectónico y urbano heredado.

La necesidad de profundizar en las estrategias de recuperación de los centros históricos, lleva a propuestas de intervención menos rígidas que en el pasado que pretenden flexibilizar el tratamiento de su patrimonio arquitectónico y urbanístico.

Las políticas principales de recuperación estimulan la participación ciudadana en los proyectos de rehabilitación.

Del mismo modo se intenta facilitar la participación de los usuarios propietarios e inquilinos en las políticas de recuperación a través de juntas municipales y organizaciones de vecinos.

Cada vez resulta más imprescindible la adecuación de las ayudas a las características económicas de los residentes del centro y a las condiciones reales de sus viviendas.

Para ello es imprescindible recurrir a incentivos fiscales y a ayudas de todo tipo que compensen el coste social y económico que supone el mantenimiento por los particulares de escenarios considerados patrimonio de la humanidad por la UNESCO,

En definitiva se trata de una tarea que deberá realizarse con la participación solidaria del conjunto de la sociedad.

Los objetivos finales de la rehabilitación integral no sólo son la conservación sino la recuperación del patrimonio edificado y el mantenimiento de la mezcla social y funcional existente en el pasado.

Sólo así será posible transmitir a futuras generaciones el patrimonio urbano heredado, mantener la población que aún permanece en los cnetros históricos, garantizar su presencia en condiciones dignas de calidad residencial y ambiental e incluso atraer nuevos residentes como instrumento de recuperación social y equilibrio funcional.

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