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El Análisis Del Simbolismo En Las Relaciones. Abner Cohen

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Hace una década, un científico de la política realizó un examen de los estudios políticos en ant. Social para determinar su contribución al estudio de la política en general (Easton, 1959). Su conclusión fue: “La Antropología política no existe aun”, que el interés era solo indirecto en política, “las consideraciones políticas son meramente incidentales en el énfasis sobre la estructura de parentesco y sus efectos sociales generales”

El veredicto de Easton no ha sido atacado, sin embargo el autor cree que fue irresponsable y perjudicial. Primero porque Easton es hoy una de las figuras principales de la ciencia política y sus puntos de vista cuentan en las CCSS. En segundo lugar porque su artículo sobre ant. Política y su preocupación con respecto al concepto de “sistema político” le han hecho popular entre los antropólogos sociales. Es irresponsable porque está basado en lo que parece haber sido una lectura apresurada de unas pocas monografías publicadas antes de que él hiciese esta observación., descuida corrientes enteras de pensamiento en antropología, que han contribuido inmensamente al estudio de la política en ant.

Easton escribe como si hubiese unanimidad respecto a lo que es la antropología política., pero tal unanimidad no existe aun, no están de acuerdo acerca del dominio exacto de la ciencia política.

Según ha dicho más recientemente Easton “la ciencia política está buscando aun su identidad”, en su libro “A framework for political análisis” publicado en 1965 se interesa por la cuestión de qué variables deben incluirse en su “sistema político”. Si es esta la situación de la ciencia política, de la que él está tan bien informado según el autor, indudablemente cuando hizo el primer comentario no podía estar tan seguro acerca de las variables de que se ocupaba la ant. Política.

Se plantea de esta forma cuestiones de interés general sobre el rol de la antropología en el estudio, no sólo de las soc. de cambio de los Estados independientes de África y Asia, sino también de las sociedades complejas de los países desarrollados. La materia de estudio (la sociedad aislada en pequeña escala) ha experimentado un cambio político fundamental y no puede estudiarse ya “como si” fuese relativamente autónoma, sino que forma parte de la estructura institucional del nuevo Estado. Esto enfrenta a la antropología social con la ciencia política, que se ha convertido muy poderosa a partir de la IIGM , tanto en recursos financieros y muy influyente en los gobiernos, invadiendo nuestro territorio, investigando la política de los nuevos Estados del tercer mundo.

Esto ilustra el estado de transición por el que atraviesa ahora la antropología social, y pide una revisión de las metas, métodos, orientación teórica y su relación con la ciencia política ¿qué pueden aprender la una de la otra?¿qué división del trabajo y de cooperación puede desarrollarse? y ¿QUÉ ES LA ANTROPOLOGÍA POLÍTICA?

El problema teórico central en antropología política.

Una disciplina se define en términos de los problemas principales de que trata. Un “problema” en este contexto se refiere a la necesidad del análisis de la interacción entre variables principales. El avance de una disciplina consiste tanto en la identificación y aislamiento de estas variables como en el análisis de su interdependencia.

El primer avance metodológico y teórico importante en el desarrollo de la ant. Social ocurrió cuando Durkheim, y más tarde R-B, defendieron la separación analítica de los hechos sociales de los históricos y de los psicológicos. Algunos antropólogos han criticado esta separación, pero más bien han ido dirigidas a la rigidez de dicha separación, no contra sus principios teóricos. Incluso están de acuerdo en que las instituciones sociales no deben explicarse sociológicamente en términos de los acontecimientos pasados. Incluso en el estudio de los símbolos y de la conducta simbólica, cuya actuación está íntimamente implicada en los procesos políticos, se ha mantenido sistemáticamente la separación entre lo social y lo psíquico.

Para saber si los antropólogos sociales han estudiado la estructura social de forma totalizadora la respuesta la podemos hallar en las monografías que éstos han realizado.

Un examen de las monografías pondrá de manifiesto que se han concentrado generalmente en el estudio de cuatro campos amplios institucionales: ritual, de parentesco, político y económico. Estos cuatro campos comprenden dos variables principales: la política y la simbólica.

La separación entre lo político y lo económico en los estudios de antropología soc. es muy arbitraria. Lo que se conoce como ant. Económica es una mezcla de las descripciones del proceso económico y de las relaciones económicas., que en realidad pertenecen a dos esquemas conceptuales diferentes. El proceso económico hace referencia a la interacción entre el hombre y o recursos relativamente escasos. Las relaciones económicas hacen referencia a la interacción entre los hombres implicados en el proceso económico. Los ant. sociales se han interesado en las relaciones económicas, o sea, en las relaciones entre individuos o grupos en los procesos de producción, cambio y distribución y la mayor parte de los antrop. que han estudiado el proceso lo han hecho en la medida de que éste afecta a las relaciones económicas.

Estas relaciones económicas son relaciones de poder y por lo tanto políticas. Tanto el poder político como el económico son diferentes pero están íntimamente relacionados y son inseparables en muchos contextos.

Del mismo modo, el parentesco y el ritual, aunque distintos en la forma, tienen mucho en común, y la separación entre ellos es a veces arbitraria y engañosa. Ambos se componen de símbolos y complejos simbólicos y ambos son normativos, dependen de imperativos categóricos. Estos símbolos son cognoscitivos, dirigen la atención de los hombres hacia ciertos fines. Son afectivos, nunca son emocionalmente neutros. Son intencionales, impulsan a los hombres a actuar.

Las dos categorías de símbolos, los de parentesco y los de ritual, son utilizados casi alternativamente en la articulación de las agrupaciones políticas y de las relaciones de poder entre individuos y grupos. Los símbolos rituales forman parte de la mayoría de los sist. de parentesco, y los símbolos de parentesco forman parte de la mayoría de los sist. rituales. Los Beduinos de Cyrenaica y los tallensi por ejemplo, expresan su organización política en el idioma del parentesco.

Incluso cuando consideramos el simbolismo de las relaciones interpersonales en gran escala, la sociedad industrial contemporánea, podemos ver que estos símbolos articulan una serie sin fin de agrupaciones políticas informales cuya actuación es una parte fundamental de la estructura política total de la sociedad.

Como señala Gluckman, en la mayoría de las sociedades tribales las relaciones interpersonales están altamente “ritualizadas”

Los símbolos son fenómenos socioculturales altamente complejos y pueden clasificarse conforme a una variedad de criterios, según el propósito de la clasificación. En Antropología social el interés teórico central en el estudio de los símbolos es el análisis de su implicación en las relaciones de poder, y que éste exigirá un tipo de clasificación que a menudo puede estar en desacuerdo con la proporcionada por las tradiciones culturales de que forman parte los símbolos.

Forma y función en el simbolismo

Es fundamental que distingamos entre formas simbólicas y funciones simbólicas.

En los símbolos de distinción, una forma simbólica sería por ejemplo los emblemas, marca faciales, costumbres de endogamia y exogamia, mitos de origen, ceremoniales específicos y la función simbólica la identidad y la exclusividad del grupo. Los símbolos rituales y los símbolos de parentesco difieren en la forma pero no necesariamente en la función.

Existen otras formas de símbolos que no están incluidas ni en la categoría de parentesco ni en la del ritual. Es obvio pero con frecuencia tendemos a olvidarlo desviándonos de nuestra observación y análisis. Caemos fácilmente en la postura teórica de que la influencia de los símbolos en las relaciones sociales se debilita a medida que una sociedad se diferencia socialmente y se organiza más formal y racionalmente. Como señala Duncan no puede haber orden social sin la “mistificación” del simbolismo. Esto es cierto no sólo en las soc. capitalistas sino también en las soc. socialistas donde los emblemas, eslóganes, himnos juegan su papel en el orden político. “La secularización es menos un concepto científico que un instrumento de las ideologías antirreligiosas” según Martín.

Aunque los símbolos de parentesco y los símbolos rituales puedan caer en desuso en la soc. moderna, otros símbolos ocupan su lugar articulando las funciones simbólicas viejas tanto como las nuevas. Un cambio de forma simbólica no ocasiona un cambio de función simbólica, porque la misma función puede lograrse con nuevas formas.

Algunas formas simbólicas son tomadas de otras personas por interacción otras son condicionadas por factores ecológicos (ejem aquellas personas que viven en ambiente forestal utilizarán la madera para tallas de símbolos o serán los árboles la representación simbólica general)

En algunas sociedades literarias más avanzadas y sofisticadas, los artistas son encargados para crear símbolos (diseñar una bandera, escribir letra de himno), aunque todos somos creadores potenciales de símbolos e incluso ser utilizados para liderar grupos. Existe un cierto grado de creatividad artística en el líder político quien, a través de su retórica, slogans y tácticas maneja los símbolos existentes o crea otros nuevos. Cuando esta creatividad es original, ayuda a articular u objetivar nuevas agrupaciones y nuevas relaciones, lo describimos como “carismático”.

Los antropólogos sociales analizan las formas simbólicas para descubrir sus funciones simbólicas, siendo las más importantes las relaciones entre individuos y grupos.

Nosotros observamos los grupos sólo a través de su simbolismo. Valores, normas, reglas y conceptos abstractos como el honor, el prestigio, el rango, la justicia, el bien y el mal son tangibles gracias al simbolismo y ayuda a los hombres a conocer su existencia, a comprenderlos y relacionarlos con su vida diaria.

Los símbolos también objetivan los roles. Al objetivar roles y relaciones, el simbolismo logra un tipo de estabilidad y continuidad sin el cual la vida social no puede existir.

Gracias a la “mistificación” que crea, el simbolismo hace posible que el orden social sobreviva los procesos de destrucción causados en su seno por las áreas inevitables de valores y principios conflictivos. Esto ocurre al crear comunicación entre enemigos potenciales. Un proverbio de campesinos árabes dice: “Yo contra mi hermano; mi hermano y yo contra mi primo; mi primo, mi hermano y yo contra el extraño”. Un hombre descubre su identidad en relación con otros. Su hermano, su primo y él deben llegar a un acuerdo para contener sus enemistades si quieren cooperar contra el enemigo común .

Según Smith, toda política, toda lucha por el poder es segmentaria, es decir los enemigos de un nivel deben aliarse al un nivel superior, de forma que un hombre debe ser un enemigo y un aliado respecto al mismo conjunto de personas, y es mediante la “mistificación” causada por el simbolismo como se hace frente y se resuelven temporalmente estas contradicciones.

Poder y simbolismo en el análisis antropológico.

Las relaciones de poder y la conducta simbólica solamente se separan analíticamente de la conducta social concreta, para estudiar las relaciones sociológicas entre ellas. Las dos variables no son reductibles entre sí, cada una posee sus características propias, su propio tipo de proceso, dirigido por sus propias leyes. Los símbolos no son reflejos mecánicos a representaciones de las realidades políticas, tienen una existencia en sí misma y pueden afectar a las relaciones de poder en una variedad de formas. Igualmente las relaciones de poder tienen una realidad en sí mismas y no puede decirse que estén determinadas por categorías simbólicas. Si una variable fuese reflejo exacto de la otra, entonces el estudio de su interdependencia sería de poco valor sociológico. Sólo en cuanto son diferentes, aunque interdependientes, puede ser provechoso y esclarecedor su separación y el estudio de las relaciones entre ellas. El análisis de en la antropología social ha consistido más en el estudio de la interdependencia entre las dos variables que en su estudio por separado cuyo valor teórico sería limitado.

Los teóricos de la acción: esta escuela de pensamiento tiende a inclinar el péndulo teórico hacia una orientación derivada de la “teoría de la acción” de Weber. Este enfoque teórico (Bailey, 1968,; Barth, 1966; Boissevai, 1968; Mayer, 1966; Nicholas, 1965) desconfía del análisis en términos de grupo y de símbolos de grupo., y se concentra en las actividades del “hombre político”, que siempre está impulsado a la ocupación del poder.

Los antropólogos de esta escuela de pensamiento presentan un cuadro de la vida política en términos de un “juego” continuo, en el que cada hombre busca maximizar su poder haciendo planes continuamente, luchando y tomando decisiones. Cada acción que contempla es el resultado de una transacción en la que los resultados son, si no superiores a los gastos, por lo menos iguales.

Estos antropólogos han utilizado un “microscopio” para mostrarnos la política a nivel profundo y han introducido un número de valiosos términos para designar las colectividades “no agrupadas”: “facciones”, “red egocéntrica”, “grupo de acción”.

Sin embargo el microscopio que esta escuela posee es tan poderoso para descubrir los detalles de la interacción política, que carece de poder o es ineficaz para reflejar los rasgos estructurales más amplios de la sociedad.

Bossevain está en lo cierto al declarar que el individuo es anterior al grupo, pero sólo si se está refiriendo al individuo biológico. En la sociedad no tratamos de indiv. Biológicos, son de personalidades sociales. La parte más importante de la naturaleza humana se adquiere en la sociedad a través del periodo de socialización. Un hombre nace en una sociedad con una cultura y una estructura que le da forma.

Incluso cuando actuamos como individuos libres al seguir nuestros propios motivos podemos estar actuando de hecho como miembros de grupos.

Los estructuralistas del pensamiento: Estudia los símbolos de las representaciones colectivas, a menudo fuera del contexto de las relaciones de poder.

Los antropólogos de esta época (Beidelman, Needham y Rigby) están muy influenciados por el “estructuralismo” de Lévi-Strauss.

Como Leach señala, L-S está interesado en problemas más amplios. Aspira al descubrimiento del “lenguaje del mito” y en descubrir el “lenguaje”, la “estructura de pensamiento”, detrás de toda cultura.

Según ellos la clave para comprender la estructura de la sociedad no es el análisis de los modelos de conducta dinámicos de interacción entre hombres, sino principalmente el “código”, o la lógica, la gramática que está implícita en las categorías de pensamiento y en los sistemas de las relaciones entre ellas. Para “romper el código” en toda época y en toda cultura se concentran en el estudio de las formas simbólicas y de la conducta simbólica. Mientras los teóricos de la acción se concentran en el estudio del “hombre político”, los estructuralistas del pensamiento se concentran en el estudio del hombre ritual.

También han aportado conceptos y términos importantes para la descripción en el campo del simbolismo.

Pero cuando dejan de hacer referencia a la interacción social se convierten en unilaterales y se apartan de la corriente principal de la antropología soc. Muchos de ellos conocen ese peligro y comienzan sus disertaciones con una declaración de fe en el “estructuralismo social” y una promesa de dirigir su análisis a las dificultades dinámicas de la organización social, pero a medida que prosigue su exposición, el análisis prometido se aplaza hasta el final, cuando es en gran medida inconsecuente.

No puede haber ciencia general de la conducta simbólica como tal.

Los antropólogos de estas dos corrientes, los teóricos de la acción y os estructuralistas del pensamiento fueron conocedores de las implicaciones metodológicas y teóricas de lo que estaban haciendo, no descuidaban a otra variable en realidad mientras se centraban en la otra, sin embargo son sus discípulos los que llegaron a ser unilaterales debido a que requiere poco esfuerzo analítico y les resuelve el fastidioso problema de tener que encontrar un” problema” para el análisis de los datos etnográficos.

La contribución principal de la antropología social a la ciencia política.

La contribución más importante y valiosa dela antropología social al estudio de la política no son tanto las tipologías simples de los sist. políticos que han sido desarrolladas, como el análisis del simbolismo de las relaciones de poder en general.

Easton tiene razón al declarar que los antropólogos sociales se interesan más por las instituciones no políticas como el parentesco, la religión y las formas de amistad. Lo que no ve es que la especialización de la antropología social está en la interpretación política de aquellas instituciones formalmente no políticas.

Por ejemplo la explicación de Gluckman de la estabilidad del matrimonio es formulada en términos puramente políticos.

Esta línea de análisis es de importancia crucial para la ciencia política:

1º-Mannheim (1936) señaló hace tiempo que al estudiar su propia sociedad el científico político es cogido por el mismo sist. de símbolos que está tratando de descifrar: los símbolos están enraizados en la mente inconsciente y son de esta suerte difíciles de identificar y discutir por la gente que vive bajo ellos. Toda conducta es expresada ampliamente en formas simbólicas Los mismos conceptos y categorías de pensamiento que los científicos políticos emplean en su análisis, forman parte de la misma ideología política que tratan de comprender, la paradoja de Mannheim puede vencerse mediante la investigación lenta, acumulativa, empírica y comparativa.

Aun así hay muy pocos análisis de lo que Mackenzie ha llamado “ritual político” en la política contemporánea.

2º-El orden simbólico de una sociedad sólo puede comprenderse cuando es estudiado en la tradición cultural total de la que forma parte.

Las soc. no industriales estudiadas tienen poca diferenciación ocupacional e institucional y tienden a utilizar temas y experiencias limitadas en la construcción de sus sist. simbólicos. Sin embargo la soc. industrial es sumamente compleja, gran división del trabajo, múltiples agrupaciones y heterogeneidad social y cultural que junto con un alto desarrollo de la capacidad literaria hace complejo en alto grado su sistema simbólico y por tanto muy difícil de analizar.

Pero sin embargo sí se han realizado estudios del simbolismo de la soc. contemporánea con éxito (Marx, Carlyle, Weber, Durkheim y Burke)aunque este trabajo ha sido siempre frustrado por los problemas de ideología, escala, complejidad, conceptos y técnicas ya mencionadas anteriormente.

Al analizar los símbolos de las relaciones de poder en pequeña escala, soc. preindustriales se ha logrado un conocimiento profundo del simbolismo de las relaciones de poder general. El análisis antropológico de los símbolos implicados en el desarrollo, organización y mantenimiento de los tipos diferentes de relaciones de parentesco, matrimonio, amistad, relaciones patrón-cliente, agrupaciones políticas corporativas, rituales y de sistemas diferentes de estratificación, pueden proporcionar a los científicos de la política que estudian en la soc. industrial conceptos significativos e hipótesis para analizar toda una serie de agrupaciones políticas y relaciones informales.

La antropología social ha desarrollado técnicas y métodos que pueden ser de gran ayuda, un número creciente de antropólogos está aplicando ahora sus técnicas “microsociológicas” a los estudios de las áreas urbanas, donde la lucha por el poder entre grupos es intensa. Como dice Firth, aunque las técnicas son microsociológicas, las formulaciones teóricas pueden ser macrosociológicas y se pueden adaptar a nivel de Estado.

La lección de la ciencia política.

La revolución política más grande de nuestro tiempo es la aparición de los nuevos Estados del “Tercer Mundo”. El Estado es hoy poseedor y árbitro del poder político y económico.

Los antropólogos sociales salvo excepciones han ignorado la importancia del Estado moderno en el estudio de la política de comunidades pequeñas por dos razones:

La primera es que cuando ellos conocieron inicialmente el problema, muchas de las comunidades que estudiaron estaban en territorios todavía bajo dominación colonial, sobre todo en África, donde los límites internacionales habían sido creados por los poderes coloniales. Bajo aquellas circunstancias no había “Estado” que examinar, y lo único que un antrop. podía hacer era intentar estudiar la administración colonial. A pesar de todo no se hicieron intentos serios de investigación en ésta, la razón fue, en algunos casos, que el gobierno colonial era el que iniciaba y financiaba la investigación.

La segunda razón son sus tempranas objeciones al estudio de la filosofía política que ha dominado el estudio del Estado hasta la IIGM. Os editores de African political systems, declararon que las teorías de los filósofos políticos les había parecido de poco valor científico ya que las conclusiones no estaban formuladas en términos de la conducta observada.

El Estado está ahora siendo estudiado empíricamente por la ciencia política, en las últimas décadas se están destinando fondos para financiar estudios en países en vías de desarrollo como en los desarrollados y una proliferación espectacular de los departamentos de ciencia política en las universidades.

Existe un interés fundamental en el estudio de los fenómenos a nivel estatal.

El estado se debe estudiar primero por el hecho mismo de que existe y juega un rol crucial al cambiar la estructura y la cultura de nuestras pequeñas comunidades. Y segundo porque la ciencia política ha desarrollado nuevos conceptos y nuevas técnicas para tratar de los fenómenos políticos a nivel estatal de una manera efectiva. Ha habido una revolución en los métodos de codificación de grandes cantidades de información, sistematizándola y empleándola en futuros análisis.

El fenómeno llamado “tribalismo” o “retribalización” en las sociedades africanas contemporáneas es el resultado de , no de grupos étnicos que se separan unos de otros después de la independencia, sino de la creciente interacción entre ellos, el resultado de un dinámico cambio sociocultural producido por nuevas divisiones y nuevos alineamientos de poder en la estructura del nuevo estado.

El antropólogo debe formular deliberadamente sus problemas de tal forma: que haga de la referencia al Estado una parte necesaria de su análisis.

Conclusión

La antropología política difiere de la ciencia política en dos aspectos: teoría y escala. La ciencia política es fundamentalmente unidimensional, se ocupa principalmente del estudio del poder, y como estudia una sola variable es una ciencia descriptiva. Su universo de referencia es el estado moderno.

La antropología política trata de áreas mucho mas pequeñas, pero compensa esta limitación de escala por la mayor profundidad del análisis. Se ocupa del análisis de la interacción dialéctica entre dos variables: las relaciones de poder y el simbolismo. Los antropólogos difieren en su énfasis de una variable más que de la otra.

Se necesita una síntesis ahora de nuestros descubrimientos actuales y una orientación más sistemática hacia el análisis de la implicación de la acción simbólica en contextos políticos. La antropología política no es sino antropología social efectuada a un nivel más alto de abstracción y a través de un análisis más riguroso y sistemático.
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