El debate sobre el relativismo lingüístico: el color como dominio más favorable y otros efectos whorfianos

Después de Whorf. Primeras reacciones

El objetivo de Whorf era mostrar la inconsistencia de la tesis que defiende la superioridad de las lenguas europeas, contribuir al reconocimiento de la diversidad lingüística, deshaciendo el mito de la lengua perfecta y generando una nueva valoración positiva de la unidad psíquica de la humanidad.

Críticos con su planteamiento:

Feuer quien, desde una perspectiva materialista, acusó a Sapir y Whorf de mentalistas.

Lenneberg, efectuó sus críticas desde una perspectiva metodológica y sustantiva. Rechazó la técnica de traducción empleada por Whorf. Esa técnica ofrecía versiones gramaticalistas que sonaban exóticas, convirtiendo el procedimiento de traducción en lo que, de acuerdo con el posmodernismo, podría llamarse “retórica de la otredad”.

Advirtió además sobre las diferencias entre estilo literal y estilo metafórico. Por otra parte, puesto que las únicas pruebas aportadas por Whorf de las diferencias entre las percepciones y visiones del mundo eran lingüísticas, Lenneberg subrayó la posibilidad y necesidad de acceder por separado a los hechos lingüísticos y no lingüísticos, para poder luego relacionarlos. Los dos ámbitos no pueden ser esclarecidos sólo con medios lingüísticos. Si fuera así, la relatividad lingüística se convertiría en un principio circular o tautológico.

Frente a la idea de que las lenguas incorporan “sistemas lingüísticos de fondo”, Max Black centró sus críticas en los criptotipos, negando que sean categorías significativas para un hablante. Para él son una muestra de la “falacia del lingüista”, que consiste en imputar sus propias y sofisticadas apreciaciones a los hablantes. Un criptotipo es algo inverificable. Por otra parte, rechazó también la tesis whorfiana que afirma que “el hablante nativo de un idioma posee un sistema conceptual peculiar para organizar la experiencia”. Black se refiere al vocabulario de los colores como caso más favorable a esa tesis, pero insiste en que no hay pruebas fehacientes de ello. Tampoco le parece aceptable la idea de una metafísica implícita en el lenguaje. Considera que Whorf ha proyectado esa metafísica en su análisis de la lengua hopi. Por último, rechaza igualmente las conclusiones que Whorf extraía de su idea de la realidad como “un flujo caleidoscópico de impresiones”.

La relación entre el lenguaje y la cultura

Boas inició la campaña para tratar de disolver las correlaciones establecidas entre los conceptos de raza, lengua y cultura.

En la introducción a su Manual de las lenguas indias americanas, señala que:
  1. Existen numerosos casos en los que un cambio completo de lengua y cultura se realiza sin que se produzca un cambio correspondiente en el aspecto físico (negros llevados como esclavos a Norteamérica).
  2. En otras ocasiones, una población retiene la lengua mientras se producen cambios en el aspecto físico y en la cultura (población magiar).
  3. Puede no haberse producirse cambio en el físico y sí en la lengua, o al contrario (árabes del norte de África).
  4. Son muy frecuentes los casos de permanencia del tipo físico y de la lengua, mientras que se produce un cambio en la cultura.
Este cambio de enfoque coincide con la emergencia del Estructuralismo en lingüística. Con él, el análisis se volvió microscópico, atendiendo entonces a determinados aspectos fonéticos, de léxico o de categorías gramaticales.

Levi-Strauss: “Se puede considerar el lenguaje como una condición de la cultura, y ello en un doble sentido: diacrónico, puesto que el individuo adquiere la cultura de un grupo principalmente por medio del lenguaje; (…) Desde un punto de vista más teórico, el lenguaje aparece también como condición de la cultura en la media en que ésta posee una arquitectura similar a la del lenguaje. Una y otra se edifican por medio de oposiciones y correlaciones, es decir, de relaciones lógicas”. “El error de Whorf y de sus discípulos ha consistido en comparar datos lingüísticos muy elaborados que son el resultado de un análisis previo, con observaciones etnográficas correspondientes a un nivel empírico o al nivel del análisis ideológico, lo que implica un corte arbitrario en la realidad social. Comparan de esta manera objetos de análisis que no son de la misma naturaleza y corren el riesgo de llegar a lugares comunes o a hipótesis frágiles”.

El dominio más favorable al principio de la relatividad lingüística: el color

Dado que el vocabulario referido al color es muy diferente en las distintas lenguas y siendo el dominio del color técnicamente susceptible de ser presentado como un continuum, parecía adecuado para someter a comprobación empírica el principio de relatividad.

Del relativismo al universalismo

1. Estudios originales:

Variables lingüísticas consideradas: Codificabilidad y precisión en la comunicación.

Variable no lingüística: capacidad de recuerdo.

Eran estudios comparativos: cada lengua toma el espectro de color dividiéndolo en unidades arbitrarias. Aparece un número distinto de términos y los límites entre los términos no coinciden con los de otras lenguas.

2. Berlin y Kay (1969): “Términos de los colores básicos. Su universalidad y evolución”. Examinaron un centenar de lenguas, centrándose en los términos utilizados en ellas para referirse a los colores básicos. Realizan una experiencia consistente en presentar 320 Tarjetas Munsell de color estándar, a una muestra de hablantes de una veintena de lenguas. Resultados: A) Puntos focales: se produjo un acuerdo entre los hablantes de distintas lenguas al señalar qué tarjetas eran las más representativas de los términos de colores básicos. B) Límites: La extensión de los límites de los términos de color variaban de una lengua a otra. C) Secuencia evolutiva: El número de términos de colores básicos varia de una lengua a otra, pero esa variación sigue un cierto orden que los investigadores presentaron en forma de estadios (Ej.: I. negro/blanco; II. Negro/blanco/rojo; III. Negro/blanco/rojo/amarillo; IV. Negro/blanco/rojo/amarillo/verde; etc…).

La universalidad no radica en que todas las lenguas dispongan de los mismos términos, sino en los llamados “universales implicacionales” (Ej.: “Todas las lenguas que disponen de un término para rosa, púrpura, naranja o gris, disponen también de términos para marrón, azul, verde, amarillo, rojo, blanco, negro”. “Todas las lenguas que disponen de un término para marrón, disponen también de términos para azul, verde, amarillo, rojo, blanco, negro”, etc.)

Puntos focales

Rosch realizó una serie de pruebas entre los Dugum Dani que corroboraban las conclusiones de de Berlin y Kay sobre los puntos focales. Los Dani sólo disponían de dos términos referidos al color, pero Rosch comprobó que su memoria de reconocimiento del color era mejor con las tarjetas que correspondían a los puntos focales de los colores básicos. Denominó sapiencia perceptual a la cualidad que hacía posible ese efecto y consideró que ésta es universal e influye de forma decisiva en la codificabilidad y la precisión de la comunicación.

Cuestiones de método y cuestiones de secuencia evolutiva

Aunque la explicación universalista parece definitiva, análisis posteriores han cuestionado algunos aspectos de la metodología con la que se realizaron las experiencias que sirvieron para fundamentarla. Aspectos como la composición del grupo de estudio utilizado por Berlin y Kay, la muestra de lenguas empleada para establecer la secuencia evolutiva (98, se consideró por algunos como un número reducido), matizaciones en la secuencia evolutiva, etc., arrojan unos resultados que pueden resumirse en tres puntos:
  1. No todos los términos o categorías básicas son igualmente básicas. Unas son primarias, otras compuestas y otras derivadas.
  2. Los puntos focales no son tan fijos.
  3. El orden no es tan regular.
El color y el relativismo cultural

Relativismo lingüístico/relativismo cultural. Éste último afirma que cada grupo humano ordena la objetividad de su experiencia como precipitado de una lógica diferencial y significativa. La percepción humana del mundo no es inmutable, está sujeta a determinaciones culturales y evolución histórica. Sahlins asume con Cassirer que, “el lenguaje no entra en un mundo de percepciones objetivas alcanzadas para añadir simplemente signos exteriores y arbitrarios a objetos determinados, sino que es él mismo un mediador por excelencia, el instrumento más importante y más precioso para la conquista y la construcción de un verdadero mundo de objetos”.

Otros efectos Whorfianos

Iami y Gentner comparando niños de 2 a 4 años hablantes de japonés, con otros hablantes de inglés, llegan a resultados que refuerzan la tesis de los universales cognitivos al encontrar que ambos grupos se fijaron en la forma si se trataba de objetos complejos compuestos de partes, pero si se trataba de sustancias, entonces la atención se centraba en el material de que estaban compuestas. No obstante, sus trabajos también reforzaban las tesis relativistas, pues al comparar hablantes adultos y tratándose de objetos simples las diferencias estructurales en las lenguas si afectaban a la categorización.

La analogía lingüística y la apropiación cognitiva

Whorf proporcionó numerosas ilustraciones del principio de relatividad lingüística, pero no elaboró una justificación teórica de cómo el lenguaje influía en el pensamiento. Lucy (1992) encuentra en el trabajo de Whorf, “La relación del pensamiento y el comportamiento habitual con el lenguaje” (1939), las bases para elaborar esa justificación teórica. Cada lengua hace clasificaciones e induce, por ello, a realizar analogías lingüísticas. Las ilustraciones de analogías son numerosas en los trabajos de Whorf. Tales analogías guían el comportamiento y sirven para interpretar las experiencias de la realidad. Se trata de algo inconsciente, porque los hablantes no reconocen que estén usando esas funciones del lenguaje.

Nuevos enfoques de la realidad lingüística

Las ilustraciones sobre la proyección referencial o la objetivación que Whorf proporcionó en su día, han influido en su redescubrimiento por parte de investigadores cuyo interés se centra en la pragmática del lenguaje. Es el caso de Silverstein. Éste toma de Whorf las herramientas analíticas para abordar la objetivación no ya como parte de la visión del mundo o de las pautas habituales de pensamiento, sino como “ideología de los nativos sobre la forma en que su lengua sirve como sistema proposicional de representar y hablar sobre la realidad”. La ilustración de la objetivación que hacía Whorf se refería a la cantidad, sustancia, forma y tiempo como categorías básicas de la realidad. Los hablantes emplean al usarlas una racionalización secundaria, una objetivación, de tal manera que las categorías criptotípicas son proyectadas como rasgos o atributos de cualquier objeto. Whorf sugería además que la propia terminología científica objetivada podría ser un fenómeno de racionalización secundaria. Esto significa que el principio de relatividad lingüística puede ser también reformulado como principio de incertidumbre lingüística.

Silverstein

Función 1: En un primer sentido, el lenguaje es funcional en cuanto que los hablantes buscan al usarlo alcanzar objetivos o por lo menos se lo proponen así.

Función 2: En otro sentido, el lenguaje funcional por la distribución característica de formas particulares en ciertos contextos de uso, formas que sirven de índices lingüísticos y que apuntan a configuraciones de rasgos contextuales.

La ideología pragmática nativa se expresa en teorías metapragmáticas, es decir, en racionalizaciones sobre el uso del lenguaje. Para Silverstein este hecho es una ilustración de lo que Whorf llamó “ideología de referencia”. Establece tres tendencias:
  1. Tendencia a enfocarse hacia elementos lexicales identificables (palabras, frases, etc.)
  2. Tendencia a enfocarse hacia las contribuciones de estas unidades a la proposicionalidad como punto de partida para explicar otros efectos, que se entienden como metáforas de efectos literales de índole referencial-y-predicacional.
  3. Tendencia a comprender las funciones metapragmáticas en términos pragmáticos o funcionales de presuposición, como cuando se extiende el uso del lenguaje constituido como “metonímia” de su contexto.
Con su argumentación, Silverstein pretende trasladar las consecuencias del principio de relatividad a las propias teorías lingüísticas.

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