Las dimensiones biológicas del lenguaje: el tracto vocal y el cerebro.

Las dimensiones implicadas en el origen del lenguaje

Conjunto de elementos que interactúan entre sí:
  • Morfología específica.
  • Conducta social.
  • Sistemas previos y concomitantes de comunicación.
  • Artefactos y representaciones.
No podemos hacer descansar la explicación del origen del lenguaje sobre un único factor determinante (bipedestración, pulgar oponible, desarrollo cerebral y configuración de los órganos de fonación son factores a tener en cuenta).

El tracto vocal: fonación-audición y articulación

Sapir: el lenguaje humando es una función biológica superpuesta, realizada por un conjunto de órganos que cumplen funciones biológicas previas al habla.

Adaptación de la laringe.

Lieberman: valor adaptativo de la laringe. En el Homo Sapiens, el valor adaptativo de la laringe se infiere del hecho de no estar adaptada para proteger los pulmones y tampoco en lo que se refiere a la respiración (en la posición de máxima respiración tiene sólo la mitad del diámetro de la tráquea). Hay rasgos compartidos con los primates, pero existen singularidades que se manifiestan en la estructura peculiar del tracto vocal supralaríngeo del Homo Sapiens Sapiens.

Especialización de los órganos de fonación.
El habla transmite segmentos fonéticos con mucha rapidez: de 15 a 20 por segundo. Producir sonidos y decodificarlos a esa velocidad requiere de habilidades peculiares relacionadas con especificidades anatómicas y cerebrales. El volumen de aire en los pulmones es proporcional a la longitud de las frases que intentamos pronunciar. La laringe convierte ese flujo de aire en fonación. Las cuerdas vocales funcionan como una válvula de aire. El tracto vocal opera de modo similar a un filtro colocado en un tubo, como puede hacerlo un instrumento musical de viento.
Las frecuencias a las que a través del tracto vocal se puede alcanzar el máximo de energía acústica se denominan frecuencias formantes. Durante la producción de habla cambiamos continuamente la forma y hacemos pequeños ajustes en el tracto vocal, generando así una pauta cambiante de frecuencias formantes. Esta pauta es el determinante fundamental de la cualidad fonética de los sonidos del habla.
Parece ser que poseemos un detector neurológico de frecuencias formantes. Éste permite calcularlas sobre la base de una representación interna de la fisiología de la producción del habla. Esto sucede con más precisión para los sonidos no nasalizados que para los nasalizados.
Mecanismos cerebrales, probablemente innatos, permiten asociar inconscientemente pautas de frecuencias formantes y otros rasgos acústicos a categorías fonéticas discretas.
Existe una coarticulación anticipatorio que prepara las estructuras implicadas en la producción de habla, instantes antes de producirse ésta.
Laringe: situada en el Homo Sapiens Sapiens detrás de la garganta, mientras que en los primates se encuentra detrás de la boca.
Lengua: es más gruesa que en los primates y se proyecta hacia atrás en la garganta.
Estas peculiaridades estructurales nos dan la posibilidad de pronunciar sonidos no nasales y cuantales [i,u,a,k,g] (Estos últimos se caracterizan por su saliencia acústica y su estabilidad). También nos permiten la codificación del habla.
Se ha discutido si los neanderthales poseían o no la capacidad del habla. Aunque Holloway sostiene que sí, Lieberman considera que su laringe estaba demasiado alta y su tracto vocal no podría producir los sonidos [i, u, a], con lo que su habla debió ser nasalizada y conllevar frecuentes errores fonéticos.
Bickerton defiende el acceso gradual hacia el lenguaje del género Homo. El Homo Erectus tendría ya un protolenguaje, perfeccionado en el Homo Sapiens y mejorado en el Neanderthal y en el Homo Sapiens Sapiens.

El cráneo y el cerebro

Homínidos: estudio de los restos fósiles. Configuración del cráneo y tamaño. Existe una correlación entre el tamaño del cráneo y el tamaño corporal.
Australopithecus: 3,9 millones de años. 400-500 ml.
Homo Neanderthalensis: 40.000 años. 1200-1750 ml.
Homo Sapiens Sapiens: 1300-1600 ml.
En comparación con otros animales, el cerebro humano es 3,1 veces mayor de lo que cabría esperar de una constitución de primate. Cociente de encefalización (Jerrison): relaciona el tamaño del cerebro de una especie con el tamaño estándar del cerebro de un mamífero promedio del mismo peso corporal, al que se le da el valor 1.0. Según este índice, los primates inferiores y superiores estarían entre el 1.0 y el 5.0 y los seres humanos en torno al 7.0.

Cerebro humano/cerebro primate.
Masa relativa de las distintas partes del cerebro. En los mamíferos y, en especial en los primates, se da un notable desarrollo del neocórtex. Según Passignham, el cerebro humano es esencialmente primate. No parecen existir estructuras nuevas. Sin embargo, sí se ha dado un incremento de factor 3,1 en el tamaño de las mismas en relación a los primates.
El número de neuronas del cerebro humano está en torno a los 100.000 millones, a ello hay que añadir un número similar de células gliales. Tenemos 50.000 billones de sinapsis al nacer, que llegan a 1.000 trillones durante el primes mes de vida. El córtex contiene unos 100 millones de neuronas, distribuidas en 6 capas.
Disponemos, por tanto, de un mayor potencial de interacciones neuronales (sinapsis), de donde se deriva una mayor plasticidad y capacidad de aprendizaje. Existe además una especialización hemisférica: lateralización. El hemisferio izquierdo está directamente relacionado con el lenguaje (Área de Broca y Área de Wernicke).
Como explicaciones al desarrollo cerebral de los homínidos se han manejado varias hipótesis: Mejor dieta (el cerebro consume 22 veces más energía que el tejido muscular); un mayor consumo de carne, grasa y médula habrían incidido en el desarrollo del cerebro. También se ha hablado de la influencia de la posición erecta sobre el flujo de sangre que llega al cerebro, así como sobre la temperatura de la misma.

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