Marcel Mauss y el Don

En su ensayo sobre el “don”, Marcel Mauss teoriza sobre el llamado Potlatch y observa que en él existe el principio de rivalidad o antagonismo que enfrenta a sus jefes en diferentes practicas hasta darles muerte. Así es que las entiende como Prestaciones totales de tipo agonístico (Mauss, 1924: 161).
En su búsqueda sobre la razón por la cual se intercambia, se da y se recibe, Mauss plantea que la cosa ofrecida tiene alma, así la obligación por la cosa es una obligación entre almas (entre las almas de las personas que se encuentran relacionadas en el intercambio), ofrecer una cosa a alguien es ofrecer algo propio, algo de la propia alma. Aceptar algo de alguien significa aceptar la esencia espiritual de su alma. La cosa que se sirve no es algo inerte, otorga un poder especial, es animada y a veces individualizada, tiende a producir la devolución a su lugar de origen o a producir un equivalente que la reemplace (Idem: 168).
En la Teoría del sacrificio-contrato Mauss expone cómo la ofrenda es un prepago por un favor que será recibido de un espíritu. Se hace un sacrificio mayor al espíritu de un lugar (deidad o antepasado) con la finalidad de recibir a cambio un beneficio. En sí, el espíritu del hombre vivo ofrendaría a un espíritu de hombre muerto o de naturaleza deificada con la esperanza de recibir un favor a cambio. La gracia siempre será menor que la ofrenda, por esta razón cuando se trata de ayudas especiales el don se incrementa, en calidad y/o en cantidad.

La obligación de dar

Entre algunos clanes Andaman su autosuficiencia hacía que el cambio tuviera una finalidad fundamentalmente moral, cuyo objeto, era generar entre las personas que intercambian un sentimiento de amistad (en donde no resultaría exitoso si la amistad no se crea).
La regla es el cambio-don. Una de las finalidades del potlatch es equilibrar. La inestabilidad de una jerarquía que la rivalidad de los jefes tiene como finalidad equilibrar de vez en cuando.
“En el fondo todo es una combinación donde se mezclan las cosas con las almas y al revés. Se mezclan las vidas y precisamente el cómo las personas y las cosas mezcladas salen, cada uno de su esfera, y vuelven a mezclarse, es en lo que consiste el contrato y el cambio”.
El trabajo etnológico de Mauss hace que compare sustancialmente diferentes sociedades con tipos de intercambio similares. Por ejemplo, los trobriandeses. En su sociedad el kula es sólo un momento de el amplio sistema de prestaciones y contraprestaciones que engloba la totalidad de su vida económica y civil (Idem: 88). “Al lado de las asociaciones (entre personas nobles) más restringidas, hay un mercado libre entre los individuos de las tribus aliadas. En segundo lugar, los asociados al kula se hacen en cadena ininterrumpida, una serie de regalos complementarios, que se dan y se devuelven, así como una serie de compras obligatorias”.
En las sociedades donde se realiza el intercambio se produce un constante dar y tomar, atravesado por una corriente continua que se extiende en todos los sentidos, de dones que se dan y se reciben obligatoriamente y por interés, por benevolencia o por razón de servicios prestados. La riqueza que se da y se recibe es uno de los principales instrumentos de la organización social, del poder del jefe y de los lazos de parentesco sanguíneos o por matrimonio.
El análisis que conlleva la observación de los trabajos etnográficos de estas sociedades no capitalistas, contrastadas con la sociedad que en ese entonces se vivía en Europa (principios de siglo XX, mediados de la década del 20) demuestra que el procedimiento del intercambio es un sistema de dones que se entregan y se devuelven. El cual no tiene como en el caso de las sociedades europeas una relación de compras y ventas.
Entre los KwaKiutl de la costa noroeste de EEUU (y comunidades de la región), el cambio de dones es más violento y exagerado, también suscita antagonismo, aunque su estructura es más simple y esquemática.

“La obligación esencial es dar: el jefe da por sí mismo, por su hijo, su yerno o su hija y por sus muertos. Sólo conservará su autoridad entre su pueblo, y mantendrá su rango entre los jefes, si demuestra que esta perseguido y favorecido por los espíritus y la fortuna, que está poseído por ella y que él la posee, y solo puede demostrar esta fortuna, gastándola, distribuyéndola, humillando a los otros, poniendo a los demás a la sombra de su nombre” (Idem: 204).
También existe la obligación de invitar a las fiestas, pues el olvido tiene consecuencias funestas y está relacionado con la moral inscrita en la mitología (otro elemento para argumentar que se trata de un Sistema Total).

La obligación de recibir

No se puede rechazar el don que ha sido ofrecido porque pone de manifiesto que se siente miedo de tener que devolver y de quedar rebajado hasta que no se haya devuelto. Es declararse vencido de antemano aunque en algunos casos es declararse vencedor o invencible.
La obligación de devolver es dignamente imperativa.

DON/MERCANCIA

Los elementos que se donan son los más preciados por el clan porque engendran el espíritu de los antepasados, de los dioses protectores, por lo que deben circular y ser devueltos.
Dentro de la propiedad hay dos tipos de objetos de consumo: aquellos que se reparte y, las otras cosas de valor de la familia. Cuando estos últimos se transmiten es inexacto hablar de alienación. Son objetos de préstamo más que de venta o de cesión. Cada cosa preciosa tiene en sí virtud productora, no sólo es signo y obligación, sino que es señal y gaje de riqueza, principio mágico y religioso del rango y de la abundancia.

EL TRABAJO DON

Mauss plantea que no se puede hacer trabajar a los hombres si no se tiene la seguridad de una remuneración por el trabajo realizado, la seguridad de un salario. En el trabajo se cambia algo más que un producto, que un tiempo invertido en laborar, se da algo de sí mismo, de su vida y por lo tanto se quiere ser recompensado por ese don, aunque sea moderadamente.
El trabajador da su vida y su trabajo, por un lado, a la colectividad, por otro al patrón. El estado representante de la comunidad, junto con sus patrones y la ayuda propia del trabajador, le deben una cierta seguridad en la vida.
El estado Y las entidades de tipo cooperativo buscan crear un tipo de relaciones, de sentimientos de caridad, de servicio social, de solidaridad. Los dones, la libertad y la obligación de los dones, la liberalidad y el interés en dar, vuelven a darse con motivo dominante en este tipo de relaciones.

RELACIONES CULTURALES - SISTEMA TOTAL

La tesis de Mauss es que el desarrollo del intercambio envuelve hechos sociales totales, pues en algunos casos se pone en juego a la totalidad de la sociedad y de sus instituciones. Sin embargo, en otros casos, solo a un vasto número de las instituciones.
El potlatch es un fenómeno jurídico total. Es religioso, mitológico y shamánico, pues los jefes que se obligan y se representan, encarnan a los antepasados y a los dioses, de quienes llevan el nombre, de quienes bailan sus danzas y de quienes están poseídos por sus espíritus.
Es económico por las razones y efectos de sus enormes transacciones.
Es un fenómeno de morfología social debido a la reunión de clanes, tribus, familias, e incluso de naciones. Se fraterniza y sin embargo se sigue siendo extranjero (Idem: 203). Se entra en comunicación y oposición dentro de un comercio gigantesco.
También están presentes los fenómenos estéticos en aquellas ofrendas finamente trabajadas por los artesanos, en los atavías especiales que las personas visten cuando se reúnen a celebrar, en los cantos y las danzas rítmica y minuciosamente bien realizadas. Así mismo se puede ver en las representaciones dramáticas y en todo aquello que se comparte, inclusive en el respeto.
En el potlatch es la persona lo que se pone en juego, lo que se pierde, del mismo modo que se puede perder en la guerra o por cometer falta en el rito (Idem: 205).
El potlatch es el acto fundamental de reconocimiento militar, jurídico, económico y religioso. En el acto se reconoce al jefe y a su hijo y se les queda reconocido ante todas las personas de la comunidad local y de las comunidades invitadas.

En estas sociedades actúa la acción de valor, se amasan grandes beneficios. De valor absoluto, que se malgastan con frecuencia, con un lujo relativamente enorme y que no tiene nada de mercantil. Hay un tipo de riqueza y una serie de monedas (esta tiene un poder mágico-religioso). Las diversas actividades económicas están impregnadas de mitos y ritos.

Por medio de estos dones se establece una jerarquía entre los jefes y sus vasallos, entre los vasallos y sus mantenedores. El dar es signo de superioridad, de ser más, de estar más alto, aceptar sin devolver o sin devolver más, es subordinarse, transformarse en “cliente” y servidor, hacerse pequeño, elegir lo más abajo (Idem: 255).

MAURICE GODELIER Y EL DON

Como vimos anteriormente, Mauss hace un trabajo etnológico donde compara las características del intercambio en diferentes sociedades conocidas en su época como “primitivas” (Kwakiutl, Trobriand, Andaman, etc). El intercambio de objetos -“dones” es el centro de la investigación. La idea es encontrar la dinámica interna del proceso.

LA TOTALIDAD SOCIAL EN EL INTERCAMBIO

Mauss entiende la sociedad como la suma funcional de instituciones. En el proceso del potlatch, Mauss plantea que intervienen todas o la gran mayoría de las instituciones. Mientras tanto Godelier afirma que al percibir la totalidad de la sociedad solamente en el proceso de reproducción social (planteando el concepto de totalidad sincrónica), se pierde de vista la realidad social. Godelier afirma que la sociedad basada en el intercambio que estudio Mauss es total en todo momento y sufre un proceso de fraccionamiento.

Godelier encuentra que al hacer el seguimiento de los procesos de intercambio, se encuentra una línea de desarrollo: desde los procesos equitativos, pasando por los procesos como el potlatch (basado en jerarquías inestables), hasta llegar a intercambios cada vez más complejos como los que se dan en la actual sociedad de mercado.

Entender la sociedad como un todo le permite a Godelier comprender los procesos de intercambio como sucesos históricos totalmente vinculados a la dinámica de cambio social. Godelier no teme afirmar que la sociedad sí se desarrolla, en contraposición de la visión de Levi-Strauss de una quietud ahistórica.

LA ALIENACIÓN EN EL INTERCAMBIO

Godelier busca profundizar un elemento clave que Mauss olvidó en su camino: aquello que no se intercambia. Estos objetos que no se intercambian son, generalmente, de carácter sagrado. Godelier no acepta la explicación que ofrece el estructuralismo de Levis-Strauss de entender este don como un símbolo puro, dejando totalmente de lado su materialidad. La respuesta a este interrogante la despeja Godelier en su trabajo con los BARUYA.

Entre los Baruya, el objeto sagrado encarna el poder del dios. Contiene en sí mismo la conjunción entre los imaginarios (el poder divino, sobrehumano), y lo real (su materialidad). En esta conjunción Godelier encuentra la dinámica que da origen a la simbolización.

Los objetos sagrados no son símbolos exclusivamente. Su carácter simbólico es resultado de su materialidad concreta, es decir, su posibilidad de uso dentro de la organización social. El objeto sagrado sí se intercambia, no obstante, no se hace como objeto, se intercambia como beneficio, como acción. De esta manera es posible entender la relación existente entre el objeto sagrado y sus dobles, aquellos que si pueden intercambiarse materialmente, así como las diversas etapas del carácter que el objeto puede asumir en otros lugares. Incluso se puede observar como un objeto sagrado se convierte en un objeto real de intercambio.

El objeto sagrado expresa la unidad dialéctica entre el mundo de las ideas y el mundo de las cosas, convirtiéndose en base material de la historia. En ningún objeto, ni sagrado ni de intercambio, se produce una total alienación del tipo que propone Mauss (el espíritu de las cosas), ni del que plantea Levi-Strauss (el espíritu puro). Cada objeto está cargado de la vida social en el intercambio, por esta razón es clara la complejidad que puede asumir la relación de intercambio. Un ejemplo de ello es el manejo de la sal dentro de los Baruya, que explicaremos a continuación:
Entre los Baruya, la sal es el producto de un proceso complejo. No es extraída de salinas terrestres ni marinas. Esta sociedad obtiene la sal de un arbusto.
Al momento del intercambio la sal puede asumir diversos papeles:
  • Como moneda, ya que es el único producto que puede intercambiarse por cualquier otro y asumir un valor indeterminado.
  • Como “Don”, de relación con grupos “tribales” distintos, en donde juega un papel de mediador entre posibles conflictos.
  • Como objeto sagrado no intercambiable y símbolo de status social, de trato sagrado y de prestigio.
  • Como don de intercambio en relaciones de parentesco, como el intercambio de mujeres.
De todo lo anterior hay que agregar que la producción misma de la sal está enmarcada dentro de varios rituales y una compleja red de relaciones sociales.

En este ejemplo se puede observar, por una parte, el carácter total de la sociedad desde mucho antes del momento del intercambio: existe unidad político-religiosa; y por otra parte, los diversos aspectos que pueden entrar en juego en el momento de intercambiarse. Siendo la sal un elemento equivalente en el intercambio, conserva sus usos sociales y no se aliena a una persona. En comparación con el dinero en la sociedad capitalista el cual también es intercambiable, aunque su valor de uso se encuentra alienado y se mantiene como valor de cambio, muestra de una sociedad fragmentada en lo político y lo religioso, como lo veremos en el siguiente aparte.

LO PUBLICO Y LO PRIVADO

Con base en los elementos anteriores (la sociedad como un todo, la relación dialéctica idead-realidad, y la unión entre lo político y lo religioso) se hace necesaria la existencia de sistemas de intercambio dinámicos, que sustituyen variantes totalizadoras en donde estas características se desempeñan en un ámbito público. Las monarquías, por ejemplo, son sistemas donde se ha roto el intercambio de tipo potlatch en donde no hay jerarquías inestables que requieren buscar constantemente el prestigio. Al romper las condiciones para el intercambio de dones se rompen las relaciones sociales en todo el conjunto. Cualquier transformación en la vida social es consecuencia de transformaciones materiales, de allí la complejización social.

La sociedad capitalista, caracterizada por su fragmentación, separa el mundo religioso del mundo político. El resultado es que lo político (entendido como las leyes, derechos, la constitución, etc.) asume un papel sagrado: es lo intransformable, el poder del dios. Por otro lado, lo religioso se convierte en privado, en practica subjetiva, y el intercambio basado en el don no se acaba si no que se privatiza. La sociedad mercantilizada no puede acabar con el intercambio como elemento fundamental de las relaciones sociales, pero si puede relegarlo.

Godelier, finalmente, deja abierta la pregunta sobre cual es el papel del intercambio en nuestra sociedad. Simplemente tiende a desaparecer para entrar al reino absoluto de las mercancías donde, aparentemente, cualquier característica humana en los seres humanos debe venderse o desaparecer.

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