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El Arte Rupestre Levantino

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En frentes rocosos y abrigos de una amplia franja del territorio levantino se ha conservado un conj. de representaciones pintadas que constituye uno de los legados más originales y vivos de la prehistoria europea. Las 1as. identificaciones de ese arte se publicaron en 1907 y 1908, al describir las “rocas dels moros” de Cretas (Teruel) y de Cogul (Lleida). Hoy pasan de 110 los frisos rupestres con esas representaciones, donde se han estudiado casi 8.000 temas, de los que más de 3.000 son figs. humanas.

Situación. Yacimientos.

Las pints. se presentan en abrigos y covachos de poco fondo o en planos de roca prácticamente al aire libre, apenas protegidos de la acción de los agentes atmosféricos, que no reúnen condiciones para el establecimiento de un hábitat continuo, situados en una banda del país relativamente próxima a la costa a lo largo del frente mediterráneo, casi siempre en parajes de montaña, de relieves abruptos y clima bastante extremado, al interior del pasillo de las llanuras costeras de la franja litoral. Por lo común se agrupan esas estaciones de arte rupestre en conjs. ubicados en las partes altas de barrancos y de cabeceras de ríos, cerca de puntos de agua y de los sitios más adecuados para la caza de diversos ungulados, que aparecen precisamente representados en esos abrigos.

El área de dispersión del arte levantino tiene su límite septentrional en el abrigo de Cogul (Lleida) y en los covachos de Rojals (macizo de Prades, Tarragona). El grupo de Vélez Blanco en Almería y la cueva de Las Grajas (Topares) en Granada marcan el límite meridional de esta área artística, aunque otras manifestaciones aisladas se han determinado en zonas más alejadas de andalucía: en términos de Aldeaquemada (Jaén) y Casas Viejas (cueva de la Pretina, en Cádiz).

Como centros notables, por el nº de estaciones e interés de sus pints., son destacables los de Alacón y Albarracín en Teruel, los de Morella y barranco de la Valltorta en Castellón, los de Dos Aguas y Bicorp en Valencia y los de Alpera, Minateda y Nerpio en Albacete.

Algunos tienden a ordenar esta dispersión de estaciones levantinas en 2 grandes áreas, según los rasgos comunes de estilo y temática: la septentrional (desde Huesca/Lleida hasta Castellón/Cuenca) y la meridional (Valencia, el SE. y las pints. andaluzas).

Características.

- Técnicas.-

El arte levantino se manifiesta a través de la pintura, que domina mayoritariamente, y a través del grabado. Los grabados plantean dudas respecto a su seriación y posición cronológica.

La pint. utilizó en ocasiones, por medio de un trazo pintado, el sist. de la delimitación externa previa de la fig. a representar. Pero a veces no llega a cubrir con pint. toda la fig. delimitada, sino algunas zonas concretas. En general, la técnica más usada es la pint., y dentro de ésta la de tintas planas, lo que impide la representación de la 3ª dimensión, implicando una relativa pobreza en los recursos técnicos. Para hacer destacar determinados detalles o aspectos de las representaciones, como detalles anatómicos, ornamentos, movs., etc., se empleó, a su vez, el trazo lineal, también llamado trazo caligráfico.

- Color y tamaño.-

Cada motivo fue representado originalmente en un solo color, en consecuencia, la policromía e incluso la simple bicromía están ausentes.

Los colores utilizados fueron, por orden de frecuencia, el rojo en sus distintas gamas, el negro y el blanco, este último concentrado en las pints. de la Sierra de Albarracín (Teruel).

El tamaño de las figs. suele ser reducido.

- Estilo.-

El calificativo de naturalista resulta con una valoración más convencional que real y sólo válido, si se usa en sentido global, para resaltar su contraste con el arte esquemático.

La perspectiva y, en consecuencia, la 3ª dimensión no existen. Tampoco se observa, una ordenación de las figs. de acuerdo con criterios preconcebidos. Sin embargo, parece que se trata de suplir esto por medio de un concepto de la composición bien establecido y de una determinada disposición de las figs. en un conj. Ejs. de ello se encuentran, entre otros, en la distribución en diagonal de una figs. de arqueros corrientdo de Val de Charco del Agua Amarga (Alcañiz, Teruel).

Características del arte levantino son la idea de la composición y el extraordinario dinamismo y vitalidad de gran parte de sus figs. Se dispone de una valiosa información sobre aspectos etnográficos de estas sociedades prehistóricas, que la pura arqueología sería incapaz de reconstruir con la sola ayuda de los datos que se extraen de las excavaciones, la mayoría de ellos de carácter material.

Propio también de este arte es la diferente manera de tratar a sus protagonistas esenciales: antropomorfos y zoomorfos. Para la representación de los zoomorfos, estáticos o en mov., aislados o formando parte de composiciones, se reserva un canon más naturalista o formalista, destacándose detalles concretos. Los antropomorfos manifiestan la aplicación de un canon más convencional, tendente claramente a la estilización en sus distintos grados.

Temática. Interpretación.

La temática resulta más compleja por la multiplicidad de escenas que por los motivos básicos representados (figs. humanas y animales). El paisaje no está reflejado.

Figuras humanas.- Son el gran eje sobre el que gira este arte. Aparecen en diversas actitudes, posiciones y actividades. A pesar de indicarse detalles de vestimenta y ornamentos personales, no se destacan rasgos físicos individualizados, salvo en contadas ocasiones y de forma somera. La diferenciación sexual tampoco está siempre claramente indicada, a pesar de que la mayoría de los varones aparecen desnudos.

El hombre y la mujer han sido representados en actitudes y ocupaciones distintas, a la vez que con detalles diferenciales en adornos y vestimenta, lo que ayuda en general a contemplar una división del trabajo, actividades y comportamiento por sexos.

Entre las actividades del varón destaca la caza en sus distintos procesos (ojeo, persecución, ataque directo, e incluso cobro de piezas) y las relaciones con la lucha y aspectos militares. Las escenas de cacerías son las más nosas. Como ej. de dinamismo baste citar la de Cueva Remigia (Ares del Maestre, Castellón), en la que el objetivo lo constituyen cabras, ciervos y jabalíes. Conjs. Bélicos, notables por su vitalidad, aparecen en las estaciones castellonenses de Roure (Morella) y Les Dogues (Ares del Maestre).

Aunque la mayoría de los hombres aparecen desnudos, en algunos yacimientos se revela el uso de faldellines o calzones cortos y amplios. Así mismo, parece deducirse el uso de bandas arrolladas a las piernas como protectores. El ornato personal muestra ser ampliamente variado. Como adornos de cabeza figuran los tocados de plumas y los “gorros” y “sombreros” de formas variadas, además del tratamiento del cabello en peinados varios, a veces sujeto con una atadura, o quizás diadema, sobre la frente. El armamento del varón, como cazador y guerrero, consiste preferentemente en el arco y las flechas.

La mujer aparece con menos frecuencia que el varón, tanto aislada, como formando parte de grupos que parecen responder a estampas de la vida diaria y doméstica. El uso de armas parece estarle negado, y nunca participa en las actividades cinegéticas o bélicas. El trabajo de la tierra parece compartirlo con los varones. También participa en las danzas. En general, en las representaciones femeninas se acusan manifiestamente los senos y las nalgas. La vestimenta es más variada que la del varón, destacando el uso de faldas amplias, ajustadas a la cintura y con un largo que alcanza los tobillos. Los adornos y el peinado no se diferencia del de los varones. Los tocados son menos complejos que los del varón.

Tema animal.- Es el otro gran protgonista de este arte. Los zoomorfos aparecen tanto aislados como en grupos, formando manadas, en reposo, pastando, en actitud de alerta o en mov. rápido. Lo más frecuente es que aparezcan en relación con representaciones de hombres, como objetivo directo de las actividades cinegéticas. Según teorías expuestas por F. Jordá, parece detectarse un culto al toro (hombres con máscaras de bóvidos, máscaras exentas de éstos…). La misma cuestión parece reflejarse respecto al ciervo.

La fauna representada está compuesta principalmente por ciervos, cabras monteses, toros y jabalíes. Los équidos son bastante infrecuentes.

Escenas.- Destacan por su nº y variedad las de caza. A través de ellas puede seguirse el proceso de la actividad, que parece estructurada y ampliamente organizada y dirigida. La reiterada representación de este tipo de escenas, aboga, en principio, por una sociedad inmersa en un horizonte no productor, por lo que la mayoría de los especialistas en el tema atribuyen un horizonte epipaleo. a la mayor parte de las manifestaciones artísticas levantinas.

La domesticación de los équidos está reflejada en algunas estaciones. El caso más claro de monta es el del jinete, con casco con cimera, de la estación de Cingle de la Mola Remigia, en el barranco castellonense de la Gasulla (Ares del Maestre), aunque las características del tocado y los detalles del atalaje hacen bajar su fecha a los inicios del I milenio a. C., resultando, por tanto, atribuible a los momentos finales del arte levantino. La domesticación del perro se plantea, aunque con reservas, en Alpera (Albacete). La domesticación de cápridos se estima especialmente en el yacimiento rupestre de la Cañada de Marco (Alcaine, Teruel).

La recolección natural de productos silvestres está bien representada en la conocida escena de la recolección de miel de la Araña (Bicorp, Valencia). La explotación de vegetales, bien cultivados anteriormente, o bien fruto de una simple recolección natural, está escasamente representada, resultando más sujeta su existencia a la interpretación personal de los investigadores.

En realidad, la información objetiva que se tiene sobre el horizonte económico resulta mayoritariamente no productor. De ahí, como antes se indicó, parten las bases principales argüidas por varios autores para encuadrar culturalmente en un mundo epipaleo. la mayor parte del arte levantino, reservando para sus finales el horizonte productor.

Las escenas guerreras y de lucha pueden responder indistintamente, según interpretaciones, tanto a enfrentamientos reales entre grupos, como a escaramuzas simuladas o a danzas bélicas. En conjunto dejan entrever una estructura organizativa y una dirección asumida por un personaje, que a veces se destaca de los demás por su situación dentro de la escena o por su ornato, tal como puede observarse en las antes aludidas estaciones castellonenses de Les Dogues y Roure. No flatan las representaciones de hombres heridos por flechas, abatidos o yacentes, frente a grupos humanos que levantan los arcos sobre sus cabezas. En conj., las escenas bélicas muestran una sociedad con un planteamiento militar bien organizado.

Un aspecto muy interesante de este arte son las escenas que dejan entrever un trasfondo de ceremonias, creencias, ritos o incluso simples actividades lúdicas. A través de las escenas de danza, se han citado cultos de signo “agrario” relacionados con la fecundidad, e igualmente cultos fálicos, reflejados en algunos yacimientos, como la tan conocida escena de Cogul (Lleida), y la más reciente del barranco de los Grajos (Cierza, Murcia).

En conj., el levantino es un arte con un gran sentido historicista, narrativo y de gran viveza, que refleja aspectos materiales, socioeconómicos y religiosos de las sociedades que fueron sus autores. A efectos paletnológicos resulta el más informativo de todos los grupos de arte rupestre peninsular.

Cronología.

El problema más complejo que plantea el arte levantino es su cronología. Hace bastantes años, los mapas de distribución del arte rupestre prehistórico penin. se ordenaban en 3 estilos y zonas de concentración de apariencia significativa: lo francocantábrico se asentaba en el frente septentrional, lo levantino tenía su área propia en el frente mediterráneo entre el Bajo Ebro y el SE., y lo esquemático aparecía por casi todas partes (sobre todo en zonas interiores y en el NO. Galaico). De ahí se derivaba una parte de los argumentos utilizados para asegurar su datación: lo francocantábrico reconocido como propio del paleo. sup. y lo esquemático con un desarrollo nodal en la E. de Bronce. Mientras que lo levantino sería para unos contemporáneo de lo francocantábrico, para otros se tomaba como intermediario entre lo paleo. y los esquemático, otorgando así a este arte propio del frente mediterráneo español una cronología básicamente epipaleo. Hallazgos recientes diluyen la nitidez de aquellos límites de áreas artísticas.

H. Breuil y H. Obermaier, dedicados en el 1er. tercio del S. XX al estudio de nosos. conjs. de arte penin., y P. Bosch Gimpera defendieron de modo sistemático la atribución del estilo levantino al paleo. sup.: 2 etnias dif. pero contemporáneas, serían las que habían producido el arte de estilo francocant. y este otro del levante español. Según ellos lo levantino se habría originado en el ámbito de lo “capsiense”, de influjo norteafricano, con una relación paralela con obras del gravetiense transpirenaico: de ahí surgiría este peculiar estilo levantino en pleno paleo. sup., perdurando en el holoceno.

El gran intento de periodificar el desarrollo interno del arte levantino por H. Breuil en 1920 partía de la apreciación de hasta 13 horizontes –“capas”- superpuestos en los conjs. de Minateda, diferenciados por el color, la técnica o el estilo de las figs. En conocidas síntesis, E. Ripoll y A. Beltrán concretaron las etapas de la evolución de este arte en 4 fases: una I, antigua o “naturalista”, “de tradición auriñacoperigordiense… contemporánea del epipaleo.”, entre 6000 y 3500 a. C., con su apogeo antes de 5000; la II, plena, “estilizada estática” a partir de 4000; la III, de desarrollo, “estilizada dinámica”, entre 3500 y 2000; la IV, final, de transición a la pint. esquemática, después de 2000 y hasta 1200. Para A. Beltrán, los cazadores representados en el arte levantino (y sus autores) serían gentes de fines del paleo. que, en su tradición, pervivirían “durante mucho tiempo” al margen de las innovaciones que el neolítico iba introduciendo en las zonas litorales. En síntesis, ese arte “es mesolítico, con raíces en el paleo. y prolongación en el neolítico y en la E. del Br., etc.; en sus principales elementos es pospaleo. y preneolítico”.

El mayor esfuerzo desarrollado para ofrecer en nto. tiempo argumentos que ayuden a resolver el difícil problema de la cronología del arte levantino se debe a F. Jordá, J. Fortea y M. Hernández.

F. Jordá ha mostrado, con argumentos arqueo.-etnográficos, que algunos instrumentos, escenas y actitudes representados en esos abrigos corresponden a círculos culturales decididamente pospaleo., de sociedades avanzadas de agricultores aunque sigan ejerciendo la caza ancestral. Para Jordá, el arte levantino tendría su máxima expansión en las edades de los metales, a partir del 2500 a. C.: se admitirían sus orígenes a lo más a fines del neolítico (nunca antes del 3500), pudiendo haber perdurado acaso hasta el 750.

J. Fortea ha buscado apoyo estratigráfico (de industrias próximas a sitios con arte levantino o de obras mobiliares de segura datación) y ha destacado algunas superposiciones decisivas. Temas no figurativos o de tipo esquemático o geométrico (del llamado horizonte “lineal-geométrico”) aparecen superpuestos por figs. naturalistas de estilo levantino. Se aprecia así en la cueva de La Araña de Bicorp, con línea en zigzag recubierta por el asta de un ciervo y otros signos geométricos por una fig. de caballo, etc. Se ha de aceptar, pues, la existencia de algunos temas no figurativos en un horizonte temporal anterior al del desarrollo de las figs. animales realistas (grandes toros y ciervos), que hasta hace poco se consideraban las iniciales del arte levantino. Así, admite A. Beltrán en 1982 tal 1ª fase del desarrollo de las pints. del levante como de “sencillas figs. geométricas y lineales”, de cronología anterior al año 5000.

En la prov. de Alicante, las investigaciones (desde 1980) de M. Hernández y el Centre d’Estudis Contestans están descubriendo un imp. foco de arte parietal prehistórico, donde parece hallarse una de las claves que determinarán definitivamente la cronología del estilo levantino. En 1er. lugar, se ha demostrado que lo que Fortea consideraba como arte rupestre lineal geométrico, es arte macroesquemático, y que está fechado en el 5º milenio, por lo tanto el arte levantino debe ser posterior a esta fecha. Pero además se han podido encontrar paralelos en común para este arte, precisamente también en la Cueva de L’Or (Alicante), donde hay representaciones de tipo levantino fechado a partir del 4200 a. C. y antes del 3800, porque está hecho con impresión de peine, es decir, cerámica impresa no cardial.

Esto nos permite afirmar que el arte rupestre levantino posiblemente tenga su origen en la zona de contacto actual entre las provs. de Alicante y Valencia, y desde allí se extendió junto con el neolítico por todas las zonas próximas, y lo que nos narra este arte es el proceso de cambio cultural, cómo unas pobs. Van abandonando unos medios de vida para sustituirlos por otros.

En resumen, se está hoy de acuerdo, por la mayoría, en rechazar el origen del arte levantino en contextos del paleo. terminal para reconocerlo sólo como una manifestación del neolítico pleno o avanzado (de cerámicas impresas no cardiales), del calcolítico y de la E. de Br., concluyendo acaso hacia mediados del 2º milenio. Al menos en la zona meridional del área mediterránea española, en lo conocido de Alicante, Murcia y Albacete.

ARTE MACROESQUEMÁTICO

En fecha muy recientes se ha dado a conocer la existencia en el Levante hispano de una serie de manifestaciones artísticas, hasta ahora completamente desconocidas, que suponen un “unicum” en la Hª del arte rupestre penin. Su peculiar carácter las individualiza definitivamente de lo esquemático y de lo levantino clásico. Su descubrimiento se debe al profesor Mauro Hernández y al Centre d’Estudis Contestans, quien ha realizado los pormenores de su estudio.

Este nuevo grupo artístico aparece definido en someros abrigos, próximos entre sí, en la zona N. de la prov. de Alicante. Se trata de pints. en rojo oscuro, de gran tamaño, realizadas en trazo grueso. Los temas representados pertenecen a 2 categorías: antropomorfos y motivos geométricos. Los 1os., a pesar de presentar amplias variaciones tipológicas, tienen en común la representación de una cabeza circular, y una marca expresión dinámica. Entre los motivos geométricos destacan los puntos y las barras, que a veces bordean a los antropomorfos y a los geometrismos más nosos.: meandriformes verticales terminados en sus extremos sups. por trazos y bifurcaciones, que dan la impresión de manos abiertas en extenso.

La denominación de macroesquemático es convencional y no implica relación alguna con el llamado arte esquemático. Los problemas que plantea, en cuanto a orígenes y cronología y en consecuencia, su contexto cultural, son de gran interés. En opinión de Hernández, resulta anterior al llamado arte levantino, al menos en la zona en que aparece, pero la interrogante queda abierta sobre su entidad como grupo artístico independiente respecto al levantino o bien supone una fase inicial en su secuencia. Resultaría coordinante con la 1ª fase que A. Beltrán marca en su periodización del arte levantino, representada, como antes se indicó, por motivos geométricos y lineales, coetáneos de las plaquetas de Cocina II (epipaleo.) y con una fecha final que podría alcanzar hasta el 5000 a. C.

Si se acepta la posibilidad de grupo independiente, o bien la de inicio de seriación del arte levantino, su cronología precisa sigue siendo un problema, y más aún teniendo en cuenta las distintas teorías vigentes sobre la cronología del arte de Levante.
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